61 estudiantes y miembros de la Pastoral UC viajaron al Jubileo de los Jóvenes en Roma a fines de julio, una experiencia marcada por el encuentro con la Iglesia universal y el llamado del Papa a “cosas grandes”.

“Nuestra vida completa es una peregrinación”. Con esa frase, María Magdalena Vela, coordinadora de la Delegación UC en el Jubileo de los Jóvenes, sintetizó la experiencia vivida en Roma por 61 estudiantes y representantes de la Pastoral UC que participaron de esta celebración mundial convocada por el Papa, bajo el lema “Peregrinos de la esperanza”. Durante una intensa semana, los jóvenes vivieron momentos de oración, formación y encuentro que marcaron profundamente su fe y los impulsaron a seguir construyendo comunidad en la Universidad y en Chile.

El Jubileo de los Jóvenes fue uno de los hitos más esperados de este Año Jubilar, celebrado cada 25 años, y reunió a millones de peregrinos en Roma. La delegación UC se preparó durante meses para este viaje, en un itinerario que incluyó experiencias comunitarias, formación espiritual y preparación litúrgica, todo con el objetivo de que fuera una verdadera peregrinación.

Una fe que se vive en el camino

María Magdalena Vela recuerda que lo más valioso de esta experiencia no fue únicamente llegar a Roma, sino descubrir que la vida de fe se construye en lo cotidiano:

“Lo más bonito de toda la peregrinación fue y sigue siendo el camino. No tengo que llegar a Roma para encontrarme a Jesús caminando al lado mío en la calle, porque Él está en todas las personas con las que uno se encuentra: en mis compañeros de la Universidad, en mi familia. Nuestra vida completa puede ser una peregrinación, porque se trata de vivir el amor en su mayor expresión en lo cotidiano”.

Para la delegación, el Jubileo no terminó con el regreso a Chile. La experiencia se convirtió en un estilo de vida que invita a los jóvenes a vivir su fe con esperanza, alegría y compromiso en cada espacio de la vida universitaria.

Cruzar la Puerta Santa: un umbral de gracia

Uno de los momentos más significativos del Jubileo fue el cruce de las Puertas Santas de las principales basílicas de Roma. Esta tradición, que solo se abre cada 25 años, representa la entrada a una vida renovada en la fe y la oportunidad de recibir la indulgencia plenaria.

María Magdalena recuerda vívidamente su experiencia en la Basílica de Santa María la Mayor: 

“Al cruzar la Puerta Santa pensé que sería solo un gesto, pero me encontré llorando frente a la tumba del Papa Francisco. Sentí que estaba recibiendo un regalo inmerecido: la misericordia de Dios. Fue una experiencia inexplicable, una gracia que no se puede poner en palabras. Más que un rito, fue la culminación de meses de preparación interior y la certeza de que Dios regala su amor gratuitamente”.

De manera similar, Jeremy Escalona, el otro coordinador de la delegación UC, destacó que pasar por cada Puerta Santa no fue un trámite, sino el fruto de todo el camino recorrido: 

“La experiencia de cruzar las Puertas Santas fue algo preciosísimo. No era solamente un gesto externo, era la consecuencia de un semestre de preparación que abrió nuestro corazón para recibir la indulgencia plenaria. Fue un regalo de gracia que nos renueva en la fe, como un nuevo bautismo que limpia y proyecta nuestra vida para los próximos 25 años”.

Asís y Tor Vergata: hitos de encuentro y esperanza

El itinerario de la delegación UC incluyó una visita especial a Asís, lugar de San Francisco y Santa Clara, donde la delegación vivió una jornada de oración, formación y misa en la Porciúncula. Según Juan Vicente Jara, subdirector de Estudiantes de la Pastoral UC, este momento fue un punto de inflexión para el grupo:

“Asís marcó un antes y un después. Fue la oportunidad de entrar en sintonía, de conocer la vida de San Francisco y Santa Clara, y de vivir la misa en un lugar cargado de espiritualidad. Ese día, a pesar del cansancio y del calor, los jóvenes mostraron una disposición espiritual impresionante. Fue clave para preparar el corazón para lo que vendría después en Roma”.

El otro gran hito fue Tor Vergata, donde más de un millón de jóvenes se reunieron en vigilia de oración y en la misa con el Papa. La delegación UC peregrinó hasta allí luego de cruzar la Puerta Santa de San Pedro, en una jornada intensa de fe y alegría comunitaria.

Jeremy Escalona relata que

“En Tor Vergata vivimos un momento inigualable: un millón de jóvenes en silencio frente al Santísimo, con el Papa presente. Fue la confirmación de que la Iglesia joven está viva. En un mundo fragmentado y polarizado, esta experiencia nos recordó que no estamos solos, que somos parte de una juventud católica que sigue creyendo y que quiere llevar esperanza al mundo”.

