Isabel Cruz de Amenábar 

Ediciones UC 

Santiago, 2018. 304 págs.


El libro Arte Colonial Americano - Colección Joaquín Gandarillas Infante, de Isabel Cruz de Amenábar, presenta las obras más significativas de la extraordinaria colección reunida por Joaquín Gandarillas Infante y que la Pontificia Universidad Católica de Chile recibió en comodato con el acuerdo de conservarla, exhibirla y difundirla. En este espíritu, Ediciones UC ha editado y publicado este magnífico volumen.

Joaquín Gandarillas Infante (1930 – 2004) fue un apasionado del arte colonial. Años de experiencia, disciplina, y su valiosa participación en la creación y administración del Museo de arte colonial del convento de san Francisco, consolidaron su vocación, perfeccionaron sus conocimientos y lo convirtieron en experto en el tema.

Cuando comenzó a adquirir piezas, el arte colonial pasaba aún inadvertido a muchos de los grandes coleccionistas, posiblemente porque lo consideraban anacrónico o secundario ante las obras de arte de procedencia europea. Con su refinado buen gusto, y movido por la importancia histórica y patrimonial que advertía en los objetos de arte colonial que iba descubriendo, Joaquín Gandarillas formó su magnífica colección. En palabras de su amigo, el arquitecto Hernán Rodríguez Villegas, se trata del conjunto “más completo de arte colonial americano, específicamente de pintura, que existe en el país”. A nivel americano, prosigue, está a la misma altura de las colecciones privadas Osma, en Perú, y Mayer, en México.

La Colección posee 634 piezas: 203 pinturas, 202 esculturas e imaginería, 180 objetos de plata y orfebrería y 42 piezas de mobiliario, más 7 piezas de rejería y varios. Las obras proceden de talleres artísticos de Quito, Lima, Cuzco, la región del lago Titicaca, Potosí, Chuquisaca, Chiloé y otros. En todas se aprecia el sello regional.

Son piezas de alta calidad artística, unificadas por la temática piadosa en su acepción católica, mestiza y virreinal. El coleccionista puso énfasis en las piezas representativas del ámbito privado de la devoción, en contraposición a las de devoción pública que se realizaron para templos y congregaciones religiosas.

Finamente editado, y con el generoso auspicio de Scotiabank Chile, el libro Arte Colonial Americano – Colección Joaquín Gandarillas Infante honra este valioso patrimonio chileno.

Los textos de la historiadora del arte Isabel Cruz de Amenábar, curadora e investigadora de la muestra, familiarizan al lector con el arte colonial del sur andino y su importancia en la evangelización durante los siglos XVI y XVIII. El tono es amable, el estilo es sobrio, cultivado y muchas veces poético.

Se trata de obras que nacieron del anhelo de la iglesia católica por evangelizar América -escribe la especialista en las páginas iniciales del libro-. Solo veinticinco años separaron la llegada de Colón a América (1492) y el inicio de la Reforma de Lutero (1517). La conquista y la aculturación del nuevo continente se presentó a los españoles como la tierra donde debían continuar la Reconquista y expandir la fe a un público mayoritariamente analfabeto.

Con este fin, la Iglesia acude al arte y a su insuperable lenguaje. El arte consolida en el alma lo que el protestantismo refuta: la Virgen, los santos, los sacramentos, las obras de misericordia, las imágenes como manifestación de lo sagrado. España evangeliza con la belleza, apelando a los sentidos, a la imaginación y a la emotividad. “La imagen pintada o esculpida y policromada, el retablo monumental y rutilante de oro, la riqueza de los vasos sagrados y ornamentos de culto, se convocan para avivar las percepciones sobre el misterio y la majestad de lo divino”, explica Isabel Cruz en la Introducción.

La parte central del libro acerca al lector a las manifestaciones artísticas que componen la Colección: la Pintura, la Escultura, la Platería y el Mobiliario. Ellas se analizan en sus aspectos histórico, formal y material, develando el giro que su estilo europeo tomó en América, cuando manos indígenas, mestizas y criollas intervienen creando obras que señalan un particular modo de sentir y manifestar la belleza y la fe.

Apoyado en la excelente labor fotográfica de Patricia Novoa, el lector podrá gozar los Niños Jesús, la Virgen María en sus diversas advocaciones, las representaciones de San José, la Trinidad, los ángeles, los santos, nacidos de las manos americanas. Podrá admirar aquello que a veces se ha llegado a considerar secundario, como las ornamentaciones y decoraciones presentes en las imágenes, y que son parte constituyente de la expresividad del alma en el barroco americano. Y podrá abrirse a la belleza que supo encontrar el ojo avizor, experto e intuitivo del gran coleccionista que fue Joaquín Gandarillas Infante.

La obra concluye con un anexo que desarrolla, principalmente en imágenes, lo que su título indica: “Catálogo, conservación y museografía”, y que son parte constituyente del quehacer de la Universidad Católica con la valiosa Colección.

Parte de esta colección se expone regularmente en la Sala Joaquín Gandarillas Infante del Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El trabajo museográfico ha estado a cargo de la diseñadora Alejandra Lührs. Conservadora de la Colección es Alejandra Bendekovic.

Isabel Cruz de Amenábar fue recientemente galardonada por este extraordinario libro por la Asociación internacional de críticos de arte (AICA) que distingue anualmente a las personalidades más destacadas del mundo de las artes visuales.


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