Comienza marzo y Philipp Ozores, secretario general de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, lleva doce días en gira por Latinoamérica visitando las oficinas de México, Colombia, Brasil y Chile. Su cabeza, sin embargo, está en Europa y en el sufrimiento del pueblo ucraniano en estos días tan difíciles. En conversación con Humanitas nos cuenta acerca del panorama general de la persecución religiosa en el mundo y sobre la labor de la institución.

El pasado 20 de marzo se promulgó una nueva Constitución Apostólica sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia y al mundo, Praedicate evangelium. El texto se desarrolla en un total de 250 artículos, donde cada uno de ellos se entrelaza en un cuerpo coherente de normativas con el único fin de que la Curia Romana esté cada vez más al servicio de la Iglesia en el anuncio del Evangelio. 

Tomando como base Evangelii gaudium y Fratelli tutti, el autor hace un recorrido por el pensamiento del Papa Francisco centrándose en los conceptos de local y universal, los que se insertarían en un marco más complejo de cuatro principios: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte. Estos corresponderían a una llamada ecuménica que hace el Santo Padre para regenerar la vida política, económica, social y cultural, y que lo sitúan como un pensador de la globalización.

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Desde sus muchos años de experiencia en el Instituto Católico de Migración de la Conferencia Episcopal de Chile (INCAMI) y en la actualidad como editor del periódico Presenza, Nello Gargiulo ha mirado de cerca al mundo migratorio latinoamericano. En esta columna, vuelve sobre esta realidad intentando ampliar la perspectiva del problema y proponiendo miradas y acciones.
El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
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