El obispo de Melipilla, Chile, reflexiona sobre la actuación eclesial en torno a la reconciliación nacional basado en algunos documentos de la Conferencia Episcopal de Chile publicados entre los años 1973 y 1989. Con ello releva la tarea reconciliadora de la Iglesia como un imperativo moral que proviene del Evangelio de Cristo y que se dirige al servicio del hombre integral. El Año Santo de 1975, la publicación del documento de trabajo “Humanismo cristiano y nueva institucionalidad” en 1978 y la visita del Papa Juan Pablo II a Chile en 1987 fueron algunos de los hitos de ese constante esfuerzo de la Iglesia chilena de unir a la sociedad en un espíritu de paz.

Los católicos de hoy somos llamados a pertenecer a esta Iglesia, herida y lastimada por los abusos cometidos al interior de ella, comprometiéndonos para que el pasado no represente una añoranza enfermiza. El carisma de la prevención que Dios suscita en los creyentes se manifiesta hoy a través de originales y auténticos signos y líderes en la Iglesia, evidencias de que algo está naciendo en ella.

El autor retoma el tema de la “conversación” entre el cristianismo y el hinduismo deteniéndose en los objetos de devoción. Estos ofrecen una oportunidad para entender el modus operandi de la religiosidad popular y su potencial en el así llamado diálogo interreligioso.

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El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
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