En el aniversario 135º de la Encíclica Rerum novarum de León XIII, León XIV publica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial; su primera encíclica, que brota del corazón del magisterio social de la Iglesia y que pretende, en diálogo y continuidad con él, leer e interpretar con lucidez los desafíos del presente, especialmente aquella res novae de nuestro tiempo: el avance de la técnica, cuya novedad es su poder y omnipotencia, donde las nuevas tecnologías "se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo" (n. 4). Revista Humanitas invitó a cuatro voces diversas de la Pontificia Universidad Católica a abordar algún punto de la encíclica y plantear una mirada particular al respecto. Agradecemos a Haddy Bello, P. Cristián Borgoño, Raúl Madrid y Patricia Olivares por compartir sus perspectivas. Magnifica humanitas : permanecer profundamente humanos en la era de la inteligencia artificial Por Haddy Bello , doctora en Teología y académica en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Trabajó como subdirectora de Investigación 2018-2022, fue vicedecana hasta 2026 y es parte de la Comisión de equidad de género de la Facultad de Teología UC. El paradigma tecnocrático como clave del discernimiento del poder tecnológico: de Laudato si' a Magnifica humanitas Por Cristián Borgoño , sacerdote, secretario académico y profesor asistente ordinario de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, encargado del área de Moral. Además, participa del Centro de Bioética y del grupo de estudio de Ciencia y Religión UC. La centralidad en Cristo y el auténtico progreso Por Raúl Madrid , abogado, magíster en Artes Liberales por la Universidad de Navarra, magíster en Derecho Público por la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctor en Derecho por la Universidad de Navarra. Actualmente es director del Programa de Derecho, Ciencia y Tecnología y profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile). Magnifica humanitas : tres puntos para custodiar lo humano. Una mirada desde la bioética Por Patricia Olivares , médico cirujano por la Pontificia Universidad Católica de Chile, con magíster en Bioética (UC), Artes Liberales (Universidad de Navarra, España) y Spiritual Care (Universidad de Basilea, Suiza). Miembro del Centro de Bioética UC, jefa del Magíster en Bioética y profesora clínica asistente UC. Magnifica humanitas : permanecer profundamente humanos en la era de la inteligencia artificial Por Haddy Bello La esperada primera carta encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas , se ha dejado sentir en todo el mundo. Más allá del aspecto mediático, lo que nos compete es reflexionar en torno a los puntos centrales del documento. Destacan dos ideas elementales: la magnífica humanidad del ser humano y el valor del compromiso personal y comunitario con la Doctrina Social de la Iglesia. A ellas propongo añadir las propuestas que el Papa presenta para convivir con los desafíos que surgen con las nuevas tecnologías, sin dejar de lado el cuidado y la protección de la dignidad humana. ¿Qué es lo propiamente humano? León XIV presenta un proyecto de humanidad equilibrado, basado en la antropología teológica expuesta en el Concilio Vaticano II: "El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" [ 1 ]. Profundizando el camino abierto por la Rerum novarum de León XIII, quien expuso que "la vida mortal, aunque buena y deseable, no es, con todo, el fin último para el que hemos sido creados, sino tan solo el camino y el instrumento para perfeccionar la vida del alma" [ 2 ], León XIV da un paso más e integra en el mundo las distintas dimensiones del ser humano para que entren en sinfonía en el Espíritu [ 3 ]. Hace un llamado a la madurez de la razón y del corazón, y nos exhorta a estar atentos, para que, allí donde la humanidad corra el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alcemos los ojos hacia el Dios que se hizo carne [ 4 ]. He ahí la magnífica humanidad: creada a imagen y semejanza de Dios, y encarnada en Cristo. En Él se "encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud" [ 5 ]. Por lo tanto, una primera clave de lectura se encuentra en el énfasis por la imagen y semejanza [ 6 ] como fundamento de nuestra naturaleza relacional. Eso es relevante porque nos recuerda que la dignidad ontológica del ser humano, si bien es inquebrantable e indeleble, debe ser doblemente cuidada, al estar unida a nuestra condición de imagen y semejanza. En cuanto imagen —ser racional, libre y capaz de relación