Luz María de Valdés Herrera

Ediciones UC

Santiago, 2024

360 págs.

Pese a su aparente extemporaneidad, recientemente se ha registrado un sorpresivo auge de investigaciones y trabajos publicados acerca del cristianismo de izquierda en Chile. Entre ellos, el trabajo de Luz María Díaz de Valdés se encuentra entre los más destacados y sugerentes. Este libro, adaptación de la tesis doctoral de la autora, propone abordar históricamente “el surgimiento y desarrollo de un cristianismo de izquierda en Chile”, argumentando que “la radicalización política e ideológica de estos actores clericales fue fruto de un proceso de carácter religioso, asociado a la evolución del catolicismo social en el siglo XX, en Chile y otras regiones del mundo” (p. 12). Si bien la autora encuentra en el efímero movimiento Cristianos por el Socialismo (CpS) su punto de apoyo, el objeto de su trabajo y sus implicaciones van mucho más allá de los límites de dicho grupo.

El libro sigue una estructura clara y una periodización que dinamiza su lectura. Luego de presentar el contexto sociopolítico de Chile a mediados del siglo XX, la autora describe la formación y desarrollo de un “catolicismo social”, asociado a la Doctrina Social de la Iglesia y cuyo ápice es el Concilio Vaticano II, mediante el cual la Iglesia busca su “apertura” al mundo moderno (p. 80). En el camino surgen nuevas tendencias políticas e intelectuales dentro del mundo cristiano, expresadas en centros de estudio como CIAS y DESAL, nuevas prácticas en la relación con las comunidades eclesiales –especialmente en los sectores marginales– y una discusión creciente sobre la necesidad de transformaciones estructurales en el modelo de desarrollo del país, que entronca con la triunfante candidatura presidencial de la Democracia Cristiana en 1964 (p. 134).

Es probable que la “coyuntura crítica” en la trayectoria descrita por Díaz de Valdés sea precisamente el gobierno democratacristiano, que movilizó los anhelos reformistas gestados en años previos –“todos estábamos con Frei”, sintetiza uno de los sacerdotes entrevistados (p. 135)– pero generó, al cabo de unos años, una decisiva ruptura entre aquellos cristianos fieles a la Doctrina Social de la Iglesia y otros que buscaban su radicalización, al calor de nuevas formulaciones “comprometidas” políticamente (p. 154). Desde allí en adelante, el libro sigue la evolución de estos últimos, incluyendo hitos como la toma de la Catedral de Santiago. Con el triunfo de la Unidad Popular, muchos acuden al llamado de Salvador Allende para colaborar en la construcción del socialismo en Chile. Es en ese contexto donde surge CpS, ante la reticencia de vastos sectores de la Iglesia y la frontal oposición de otros.

Pese al ímpetu inicial, pronto la organización se vería envuelta en la polarización que afectaba al conjunto de la vida nacional, cuestionando al propio gobierno de la UP por su “‘línea vertical’, cargada de burocracia, que terminaba ineludiblemente alejándose de los trabajadores” (p. 273).

A este respecto, una faceta interesante del libro es la relación de CpS con las organizaciones políticas de izquierda. Contrario a lo que pudiera pensarse, la Izquierda Cristiana (IC), que expresaba con mayor nitidez doctrinaria la radicalización anticapitalista del humanismo cristiano, no encontró adeptos en CpS. Sus integrantes criticaban que la IC “incluyera el componente cristiano de forma explícita” (p. 277). Ya en 1972, CpS se inscribía dentro de la crítica izquierdista al gobierno, propugnando el trabajo de base y la formación de poderes autónomos, en pugna con los partidos tradicionales de la izquierda y afines a la propuesta del MIR. De esta forma, CpS terminó por aislarse y distanciarse incluso de aquellos que proponían basar su acción social y política en una interpretación revolucionaria del cristianismo, abrazando el marxismo sin ambages (p. 285).

El abrupto final de CpS con el golpe de Estado –y su postrera desautorización por parte del Episcopado– deja abierta la reflexión sobre el significado de su breve pero intensa trayectoria histórica. Como apunta la autora, sus protagonistas evalúan con mucho más entusiasmo su posterior trabajo de oposición a la dictadura (p. 321). El “voluntarismo revolucionario” de CpS podría describirse, en algún sentido, como la expresión más pura –aunque minoritaria– de la radicalización izquierdista de un segmento de cristianos, enmarcada en un proceso social, político y cultural mucho más amplio. La vida terrenal de la Iglesia está inexorablemente sujeta a las tendencias de su entorno, y el trabajo de procesarlas adecuadamente importa siempre dificultades y contradicciones en consideración a la falibilidad de la naturaleza humana. El trabajo de Díaz de Valdés ayuda a poner en perspectiva, a partir de un estudio de caso, la tensión histórica entre la vida religiosa y los fenómenos sociales circundantes, una problemática que continúa interpelando a laicos y religiosos en el carácter de su acción en el mundo.

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