Gabriel Guarda Geiwitz OSB

Ediciones UC

Santiago, 2016

617 págs.

Al cumplirse un año del fallecimiento del padre Gabriel Guarda, arquitecto, premio nacional de historia y monje benedictino, después de haber leído íntegramente su monumental Historia de la Iglesia en Chile, período colonial (intitulada La Edad Media de Chile. Historia de la Iglesia. Desde la fundación de Santiago a la incorporación de Chiloé: 1541-1826), querríamos decir algo de lo mucho que hay que decir sobre este libro, con el fin de incitar a otros a adentrarse en este verdadero manantial de enseñanzas, hallazgos y sorpresas. 

La obra contiene una exposición orgánica y completísima de la labor evangelizadora de España y de sus frutos de vida cristiana en nuestro país.

Sobre la base de una investigación cumplida en todo tipo de fuentes, se nos da una visión renovadora y original del trabajo evangelizador de la Iglesia. Desde luego, el autor hace ver el papel fundamental que se confió a los laicos en esta tarea, varios siglos antes de las respectivas doctrinas del Concilio Vaticano II. Ejemplos de la intervención de ellos fueron el patronato de los reyes de España, que les permitió influir en la evangelización; la enseñanza de la religión por laicos cuando faltaban sacerdotes: al principio casi siempre; el financiamiento del trabajo misionero en parte substancial por la Corona de España; la construcción de templos importantes y de innumerables capillas y oratorios por los seglares, así como la creación por ellos de variadas instituciones de piedad: hospitales, asilos, etc. Ilustra el autor la obra de los laicos con el caso del escritor de El Cautiverio Feliz, Pineda y Bascuñán, ex alumno de los jesuitas, que hecho cautivo muy joven por los indios, les enseña progresivamente la religión, les administra el bautismo y les ayuda a bien morir. Este hombre extraordinario, después de ser rescatado, siguió una brillante carrera militar y llegó a ser gobernador de Valdivia.

Ocupándose de todos los aspectos –absolutamente– el padre Guarda se refiere con detalle y según cálculos especializados que cita, al costo económico de traer un misionero desde España, al número de los que vinieron y a las penurias que solían pasar, incluso el cautiverio y el martirio.

Yendo al aspecto de la justicia para con los indígenas, refiere el autor, con cita de documentos notariales y otras fuentes, cómo –para evitar que aquellos de los sacerdotes que siguiendo al padre Las Casas estimaban ilícita la conquista, negasen la absolución a los conquistadores, según bulas obtenidas de la Santa Sede– en Chile, Perú, México, etc., se hicieron cuantiosas restituciones a los indígenas por personas que habían intervenido en la guerra. En Chile fueron numerosos los casos, y el padre Guarda menciona, entre otros muchos, los de Juan Bautista Pastene, Martín Ruiz de Gamboa, doña Marina Ortiz de Gaete, la viuda de don Pedro de Valdivia, etc. Este hecho es bastante desconocido aun entre los especialistas.

El celo de la Iglesia por la cristianización de los naturales, la llevó a disponer que la catequesis se hiciera en sus propias lenguas. Así fue –dice el padre Guarda, citando a Bravo Lira– que antes de publicarse la primera gramática de la lengua inglesa en 1584, se habían impreso ya en América cuatro de lenguas indígenas; y que en Chile, el jesuita Luis de Valdivia compuso una, y un vocabulario de la lengua araucana, con parte especial para el confesonario, publicados en Lima en 1606.

Nos enteramos por el libro del padre Guarda de que en Chile, antes de la Real Universidad de San Felipe, hubo en Concepción la Universidad Pencopolitana (1730), que comenzó como Seminario de San José; y la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino de los dominicos (1622).

Por otra parte, estuvo a cargo de los jesuitas primero, y después de los franciscanos, el Colegio de naturales instituido por Carlos II en 1697, para hijos de caciques, colegio en que había de estudiar andando el tiempo don Bernardo O’Higgins, quien llegó a dominar el mapudungún.

También se refiere el padre Guarda a los testimonios de santidad –no canonizada– de numerosos religiosos, como los mártires de los jesuitas, los mercedarios, los franciscanos, etc., y de seglares, cuya ejemplaridad consta por las vidas que de ellos se escribieron o por la aprobación pública.