con Dios—, es un don comunicado en nuestra creación, constitutivo de la humanidad, que no se pierde con el pecado. En cuanto semejanza, es un don que puede perderse o dañarse con el pecado, pero que ha sido restaurado por Cristo [ 7 ]. Él, imagen de Dios invisible (Col 1,15), nos ha devuelto la semejanza divina, deformada por el primer pecado. “Sudario Natural n ° 8” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print). ¿Babel o Jerusalén? A partir de la inquietud antropológica expuesta en la encíclica, se comprende bien que la preocupación de fondo del Papa sea advertir contra la deshumanización o, más precisamente, contra las nuevas formas de deshumanización que puedan aparecer en esta era de la inteligencia artificial [ 8 ]. Para ello, el primer paso que propone es trazar la ruta: "¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?" [ 9 ]. Para responder, recurre a dos imágenes veterotestamentarias que, más que figuras literarias, simbolizan dos realidades antropológicas que conviven con nosotros diariamente: Babel y Jerusalén. Lejos de ser un relato más dentro del testimonio bíblico, la construcción de la torre de Babel (cf. Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf. Ne 2-6) se erigen con nuestras decisiones cotidianas. Aquí se introduce una segunda clave de lectura, muy sutil: los verbos construir y reconstruir. Mientras el primero remite a edificar o hacer algo nuevo, el segundo alude a volver a construir algo que ya existió. Babel es la construcción de un proyecto individual que prescinde de Dios —la vuelta al pecado original— "sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización" [ 10 ]. En cambio, las murallas de Jerusalén —destruidas por los babilonios— habían sido levantadas por la monarquía davídico-salomónica y reforzadas por reyes posteriores, como Ezequías. Nehemías no propone al rey Artajerjes fundar ni levantar una ciudad, o su propia ciudad, sino recomponer el lugar donde están las tumbas de sus padres. Los muros de Jerusalén representan a una ciudad con historia propia, fruto de un camino recorrido de la mano del Señor: una ciudad "donde Dios y la humanidad habiten juntos" [ 11 ]. El verbo "construir" deja de ocuparse de lo arquitectónico y pasa a representar una realidad salvífica. No será David quien fabrique una casa para Yahvé, sino Yahvé quien le construya una casa a David. Por eso, es posible que también hoy Dios nos pregunte: "¿Me vas a edificar tú una casa para que yo habite?" ( 2 Sam 7,5). Así, la obra humana de David, Salomón y Nehemías, entre muchos otros, debe entenderse como respuesta y servicio a una iniciativa que es —en última instancia— siempre divina, y a la cual estamos invitados a participar. La reconstrucción de los vínculos Una tercera clave de lectura es la imagen de la edificación y del arquitecto que el Papa utiliza. Magnifica humanitas es una encíclica cargada de propuestas metodológicas. León XIV no solo aborda la preocupación en torno a un riesgo —en este caso, el peligro de la deshumanización en la era de la revolución de la inteligencia artificial—, sino que ofrece caminos y estrategias para cimentar la fraternidad en lo cotidiano y construir así una sociedad más plena, donde la verdadera realización no nazca "de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: allí donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado recíproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos" [ 12 ]. En una primera instancia, y a partir de la experiencia de Nehemías [ 13 ], nos entrega un bosquejo para la reconstrucción, que estructura en dos etapas: la primera es ad intra : un momento de preparación personal antes de actuar, en el cual se debe ayunar, rezar e interceder por el pueblo. La segunda es ad extra : el tiempo de la acción, que se desarrolla en cuatro pasos. 1) Observar: Nehemías examina en silencio los lugares destruidos, sin imponer soluciones desde lo alto. 2) Armar comunidad: convoca a las familias y confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir. 3) Escuchar: atiende los temores de la comunidad. 