Chile tiene propiamente dos santos, santa Teresa de Los Andes y san Alberto Hurtado. Son los únicos que han llegado hasta el final del camino del proceso de canonización. Tras ellos se encuentran nuestros beatos, que son cuatro: Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, José Agustín Fariña y María Crescencia Pérez. Antes están los venerables, al menos seis en el caso chileno, y los siervos de Dios, que llegan a ser cerca de quince. También existen otros que simplemente gozan de “fama de santidad” aunque sus causas no han sido iniciadas formalmente. De todos ellos trata este artículo, santos, beatos, venerables, siervos de Dios o personas cuyo ejemplo de santidad marcó, de alguna manera, el permanente proceso de evangelización en esta tierra y quienes conforman el gran mosaico de la santidad en Chile.

El Salvador está de fiesta, el pasado sábado 22 de enero fueron beatificados los siervos de Dios el padre Rutilio Grande SJ, Manuel Solórzano, Nelson Lemus y el padre Cosme Spessotto OFM. Esta ceremonia de beatificación ha sido esperada desde febrero 2020, fecha en que el Papa Francisco aprobó el decreto que reconocía su martirio, pero que fue postergada debido a la situación de emergencia por la Covid-19.

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En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
A través de una cena fraterna, la Universidad Católica buscó resignificar la celebración navideña, poniendo en el centro el acompañamiento, la conversación y el encuentro humano. Vecinos de la Casa Central que necesitan compañía fueron los protagonistas de esta instancia.
El sacerdote sirio Fadi Najjar visitó Chile para dar a conocer la dura realidad que vive su comunidad en Alepo: una ciudad marcada por catorce años de guerra, por la pobreza que afecta al 90% de la población y por la incertidumbre política que aún impide la reconstrucción. Conmovido, pidió a los chilenos no olvidar a Siria y sostener con oración y ayuda a quienes hoy luchan por sobrevivir, en una visita organizada por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).
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