Foto de portada: Vista del Congreso Nacional de Chile, Valparaíso.

“Desde el lunes, sería incluso recomendable, atendiendo las urgencias de la hora presente, un “cónclave de políticos” o una suerte de cuarentena en un lugar apropiado para pensar y repensar cómo no transformar el resultado en vencedores y derrotados”. 

 “La ley no es más que una prescripción de la razón en orden al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad”.

Santo Tomás de Aquino

Los debates que no han faltado

Julio y agosto fueron dos meses de intensos debates y despliegue de las fuerzas políticas y sociales a favor de aprobar o rechazar el texto, que debemos votar este domingo 4 de septiembre. Esa misma noche, el día quedará teñido en la historia del país, para algunos de sabor a victoria y para otros a derrota o decepción. Los espacios informativos de las televisiones se encargarán de mostrar los rostros de quienes se sentirán satisfechos por haber cumplido con su tarea y convicción de producir un cambio profundo al aprobarse el texto. De la misma manera, en el caso de que gane el rechazo, se verá la satisfacción de haber parado su aprobación por ser considerado poco adecuado para reflejar el sentir de todo o la gran mayoría del pueblo.

Protagonismo y responsabilidades del Parlamento

En ambos escenarios vale reconocer que el proceso democrático se ha ido cumpliendo de forma perfecta con sus tiempos y con la participación ciudadana, que en esta nueva oportunidad está llamada en forma obligatoria a expresarse. Todo nos hace pensar, por el momento, que el país la noche del domingo podrá al menos estar conforme y seguro de que seguirá consolidando su propia democracia. Además, hay otra certeza más allá del resultado de las urnas: el parlamento tendrá que asumir un rol protagónico porque le tocará establecer los mecanismos o bien para aportar modificaciones al texto si es aprobado –y si se hacen efectivas las voluntades de cambio– o en el caso de rechazo, también se deben acordar los procedimientos para elaborar un nuevo texto o proceder a modificar la actual constitución. 

Es una verdadera paradoja el solo pensar que sectores que sostienen el apruebo proponen ya cambios al texto mismo; posiblemente también porque consideran que existen puntos que dificultarán el futuro trabajo legislativo del parlamento cuando tenga que construir y aprobar leyes. Efectivamente, se ha hecho evidente que más de una cosa no ha funcionado en el trabajo de los constituyentes.

Una explicación puede ser que su mirada no haya sido tan amplia y que las aspiraciones refundacionales del país con brotes frecuentes al interior de la asamblea se hayan alineado con aquella metáfora antigua de origen alemán: botar al niño junto con el agua de la tina en la cual se lo había bañado. Un refrán que pudo haber inspirado a Martin Lutero, alemán, cuando publica en 1517 las 95 tesis con que dio origen a la Reforma protestante contraponiéndose a la Iglesia Católica en un verdadero desafío refundacional.

La capacidad de reinventarse 

El voto obligatorio llevará a las urnas un número más alto de ciudadanos electores y esto abre mayores indecisiones sobre el resultado. El conteo en voz alta de las mesas será seguido en todas las casas de Chile con interés y algún grado de trepidación por el alcance del resultado final. Sin embargo, no debería decaer la esperanza que el camino recorrido en estos casi tres años para llegar al término del proceso será el gran maestro que se unirá a los tantos hitos de la memoria histórica. Terremotos y cataclismos han forjado en el pueblo la fuerza de unirse en la tarea común de las reconstrucciones y crecer en estándares de seguridad cada vez más exigentes, así podría ser el lunes 5: un país llamado a reinventarse, armarse de valentía y hacer de un resultado divisorio la materia prima para superar antagonismos y visiones de sociedades diferentes porque la Constitución debe reforzar los cimientos de la sana convivencia nacional y ser el verdadero guardián para asegurar también la unidad y el crecimiento del país más allá de los gobiernos de turno. 

Las miradas de corto plazo son miopes y no aseguran la estabilidad en el tiempo de los procesos de reformas, cuando estas son necesarias para poner al día al país con el dinamismo de los cambios internos e internacionales. Con una zona sur del país que vive a diario actos de terrorismo, y el norte que vive la dificultad de encausar el fenómeno migratorio, ningún político y hombre de estado debería sentirse tranquilo, porque tal como lo han indicado los obispos de Chile en sus documentos más recientes, hay heridas para curar, que cuando no se intervienen se abren aún más.

“Es decir, discernir en conciencia si se respeta y promueve la dignidad del ser humano, se contribuye a la realización del bien común y se aplican los otros valores de la enseñanza social que fomentan un orden justo”, Elementos para el discernimiento de la Conferencia Episcopal de Chile, 22 de julio 2022.

En búsqueda de mayores coherencias

Los debates a los cuales hemos asistido, han permitido observar que el articulado del texto es carente de una definida correlación entre la promoción de los derechos sociales y civiles con los caminos para que estos se hagan efectivos y pueden perdurar en el tiempo. Los derechos, con el planteamiento central de un estado que se proclama solidario o social, no puede estar ajeno con una sociedad en la cual la subsidiariedad sea limitada o anulada porque solo se la considera como un “camino al lucro” responsable de las desigualdades sociales. En este aspecto, el proceso constituyente no ha considerado suficientemente que el 18 de octubre pudo manifestar un malestar que no necesariamente significaba dar por sepultado el “estado subsidiario” invocando pasar al “estado social”. Al cargar a la administración del Estado los problemas de salud, jubilación, medio ambiente y educación no debería prescindir de la sociedad civil que, con su propia razón de ser, tiene algo que decir y hacer en la solución de muchas problemáticas sociales. El tercer sector, construye su acción sobre el “voluntariado” y “fines e ideales específicos” que trascienden el lucro financiero. Hay tantos nuevos sectores, especialmente los de la preservación del medio ambiente, que pueden estar en manos de la sociedad civil justamente porque es capaz de penetrar en aquellos ámbitos y sectores en que el mercado poco se interesa y el Estado tampoco tendría las energías necesarias y suficientes para hacerlo. 