4) Ejecutar: coordina los esfuerzos de las personas y hace frente a las oposiciones; no rehúye los problemas, sino que se hace cargo de ellos. Así la reconstrucción se pone en marcha y "la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo" [ 14 ]. El modelo que recupera León XIV tiene a Dios en el centro; por eso su invitación es que primero nos ocupemos de reconstruir nuestros vínculos antes que las piedras. Ningún proyecto puede levantarse pretendiendo tener a Dios en medio si no cuida, sana o repara la convivencia fraterna. Si edificar es, antes que una obra arquitectónica, una realidad relacional y salvífica, el método de Nehemías no hace más que confirmarlo: reconstruir los muros es inseparable de reconstruir las relaciones. Continuando con los aportes metodológicos, en un segundo momento el Pontífice nos invita a edificar en el bien: deberíamos ser arquitectos sabios y obrar conforme a esa espiritualidad que él se ha propuesto transmitir mediante su carta encíclica [ 15 ]. Edificar en el bien es construir el bien común sobre la roca de la relación con Dios, asumiendo con realismo los límites y la fragilidad humana, mediante la corresponsabilidad de todos y con un lenguaje evangélico que se haga obra y vida [ 16 ]. En concreto, lo que ha hecho León XIV es dejarnos una guía práctica para cotejar al momento de planificar nuestros proyectos personales y comunitarios, y, especialmente, cuando queramos examinar nuestros deseos y perfilar nuestras acciones: ¿sobre qué fundamento voy a construir?, ¿cómo se integran los límites y la fragilidad humana en lo que quiero construir?, ¿cuál es la finalidad de lo que quiero edificar? y ¿qué lenguaje voy a utilizar para ello? Conclusión A lo largo de la reflexión, las tres claves de lectura propuestas han ido convergiendo en una misma dirección. La primera nos devolvió a la pregunta por lo propiamente humano: esa magnífica humanidad creada a imagen y semejanza de Dios, cuya dignidad exige ser custodiada. La segunda, en el contraste entre Babel y Jerusalén, nos enseñó a discernir entre el proyecto que prescinde de Dios y la ciudad que se reconstruye de su mano. La tercera, en la imagen de la construcción y del arquitecto, nos ofreció un método para reedificar los vínculos. No son tres reflexiones yuxtapuestas, sino un único movimiento: de la pregunta antropológica a la corresponsabilidad concreta. De ahí que Magnifica humanitas no se agote en un diagnóstico ni en un recorrido histórico por la Doctrina Social. La encíclica nos entrega una guía para examinar nuestros propios proyectos en la era de la inteligencia artificial. Las preguntas que León XIV deja planteadas no esperan una respuesta teórica, sino una vida que las encarne. El desafío, entonces, se traslada del texto al lector: ser nosotros los arquitectos sabios que el Papa convoca, capaces de poner a Dios en el centro y de hacer del cuidado fraterno la primera de nuestras obras. Porque, en última instancia, el gran llamado de la encíclica es a "permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor" [ 17 ]. Notas: Pablo VI; Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual. Roma, 7 de diciembre 1965, n. 22. León XIII; Carta encíclica Rerum novarum sobre la situación de los obreros. Roma, 15 de mayo 1891, n. 30. La imagen de la sinfonía la utilizó en su carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza : "sean servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza. Menos etiquetas, más historias; menos contraposiciones estériles, más sinfonía en el Espíritu" (cf. 3.1.) Cf. León XIV; Carta encíclica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Roma, 15 de mayo de 2026, n. 1. Idem. Cf. Gn 1,26-27 y Magnifica humanitas , n. 50. Cf. Gaudium et spes , n. 22. Magnifica humanitas , n. 15. Magnifica humanitas , n. 6. Magnifica humanitas , n. 7. Magnifica humanitas , n. 1. Magnifica humanitas , n. 12. Cf. Magnifica humanitas , n. 8. Magnifica humanitas , n. 8. Cf. Magnifica humanitas , n. 236. Cf. Magnifica humanitas , nn. 11-14. Magnifica humanitas , n. 15. Detalle de “Sudario Natural n ° 21” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print). El paradigma tecnocrático como clave del discernimiento del poder tecnológico: de Laudato si' a Magnifica humanitas Por Cristián Borgoño Entre Laudato si' (2015) y Magnifica humanitas (2026) median once años, pero ambos textos comparten una misma y novedosa herramienta conceptual para el discernimiento moral de la técnica moderna: el llamado "paradigma tecnocrático". Francisco lo desarrolla como categoría central de su encíclica dedicada al cuidado de la Casa Común y lo aplica, entre otros casos, a los organismos genéticamente modificados (OGM). León XIV retoma el concepto y lo aplica a la inteligencia artificial, ofreciendo en su encíclica lo que podríamos calificar como un gran ejercicio de discernimiento sobre la tecnología más disruptiva que ha conocido la humanidad. Francisco introduce el concepto de paradigma tecnocrático