Estamos viviendo la “Semana Laudato si’”: siete días con cientos de eventos globales, regionales y locales promovidos por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, para celebrar el séptimo aniversario de la encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la creación. Esta jornada lleva el lema “Escuchar y caminar juntos”, invitándonos a poner cada vez más atención al grito de la Tierra y actuar juntos para cuidar la Casa Común. En este marco, se lanzó la nueva “Plataforma de Acción Laudato si’” del Vaticano que quiere acercar el mensaje y las propuestas a las instituciones católicas, las comunidades y las familias. 

Compartimos la reflexión de Nello Gargiulo acerca de este imperativo llamado.

El mensaje del Papa Francisco para la jornada mundial de la tierra vuelve a hablar de evidencias y urgencias. Él es una de las personas que se ha vuelto relevante a la hora de la concientización y efectos que la crisis climática está provocando en muchos lugares del planeta. Es una preocupación desde el comienzo de su pontificado, una tónica que caracteriza el Ministerio Petrino de nuestra contemporaneidad. Tanto es así, que el 24 de mayo de 2015 con la publicación de la Carta Encíclica Laudato si’, el tema medioambiental pasa a ser parte explícita de las categorías de la Doctrina Social de la Iglesia. El Santo Padre plantea un recorrido completo que parte desde la mirada sobre lo que está ocurriendo en el planeta, sigue con la formulación de elementos de juicio que complementan todas las apreciaciones de la crisis climática a la luz de la solidaridad y fraternidad, hasta llegar a la urgencia de “actuar” antes de que sea demasiado tarde. El método “ver, juzgar y actuar” subyace a lo largo de los seis capítulos del documento marcando el camino para revertir con urgencia la tendencia y abrirse a una conversión ecológica. En este sentido, la semana Laudato si’, que termina este domingo, y el Movimiento Laudato si’ surgido en forma casi espontánea a nivel mundial que ya reúne a más de 700 organizaciones del mundo católico, es el comienzo de una renovación que nace desde el mundo civil.

El documento Laudato si’ (disponible para descarga en www.vatican.va y en múltiples plataformas) es de alto perfil multidisciplinario, teológico, sociológico, económico, político y espiritual, justamente en la línea de abordar una temática que es de tal complejidad y envergadura, que solo desde una mirada global se podrá dimensionar la urgencia de las intervenciones necesarias. Estas son de alto costo político y económico cuando se habla de reequilibrar las perturbaciones eco-ambientales que afligen a la Casa Común. Este siglo se caracteriza por la búsqueda y puesta en marcha de nuevas formas energéticas de cuyas disponibilidad y acceso dependerán también los caminos de paz y las relaciones internacionales.

“La Casa Común, el grito de la tierra, el grito de los pobres, la curación y la interdependencia entre los seres humanos, tienen un mismo punto de partida, tanto desde el mundo religioso como el laico: hacer efectivas la solidaridad y la amistad cívica, a nivel de grupos generacionales y de componentes sociales y sobre esto asumir en forma conjunta la responsabilidad de las crisis ambientales”. Para más información sobre la “Semana Laudato si’, visite https://www.laudatosi.va/es.html

No es una casualidad que entre las fuentes documentales de la Encíclica estén presentes preocupaciones que ya las Conferencias Episcopales de algunos países habían manifestado con urgencia –por ejemplo la reserva de la biodiversidad de la Amazonia, o la cuenca del rio Río Congo. La Iglesia Católica chilena se ha mantenido presente en los temas del debate energético, tanto así que en una declaración del 18 de mayo de 2011, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal consideraba que: “antes de afirmar la creciente demanda por energía como requisito para el progreso, es preciso abordar un proceso como país para construir en conjunto un modelo de desarrollo”. En aquellos años, la Pastoral Social avanzó en el tema y lo profundizó desde la dimensión educativa: “Florecerá el desierto: el don de la Creación y sus desafíos en nuestro tiempo, ¿tarea para la Iglesia?”, una publicación con un diseño y un método muy amigable para despertar el interés y la conciencia cívica hacia la responsabilidad personal y colectiva sobre la Casa Común. 

Estudios recientes afirman que Chile está en una buena posición para demostrar liderazgo con el compromiso que ha asumido en la COP 26 de Glasgow de eliminar gradualmente las energías que dependen del carbón y del gas metano.

Vale la pena recordar que en noviembre del 2015 se realizó en París la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21), que marcó una toma de conciencia para el mundo entero al enfatizar la evidencia cuantificable del aumento de las temperaturas. En esa oportunidad, el acuerdo firmado por 127 países se basó en la convicción, por primera vez, sobre la urgencia de emprender esfuerzos ambiciosos en dirección a combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos, con un mayor apoyo para ayudar a los países en desarrollo a hacerlo. Como tal, traza un nuevo rumbo en el esfuerzo climático mundial. Este compromiso se ratifica en las conclusiones del artículo 14, con el propósito de: “Un balance mundial”, que tendrá lugar en 2023 y cada cinco años a partir de entonces, que evaluará el progreso colectivo hacia el logro de los objetivos del acuerdo de una manera global y facilitadora. Así se observa en el mencionado artículo: “Se basará en la mejor ciencia disponible y en su objetivo mundial a largo plazo. Su resultado servirá de base para que las partes actualicen y mejoren sus medidas y apoyen y aumenten la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático”. 

