La Fraternidad Ecuménica de Chile es una agrupación fraterna de cristianos y cristianas que quieren compartir su fe, para ponerla al servicio de la unidad, de la evangelización y del bien del país. A lo largo de 50 años ha cumplido su tarea de trabajar por la unidad de los cristianos y de ponerse al servicio del país, de su justicia, de la defensa de los derechos humanos y de la promoción de leyes que ayuden al desarrollo. Compartimos las palabras que Rodrigo Polanco, presidente pro tempore de la agrupación, pronunció durante la conmemoración de sus 50 años de existencia.

Foto de portada: Invitados a la ceremonia 50 años de la Fraternidad Ecuménica de Chile junto a la placa conmemorativa en el hall central del edificio de la Asociación Cristiana de Jóvenes.

Humanitas 2023, CV, págs. 554 - 561 

La Fraternidad Ecuménica de Chile (FRAECH), como su nombre lo indica, es una agrupación fraterna de cristianos y cristianas que quieren compartir su fe, para ponerla al servicio de la unidad, de la evangelización y del bien del país. La FRAECH nació en agosto de 1973, en el contexto de la polarización que entonces vivía el país, surgiendo como una iniciativa de diversas iglesias cristianas para rezar y trabajar por una solución pacífica de los conflictos y desafíos de aquella época. A lo largo de 50 años ha cumplido su tarea de trabajar por la unidad de los cristianos y de ponerse al servicio del país, de su justicia, de la defensa de los derechos humanos y de la promoción de leyes que ayuden al desarrollo humano. Al cumplir sus 50 años de existencia, el 30 de agosto de 2023 se celebró una jornada académica y espiritual para conmemorar el trabajo hecho y la vida compartida juntos.

A continuación, reproducimos las palabras que Rodrigo Polanco, presidente pro tempore de FRAECH, pronunció al inicio de la celebración litúrgica.

Ya desde 1941 existía el Concilio Evangélico de Chile, en donde participaban iglesias protestantes y evangélicas, incluidas las iglesias pentecostales. Pero solo a principios de la década del 60, se dieron los primeros pasos para comenzar ahora con un ecumenismo más amplio, con la participación de las iglesias protestantes, ortodoxas y católicas.

Así, por ejemplo, en octubre de 1962 se reunieron cerca de 1.000 personas, en el gimnasio de la Asociación Cristiana de Jóvenes, para un panel con cuatro representantes de las distintas iglesias: católica, luterana, metodista y ortodoxa. En 1964 se fundó la Comunidad Teológica Evangélica, que unía a varias iglesias cristianas para formar a sus pastores. Y, pronto, esta Comunidad entró en contacto con la Facultad de Teología de la Universidad Católica para enriquecerse mutuamente. En 1965-66, la Iglesia católica se adhirió a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que celebraban las iglesias protestantes desde hacía ya medio siglo.

(…) a principios de la década del 60, se dieron los primeros pasos para comenzar ahora con un ecumenismo más amplio, con la participación de las iglesias protestantes, ortodoxas y católicas.

Por todo esto, en ese mismo año 1965 se creó el Departamento Nacional de Ecumenismo en la Iglesia Católica, a cargo del padre Humberto Muñoz, el cual contó con la acogida de las iglesias protestantes a partir de los pastores metodistas Samuel Vallette y Samuel Araya, el pastor presbiteriano Joel Gajardo y el obispo Francisco León Garay, de la Misión Evangélica Metodista Pentecostal, entre varios otros. Son destacables las jornadas nacionales anuales de ecumenismo, realizadas durante más de una década.

También, en ese mismo año 1966, las Sociedades Bíblicas difundieron en Chile una versión popular del nuevo testamento titulada Dios llega al hombre, que fue acogida en la Iglesia católica como una versión especialmente útil y muy buena para las comunidades católicas, rompiendo con eso cuatro siglos de desconfianza católica con las llamadas “biblias protestantes”.

