Durante su visita apostólica a Alemania, el Papa Benedicto XVI, concurrió el 22 de septiembre de 2011 al Augustinerkloster de Erfurt, convento en el que Martín Lutero estudió teología. Allí habló a la Comunidad luterana en estos términos:

«Quiero darle las gracias, querido obispo, en particular por sus palabras, que con gran sinceridad expresan el esfuerzo común para que haya una unidad más profunda entre cristianos».

La novedad de aquel encuentro fue la respuesta del Papa a la propuesta de conmemorar juntos los 500 años de la Reforma Luterana.

«En esa ocasión, Católicos y Luteranos tendrán la oportunidad de celebrar por todo el mundo una conmemoración ecuménica común, afrontar cuestiones fundamentales a nivel global, no como una celebración triunfal sino como una común profesión de nuestra Fe en la Santísima Trinidad».

Y en ese discurso también propuso esto:

«Debemos hacer espacio para la oración común y para la oración interior a Nuestro Señor Jesucristo por el perdón de nuestros mutuos errores y de las culpas relativas a las divisiones».

A lo largo de su pontificado, Benedicto propuso no fijarse tanto en las diferencias como en lo que todos los cristianos tienen en común.

«Lo que quitaba la paz a Lutero era la cuestión de Dios, que fue la pasión profunda y el centro de su vida y de todo su camino. “¿Cómo puedo recibir la gracia de Dios?”: Esta pregunta le penetraba el corazón y estaba detrás de toda su investigación teológica y de toda su lucha interior».

A lo que agregó:

«¿Quién se ocupa actualmente de esta cuestión, incluso entre los cristianos? ¿Qué significa la cuestión de Dios en nuestra vida?» 


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