En estos siete años desde la promulgación de Laudato si’, se han multiplicado las iniciativas para que este documento no terminase olvidado, sin embargo, todo nos indica que el camino a recorrer es muy largo. Más aún en este momento de nuestra historia cuando se siguen viviendo los efectos de la pandemia del Covid-19 y guerras en diferentes áreas geográficas, sumando destrucción, sembrando odios, provocando éxodos forzados de poblaciones enteras, apagando sonrisas en los rostros de millones de niños y niñas, cortando todo anhelo de esperanza de vivir la vida para la cual cada persona humana viene al mundo. Son más razones para convencerse que la Casa Común esta herida y suma nuevos fracasos, como el de ver que la paz no logra imponerse sobre la guerra para la solución de controversias.

La guerra reciente conlleva también una gran crisis energética, especialmente en los países que dependen de fuentes de energía externas, de combustibles fósiles como el petróleo y el gas. Una de las consecuencias del aumento de los precios, es la aceleración en el desarrollo de energías limpias en Europa para así reducir las importaciones de energías, sobre todo desde Rusia. Las energías renovables, en aquellos puntos del planeta que se pueden producir, son una solución a mediano y largo plazo para resolver la crisis del cambio climático. Con el aumento de los costos energéticos y los procesos de inflación, también los países con grado de estabilidad macroeconómicas como Chile sufren el peligro de un debilitamiento de sus economías productivas y de los recursos financieros.

En este sentido, vale retomar Laudato si’ en el punto 139 cuando expresa con mucha claridad: “no existen dos crisis separadas, una ambiental y la otra social; más bien hay una sola y compleja crisis socioambiental. Que requiere ser abordada de una manera integral para luchar en contra de la pobreza, y devolver la dignidad a los excluidos y al mismo tiempo hacerse cargo de curar la naturaleza”. Esta expresión asume un gran significado si la miramos en la línea de Pierre Teilhard de Chardin, gran filosofo del siglo XX, cuando en sus escritos espirituales así se expresa: “El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal”.

La ecología cristiana tiene fundamentos bíblicos justamente porque un mundo con vocación a la maduración requiere equilibrios, pasar por los caminos de redención que a la luz del misterio mismo de la Resurrección encuentran posibles respuestas. En esta perspectiva una lectura de los cambios climáticos da luces acerca de cómo abordar las complejas problemáticas.

“En nuestra misma Araucanía el grito desesperado por la violencia cotidiana acentúa las heridas de la Casa Común que se convierten en teatro de incertidumbres y desesperantes búsquedas de caminos de diálogo y de paz (…)” 

Por una Ecología Integral 

En su encíclica, cuando el Papa Francisco propone un nuevo paradigma con el fin de disponer de un medio de curación apropiado para la Casa Común, invita a reflexionar sobre el destino mismo de la humanidad, buscando reencontrase con su vocación a la plenitud que comienza con el cuidado de los bienes confiados. La visión integral de la ecología que emana de la lectura del documento invita a mantener la necesaria cohesión entre la defensa del ambiente, la justicia social y la valorización de las culturas. A lo largo del desarrollo del texto la frecuente referencia a la ecología integral amplifica el sentido mismo de la responsabilidad social empresarial más allá de la sustentabilidad y de la viabilidad financiera; son las dimensiones del progreso y del desarrollo humano integral que se juegan para una correcta interpretación de la maduración del universo.

El hombre y la creación en la Laudato si’ asumen una visión global e interconectada, que genera en última instancia una nueva paradoja para abordar las dos crisis: social y ambiental, de una manera muy directa y no por caminos separados. Es muy oportuno y necesario pensar en momentos de estudio y de reflexión sobre estas temáticas en la “Semana Laudato si’”. La Casa Común, el grito de la tierra, el grito de los pobres, la curación y la interdependencia entre los seres humanos, tienen un mismo punto de partida, tanto desde el mundo religioso como el laico: hacer efectivas la solidaridad y la amistad cívica, a nivel de grupos generacionales y de componentes sociales y sobre esto asumir en forma conjunta la responsabilidad de las crisis ambientales. En nuestra misma Araucanía el grito desesperado por la violencia cotidiana acentúa las heridas de la Casa Común que se convierten en teatro de incertidumbres y desesperantes búsquedas de caminos de diálogo y de paz que aún no logran imponerse a aquellos que están convencidos que son solo “los caminos armados” los que llevan a la solución de las controversias. Un planteamiento de abordaje multidisciplinarios podría unir en un frente común posiciones por ahora contrastantes y que parecen insuperables.

En la Casa Común la vocación es tener sillas y mesas para todos. Esta es la condición para que la familia pueda estar unida.

Por una Conversión Ecológica

La encíclica está dedicada a San Francisco de Asís, quien al final del siglo XII con su Cantico delle Creature lleva a descubrir la relación de reciprocidad entre la Creación y el hombre, que el mismo Creador pone en el centro para gozarla y seguir desarrollándola.

Las razones para preocuparse son muchas, y tal vez por esto con la “Semana Laudato si’” se abren espacios de reflexión con el fin de dar regularidad y consistencia a los caminos de conversión ecológica. La misión de cuidar la Casa Común, de buscar la belleza y de valorar los bienes de la Creación, tal como dice el cántico de san Francisco de Asís son parte de la única vocación humana: a la paz y no a la guerra, al encuentro y no al aislamiento, al progreso y no al retroceso, al amor y no a odio, a ser hermanos y no enemigos.

Para la edición 2023 a lo mejor hay que ir pensando aquí en Chile como reunir en un foro nacional a sectores sensibles con el tema para compartir sus propios avances y dificultades.


 * Director Ejecutivo Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez.

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