El miércoles 5 de julio el Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, dirigió en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile a la rectora Rosa Devés y distintas autoridades, académicos, estudiantes, y a un interesado público de la comunidad italiana residente en el país, una charla magistral lleno de referencias a la colaboración y al rol que juega Chile y América Latina en el panorama mundial actual.

Foto de portada: “La pobreza que todos queremos combatir no es sólo la escasez de medios. Es también estar expuestos sin tutela a los efectos del cambio climático”, presidente Mattarella. ©Diario UChile

En su reciente visita de Estado y bajo el sugerente título “América Latina y Europa: dos continentes unidos por la paz, la democracia y el desarrollo”, el presidente de Italia, Sergio Mattarella, ha abordado este amplio tema con gran sensibilidad, compartiendo una mirada equilibrada y meditada.

Siglos de colonialismo, o los cuestionamientos sobre el trato a los pueblos originarios por parte de quienes primero llegaron al continente, no pueden borrar los grandes signos de la cultura milenaria de los países de Europa que se hicieron parte del desarrollo de las naciones de América Latina. Mattarella asume este desafío que la hora presente de la historia vuelve a plantear ante el dinamismo de los cambios geopolíticos que se vislumbran en el horizonte. Los lazos históricos entre los dos continentes relevan cómo las dos grandes guerras del siglo pasado en Europa no han permitido mirar al Continente Latinoamericano con aquella perspectiva de complementariedad y, sin embargo, ha sido la misma historia con el proceso de globalización en marcha la que se está encargando de reponer el tema en la agenda. A tal respecto así se expresa Mattarella:

Chile, Europa, Italia en particular, han tenido desde siempre relaciones intensas de carácter intelectual, beneficiándose los unos de los otros de los respectivos intercambios y aportaciones.

Los dos continentes están unidos por lazos históricos profundamente arraigados en la vida y en la memoria de nuestros pueblos.

Sin caer en el estereotipo que ve en América Latina “el extremo occidente” más bien asumiendo, al contrario, las características propias de la complejidad, procedentes del legado y de la presencia de los pueblos autóctonos, es fácil observar que nuestros dos continentes son complementarios.

Pero Europa, deudora en gran medida de América Latina para su desarrollo, no siempre ha sabido mirar a este continente con la suficiente previsión y sagacidad.

Ciertamente no en el siglo XX, marcado por dos sangrientas guerras en Europa, que sin embargo condujeron, con el paso de las décadas, a concebir primero la Sociedad de Naciones (la República de Chile se encontraba entre los países fundadores) y, después, a esterilizar las razones que históricamente habían llevado a las naciones europeas a entrar en guerra entre sí, madurando el proceso de integración que ha dado origen a la actual Unión Europea.

“América Latina y la Unión Europea representan un tercio de los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas y comparten en los foros internacionales sensibilidades afines. Multilateralismo, derechos humanos, economía libre, inclusión social, desarrollo sostenible para hacer frente a los cambios climáticos”, presidente Sergio Mattarella.

Las repercusiones de las crisis

Mattarella, ya en su segundo mandato como presidente de Italia, no ha dejado como en muchas otras oportunidades de referirse a la dimensión global que ha adquirido la información, destacando los aspectos positivos que hay que aprender de la pandemia y de la guerra aún en acto en Ucrania:

en un mundo tan interconectado las distancias pierden su significado y las crisis globales, sea cual sea el punto de origen, se repercuten en todos nosotros con consecuencias difíciles de prever y surge la necesidad de tomar medidas a nivel de organismos como la Organización Mundial de la Salud o medidas concertadas entre las autoridades de diferentes países.

Los procesos de cambio constante que se están produciendo en la opinión pública, influida por las opciones de los Over the Top y los alineamientos internacionales, exigen que se reafirmen las reglas compartidas basadas en el respeto de la dignidad de las personas y de las comunidades.

Abogados de buenas causas

Frente a los desafíos que amenazan la paz global en el mundo, los países de ambos continentes deben intensificar los caminos de la cooperación económica y cultural para convertirse en actores de los nuevos procesos de cambio que son irreversibles y marchan a ritmos muy acelerados. La igualdad y el respeto son fundamentales para emprender todo tipo de diálogo y a tal respecto así se expresa:

América Latina y Europa pueden, juntos, ser estos abogados de buenas causas, compartiendo la visión de un mundo en el cual las relaciones internacionales estén basadas en el método del multilateralismo y en la construcción de instituciones comunes.

La realidad multipolar propone diálogo y colaboración bilateral con gigantes como Estados Unidos y China.

Después de haber destacado cómo la Unión Europea ha sabido difundir la estabilidad, los valores de la democracia y de paz y fortalecer el sentido de unidad sirviendo como experiencia de referencia para otros –como es el caso de la Unión Africana– se refiere a la manera de considerar a América Latina y Europa juntas y como protagonistas del nuevo curso de la historia:

A nadie se le escapa el valor que podría asumir, en el marco internacional, la propuesta de un partenariado perfilado entre las naciones de dos continentes que comparten los mismos valores y participan en experiencias multilaterales basadas en la igualdad y el respeto recíproco.

La referencia explícita a América Latina como un continente desprovisto de armas nucleares le otorga al continente una gran autoridad para colocarse como mediador de paz, figuras que el escenario internacional requiere con una gran urgencia para delimitar y no alargar los conflictos. Con estas palabras configura el rol histórico del continente en esta temática:

América Latina ha sabido estar en la vanguardia del terreno de la paz con un tratado, que nació tras la crisis de Cuba en 1962, que hizo de este continente la mayor área libre de armas nucleares. El Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (Opanal) creado con el tratado de Tlatelolco de 1967, ha sido un caso raro puesto que ha sido ratificado por países que como Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia, tienen armas nucleares pero se comprometen a respetar el tratado y a no utilizar ni amenazar con utilizar armas nucleares contra las partes firmantes de dicho tratado.

