Diez miradas para aportar a la reflexión sobre la dignidad de la persona humana.

 

Una nueva encíclica –en este caso la tercera firmada por el Papa Francisco– es siempre motivo de expectación, y una renovación en el acercamiento al Magisterio. Fratelli tutti, al perfilarse como encíclica social en este año 2020 ha llamado la atención de manera muy notoria: hablar de fraternidad y amistad social en el contexto mundial actual es osado, y necesariamente interpela a creyentes y no creyentes.

Humanitas quiso aportar al análisis e invitó a diez voces diversas a abordar algún punto y plantear una mirada particular al respecto. Agradecemos a Antonio Amado, Paula Luengo, Henri Hude, Mons. Fernando Chomali, Cristián Hodge, Pablo Vidal Castillo, Nello Gargiulo, quienes aceptaron ofrecer su perspectiva, y a María José Lecaros, Ana María Stuven y Pedro Morandé que, a través de la Pastoral UC, comparten una adaptación de las palabras que prepararon para el lanzamiento de la publicación de Ediciones UC de Fratelli tutti realizado el 5 de noviembre.

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Foto de portada: “Caminar la tierra y andar sus cordilleras” por Guadalupe Valdés, 2019 (Impresión y pintura sobre papel de algodón).
* Agradecemos a Guadalupe Valdés Raczynski por su generoso aporte visual para ilustrar esta sección extraordinaria. Su trabajo se caracteriza por articular el patrimonio natural con piezas encontradas que dan cuenta de los procesos de quienes formamos parte de la naturaleza toda y su memoria. Todas las imágenes fueron facilitadas por la artista, y las obras pueden encontrarse en su página web.

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El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
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