En una Alemania envuelta por un ambiente de profundos cuestionamientos y reflexiones hacia y desde la Iglesia, la autora se pregunta si es realmente necesaria la Iglesia –en el sentido de estructura visible y jerárquica–, es decir, si es necesaria la intermediación para llevar a los creyentes a la cercanía de Cristo. Sus planteamientos la conducen a afirmar que por la Iglesia “somos purificados, alimentados, empapados y finalmente –en la extrema unción– envueltos en el perfume de la incorrupción”. 

Además de la pobreza, el hambre y el Covid-19, la población sufre cada vez más atentados terroristas brutales. Los llamados al alto el fuego realizados por los obispos católicos de Nigeria, el Papa Francisco y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, no han sido escuchados. 

 Durante su Viaje Apostólico a Canadá, entre el 24 y 30 de julio, verdadera “peregrinación penitencial”, el Papa Francisco no escatimó en aprovechar todas las ocasiones en que pudo reunirse con las comunidades indígenas para volver a pedir perdón por los abusos cometidos por miembros de la Iglesia en el pasado, como parte de un camino de sanación que se ha emprendido en conjunto. Reproducimos el discurso dado en Maskwacis el lunes 25. 

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Desde sus muchos años de experiencia en el Instituto Católico de Migración de la Conferencia Episcopal de Chile (INCAMI) y en la actualidad como editor del periódico Presenza, Nello Gargiulo ha mirado de cerca al mundo migratorio latinoamericano. En esta columna, vuelve sobre esta realidad intentando ampliar la perspectiva del problema y proponiendo miradas y acciones.
El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
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