Charles de Foucauld, hombre solitario e inspirador de una espiritualidad de vasta repercusión en el siglo XX cristiano.

© Humanitas 90, año XXIV, 2019, págs. 90 - 105. 


Charles de FoucauldCharles de Foucauld murió asesinado el 1º de diciembre de 1916 en una remota aldea llamada Tamanrasset en la profundidad del desierto argelino. De Foucauld había decidido partir hacia el desierto sahariano quince años atrás para iniciar una experiencia inédita de evangelización de la población islamizada del desierto árabe. Primero estuvo en Beni-Abbés y luego en Tamanrasset en medio del pueblo tuareg del Hoggar argelino en la frontera marroquí (para estar cerca de Marruecos, donde había realizado trabajos de reconocimiento geográfico cuando joven que fueron reconocidos por las sociedades científicas de la época). Este hombre solitario que nunca pudo atraer hacia su ermita a ningún discípulo (a pesar de la perseverancia que puso hasta el final por construir una orden religiosa dedicada al Sagrado Corazón de Jesús) y que nunca convirtió a nadie (a pesar de haber sido reconocido como un morabito, una palabra musulmana que designa a una persona a la que se atribuye santidad) ha sido, sin embargo, inspirador de una espiritualidad de vasta repercusión en el siglo XX cristiano, sobre todo a través de lo que se conoce como espiritualidad de Nazaret y de la obra de los Hermanitos y Hermanitas de Jesús que fundarían años más tarde el padre René Voillaume y la hermana Magdeleine Hutin respectivamente.

Del padre De Foucauld proviene el ideal de evangelización a través de la vida, “pregonar el Evangelio a través de su propio vivir”, predicar en silencio, simplemente con el testimonio de una vida buena y santa. En Tamanrasset logró estabilizar una regla de vida que combinaba la pobreza, la oración, el trabajo y la caridad. No construyó un templo sino una ermita, donde se ocultaba para orar —sobre todo en la tarde noche— y donde celebraba la Eucaristía con las licencias correspondientes para hacerlo solo. Tampoco vistió hábitos sacerdotales, solamente una túnica blanca a la usanza tuareg con el emblema en rojo del corazón de Jesús con la Cruz de Cristo en lo alto (del mismo modo que Teresa de Calcuta que se adentrará en los barrios pobres de Calcuta vestida únicamente con un sari indio). Trabajó arduamente en la elaboración de un diccionario tuareg-francés y en la recopilación y traducción de poesía local, siguiendo la huella de los grandes misioneros cristianos que admiraron, preservaron y acogieron las culturas diversas (en algo que después se llamará inculturación de la fe como método misional por excelencia del cristianismo). Su pobreza era proverbial y uno de los signos visibles de su santidad. Por lo demás, compartía con sus vecinos de igual a igual bajo los signos de la hospitalidad monástica, pero también a través de ayudas y favores que prestaba por doquier a los habitantes de su aldea, conocido y apreciado por todos. Su muerte se atribuye a la desestabilización de la frontera argelina custodiada por el ejército francés en plena guerra mundial y la emergencia de bandas seléucidas que asolaban los puestos fronterizos en nombre de la guerra santa del Islam y uno de cuyos objetivos pudo haber sido eliminar a los extranjeros especialmente apreciados por la población local.

La espiritualidad de Nazaret

La espiritualidad de Nazaret se forma en el deseo de llevar una vida semejante a aquellos años ocultos de Jesús en Nazaret y que De Foucauld llevó a cabo como simple auxiliar y mandadero del convento que las monjas clarisas tenían en la ciudad. Dice De Foucauld: “Nazaret es humildad, Nazaret es también silencio; Nazaret es también oración; ¿Qué es también Nazaret? Trabajo. En fin, Nazaret es principalmente un lugar de obediencia”. De Foucauld releva la extrema humildad de vida que debió haber llevado Jesús en “el pobre taller del carpintero José” con todas “las inconveniencias de la gente pequeña” y los bienes que resultan de vivir completamente apartado del “crédito, la influencia, los honores y el poder”. Respecto del silencio, imagina “¡cómo se callaba frecuentemente en la casa de María!”, lo que dispone el ambiente hogareño hacia la oración y la acción de gracias en el marco de una vida llena de serenidad y de paz. El trabajo debió ser asiduo y haber cubierto toda la jornada y por ello mismo el lugar de la oración debió tomarse “preferentemente por la noche, quitándoselo al sueño”, lo que recuerda la adoración nocturna al Santísimo, todavía en la ermita de Tamanrasset. Además, Jesús “vivía sujeto a ellos”, como dice el Evangelio, “sumiso como un niño, a dos de sus pobres criaturas”, María y José, lo que pone de relieve el inmenso valor de la mansedumbre cristiana. “Nazaret —dice De Foucauld— es la raíz y el tronco”, mientras que el “Calvario es el fruto”. Ya en esta época escribe acerca del deseo de morir mártir “despojado de todo, tendido desnudo en la tierra, irreconocible, cubierto de sangre y de heridas, muerto violenta y dolorosamente”, tal como ocurrirá años más tarde.

Foucauld

Primero estuvo en Beni-Abbés y luego en Tamanrasset en medio del pueblo tuareg del Hoggar.

 

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Sumario:

  • Charles de Foucauld, un monje solitario que se instaló a vivir en una ermita en el desierto argelino, ha sido inspirador de una espiritualidad de vasta repercusión en el siglo XX cristiano. Este monje trazó el camino hacia el apostolado de la bondad, que busca predicar el Evangelio no con palabras, sino con el testimonio de una vida buena y santa. Sus frutos pueden verse hoy en la espiritualidad de Nazaret, concretada en la obra de los Hermanitos y Hermanitas de Jesús. Humanitas 2019, XC, págs. 90 – 105.

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