En 1968 la Arquidiócesis de Santiago celebró un Sínodo, en donde se invitó a algunos pastores evangélicos a hablar a los católicos, como, por ejemplo, Samuel Araya, Joel García y Cristián Lalive D’Epinay.

El año 1969 la Facultad de Teología de la Universidad Católica creó una cátedra de ecumenismo, curso que pasa a ser parte del currículum obligatorio de los candidatos al sacerdocio y de los estudiantes de teología.

Estos pocos ejemplos muestran cómo, en esos primeros años de experiencia ecuménica, hubo muchos frutos y se desarrolló una gran fraternidad, porque había mucho deseo de caminar en la búsqueda de la unidad y, sobre todo, era un compromiso que habían adquirido nuestras iglesias como iglesias en donde la gran mayoría de sus fieles se sentían muy motivados por este desafío evangélico.

Entonces, al llegar la década del 70, el ecumenismo estaba preparado para los desafíos que vendrían. En esta nueva década, ya no solo nos dedicaríamos a las relaciones entre nuestras iglesias y nuestra unidad, sino que comprenderíamos que, unidos, podíamos también servir al país de una manera mucho más efectiva.

Así, cuando el 4 de noviembre de 1970, el Dr. Salvador Allende asumió como presidente, él mismo pidió oficialmente, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores, que en el Te Deum tradicional se invitara también a otras iglesias, cosa que se hizo con mucha alegría, como fruto también de lo vivido en la década anterior. Y, de allí en adelante, el Te Deum ha sido siempre ecuménico.

En esos primeros años de experiencia ecuménica, hubo muchos frutos y se desarrolló una gran fraternidad, porque había mucho deseo de caminar en la búsqueda de la unidad y, sobre todo, era un compromiso que habían adquirido nuestras iglesias como iglesias en donde la gran mayoría de sus fieles se sentían muy motivados por este desafío evangélico.

Los siguientes años vieron una fuerte polarización en el país. Y ello también afectó a nuestras propias iglesias, produciendo algunas dolorosas divisiones, también al interior nuestro. Pero, por sobre eso, y ciertamente por la gracia infinita de Dios y la fe y calidad humana de los pastores de esos años, primaron los deseos de unidad y el servicio desinteresado a la patria: fueron años intensos de trabajo por la unidad, por la justicia, la democracia y la defensa de los derechos humanos, aun muchas veces con un alto costo.

Así, en agosto de 1973 –hace 50 años– los mismos pastores que llevaban diez años trabajando por el ecumenismo decidieron fundar la Fraternidad Ecuménica de Chile (FRAECH), para orar por Chile, por su desarrollo y su unidad, y para que se buscaran soluciones siempre conformes al derecho y la democracia. Luego de algunas conversaciones informales en diversos lugares, entre los que se cuenta la sede de la Pastoral Social, en calle Santa Mónica, al constatar la necesidad de sede permanente, la Asociación Cristiana de Jóvenes, cuando estaba como secretario general don Hernán Émeres Yévenes, ofreció su sede como lugar para reunirse permanentemente. Y así ha sido en estos 50 años. Así fueron los orígenes de la FRAECH, en cuyo comienzo hubo personas muy importantes: Mons. Santiago tapia, José Elías, el pastor metodista Samuel Vallettte, pastor pentecostal José Gerra, y muchos otros que nombraremos al rezar por todos ellos. El objetivo fundacional de la FRAECH dice que “es una asociación de iglesias e instituciones cristianas de diferentes tradiciones, que desean contribuir a la promoción de la unidad cristiana”. Por eso, ha promovido variadas acciones conjuntas, a través de celebraciones litúrgicas, tareas de ayuda social, iniciativas de servicio al país: a su unidad, a su paz que nazca de la justicia, y la defensa de los derechos humanos. También hemos tenido encuentros teológicos y un reconocimiento mutuo del bautismo.

