Naturalmente el llamado a la conversión, elemento sustancial de la evangelización, no termina en el desenmascaramiento del pecado, sino que tiene necesariamente que desembocar en la nueva vida en Cristo, de modo que por la gracia de Dios, sea que vivamos, sea que muramos, todo nuestro ser sea para el Señor.

El tema de la participación en la celebración litúrgica nos hace realmente palpar el misterio de la salvación, la economía admirable a través de la cual el Padre misericordioso, mediante su Verbo encarnado, nos revela su designio y lo cumple mediante la fuerza del Espíritu Santo que renueva todas las cosas.

Esa forma de Pedagogía de alto estilo la promovió Guardini desde su juventud. Nunca se contentó con ofrecer a los jóvenes horizontes estrechos, miopes, superficiales. Su afán era siempre ir a lo hondo, estudiar los problemas profundamente y resolverlos por vía de elevación. Guardini fue un testigo ejemplar de la verdad en un tiempo de especial tribulación. Su legado intelectual puede ayudarnos no poco a clarificar nuestra existencia en el momento agitado en que vivimos.

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El Miércoles de Ceniza Humanitas fue invitada a una conferencia de prensa organizada por Ayuda a la Iglesia que Sufre bajo el título “2014-2024: diez años de guerra en Ucrania. Y cómo lo afronta la Iglesia dos años después de la invasión a gran escala”. Los expositores fueron el arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica ucraniana, su beatitud Sviatoslav Shevchuk, y el Nuncio Apostólico para Ucrania, Mons. Visvaldas Kulbokas. Más de sesenta periodistas de distintas partes del mundo escucharon los testimonios y pudieron hacer preguntas a estas autoridades. Lo que queda claro tras escuchar las cifras y conocer ejemplos de lo que se vive en Ucrania, es que la guerra continúa siendo muy cruda y que las secuelas que ya está produciendo son profundas, extendidas y muy dolorosas. Mañana se cumplen dos años desde el inicio de la feroz invasión.
Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2024 cuyo tema es «A través del desierto Dios nos guía a la libertad».
Al momento de su expulsión, la labor espiritual de los padres jesuitas realizada por cerca de dos siglos en la América española se vio interrumpida drásticamente. La pragmática de Carlos III de España fue ejecutada con rigor y las misiones, colegios y casas de ejercicios espirituales quedaron desiertas y silenciadas. Sin embargo, la Beata María Antonia de San José, convencida de la enorme carencia que significó tal expulsión, utilizó la limitada libertad que se le daba a la mujer en aquella época para que se continuaran impartiendo los Ejercicios Espirituales Ignacianos en distintas zonas de Argentina, manteniendo vivo el espíritu de los jesuitas en las cuatro décadas de ausencia.
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