La dificultad o extrañeza que causa en la opinión pública la asociación del tema de la santidad con el de la política tiene un doble motivo: al considerarse el campo de la política como especialmente contaminado por la corrupción y el maquiavelismo, puede no parecer adecuado para el desarrollo de un ideal de santidad y porque la actividad política suscita tanto adhesiones como enemistades y oposiciones que afectan el juicio sobre las personas implicadas en ella, no solamente en el momento en que viven, sino a veces por siglos.

Europa demuestra una variedad etnológica extraordinaria, en sus valores constitutivos se ha manifestado como un gran laboratorio metacultural. La homologación del planeta en función de los parámetros culturales europeos no debe verse, pues, como efecto de una política de imperialismo cultural programada desde el viejo continente, sino como la confirmación, históricamente evidente, de la unidad real del género humano, de la que la Modernidad tomó conciencia. Europa no puede representarse como una cultura producida en un espacio geográfico determinado, sino como un espíritu que ha creado su propio espacio geográfico, y que continúa creándolo.

El núcleo duro del desafío que presenta a la cultura actual la llamada «sociedad del conocimiento o de la información». Podría resumirse señalando que la sociedad introduce al conocimiento humano valor operacional medible y transable, mas solo a condición de reducir este conocimiento a las ventajas resultantes de la comparación de los puntos de vista disponibles para observar.

Nos limitamos a reafirmar la necesidad de desarrollo de una crítica seria a la altura de la exigencia de un tiempo que necesita trascender relativismos culturales y subjetivismos de principio. 

No tendría ningún sentido discriminar a unos ciudadanos por el hecho de que son obedientes a un magisterio confesional en ejercicio legítimo de su libertad religiosa. Lo importante es que, al proyectar esas convicciones sobre lo público, tengan el arte de argumentarlas de manera que alguien que no suscriba ese mismo magisterio pueda también admitirlas.

Últimas Publicaciones

No podía ser más oportuna la encíclica Fratelli tutti –largamente comentada en este número de Humanitas– para nuestro país, falto como está de amistad social y de aprecio por la política. Francisco observa las fracturas de la amistad social en la desigualdad y en la inmigración –que definen las periferias sociales– en la doble figura del menesteroso y del forastero que se recoge en la exigencia del amor al prójimo del buen samaritano.
Como arquitecto, como historiador y como monje se esmeró en ordenar el espacio y concederle belleza a imitación del Creador.
El año 2020 qué recién pasó, vio partir, en estrecha secuencia de meses, a tres grandes figuras que sea por lo que tienen en común cómo por lo distinto, hablan en conjunto con elocuencia al país que somos, en el momento en el cual vivimos. Desde luego por lo que atañe a nuestra responsabilidad en el presente, si con San Alberto Hurtado pensamos que “una nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir; es futuro.”
Revistas
Cuadernos
Reseñas
Suscripción
Palabra del Papa
Diario Financiero