Trata asimismo el autor de la inclusión en la liturgia de la música y danza de los naturales, mencionando los bailes de los chinos, que son de origen quechua, que perviven hasta hoy, y que vio con complacencia el Papa Benedicto XVI cuando estuvo en Chile como cardenal.

Es mucho más lo que podría decirse, pero no lo consienten los límites de una reseña. Solo agregaremos que la obra tiene numerosas fotografías de la más alta fidelidad, de cálices, copones, sagrarios, frontales de altares, retablos, edificios y orfebrería religiosa en plata y oro, así como de cuadros cusqueños y quiteños, y portadas y páginas de libros de la Colonia; y diremos también que el padre Guarda dedica su libro al cardenal don Raúl Silva Henríquez, destacando lo que este sabía de la materia, y refiriendo cómo lo alentaba y le brindó una importante ayuda económica.

José Joaquín Ugarte Godoy

De la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales

 

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El 25 de agosto Nello Gargiulo, columnista del periódico “Presenza” y colaborador habitual de Revista Humanitas, lanzó su libro “100 miradas, un único amor”, en el cual recoge columnas que abordan su opinión sobre acontecimientos políticos en Italia y Chile, el fenómeno de la migración y los valores, la democracia y los principios que deben regir a nuestra sociedad. A la presentación asistieron numerosas autoridades, entre las que figuran la embajadora de Italia en Chile, Sra. Valeria Biagiotti, y el Sr. Nuncio Apostólico en Chile Mons. Kurian Mathew Vayalunkal. Para conocer su obra y pensamiento, compartimos la entrevista que el autor dio al medio austral “El Magallanes”, publicada originalmente el 6 de septiembre.
En el aniversario 135º de la Encíclica Rerum novarum de León XIII, León XIV publica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial; su primera encíclica, que brota del corazón del magisterio social de la Iglesia y que pretende, en diálogo y continuidad con él, leer e interpretar con lucidez los desafíos del presente, especialmente aquella res novae de nuestro tiempo: el avance de la técnica, cuya novedad es su poder y omnipotencia, donde las nuevas tecnologías "se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo" (n. 4). Revista Humanitas invitó a cuatro voces diversas de la Pontificia Universidad Católica a abordar algún punto de la encíclica y plantear una mirada particular al respecto. Agradecemos a Haddy Bello, P. Cristián Borgoño, Raúl Madrid y Patricia Olivares por compartir sus perspectivas. Magnifica humanitas : permanecer profundamente humanos en la era de la inteligencia artificial Por Haddy Bello , doctora en Teología y académica en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Trabajó como subdirectora de Investigación 2018-2022, fue vicedecana hasta 2026 y es parte de la Comisión de equidad de género de la Facultad de Teología UC. El paradigma tecnocrático como clave del discernimiento del poder tecnológico: de Laudato si' a Magnifica humanitas Por Cristián Borgoño , sacerdote, secretario académico y profesor asistente ordinario de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, encargado del área de Moral. Además, participa del Centro de Bioética y del grupo de estudio de Ciencia y Religión UC. La centralidad en Cristo y el auténtico progreso Por Raúl Madrid , abogado, magíster en Artes Liberales por la Universidad de Navarra, magíster en Derecho Público por la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctor en Derecho por la Universidad de Navarra. Actualmente es director del Programa de Derecho, Ciencia y Tecnología y profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile). Magnifica humanitas : tres puntos para custodiar lo humano. Una mirada desde la bioética Por Patricia Olivares , médico cirujano por la Pontificia Universidad Católica de Chile, con magíster en Bioética (UC), Artes Liberales (Universidad de Navarra, España) y Spiritual Care (Universidad de Basilea, Suiza). Miembro del Centro de Bioética UC, jefa del Magíster en Bioética y profesora clínica asistente UC. “Sudario Natural n ° 8” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print). Magnifica humanitas : permanecer profundamente humanos en la era de la inteligencia artificial Por Haddy Bello La esperada primera carta encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas , se ha dejado sentir en todo el mundo. Más allá del aspecto mediático, lo que nos compete es reflexionar en torno a los puntos centrales del documento. Destacan dos ideas elementales: la magnífica humanidad del ser humano y el valor del compromiso personal y comunitario con la Doctrina Social de la Iglesia. A ellas propongo añadir las propuestas que el Papa presenta para convivir con los desafíos que surgen con las nuevas tecnologías, sin dejar de lado el cuidado y la protección de la dignidad humana. ¿Qué es lo propiamente humano? León XIV presenta un proyecto de humanidad equilibrado, basado en la antropología teológica expuesta en el Concilio Vaticano II: "El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" [ 1 ]. Profundizando el camino abierto por la Rerum novarum de León XIII, quien expuso que "la vida mortal, aunque buena y deseable, no es, con todo, el fin último para el que hemos sido creados, sino tan solo el camino y el instrumento para perfeccionar la vida del alma" [ 2 ], León XIV da un paso más e integra en el mundo las distintas dimensiones del ser humano para que entren en sinfonía en el Espíritu [ 3 ]. Hace un llamado a la madurez de la razón y del corazón, y nos exhorta a estar atentos, para que, allí donde la humanidad corra el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alcemos los ojos hacia el Dios que se hizo carne [ 4 ]. He ahí la magnífica humanidad: creada a imagen y semejanza de Dios, y encarnada en Cristo. En Él se "encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud" [ 5 ]. Por lo tanto, una primera clave de lectura se encuentra en el énfasis por la imagen y semejanza [ 6 ] como fundamento de nuestra naturaleza relacional. Eso es relevante porque nos recuerda que la dignidad ontológica del ser humano, si bien es inquebrantable e indeleble, debe ser doblemente cuidada, al estar unida a nuestra condición de imagen y semejanza. En cuanto imagen —ser racional, libre y capaz de relación con Dios—, es un don comunicado en nuestra creación, constitutivo de la humanidad, que no se pierde con el pecado. En cuanto semejanza, es un don que puede perderse o dañarse con el pecado, pero que ha sido restaurado por Cristo [ 7 ]. Él, imagen de Dios invisible (Col 1,15), nos ha devuelto la semejanza divina, deformada por el primer pecado. ¿Babel o Jerusalén? A partir de la inquietud antropológica expuesta en la encíclica, se comprende bien que la preocupación de fondo del Papa sea advertir contra la deshumanización o, más precisamente, contra las nuevas formas de deshumanización que puedan aparecer en esta era de la inteligencia artificial [ 8 ]. Para ello, el primer paso que propone es trazar la ruta: "¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?" [ 9 ]. Para responder, recurre a dos imágenes veterotestamentarias que, más que figuras literarias, simbolizan dos realidades antropológicas que conviven con nosotros diariamente: Babel y Jerusalén. Lejos de ser un relato más dentro del testimonio bíblico, la construcción de la torre de Babel (cf. Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf. Ne 2-6) se erigen con nuestras decisiones cotidianas. Aquí se introduce una segunda clave de lectura, muy sutil: los verbos construir y reconstruir. Mientras el primero remite a edificar o hacer algo nuevo, el segundo alude a volver a construir algo que ya existió. Babel es la construcción de un proyecto individual que prescinde de Dios —la vuelta al pecado original— "sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización" [ 10 ]. En cambio, las murallas de Jerusalén —destruidas por los babilonios— habían sido levantadas por la monarquía davídico-salomónica y reforzadas por reyes posteriores, como Ezequías. Nehemías no propone al rey Artajerjes fundar ni levantar una ciudad, o su propia ciudad, sino recomponer el lugar donde están las tumbas de sus padres. Los muros de Jerusalén representan a una ciudad con historia propia, fruto de un camino recorrido de la mano del Señor: una ciudad "donde Dios y la humanidad habiten juntos" [ 11 ]. El verbo "construir" deja de ocuparse de lo arquitectónico y pasa a representar una realidad salvífica. No será David quien fabrique una casa para Yahvé, sino Yahvé quien le construya una casa a David. Por eso, es posible que también hoy Dios nos pregunte: "¿Me vas a edificar tú una casa para que yo habite?" ( 2 Sam 7,5). Así, la