Así, en agosto de 1973 –hace 50 años– los mismos pastores que llevaban diez años trabajando por el ecumenismo decidieron fundar la Fraternidad Ecuménica de Chile (FRAECH), para orar por Chile, por su desarrollo y su unidad, y para que se buscaran soluciones siempre conformes al derecho y la democracia.

Las primeras iglesias que integraron la FRAECH son la Iglesia católica y varias de sus congregaciones y movimientos, la Iglesia ortodoxa y sus patriarcados presentes en Chile, la Iglesia Anglicana, Iglesia Metodista, Iglesia Wesleyana, Iglesia Bautista, Iglesia Presbiteriana Evangélica, Iglesia Evangélica Luterana, Iglesia Luterana en Chile, Iglesia Evangélica Reformada, Iglesia Misión Apostólica Universal, Misión Iglesia Pentecostal, Iglesia Fuente de Gracia, y la Iglesia Evangélica Hermandad Pentecostal. Y, en calidad de observadores, nos han acompañado en algunos momentos la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile y la Iglesia Evangélica Pentecostal. Pero también participan entidades cristianas que manifiestan un espíritu ecuménico, tales como la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), Sociedad Bíblica Chilena, World Vision, Centro Ecuménico Diego de Medellín, Fundación Social de Ayuda a las Iglesias Cristianas (FASIC), Fondacio, Círculo de Reflexión de Estudios Evangélicos (CREE), Capellanía Nacional de Gendarmería Evangélica y Católica, Capellanía Evangélica de la Escuela de Investigaciones Policiales, Seminario Teológico Bautista, Instituto Teológico de la Alianza Cristiana y Misionera, Facultad Evangélica de Teología y la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Y algunas otras instituciones e Iglesias.

Y apenas fundada la Fraternidad Ecuménica de Chile, viene el golpe militar. Entonces, en el mismo septiembre de 1973, el obispo luterano Helmut Frenz junto con el obispo católico Jorge Hourton crearon el Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados. Y, a fines de ese año, junto al obispo Fernando Ariztía, crearon el Comité Ecuménico de Cooperación para la Paz en Chile, que luego se transformó en la Vicaría de la Solidaridad, bajo la conducción lúcida y profética del cardenal Raúl Silva Henríquez, sin dejar por eso para nada su carácter netamente ecuménico.

Ahora bien, si miramos sintéticamente, en estos 50 años, la FRAECH ha sido un aporte cristiano en tres grandes líneas. En primer término, ha sido un lugar de fraternidad, donde hemos podido experimentar la presencia del Espíritu Santo, que nos lleva a la unidad. Los encuentros mensuales, el trabajo en conjunto para los momentos de oración durante el año, el Te Deum, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, y un sinnúmero de acciones y actividades, nos han ayudado a crecer en fraternidad y en espíritu evangélico. Lugar de fraternidad.

En segundo término, ha sido un taller de solidaridad. Además del ya mencionado aporte a la defensa de los derechos humanos, ha desarrollado múltiples actividades de solidaridad, de ayuda social, de trabajo por los pobres, haciendo presente de manera muy eficaz el Reino de Dios entre los pobres, de acuerdo con el mensaje de Jesús. Taller de solidaridad.

Y, en tercer lugar, ha sido también una mesa de reflexiones teológicas. Esto nos llevó, luego de doce años de trabajo, a una Declaración Intereclesial sobre el Bautismo, firmada en 1999 por nueve iglesias cristianas, de las aquí presentes. Mesa de reflexión.

