Por medio de Youtube, se emitió en vivo el seminario “Comprendiendo la Crisis de la Iglesia en Chile”, ocasión en la que se presentó el documento que refleja casi dos años de trabajo de esta comisión interdisciplinaria.

La Comisión para el Análisis de la Crisis de la Iglesia Católica, que nació en 2018 por el llamado del Papa Francisco a “generar una sociedad donde la cultura del abuso no encuentre espacio para perpetuarse”, entregó su informe final, fruto de casi dos años de trabajo.

Los resultados de la investigación fueron informados durante el seminario online “Comprendiendo la Crisis de la Iglesia en Chile”, el cual contó con la presentación de un resumen y posteriormente los comentarios de expertos en la materia.

El objetivo general del documento de análisis "Comprendiendo la crisis de la Iglesia en Chile" fue determinar la naturaleza y alcance del abuso sexual de personas menores de edad por parte de sacerdotes católicos que ejercieron su ministerio en Chile. También examinó las deficiencias que ha presentado la respuesta institucional que ha ofrecido la Iglesia Católica chilena a estos abusos e identificar el daño e impacto que ha provocado esta crisis en las víctimas, en las comunidades eclesiales y en la sociedad chilena en general.

El documento fue elaborado por 16 académicos UC, pertenecientes a las facultades de Ciencias Sociales, Comunicaciones, Derecho, Filosofía, Historia, Geografía y Ciencia Política y Teología. Fue preparado en base a distintas fuentes de información que incluyen documentación de acceso público (incluidas causas terminadas en tribunales civiles), entrevistas, encuestas de opinión pública, bibliografía especializada e información relevante proporcionada por expertos, víctimas y testigos involucrados en este problema.

Durante el seminario, el rector Ignacio Sánchez expresó: “Los abusos sexuales contra menores son crímenes que afectan al grupo más inocente, vulnerable y querido de una sociedad: sus niños y jóvenes. Estos crímenes indignan, especialmente cuando los hechos son responsabilidad de sacerdotes que, a través del ejercicio de su ministerio, abusan de niños inocentes. Luego de la visita del Papa Francisco a Chile, se hizo muy patente la crisis que han provocado los abusos contra menores de edad en nuestra Iglesia Católica y también en la sociedad chilena”.

“Dentro de las causas y factores condicionantes existentes en Chile, se incluyen el clasismo y elitismo de nuestra sociedad, que tendería a la formación de relaciones jerárquicas entre las personas. Por otra parte, el marcado clericalismo en Latinoamérica estaría en la base de estas relaciones asimétricas y piramidales. Los aspectos anteriores se suman en varias ocasiones a un mal manejo de los casos, y en palabras del Papa Francisco, a la creación de “una cultura del encubrimiento” que los detenía, y enlentecía y que tanto daño ha traído a las víctimas, a los creyentes y a la sociedad”, recalcó Sánchez.

Eduardo Valenzuela, decano de la Facultad de Ciencias Sociales UC, director de revista Humanitas y presidente de la comisión, presentó un resumen del documento. “El abuso sacerdotal de menores de edad debe ser considerado en toda su amplitud y gravedad: no puede ser ni soslayado en el hecho de que sea frecuente en ambientes que tienen contacto con niños (y de manera particular en las propias familias), ni en la ignorancia que se pudo tener alguna vez respecto del daño que provocan”, expresó Valenzuela.

“En el sacerdocio ministerial católico se concentran expectativas muy elevadas de testimonio y ejemplo moral que pertenecen a la índole propia de su misión. La gravedad del abuso sacerdotal se redobla por el hecho de que los abusos fueron, por lo general cometidos en un ambiente eclesial, en el marco de un vínculo de confianza religiosamente motivado entre víctima y ofensor, y en ocasiones utilizando los recursos que ofrece la propia religión”, señaló.

El decano Valenzuela señaló que es necesario reconocer y gestionar el abuso sexual de menores como un delito inexcusable, y considerar persas formas de presión psicológica y espiritual ejercidas en contexto pastoral que deben ser objeto de atención y reproche. También indicó que se debe proteger el testimonio y denuncias de las víctimas ofreciendo los recursos necesarios para consejería legal y asistencia terapéutica, entre muchas otras lecciones y recomendaciones. “Toda crisis ofrece la oportunidad para renovar la Iglesia e incentivar el sacerdocio común de los fieles y la participación activa de todos en una comunidad viva de fe”, concluyó el decano.

Posteriormente el documento fue comentado por un panel de expertos. Josefina Martínez, psicóloga del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas de la Conferencia Episcopal de Chile, expresó: “Con toda razón los sobrevivientes podrían preguntarse por qué recién ahora las universidades se dedican a estudiar el tema (…) Me inquieta que el interés surja después de la visita del Papa Francisco a Chile y no ante los casos que se denunciaron antes. El informe plantea la importancia de poner el foco de atención en una serie de factores ligados a la vida sacerdotal, me parece importante que futuros estudios pongan esfuerzo en eso y también en estudiar a otros religiosos no clérigos pues sabemos que el abuso también está presente ahí”. Por su parte, Sergio Micco, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos, señaló: “El secretismo ha contribuido a que esto tenga un impacto negativo sobre la Iglesia Católica (…) Si de esta crisis surge una nueva Iglesia, el Espíritu habrá vuelto a soplar, agradezco a los autores por este documento que es motivo de esperanza”.

Posteriormente comentó José Andrés Murillo, director ejecutivo de la Fundación Para la Confianza, dijo que le preocupa cómo el texto aborda los límites de confianza, porque “la ruptura de la confianza ciega no puede dar lugar a una desconfianza generalizada porque ese sería el triunfo no de las víctimas, sino del abuso mismo (...) hay que favorecer una confianza lúcida”. Y, finalmente, la presidenta de la Corporación Abriendo Puertas, Ana María Stuven, advirtió que “se desmiente la tesis de la manzana podrida, lo cual coloca la crisis en una dimensión que no es inpidual, sino sistémica”.


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Fuente: Dirección de Comunicaciones UC.

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