Este es el caso de la educación privada subvencionada, que al no tener en consideración el financiamiento en forma igualitaria con la pública se terminará por discriminar la libre elección de las familias por el tipo de educación que consideran más adecuada. No sostener de manera explícita al tercer sector también en la función de acto educativo, podrá fácilmente limitar el variado y rico aporte de numerosas congregaciones religiosas dedicadas desde su llegada al país a educar y formar en los oficios a numerosos jóvenes.

Corresponsabilidad entre actores sociales y culturas territoriales

El mundo productivo con su economía de mercado podrá efectivamente desarrollarse con mayores grados de igualdad en un esquema equilibrado de Estado, sociedad civil y mundo empresarial; cada cual con la mirada puesta en el “bien común”. Los tres estamentos tienen responsabilidades diferentes y cada uno se complementa con el otro y solo en equilibrio se potencian y aseguran grados de confianza y el ejercido armónico de las libertades individuales y colectivas. Las Constituciones que han abordado y debidamente considerado estos aspectos han asegurado equilibrios sociopolíticos del país. El camino para emprender desde el día 5 se verá obligado a revestirse de un espíritu de mayor fraternidad para encontrar soluciones que susciten amplios consensos, y espacios de crecimientos y de integración especialmente de los sectores postergados. Estos objetivos, si bien son comunes a todo el espectro político, requieren de corresponsabilidad y consensuar que hay temas que tienen dimensiones éticas y como tales deben medirse las repercusiones que tienen en el presente y en el futuro. 

La Iglesia experta en humanidad

Una buena guía para el discernimiento del texto en función de los equilibrios que debería contener a partir de la centralidad de la dignidad y libertad de toda persona y conducente a los caminos del bien común lo han ofrecido los Obispos de Chile el día 22 de julio, al término de su Asamblea Plenaria. Es comprensible la limitada visibilidad pública que ha tenido este documento, posiblemente porque el mundo católico no ha todavía reaccionado adecuadamente. Sin embargo, es un buen momento para ir recuperando con la jerarquía de la Iglesia una confianza efectiva y constructiva y cuando, como en este caso, se dirigen de una manera colegiada. Con Pablo VI y el Vaticano II la Iglesia se abre al mundo y a las necesidades del hombre ocupándose no solo de lo espiritual, sino de bajar y acoger también las necesidades materiales, y en este sentido toma el importante papel de ser como el mismo Pontífice se pronunciaba: experta en humanidad, en relación con el mundo en una línea de diálogo y con la realización de numerosas obras sociales para aliviar sobre todo la miseria material. 

La Iglesia Católica Chilena en el extenso documento ya mencionado, invita desde el Catecismo Católico y las Enseñanzas Sociales de la Iglesia a un discernimiento sobre los aspectos de la propuesta Constitucional que son más relevantes, como la vida desde su concepción, la familia, la educación, la justicia, el fin de la vida, etc. La realidad no es mirada sólo desde un punto de vista social. Tiene un alcance más amplio, porque toca aspectos en conexión con las dimensiones éticas de la vida humana y de las cuales se desprenden las consecuencias sobre el presente y el futuro de la convivencia nacional. En este sentido, los criterios para el discernimiento que relata, trascienden el mundo católico y van más allá del día 4 de septiembre. Cualquiera que sea el camino después del domingo, los políticos –especialmente del mundo católico y cristiano– podrán apoyarse en un documento que ofrece luces y orientaciones de gran espesor para guiarse en cualquiera sea el escenario que se presente: readecuar, reformar, legislar o reescribir. Así se expresa el documento en su punto n.1: “Pero, sobre todo, es una propuesta que nos hace situarnos ante nuestro futuro, con el desafío de discernir si el texto ofrecido nos dota o no de un marco social y jurídico adecuado, para edificar la paz, la solidaridad y la justicia en nuestra patria, asegurando el funcionamiento institucional que lo haga posible y permita encauzar las demandas de la ciudadanía, especialmente de los más vulnerables”.

Además, el documento apela de una manera explícita también a “un razonamiento pausado y bien informado, que permita hacer una adecuada valoración ética. Es decir, discernir en conciencia si se respeta y promueve la dignidad del ser humano, se contribuye a la realización del bien común y se aplican los otros valores de la enseñanza social que fomentan un orden justo” (n.6).

En estos ámbitos, Santo Tomás de Aquino, el gran filósofo del Siglo XIII con su definición de la ley como: “una prescripción de la razón en orden al bien común promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad”. Invita a escudriñar con la razón en la formulación de las leyes y del bien común. Bajo esta mirada el parlamento podrá dignamente hacerse cargo de reanimar, unir y dar ejemplo de un estilo fraterno de convivencia frente a un pueblo que ha dado prueba de paciencia en estos tres años entre encierros y frecuentes votaciones. Mientras tanto el día domingo nos toca votar y hacerlo guiados por la razón y sin traicionar la conciencia.

Desde el lunes, sería incluso recomendable, atendiendo las urgencias de la hora presente, un “cónclave de políticos” o una suerte de cuarentena en un lugar apropiado para pensar y repensar cómo no transformar el resultado en vencedores y derrotados. 

El que debe ganar es el Chile del futuro, y la que no debe perder es la paz social y la capacidad de entenderse.

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