obra humana de David, Salomón y Nehemías, entre muchos otros, debe entenderse como respuesta y servicio a una iniciativa que es —en última instancia— siempre divina, y a la cual estamos invitados a participar. La reconstrucción de los vínculos Una tercera clave de lectura es la imagen de la edificación y del arquitecto que el Papa utiliza. Magnifica humanitas es una encíclica cargada de propuestas metodológicas. León XIV no solo aborda la preocupación en torno a un riesgo —en este caso, el peligro de la deshumanización en la era de la revolución de la inteligencia artificial—, sino que ofrece caminos y estrategias para cimentar la fraternidad en lo cotidiano y construir así una sociedad más plena, donde la verdadera realización no nazca "de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: allí donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado recíproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos" [ 12 ]. En una primera instancia, y a partir de la experiencia de Nehemías [ 13 ], nos entrega un bosquejo para la reconstrucción, que estructura en dos etapas: la primera es ad intra : un momento de preparación personal antes de actuar, en el cual se debe ayunar, rezar e interceder por el pueblo. La segunda es ad extra : el tiempo de la acción, que se desarrolla en cuatro pasos. 1) Observar: Nehemías examina en silencio los lugares destruidos, sin imponer soluciones desde lo alto. 2) Armar comunidad: convoca a las familias y confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir. 3) Escuchar: atiende los temores de la comunidad. 4) Ejecutar: coordina los esfuerzos de las personas y hace frente a las oposiciones; no rehúye los problemas, sino que se hace cargo de ellos. Así la reconstrucción se pone en marcha y "la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo" [ 14 ]. El modelo que recupera León XIV tiene a Dios en el centro; por eso su invitación es que primero nos ocupemos de reconstruir nuestros vínculos antes que las piedras. Ningún proyecto puede levantarse pretendiendo tener a Dios en medio si no cuida, sana o repara la convivencia fraterna. Si edificar es, antes que una obra arquitectónica, una realidad relacional y salvífica, el método de Nehemías no hace más que confirmarlo: reconstruir los muros es inseparable de reconstruir las relaciones. Continuando con los aportes metodológicos, en un segundo momento el Pontífice nos invita a edificar en el bien: deberíamos ser arquitectos sabios y obrar conforme a esa espiritualidad que él se ha propuesto transmitir mediante su carta encíclica [ 15 ]. Edificar en el bien es construir el bien común sobre la roca de la relación con Dios, asumiendo con realismo los límites y la fragilidad humana, mediante la corresponsabilidad de todos y con un lenguaje evangélico que se haga obra y vida [ 16 ]. En concreto, lo que ha hecho León XIV es dejarnos una guía práctica para cotejar al momento de planificar nuestros proyectos personales y comunitarios, y, especialmente, cuando queramos examinar nuestros deseos y perfilar nuestras acciones: ¿sobre qué fundamento voy a construir?, ¿cómo se integran los límites y la fragilidad humana en lo que quiero construir?, ¿cuál es la finalidad de lo que quiero edificar? y ¿qué lenguaje voy a utilizar para ello? Conclusión A lo largo de la reflexión, las tres claves de lectura propuestas han ido convergiendo en una misma dirección. La primera nos devolvió a la pregunta por lo propiamente humano: esa magnífica humanidad creada a imagen y semejanza de Dios, cuya dignidad exige ser custodiada. La segunda, en el contraste entre Babel y Jerusalén, nos enseñó a discernir entre el proyecto que prescinde de Dios y la ciudad que se reconstruye de su mano. La tercera, en la imagen de la construcción y del arquitecto, nos ofreció un método para reedificar los vínculos. No son tres reflexiones yuxtapuestas, sino un único movimiento: de la pregunta antropológica a la corresponsabilidad concreta. De ahí que Magnifica humanitas no se agote en un diagnóstico ni en un recorrido histórico por la Doctrina Social. La encíclica nos entrega una guía para examinar nuestros propios proyectos en la era de la inteligencia artificial. Las preguntas que León XIV deja planteadas no esperan una respuesta teórica, sino una vida que las encarne. El desafío, entonces, se traslada del texto al lector: ser nosotros los