Llamado a vivir el Evangelio

Por su parte, el Pbro. Benjamín Ossandón, quien fue parte de la delegación, dijo: 

“Esta peregrinación me ha hecho pensar lo bonita que es la Iglesia, convocada de todas partes del mundo, apoyados juntos en la misma roca, para ser testigos en el mundo entero. Estando tan cerca del testimonio de Pedro y Pablo, de santos como la madre Teresa y San Francisco de Asís, de santos jóvenes como Carlo Acutis, resuena fuerte el llamado a vivir de verdad el Evangelio, de vivirlo con pasión y radicalidad. Ahí despunta la juventud. Y cuánto mejor si los jóvenes pueden hacerlo unos con otros, como verdaderos amigos en Cristo”.

Ángela Parra, directora de la Pastoral UC quien también fue parte de la delegación, indicó: 

“La verdad es que para varios de nosotros era la primera vez que estábamos en Roma. Ese peregrinar es un camino de conversión del corazón, que es a lo que este Jubileo nos está invitando, sobre todo en este Año de la Esperanza. Creo que el mejor mensaje que podemos compartir es que pasar por la Puerta Santa es una pausa en tu vida que se transforma en un peregrinar. Pueden ser 20 pasos o 10.000 kilómetros como nosotros que fuimos desde Chile, pero en tu corazón es una conversión inconmensurable".

El mensaje del Papa: llamados a cosas grandes

Durante los encuentros en Roma, el Papa León XIV compartió con los jóvenes un mensaje claro y directo: están llamados a la santidad, a ser sal y luz en un mundo que necesita urgentemente amor auténtico.

Juan Vicente Jara recordó especialmente esas palabras:

“El Papa nos dijo que estamos llamados a cosas grandes, y que esa grandeza es la santidad. No se trata de algo abstracto, sino de vivir el amor en lo concreto de nuestras relaciones, en la amistad verdadera, en la vida cotidiana. En tiempos donde muchas relaciones son frágiles o superficiales, este mensaje fue un llamado a construir vínculos sólidos, basados en Cristo”.

El Papa también destacó la importancia de la amistad y de la fe vivida en comunidad, un mensaje que resonó profundamente entre los jóvenes de la UC, quienes regresaron con el desafío de construir comunidades más fraternas dentro de la Universidad.

Una Iglesia joven y viva

El Jubileo de los Jóvenes fue una oportunidad para que los estudiantes de la UC se encontraran con jóvenes de todo el mundo y comprobaran la vitalidad de la Iglesia.

“Como jóvenes católicos no estamos solos. A veces en Chile sentimos miedo o soledad al vivir la fe, pero en Roma vimos que hay miles de jóvenes que creen lo mismo, que sueñan con un mundo distinto y que quieren ser instrumentos de esperanza. La Iglesia joven está viva, y eso es una alegría inmensa que nos llevamos de vuelta a Chile”, 

afirmó Jeremy Escalona.

Para la delegación, el Jubileo fue un signo de esperanza no solo personal, sino también eclesial y nacional.

Más que un viaje, un estilo de vida

Al regreso a Chile, los estudiantes reconocen que la experiencia vivida en Roma no fue un punto final, sino el inicio de un camino que continúa en la vida diaria.

María Magdalena Vela reflexiona:

“Este viaje no terminó al volver a Chile. La fe no se vive solo en Roma o en los grandes eventos. La verdadera peregrinación es cada día, en nuestra vida universitaria, en nuestras familias, en nuestros barrios. Lo más bonito es que descubrimos que podemos vivir el cielo ahora, amando y entregándonos en lo cotidiano”.

Una comunidad en camino

Construir comunidad en medio de la intensidad del Jubileo fue un desafío, pero también una oportunidad para la delegación UC. A pesar de los traslados, las largas jornadas y las dificultades logísticas, los jóvenes lograron compartir momentos de oración, formación y gratitud que fortalecieron los lazos entre ellos.

“Lo lindo fue que, a pesar de ser un grupo grande, logramos sentirnos comunidad. Compartimos la misa en Asís, la peregrinación, la noche en Tor Vergata bajo la lluvia. Esos momentos construyeron una experiencia única que los jóvenes valoraron mucho y que ahora se proyecta en la vida universitaria”, 

comentó Juan Vicente Jara.

El futuro: peregrinos de esperanza en Chile

El lema del Jubileo, “Peregrinos de la esperanza”, se convirtió en un compromiso concreto para la delegación UC. Los jóvenes regresaron con el desafío de ser misioneros de la esperanza en su país, en la universidad y en la vida cotidiana.

Jeremy Escalona lo resumió así: 

“El Jubileo no se trata solo de 2025, sino de cómo queremos vivir los próximos 25 años. Es una invitación a llevar esperanza a cada lugar donde estemos, a los más necesitados, pero también a quienes tenemos cerca. Queremos ser jóvenes que transformen el mundo con la alegría del Evangelio”.

Una experiencia que marcó un antes y un después

La delegación UC en el Jubileo de los Jóvenes no solo participó de un evento masivo en el Vaticano, sino que vivió una experiencia de fe que dejó huellas profundas. Asís, las Puertas Santas, Tor Vergata y el mensaje del Papa se entrelazaron en un camino que hoy continúa en Chile.

Para los estudiantes, esta experiencia confirmó que la fe no es una vivencia individual, sino comunitaria, y que la esperanza no es una idea abstracta, sino un compromiso concreto que se vive en cada gesto de amor.

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