Difunta ahora la modernidad -y difunto Nietzsche- a pesar de que unos cuantos “tardomodernos”, como los ha llamado alguien, insisten en mantenerla inútilmente conectada a respiradores artificiales, la postmodernidad se anuncia como un nuevo momento en el camino de la cultura occidental, dispuesta a recuperar lo que la modernidad había dañado o ignorado. Es un movimiento pendular. Y vemos así cómo la religión vuelve a aparecer en la escena.

El presente artículo intenta bosquejar un paralelo, referido al caso de Chile, entre la forma tradicional de morir y la modalidad moderna de la muerte, a partir de algunos de los planteamientos de nuestro libro “La Muerte: transfiguración de la vida”, perteneciente a la Serie Arte y Sociedad en Chile 1650-1820, próximo a ser publicado por ediciones Universidad Católica.

¿Cómo responder, en realidad, a esas hondas angustias del hombre respecto a su identidad y destino? ¿Dónde encontrar huellas de humanidad verdadera que despierten el asombro que el orante del salmo 8 expresaba ante la pregunta por el hombre? Una de las respuestas más concretas y a la que la Iglesia mira con especial atención hasta considerarle un “don precioso y necesario”, “parte de su vida y elemento decisivo de su servicio al hombre”, es la Vida Consagrada.

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Desde sus muchos años de experiencia en el Instituto Católico de Migración de la Conferencia Episcopal de Chile (INCAMI) y en la actualidad como editor del periódico Presenza, Nello Gargiulo ha mirado de cerca al mundo migratorio latinoamericano. En esta columna, vuelve sobre esta realidad intentando ampliar la perspectiva del problema y proponiendo miradas y acciones.
El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
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