El viernes 21 de enero el Papa Francisco declaró oficialmente a San Ireneo de Lyon como el 37° Doctor de la Iglesia, con el título de “Doctor Unitatis”: “Doctor de la Unidad”.

“Estas son misiones, pero más que nada, esta es una actividad de alegría, porque donde hay jóvenes hay alegría, y por sobre todo, donde hay cristianos hay alegría”. Esas fueron las palabras con las que el arzobispo de Santiago, monseñor Celestino Aós, celebró la motivación, entusiasmo y fuerza de los casi mil voluntarios de la Pontificia Universidad Católica de Chile que el pasado martes 4 de enero partieron rumbo a distintas localidades de Chile con el objetivo de llevar un mensaje de unión y esperanza a más de medio millón de familias.

En esta reflexión el autor ha querido poner de relieve el contundente mensaje que entregó el Papa Francisco al comenzar el nuevo año. A diferencia de ocasiones anteriores, y a pesar de que no ha sido mayormente comentado, lo planteado tiene un fuerte tono programático que debiese resonar en sus interlocutores y motivar a la acción.

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El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
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