Pero la Fraternidad Ecuménica mira también hacia adelante. Estamos celebrando estos 50 años no solo para recordar y agradecer a Dios, sino, sobre todo, como un desafío para el futuro, en tres aspectos. En primer lugar, queremos acrecentar nuestro compromiso con la unidad, compromiso de seguir trabajando para abrir nuevos caminos de unidad, también teológicos, ojalá con una renovación de la mesa teológica. En segundo lugar, es un deber nuestro y un compromiso ineludible el transmitir nuestro compromiso y nuestra historia a las nuevas generaciones. Es nuestro deber comunicar este anhelo de unidad a los y las jóvenes de nuestras iglesias. Y debe ser un compromiso de nuestras iglesias como iglesias, y no solo para alguno al que le interese el tema. Y el tercer desafío es abrir nuestras puertas a otras iglesias, y grupos dentro de las iglesias, que todavía no comprenden o no han sentido la necesidad de la unidad.

Nosotros, que hemos comprobado “la dulzura de convivir los hermanos unidos”, como dice el salmo, no podemos ahora no comprometernos a seguir buscando que algún día todos estemos en el camino de la unidad, para que, finalmente, todos seamos un solo rebaño como hay un solo Pastor.

Tenemos por delante una amplia misión de servicio al país y de anuncio del Evangelio. Para ello se hace imperativa una unidad y comunión más fuerte. Ese es nuestro compromiso para el día de hoy y para esta celebración. Nosotros, que hemos comprobado “la dulzura de convivir los hermanos unidos”, como dice el salmo, no podemos ahora no comprometernos a seguir buscando que algún día todos estemos en el camino de la unidad, para que, finalmente, todos seamos un solo rebaño como hay un solo Pastor.

Queremos agradecer a todos los presentes su participación, queremos rezar por todos los que nos precedieron, y queremos comprometernos frente a Dios para seguir trabajando en esta voluntad de Dios que es la fraternidad de los hermanos en Cristo.

Este es el espíritu que nos convoca hoy. A Jesús, sea todo honor y toda gloria. Amén.


CONMEMORACIÓN DE LOS 50 AÑOS DE EXISTENCIA DE LA FRAECH

Al cumplir sus 50 años de existencia, el 30 de agosto de 2023 se celebró una jornada académica y espiritual para conmemorar el trabajo hecho y la vida compartida juntos. Esta jornada se desarrolló en la iglesia San Francisco de Santiago, y contó con la participación de unos 150 cristianos y cristianas de las distintas iglesias que pertenecen a la FRAECH, entre ellos pastores y pastoras, obispos y obispas, presidentes y representantes de instituciones ecuménicas y representantes de la Oficina Nacional de Asuntos religiosos (ONAR), organismo dependiente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia.

El lugar escogido para la jornada, la iglesia y convento de San Francisco, ubicados en la Avenida Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins, se eligió por su historia. Es el templo más antiguo de nuestra Patria, que además conserva la primera imagen de la Virgen María, que trajo el mismo Pedro de Valdivia. Este convento es un testigo de cómo la fe ha acompañado la vida del país desde su fundación.

Se realizó un panel teológico con tres representantes de tres tradiciones cristianas: católica, ortodoxa y evangélica protestante. Ellos abordaron el pasado, presente y futuro de los desafíos del ecumenismo en Chile. De parte de la Iglesia Ortodoxa estuvo el padre Ignatios Cavieres, sacerdote ortodoxo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y Vicario episcopal para todo Chile, Perú y Ecuador. De las Iglesias Protestantes y Evangélicas estuvo el doctor Humberto Lagos Schuffeneger, Doctor Licenciado en Sociología por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, miembro de la Iglesia Evangélica Bautista y con estudios teológicos en el Instituto Ecuménico de Bossey, Suiza. Y de parte de la Iglesia Católica, estuvo la profesora de la Pontificia Universidad Católica de Chile Rocío Cortés, que es académica de la Facultad de Teología y miembro del área de Teología Práctica.

La conmemoración culminó de manera solemne con la Oración Litúrgica por la Unidad y la Paz, en la iglesia del Convento San Francisco. Estuvo presidida por el entonces arzobispo de Santiago, cardenal Celestino Aós, acompañado de los pastores y pastoras, presidentes y presidentas, representantes de las iglesias e instituciones ecuménicas que pertenecen a la Fraternidad Ecuménica de Chile. Contó, además, con el Coro del Arzobispado de Santiago y el Coro Bizantino de la parroquia San Jorge de la Iglesia Ortodoxa.

