El sábado 15 de abril estallaron nuevos combates en Sudán entre el ejército gubernamental y el grupo paramilitar de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). La capital, Jartum, se ha visto especialmente afectada. El aumento de las hostilidades llega justo en un momento de esperanza por un posible acuerdo político de transición democrática que se esperaba que se firmara en abril, y tras la visita del Santo Padre Francisco en febrero, acompañado por el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, Iain Greenshields.

Antecedentes del conflicto

Sudán del Sur, de mayoría de población cristiana, obtuvo su independencia al separarse del Norte musulmán en el año 2011. Dos años después el país comenzó a enfrentarse a combates entre las tropas leales al presidente Salva Kiir y su adjunto y rival, Riek Machar, antiguo líder rebelde, en una guerra que ha cobrado la vida de unas 400.000 personas. El conflicto comenzo en diciembre de 2013, cuando una facción del Ejército de Liberación del Pueblo intentó efectuar un golpe de Estado.

La Iglesia ha tenido un activo papel de mediadora en las conversaciones de paz. La comunidad católica de San Egidio en dos ocasiones medió con éxito en los acuerdos de alto el fuego y en 2018 logró que se firmara un acuerdo de paz entre las dos facciones, aunque su aplicación ja sido lenta. Un año después, en abril de 2019, el Papa Francisco invitó a los líderes enfrentados a pasar dos días de retiro en su residencia para dialogar. La reunión concluyó con un gesto de humildad que conmovió al mundo entero: el Papa se arrodilló y besó los pies de los líderes. El encuentro proporcionó un gran impulso para reiniciar y concluir con éxito el proceso de paz. En febrero de 2020 Riek Machar prestó juramento como primer vicepresidente para la creación de un gobierno de unidad.

En los últimos meses, sin embargo, ha crecido la violencia armada en distintas zonas del país, desencadenada por disputas por el ganado, las zonas de pastoreo, el agua y las tierras cultivadas. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas afirma que en los combates que comenzaron a mediados de noviembre, han habido al menos nueve mil desplazados, muchos de ellos escondidos en los pantanos.

De acuerdo con las Naciones Unidas, alrededor de 18 millones de personas tienen riesgo de sufrir malnutrición y necesitan ayuda urgente de los organismos internacionales. La guerra no hace más que agravar estos trágicos números.

Exhortaciones del Papa

El domingo 16 de abril, después de rezar el Regina Caeli, el Papa manifestó su preocupación por los enfrentamientos en Sudán. Además de expresar su cercanía al pueblo sudanés, ya tan probado, invitó a rezar “para que se depongan las armas y prevalezca el diálogo, para retomar juntos el camino de la paz y de la concordia”. Lo mismo sucedió el domingo 23 de abril al terminar el Regina Caeli, llamando a “que cese cuanto antes la violencia, para que se retome el camino del diálogo”. Ello luego de que los combates se reanudaran en Jartum el sábado tras una relativa tregua.

Actualmente la capital carece en gran medida de electricidad y agua potable, internet está prácticamente inoperativo en todo el país, y varias embajadas se están intentando evacuar. La violencia, principalmente en Jartum y Darfur (oeste), ha dejado ya más de 420 muertos y 3.700 heridos, según la Organización Mundial de la Salud.

Últimas Publicaciones

El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
En esta nueva columna, Nello Gargiulo reflexiona sobre la necesidad de abordar la problemática migratoria involucrando a todos los actores sociales y estatales que pueden aportar en la materia, ya sea por su trabajo directo con la realidad de los extranjeros avecindados en Chile, o por el rol formativo, fiscalizador o financiero que realizan en miras al desarrollo del país. El ejemplo de lo realizado por monseñor Scalabrini hace un par de siglos, puede iluminar las decisiones de hoy.
Revistas
Cuadernos
Reseñas
Suscripción
Palabra del Papa
Diario Financiero