 La CELAC, una oportunidad

Con la creación de la CELAC en el año 2010 en Playa del Carmen, México, los países latinoamericanos emprenden un camino de cooperación y entendimiento reciproco que los irá fortaleciendo frente a las grandes potencias. Muy pronto, en enero del 2013, se realiza en Santiago de Chile con los países de la Unión Europea la primera cumbre entre ambos continentes, comenzándose así a delinear un nuevo camino para ampliar los confines de la paz en el mundo. Hoy, en la víspera de una nueva cumbre CELAC-UE, desde Chile Mattarella destaca la actualidad de este camino de dialogo:

Este es el valor que tiene el revitalizar y fortalecer el diálogo político entre los dos continentes, y en 2023 tenemos la oportunidad, que debemos aprovechar, de retomar el diálogo, un diálogo más intenso y constante.

Dentro de una semana aproximadamente, el 17 y 18 de julio, se celebrará la cumbre de jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC).

Además, hace una referencia explícita a Italia, que en Roma en los años 60 ofrece una casa y un centro de encuentro para los países de América Latina en temas de cooperación recíproca:

Italia se siente comprometida a hacer de esta ocasión de encuentro un punto de inflexión en el partenariado estratégico de nuestros continentes para los desafíos del presente y del futuro, de forma coherente con su sensibilidad hacia América Latina que llevó incluso a la creación, en 1966, de la Organización Internacional Ítalo-Latinoamericana (IILA).

La centralidad y la proyección de esta intervención se ha caracterizado por su punto de máxima atención, cuando el presidente destaca los grandes valores y pilares sobre los cuales conjuntamente abordar los desafíos, sobre todo de la hora presente de la Humanidad. A pesar de ser una parte muy pequeña de la población del mundo, Europa y América Latina juntas no deben desanimarse, porque su historia y la complementariedad que tienen como tarea redescubrir son un peso muy relevante:

América Latina y la Unión Europea representan un tercio de los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas y comparten en los foros internacionales sensibilidades afines. Multilateralismo, derechos humanos, economía libre, inclusión social, desarrollo sostenible para hacer frente a los cambios climáticos.

En un mundo de gigantes, América Latina y la Unión Europea representan el 14 % de la población mundial y el 21 % del producto bruto. 

El discurso se reviste de novedad y se torna más convincente cuando afirma que:

Es impresionante el entramado de acuerdos de colaboración, comerciales y políticos de Europa con 27 de los 33 países latinoamericanos y del Caribe, gracias a los cuales el intercambio se ha incrementado entre las dos regiones en un 40 % en los últimos cuatro años, de 2018 a 2022.

Las inversiones directas extranjeras de los estados miembros de la Unión Europea en América Latina en 2021 ascendían a casi 700.000 millones superando la suma de las de China, India, Japón y Rusia juntos.

La nueva agenda en la Cumbre CELAC-UE

Para fortalecer el compromiso político basado en la reciprocidad manifiesta que se exige de un “diálogo abierto, regular, constante y de alto nivel”, que ha de configurarse no solamente en las cumbres, sino también en las visitas y en un “intercambio de puntos de vista” dado, por ejemplo, en mesas de conversación, porque:

Los desafíos que ambas partes tenemos que encarar son urgentes, globales y multiformes. Juntos, los dos continentes pueden ser testigos de libertad y de progreso en este mundo multipolar.

La propuesta que la Unión Europea ha denominado “Nueva agenda para las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe” y que se presentará en la cumbre CELAC-UE nace precisamente a partir de estas simples consideraciones.

Nuevas pobrezas

El discurso en su globalidad asume también un valor de visión de futuro frente a la historia cuando considera que la economía, para ser sostenible y en su doble dimensión de cura y administración de la casa, debe desarrollar una lucha integral contra la pobreza:

La pobreza que todos queremos combatir no es sólo la escasez de medios. Es también estar expuestos sin tutela a los efectos del cambio climático.

Si queremos evitar consecuencias nefastas, si queremos dejar a las generaciones futuras un planeta donde la humanidad pueda vivir y prosperar en paz, debemos avanzar de forma decisiva hacia una economía sostenible sin emisiones netas de gas invernadero en la atmósfera.

Caminos de Colaboración: mundo público y privado

Por último, y no por ello menos importante, merece ser destacada la referencia a Chile que “se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático y es impactante el proyecto del presidente Boric que pretende que el país se convierta en un país carbono neutral de aquí a 2050”.

Por ejemplo, en lo referente al hidrógeno verde, que representa todo un mundo para el futuro de las energías necesarias para el desarrollo de los países y los equilibrios geopolíticos, Mattarella invita a desarrollar “tecnologías conjuntas que contribuyan a maximizar los extraordinarios recursos de Chile”. Su planteamiento estimula a pensar en el cómo armonizar el concierto de colaboración del mundo público y privado desde las tareas y competencias de cada uno.

Políticas, tecnologías, recursos públicos y privados asumiendo la resiliencia propia de cada proceso político industrial es el desafío propio de un país que tiene recursos naturales que debidamente explotados podrán convertirse en instrumentos también de crecimiento democrático, factores de igualdad, y así aumentar los caminos hacia la paz.

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