arquitectos sabios que el Papa convoca, capaces de poner a Dios en el centro y de hacer del cuidado fraterno la primera de nuestras obras. Porque, en última instancia, el gran llamado de la encíclica es a "permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor" [ 17 ]. Notas: Pablo VI; Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual. Roma, 7 de diciembre 1965, n. 22. León XIII; Carta encíclica Rerum novarum sobre la situación de los obreros. Roma, 15 de mayo 1891, n. 30. La imagen de la sinfonía la utilizó en su carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza : "sean servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza. Menos etiquetas, más historias; menos contraposiciones estériles, más sinfonía en el Espíritu" (cf. 3.1.) Cf. León XIV; Carta encíclica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Roma, 15 de mayo de 2026, n. 1. Idem. Cf. Gn 1,26-27 y Magnifica humanitas , n. 50. Cf. Gaudium et spes , n. 22. Magnifica humanitas , n. 15. Magnifica humanitas , n. 6. Magnifica humanitas , n. 7. Magnifica humanitas , n. 1. Magnifica humanitas , n. 12. Cf. Magnifica humanitas , n. 8. Magnifica humanitas , n. 8. Cf. Magnifica humanitas , n. 236. Cf. Magnifica humanitas , nn. 11-14. Magnifica humanitas , n. 15. Detalle de “Sudario Natural n ° 21” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print). El paradigma tecnocrático como clave del discernimiento del poder tecnológico: de Laudato si' a Magnifica humanitas Por Cristián Borgoño Entre Laudato si' (2015) y Magnifica humanitas (2026) median once años, pero ambos textos comparten una misma y novedosa herramienta conceptual para el discernimiento moral de la técnica moderna: el llamado "paradigma tecnocrático". Francisco lo desarrolla como categoría central de su encíclica dedicada al cuidado de la Casa Común y lo aplica, entre otros casos, a los organismos genéticamente modificados (OGM). León XIV retoma el concepto y lo aplica a la inteligencia artificial, ofreciendo en su encíclica lo que podríamos calificar como un gran ejercicio de discernimiento sobre la tecnología más disruptiva que ha conocido la humanidad. Francisco introduce el concepto de paradigma tecnocrático en el capítulo tercero de Laudato si' [ 1 ], precedido por una reflexión sobre la tecnología como "creatividad y poder" [ 2 ]. Su argumento no es antitecnológico: reconoce con gratitud que la técnica ha mejorado innumerables aspectos de la vida humana [ 3 ]. Sin embargo, introduce la idea, ya presente en la reflexión filosófica desde Heidegger, de que la técnica no es neutral, sino que tiende a configurar un paradigma, es decir, un modo de pensar que se ha vuelto hegemónico y que trasciende el uso concreto de cualquier tecnología. Ese paradigma expande la lógica de dominio, propia de la técnica como transformación de la naturaleza, a todos los ámbitos de la existencia humana, incluyendo la economía, la política y las relaciones sociales. Francisco advierte que parte del problema es que el poder tecnológico tiende a concentrarse en manos de unos pocos, dándoles "un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero" [ 4 ]. Esto lo recuerda León XIV, al describir cómo la IA puede ser una auténtica estructura de dominio oligárquico sobre la humanidad [ 5 ], planteando que se requiere "desarmar" a la IA [ 6 ] para que esa lógica no se imponga y pueda transformarse en acogedora de la humanidad. En síntesis, el paradigma tecnocrático no es la técnica en sí misma, sino una forma de racionalidad que ha acompañado el desarrollo de la técnica y que tiende a reducir la realidad a variables manipulables y maximizables. En Laudato si' Francisco aplica la categoría de paradigma tecnocrático a un caso concreto y polémico: los OGM [ 7 ]. Es un discernimiento deliberadamente matizado: el Papa reconoce que se trata de "una cuestión ambiental de carácter complejo" [ 8 ] y evita una condena tajante de la biotecnología agrícola en sí misma. Sin embargo, inmediatamente después, muestra las dificultades que se dan en el despliegue concreto de esa biotecnología en la producción agrícola, entre ellas la concentración de tierras productivas en manos de pocos actores, el desplazamiento de pequeños productores y trabajadores rurales, y los riesgos para la biodiversidad y las redes de ecosistemas. Francisco distingue con claridad el problema de la seguridad de los