Al final de la celebración litúrgica se realizó un gran signo de unidad en torno a la oración del Padre Nuestro, oración que nos recuerda que somos todos hermanos y hermanas. Todo esto fue acompañado con el signo de la paz y la alegría de “convivir los hermanos unidos”, renovando con eso el compromiso de seguir evangelizando y sirviendo al país, tal como lo ha hecho durante los 50 años de existencia la Fraternidad Ecuménica de Chile.


 *  Rodrigo Polanco es sacerdote diocesano. Es doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actualmente es académico de la Facultad de Teología y director de la Revista Teología y Vida de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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"Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!" , le habría escrito León XIV al superior general de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, en una carta en la que también le advirtió que "desgarrar la túnica inconsútil (sin costuras) de Cristo es un pecado de extrema gravedad" 1 . Hagamos un breve recuento de esta controversia que abrió el obispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991) hace ya más de cincuenta años. Se dice que Pablo VI no autorizó la misa tridentina solicitada por Lefebvre por temor a contravenir el Concilio Vaticano II en momentos en que se estaba recién desplegando. Luego, bajo el pontificado de Juan Pablo II, se produjeron las primeras ordenaciones episcopales (1988) que obligaron a la excomunión de cuatro obispos lefebvristas (dos de los cuales asistieron a la reciente ceremonia masiva en Écône, Suiza). El entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Ratzinger, estuvo a punto de conseguir un acuerdo que autorizaba la misa en latín y reconocía los sacramentos impartidos por los sacerdotes de la Fraternidad, pero Lefebvre no se avino a firmar el preámbulo doctrinal que reconocía la autoridad del Concilio. La controversia en torno al canon 25 de "Lumen gentium" fue el verdadero escollo: Aunque los obispos aisladamente no gozan del privilegio de la infalibilidad, sin embargo, cuando incluso dispersos por el mundo, pero en comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñan cuál es la fe y la moral auténticas, si están de acuerdo en mantener una opinión como definitiva, entonces proclaman infaliblemente la enseñanza de Cristo 2 . Lefebvre nunca reconoció el carácter inspirado y por ende autoritativo de la reforma conciliar. El cardenal Ratzinger (luego Benedicto XVI) siempre adoptó una actitud abierta y comprensiva hacia el tradicionalismo católico, tanto por razones políticas (evitar la radicalización de los sectores conservadores) cuanto por razones teológicas. En su alocución a los obispos de Chile, pronunciada con ocasión de su visita al país en 1988 3 , Ratzinger se preguntaba por el desafío que representaba monseñor Lefebvre. A su juicio, el lefebvrismo encuentra tres puntos de apoyo en las fisuras abiertas tras el Concilio. El primero es la pérdida del sentido de lo sagrado en la liturgia y la tendencia a identificar el verdadero culto exclusivamente con el amor fraterno, desplazando el centro de gravedad desde la consagración eucarística hacia la vida en comunidad y la oración común. El segundo es la interpretación del Concilio como una ruptura con la Tradición, en lugar de comprenderlo "como parte de la entera y única Tradición". Progresistas y conservadores coinciden en que el Concilio rompió con la Tradición, unos para celebrarla, otros para lamentarla, pero una interpretación justa del Concilio debería basarse en una hermenéutica delicada y precisa de la ruptura y de la continuidad. El Concilio no alteró ni un ápice la sustancia de la Fe ni la fidelidad a la Iglesia santa, pero tampoco es una mera reiteración de lo dicho. El tercero es el debilitamiento de la convicción acerca de la unicidad de la verdad, que termina por erosionar el impulso misionero al considerar a todas las religiones igualmente verdaderas. En "Summorum pontificum" (2007), Benedicto