en el capítulo tercero de Laudato si' [1], precedido por una reflexión sobre la tecnología como "creatividad y poder" [2]. Su argumento no es antitecnológico: reconoce con gratitud que la técnica ha mejorado innumerables aspectos de la vida humana [3]. Sin embargo, introduce la idea, ya presente en la reflexión filosófica desde Heidegger, de que la técnica no es neutral, sino que tiende a configurar un paradigma, es decir, un modo de pensar que se ha vuelto hegemónico y que trasciende el uso concreto de cualquier tecnología. Ese paradigma expande la lógica de dominio, propia de la técnica como transformación de la naturaleza, a todos los ámbitos de la existencia humana, incluyendo la economía, la política y las relaciones sociales. Francisco advierte que parte del problema es que el poder tecnológico tiende a concentrarse en manos de unos pocos, dándoles "un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero" [4]. Esto lo recuerda León XIV, al describir cómo la IA puede ser una auténtica estructura de dominio oligárquico sobre la humanidad [5], planteando que se requiere "desarmar" a la IA [6] para que esa lógica no se imponga y pueda transformarse en acogedora de la humanidad. En síntesis, el paradigma tecnocrático no es la técnica en sí misma, sino una forma de racionalidad que ha acompañado el desarrollo de la técnica y que tiende a reducir la realidad a variables manipulables y maximizables. En Laudato si' Francisco aplica la categoría de paradigma tecnocrático a un caso concreto y polémico: los OGM [7]. Es un discernimiento deliberadamente matizado: el Papa reconoce que se trata de "una cuestión ambiental de carácter complejo" [8] y evita una condena tajante de la biotecnología agrícola en sí misma. Sin embargo, inmediatamente después, muestra las dificultades que se dan en el despliegue concreto de esa biotecnología en la producción agrícola, entre ellas la concentración de tierras productivas en manos de pocos actores, el desplazamiento de pequeños productores y trabajadores rurales, y los riesgos para la biodiversidad y las redes de ecosistemas. Francisco distingue con claridad el problema de la seguridad de los OGM, contestada por algún sector minoritario del mundo científico, de la forma concreta en que esta tecnología se inserta en el sistema alimentario. El problema no es la modificación de un genoma y la introducción de genes exógenos, sino la estructura de poder económico que decide qué semillas se patentan, quién controla esas patentes y qué comunidades quedan excluidas de esa decisión y cómo opera la agricultura biotecnológica como modelo productivo. No dejó de sorprender que siete años después de Laudato si' Francisco retornara ampliamente sobre el tema del paradigma tecnocrático en Laudate Deum , mostrando así que era una categoría axial para la comprensión de la técnica. León XIV ha mostrado con su reciente encíclica que su fecundidad va mucho más allá de ser una herramienta para pensar la crisis socioambiental y puede extenderse al problema mismo de la relación del ser humano con su poder tecnológico. Magnifica humanitas retoma el concepto de "paradigma tecnocrático" con la misma centralidad conceptual que Francisco. Al igual que Francisco, León XIV sostiene que la tecnología no es neutral [9] porque "toma el rostro" de quienes la conciben, la financian, la regulan y la usan. Esta es, en esencia, la misma tesis que subyace al paradigma tecnocrático de Francisco: la tecnología no puede evaluarse en abstracto, porque siempre está inserta en relaciones de poder concretas que determinan sus efectos reales. El "síndrome de Babel" que describe León XIV en el número 10: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias y la pretensión de traducir todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimiento, es el equivalente estructural, aplicado a la IA, de lo que Francisco denunciaba en Laudato si' como la expansión del dominio tecnocrático sobre la economía, la política y la vida humana. Ambos papas identifican el mismo mecanismo: una racionalidad técnica que, al no encontrar límites, tiende a colonizar ámbitos para los que no fue ni siquiera pensada. León XIV explicita además que la misma inteligencia artificial "no es neutral" [10] y puede "aumentar la participación y la justicia o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión" [11]. El análisis de León se asemeja mucho al razonamiento de Francisco sobre los OGM: la misma tecnología puede generar bienes reales (Francisco lo admite para los OGM; León XIV lo