Ciertas identificaciones se han de proponer con discernimiento y sin forzamientos. Porque uno nace judío, nace musulmán, pero no nace cristiano. Uno se hace cristiano con el bautismo y con la fe, como ya reconocía Tertuliano. No se fabrican cristianos, como pueden crearse pertenecientes a otras religiones con solo traerlos al mundo. 

Si conforme a la convocatoria de Aparecida hemos de recomenzar desde Cristo, el discipulado y la misión tendrán que expresarse también en creaciones intelectuales del genio católico que señalen las metas y tracen la ruta hacia la plena realización de nuestro continente en la verdad, la justicia y el amor, como una Patria grande de estos pueblos bautizados que permanecen en el regazo de la Iglesia y aman a María.

Secularización y escatología moderna.

La dipsiquía amenaza la vitalidad espiritual del bautizado y pone en grave riesgo su salvación; sin embargo, el paro cardíaco no es inevitable. El Pastor de Hermas ofrece tanto las instrucciones para erradicar la dipsiquía del corazón como la seguridad del auxilio divino. La dipsiquía puede subsistir, pero también la esperanza de la salvación.

Cada uno de nuestros corazones debería mantener con vida una parte de la creación, porque lo que no sostiene el amor se extingue. El hombre da vida al cosmos cuando le devuelve la memoria de su origen, cuando le descubre los rasgos del Creador en la magnificencia depositada en él, cuando convierte su sinfonía silenciosa en liturgia que canta la gloria de Dios.

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Tras visitar Asís en mayo, en el marco de los 800 años de la memoria de San Francisco, nuestro colaborador nos comparte una serie de apuntes y reflexiones maduradas en esos días.
Experta en incidencia de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que sufre visitó Chile con el objetivo claro de dar a conocer la realidad de la persecución religiosa y proponer caminos para el fenómeno que se está dando en este país.
En el aniversario 135º de la Encíclica Rerum novarum de León XIII, León XIV publica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial; una encíclica que brota del corazón del magisterio social de la Iglesia y que pretende, en diálogo y continuidad con él, leer e interpretar con lucidez los desafíos del presente, especialmente aquella res novae de nuestro tiempo: el avance de la técnica, cuya novedad es su poder e omnipotencia, donde las nuevas tecnologías “se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo” (n.4).
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