XVI declaró que la misa tridentina nunca había sido abolida y concedió a cualquier sacerdote la posibilidad de celebrarla sin necesidad de autorización episcopal. Al mismo tiempo, levantó las excomuniones de los obispos rebeldes en un esfuerzo por relajar las tensiones litúrgicas (y tal vez como una manera de detener el crecimiento sostenido de la Fraternidad en esos años). Con motivo del Año de la Misericordia (2015), el Papa Francisco concedió a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de absolver de manera válida y lícita los pecados (primero de forma excepcional y luego indefinidamente), y posteriormente reconoció también la validez sacramental de los matrimonios que efectuaran. Pero en Traditionis custodes (2021) restringió severamente la misa tridentina, prohibió que se hicieran en las iglesias parroquiales o que pudieran celebrarlas sacerdotes recién ordenados, y exigió que los obispos las autorizaran en lugares y con los oficiantes permitidos 4 . Durante este año, la Fraternidad ha vuelto a ordenar cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio, bajo pretexto de que son indispensables para la orden sacerdotal. La respuesta vaticana ha sido la más severa: excomunión "latae sententiae" (ya pronunciada, es decir, que no requiere juicio previo) para los obispos implicados, ilicitud de los sacramentos impartidos por sacerdotes de la orden e invalidez en el caso de los sacramentos de penitencia y matrimonio, y excomunión simple para los fieles que adhieran (no para quienes asistan a una misa tridentina, pero que en su fuero interno permanezcan adheridos a la autoridad pontifical). La Fraternidad se define como una orden sacerdotal. "El fin de la Fraternidad es el sacerdocio y todo lo que se relacione con él y únicamente lo que le concierne, es decir, tal como Nuestro Señor Jesucristo lo quiso cuando dijo: 'Haced esto en memoria mía'" 5 . La defensa del estatuto y las prerrogativas sacerdotales y la concentración casi exclusiva en el culto eucarístico han sido desde el comienzo su motivación principal. La Fraternidad cuenta con un buen número de sacerdotes (733) y de seminaristas (264) y en los últimos cincuenta años este número ha crecido sostenidamente a pesar de las intervenciones papales, sea en severidad o benevolencia. Sorprende el carácter marcadamente europeo de la Fraternidad, pues un tercio de sus sacerdotes son franceses, y con suizos y alemanes se hace la mitad, aunque también se advierte un buen reclutamiento norteamericano (sobre todo por la vitalidad que está mostrando el seminario de Dillwyn). Su influencia en el continente latinoamericano es escasa, algunos argentinos (donde tienen el noviciado de La Reja), un pequeño priorato en Chile y casi nada más, porque una buena parte de los adherentes brasileños ha retornado a la comunión con el Papa. ¿Por qué el tradicionalismo católico no se asienta tan bien en suelo latinoamericano y los ecos de esta controversia nos parecen tan lejanos? Se pueden intentar varias explicaciones. La primera es que el catolicismo latinoamericano nunca fue profundamente tridentino. El tradicionalismo nace como la defensa específica de un catolicismo centrado en una liturgia solemne, el uso del latín, la exacerbación de la iglesia presbiteral, la teología escolástica y un sentido fuerte de la exclusividad institucional (fuera de la Iglesia no hay verdad ni salvación posible). Pero este modelo eclesiológico nunca penetró de manera homogénea en América Latina, donde el catolicismo ha sido más popular, mariano y devocional que doctrinal o institucional. Muy pocos han experimentado la misa —y menos aún en latín— como el centro de su identidad religiosa. El tradicionalismo europeo suele apoyarse en una memoria litúrgica muy poderosa que se remonta a la era de las catedrales y en el recuerdo vivo de un orden religioso perdido que los franceses han llamado la "civilización parroquial": la parroquia llena, las vocaciones abundantes y la escuela católica. Nada de esto hubo entre nosotros, salvo