admite para la IA), pero el resultado depende decisivamente de quién controla su desarrollo y despliegue, no de una propiedad intrínseca de la tecnología misma. Al poner ambos discernimientos en paralelo, aparecen al menos cuatro puntos de convergencia clara: Ni Francisco ni León XIV caen en el tecno-optimismo ingenuo ni en el tecno-pesimismo reactivo. Ambos insisten en que la tecnología no es intrínsecamente buena ni mala, aunque tampoco es un mero instrumento: es una capacidad del ser humano; lo decisivo es el marco de poder en el que se despliega. Ambos son conscientes del problema del poder (se refleja aquí la influencia en ambos de Romano Guardini). En Francisco, aplicado al caso de los OGM, ese poder se concentra en la propiedad de patentes de semillas y en el control de tierras productivas. En León XIV, se concentra en actores tecnológicos privados que hoy superan en recursos a muchos Estados [12] y que fijan las condiciones de acceso a las plataformas digitales [13]. En ambos casos, el diagnóstico estructural es idéntico: el problema no es la técnica en cuestión, sino la asimetría de poder que su control genera y la exclusión que se deriva de ella. Los más vulnerables están siempre al centro del discernimiento. Francisco mide el impacto de los OGM por su efecto sobre pequeños productores y trabajadores rurales; León XIV mide el impacto de la IA por su efecto sobre quienes quedan excluidos de la participación y la justicia [14] o son dañados por un uso guiado meramente por el interés expansivo de las empresas que sostienen los modelos de IA (el caso de la educación es emblemático al respecto). En ambos textos, el criterio de discernimiento sobre el uso de la técnica no es la eficiencia ni el crecimiento económico, sino el efecto sobre los últimos de la cadena. Aparece así, incluso al hablar de la técnica, el eco del principio de la opción preferencial por los pobres que Francisco desarrolló denunciando las injusticias ambientales en Laudato si' y León retoma al hablar de los mecanismos de exclusión que genera un uso acrítico de la IA. Ambos piden un discernimiento amplio, que implique a todos. Francisco reclama una "discusión científica y social responsable y amplia" [15] antes de la implementación irreversible de una tecnología. León XIV exige transparencia, auditorías independientes y mecanismos de apelación frente a las grandes plataformas [16]. Refuerza el mismo principio, pero desde un enfoque más institucional y regulatorio, propio de una tecnología cuyo despliegue es aún más acelerado que el de los cultivos transgénicos. Durante los últimos cien años la conciencia de la vulnerabilidad humana ante el propio poder tecnológico no ha hecho sino aumentar. Lo que advertía ya Pablo VI en un discurso a la FAO: que el desarrollo tecnológico descontrolado puede volverse contra el hombre, que León XIV retoma dos veces en su encíclica, es ahora una amenaza patente que suscita temor en amplias franjas de la población. Laudato si' y Magnifica humanitas comparten mucho más que una preocupación genérica por el poder tecnológico humano que puede volverse contra él mismo: comparten una misma arquitectura de discernimiento moral. La pregunta decisiva no es ¿es buena o mala esta tecnología?, sino en su aplicación real, ¿en manos de quién está, a quién beneficia y a quién excluye? De ahí que el paradigma tecnocrático se transforme en el gran eslabón entre ambos ejercicios de discernimiento sobre el poder tecnológico del ser humano [17]. Que el mismo esquema conceptual sirva, once años después, para pensar una tecnología distinta sugiere que el "paradigma tecnocrático" no fue, para el magisterio social católico, una herramienta ad hoc para juzgar moralmente la agricultura del siglo XXI o la crisis ecológica. Se trata, más bien, de una categoría estructural, pensada para acompañar la reflexión magisterial sobre la técnica moderna. Notas: Francisco; Carta encíclica Laudato si' , sobre el cuidado de la casa común. Roma, 24 de mayo de 2015, nn. 106-114. Laudato si' , nn. 102-105. Laudato si' , n. 102. Laudato si' , n. 104. León XIV; Carta encíclica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Roma, 15 de mayo de 2026, nn. 104-110. Magnifica humanitas , n. 110. Laudato si' , nn. 132-136. Laudato si' , n. 135. Magnifica humanitas , n. 9. Magnifica humanitas , n. 104. Magnifica humanitas , n. 85. Magnifica humanitas , n. 5. Magnifica humanitas , n. 71. Magnifica humanitas , n. 85. Laudato si' , n. 135. Magnifica humanitas , n. 71. Magnifica humanitas , n. 92.