Análisis e implicancias éticas de las nuevas tecnologías, "intrínsecamente involucradas en la toma de decisiones morales".

© Humanitas 90, año XXIV, 2019, págs. 36 - 53. 


“La tecnología moldea todos los aspectos de la experiencia humana. Es el principal impulsor del cambio social y ecológico. Es una fuente de poder, vulnerabilidad y desigualdad. Influye en nuestras perspectivas y media en nuestras relaciones. Teniendo en cuenta esto, es sorprendente que dediquemos tan poco tiempo a estudiar, analizar y evaluar las nuevas tecnologías”.

¿Podríamos vivir la vida renunciando a las tecnologías? Es una interrogante plausible para el ser humano contemporáneo, muchas veces exasperado por la invasión prepotente de ellas en su vida. Sin embargo, en un sentido empírico o histórico, no es posible, ya que nuestra vida se encuentra ineludiblemente vinculada a ellas. Imaginar un mundo sin dispositivos tecnológicos podría ser un experimento mental interesante, como si se tratara de un retorno a una edad primitiva, pero antes convendría entender de qué se trata la tecnología y cuál es su relación con nosotros (o, al revés, cuál es la nuestra con ella).

Resulta evidente que la cotidianidad actual está impregnada de tecnología: las relaciones se alimentan de intercambios a través de smartphones y social networks; nos trasladamos a través de medios de transporte de alta complejidad; nuestra alimentación está posibilitada por refrigeradores y procesadores de comida; nuestros trabajos suelen realizarse a través de computadoras, redes e impresoras... Y es tan así que, si no dispusiéramos de dichos dispositivos, sin la energía, el transporte, la comunicación y las fuentes de producción, muchas acciones se transformarían en “imposibles” para nosotros.

Dicho de otra forma: las tecnologías se han vuelto nuestro ambiente de acción privilegiado. En este sentido, ya no se podría afirmar simplemente que la tecnología ha transformado drásticamente el ambiente humano, sino que, aún más, la tecnología se ha transformado en el ambiente humano. No existe un ambiente “natural” y, aparte, las tecnologías: nuestro ambiente coincide con el entorno tecnológico, en el que los elementos “naturales” y “artificiales” conviven.

Emerge una concepción totalmente distinta de la tecnología a la que estábamos acostumbrados, pues ya no hablamos de ella solamente como medios: “Algunas tecnologías contemporáneas ya no pueden ser simplemente ‘utilizadas’, sino que comienzan a fusionarse con nuestro ambiente físico y con nuestros propios cuerpos”. Este cambio de perspectiva, que no es moral ni filosóficamente neutral, merece un análisis más detallado.

Un primer problema que surge en el actual contexto de reflexión sobre este tema es la indeterminación del concepto mismo, y, por eso, la dificultad para distinguir “objetos tecnológicos”. Una definición demasiado extensa nos llevaría a reconocer a todos los objetos que no son “naturales” como tecnológicos, cambiando el dominio de lo artificial por el dominio de lo tecnológico. A raíz de dicha confusión subsisten dos malentendidos de fondo: O bien se identifica lo tecnológico con lo artificial, como si todo lo que es artificial fuera, al mismo tiempo, tecnológico también, o bien se identifica su función (el hecho de permitir o facilitar el trabajo) con su naturaleza (el hecho de ser la facilitación del trabajo).

Sobre el primer punto, descubrimos que el término ‘artificial’ siempre implica el trabajo del hombre. Su ‘arte’, en el sentido más amplio, y el resultado no puede, por lo tanto, mostrar rastros de su origen. Se pierde la distinción entre artificial y tecnológico, y, con ello, la razón de ser de lo tecnológico, por un lado, y la razón de ser de lo artificial, por el otro, que se identifica esencialmente con “todo-lo-que-no-es-natural”. El elemento particular de lo artificial sería la intervención humana. Cada injerencia humana en la naturaleza, en última instancia, sería responsable de la creación de un mundo extra-natural. Lo tecnológico sería, en cambio, lo que es sumamente artificial, a saber, lo que es en extremo transformativo de la naturaleza.

La diferencia fundamental entre lo artificial y lo tecnológico consistiría en una diferencia de grado (o intensidad) de la intervención humana, o, dicho de otra forma, de alejamiento de la naturaleza. La tecnología sería, en última instancia, la forma más evolucionada de artificio.

Esta dificultad en separar los ámbitos de la tecnología de lo del artificio, trae consigo el riesgo de considerar simplemente todo lo que es artificial como tecnológico.

 

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Sumario:

  • Las nuevas tecnologías aparecen como una total novedad respecto a la técnica moderna. Estas ya no pueden ser consideradas como medios o instrumentos utilizados por el hombre para lograr ciertos fines, sino que son hoy nuestro ambiente inmediato, el medio dentro del cual funcionamos. Las nuevas tecnologías son verdaderos objetos morales y, en cierta medida, actúan. Las consideraciones éticas de este fenómeno no pueden pasarse por alto. Humanitas 2019, XC, págs. 36 – 53.

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