y apenas en las élites sociales. El tradicionalismo católico es marcadamente una religiosidad aristocrática incubada en colegios y universidades confesionales y en pequeños círculos intelectuales vinculados con el cultivo de las humanidades clásicas y de las ciencias jurídicas que conservan —como dice Yves Congar— una eclesiología dominada por una visión jurídica de la Iglesia como "societas inaequalis et hierarchica" 6 y que en cuanto "societas perfecta" se ofrece como modelo del conjunto de las relaciones sociales. La crítica del modernismo que está tomada de la famosa encíclica "Pascendi dominici gregis" de Pío X (1907) consiste en esto, en la incomodidad que despiertan las relaciones entre personas libres e iguales entre sí. Todo debe organizarse jerárquicamente, unos mandan y otros obedecen; de lo contrario, se cae en el desorden de la increencia y del pecado. Pío X escribió muchas veces que sin autoridad la fe se perdía irremediablemente, y algo de razón tiene, pero ¿cuál puede ser la calidad de una fe que no se ha elegido libremente? La controversia en torno a la libertad religiosa reconocida en el Concilio tiene este origen. Por otra parte, el tradicionalismo suele exigir mucho refinamiento cultural y, además de un sentido particular de la continuidad histórica, requiere una fuerte dosis de apreciación estética y una teología explícita concordante. También en este sentido es una religiosidad de élites. Debe considerarse asimismo que el tradicionalismo aparece como una religión de minorías intensivas en medio de un panorama amplio y profundo de secularización de masas. El tradicionalismo no suele prosperar donde el catolicismo todavía conserva una amplia presencia cultural y más bien florece cuando el catolicismo se ha vuelto una opción minoritaria y altamente reflexiva. Ser un católico tradicional implica una elección consciente, una identidad fuerte, en ocasiones agresivamente contracultural, y una práctica intensa que requiere tiempo y dedicación. Digamos, por último, que el catolicismo latinoamericano ha sido históricamente muy ultramontano, es decir, muy leal a la sede pontificia, un catolicismo conformista, decía Paul Johnson en su monumental "Historia del Cristianismo", que dedica apenas dos páginas a los quinientos años de catolicismo en América Latina como algo que no ha producido ninguna novedad de la que valga la pena escribir. Esta fidelidad papal se consolidó durante el siglo XIX y buena parte del XX y apenas ha vacilado en las últimas décadas. En suelo europeo, en cambio, ha existido una tradición intelectual y eclesial mucho más propensa a discutir, polemizar e incluso resistir decisiones romanas. El tradicionalismo necesita una élite religiosa, una memoria litúrgica y una disposición a resistir la autoridad eclesiástica. América Latina ha poseído algo de la primera, la segunda de forma débil y la tercera casi nunca. Notas [ 1 ] León XIV; Carta del Santo Padre al reverendo padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. 29 de junio de 2026. [ 2 ] Concilio Ecuménico Vaticano II; Constituciones, Decretos, Declaraciones . Edición promovida por la Conferencia Episcopal española. Biblioteca de Autores Cristianos, 2022, p. 54. [ 3 ] Ratzinger, Joseph; "Alocución a los obispos de Chile: unidad en la tradición de la fe". Humanitas, Cuaderno n°20, diciembre 2008. [ 4 ] García-Huidobro, Joaquín; " Traditionis custodes : Francisco ante una decisión difícil". Humanitas n°98, año XCVIII, 2021, pp. 638-647. [ 5 ] Estatutos de la FSSPX. [ 6 ] Congar, Yves-Marie; Le Concile de Vatican II . Les Éditions du Cerf, París, 1984.
A continuación presentamos un compilado de las diversas actividades realizadas por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana UC entre mayo y julio de 2026.
Reflexiones del conversatorio "Desafíos de la IA", dentro del Seminario Comunicaciones e Iglesia que se realizó en la Pontificia Universidad Católica de Chile los días 27 y 28 de julio de 2026.
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