“Estas son misiones, pero más que nada, esta es una actividad de alegría, porque donde hay jóvenes hay alegría, y por sobre todo, donde hay cristianos hay alegría”. Esas fueron las palabras con las que el arzobispo de Santiago, monseñor Celestino Aós, celebró la motivación, entusiasmo y fuerza de los casi mil voluntarios de la Pontificia Universidad Católica de Chile que el pasado martes 4 de enero partieron rumbo a distintas localidades de Chile con el objetivo de llevar un mensaje de unión y esperanza a más de medio millón de familias.

En esta reflexión el autor ha querido poner de relieve el contundente mensaje que entregó el Papa Francisco al comenzar el nuevo año. A diferencia de ocasiones anteriores, y a pesar de que no ha sido mayormente comentado, lo planteado tiene un fuerte tono programático que debiese resonar en sus interlocutores y motivar a la acción.

El 2021 fue un nuevo año de pandemia, durante el cual la Iglesia resaltó las consecuencias catastróficas de esta crisis sanitaria para la humanidad, las que se ven potenciadas por la crisis climática. También fue un año marcado por la preocupación por la familia y por la sinodalidad.

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En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
A través de una cena fraterna, la Universidad Católica buscó resignificar la celebración navideña, poniendo en el centro el acompañamiento, la conversación y el encuentro humano. Vecinos de la Casa Central que necesitan compañía fueron los protagonistas de esta instancia.
El sacerdote sirio Fadi Najjar visitó Chile para dar a conocer la dura realidad que vive su comunidad en Alepo: una ciudad marcada por catorce años de guerra, por la pobreza que afecta al 90% de la población y por la incertidumbre política que aún impide la reconstrucción. Conmovido, pidió a los chilenos no olvidar a Siria y sostener con oración y ayuda a quienes hoy luchan por sobrevivir, en una visita organizada por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).
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