En el campo de la arquitectura, el Maestro más significativo desde este punto de vista es Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926). No es un artista vivo; de hecho han transcurrido tres cuartos de siglo desde su desaparición; pero sigue siendo el punto de referencia más convincente para encontrar una solución a la actual babel de lenguajes.

A través de las búsquedas de Rebeca Matte se aprecia que el desarrollo de la individualidad y el subjetivismo en el arte, no siempre van aparejados del agnosticismo; en la escultora chilena, por el contrario, es el proceso de autoconocimiento el que conduce finalmente a una experiencia de re-ligazón con el mundo y con Dios.

Así pues, reproducida por el arte religioso, cantada por los poetas, glorificada por la literatura dramática, descrita en las narraciones de los cronistas, pero, sobre todo, invocada por la voz de todo un pueblo, la Virgen de Francisco Tito Yupanqui es el mejor símbolo de la cultura mestiza de Bolivia.

Un poder formativo semejante al de la música, podemos descubrirlo en las demás artes y en todas las disciplinas que son objeto de estudio académico. Las distintas áreas de conocimiento, estudiadas a la luz que desprende la reflexión filosófica auténtica, contribuyen desde diversas vertientes a configurar una imagen del hombre tan rica de matices que suscita nuestra admiración.

Pareciera estar fuera del tiempo y de los estilos, porque no se preocupa de hacer arte, sino sólo formas útiles y estructuras funcionales. La gran lección de Gaudí no es copiar sus soluciones sino buscar, como él, la inspiración en lo que está dado desde siempre: lo natural. La famosa frase de Gaudí: “Originalidad es volver al origen”, significa que el origen de todo es la naturaleza creada por Dios.

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