OGM, contestada por algún sector minoritario del mundo científico, de la forma concreta en que esta tecnología se inserta en el sistema alimentario. El problema no es la modificación de un genoma y la introducción de genes exógenos, sino la estructura de poder económico que decide qué semillas se patentan, quién controla esas patentes y qué comunidades quedan excluidas de esa decisión y cómo opera la agricultura biotecnológica como modelo productivo. No dejó de sorprender que siete años después de Laudato si' Francisco retornara ampliamente sobre el tema del paradigma tecnocrático en Laudate Deum , mostrando así que era una categoría axial para la comprensión de la técnica. León XIV ha mostrado con su reciente encíclica que su fecundidad va mucho más allá de ser una herramienta para pensar la crisis socioambiental y puede extenderse al problema mismo de la relación del ser humano con su poder tecnológico. Magnifica humanitas retoma el concepto de "paradigma tecnocrático" con la misma centralidad conceptual que Francisco. Al igual que Francisco, León XIV sostiene que la tecnología no es neutral [ 9 ] porque "toma el rostro" de quienes la conciben, la financian, la regulan y la usan. Esta es, en esencia, la misma tesis que subyace al paradigma tecnocrático de Francisco: la tecnología no puede evaluarse en abstracto, porque siempre está inserta en relaciones de poder concretas que determinan sus efectos reales. El "síndrome de Babel" que describe León XIV en el número 10: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias y la pretensión de traducir todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimiento, es el equivalente estructural, aplicado a la IA, de lo que Francisco denunciaba en Laudato si' como la expansión del dominio tecnocrático sobre la economía, la política y la vida humana. Ambos papas identifican el mismo mecanismo: una racionalidad técnica que, al no encontrar límites, tiende a colonizar ámbitos para los que no fue ni siquiera pensada. León XIV explicita además que la misma inteligencia artificial "no es neutral" [ 10 ] y puede "aumentar la participación y la justicia o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión" [ 11 ]. El análisis de León se asemeja mucho al razonamiento de Francisco sobre los OGM: la misma tecnología puede generar bienes reales (Francisco lo admite para los OGM; León XIV lo admite para la IA), pero el resultado depende decisivamente de quién controla su desarrollo y despliegue, no de una propiedad intrínseca de la tecnología misma. “Sudario Natural n°49” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print). Al poner ambos discernimientos en paralelo, aparecen al menos cuatro puntos de convergencia clara: 1. Ni Francisco ni León XIV caen en el tecno-optimismo ingenuo ni en el tecno-pesimismo reactivo. Ambos insisten en que la tecnología no es intrínsecamente buena ni mala, aunque tampoco es un mero instrumento: es una capacidad del ser humano; lo decisivo es el marco de poder en el que se despliega. 2. Ambos son conscientes del problema del poder (se refleja aquí la influencia en ambos de Romano Guardini). En Francisco, aplicado al caso de los OGM, ese poder se concentra en la propiedad de patentes de semillas y en el control de tierras productivas. En León XIV, se concentra en actores tecnológicos privados que hoy superan en recursos a muchos Estados [ 12 ] y que fijan las condiciones de acceso a las plataformas digitales [ 13 ]. En ambos casos, el diagnóstico estructural es idéntico: el problema no es la técnica en cuestión, sino la asimetría de poder que su control genera y la exclusión que se deriva de ella. 3. Los más vulnerables están siempre al centro del discernimiento. Francisco mide el impacto de los OGM por su efecto sobre pequeños productores y trabajadores rurales; León XIV mide el impacto de la IA por su efecto sobre quienes quedan excluidos de la participación y la justicia [ 14 ] o son dañados por un uso guiado meramente por el interés expansivo de las empresas que sostienen los modelos de IA (el caso de la educación es emblemático al respecto). En ambos textos, el criterio de discernimiento sobre el uso de la técnica no es la eficiencia ni el crecimiento económico, sino el efecto sobre los últimos de la cadena. Aparece así, incluso al hablar de la técnica, el eco del principio de la opción preferencial por los pobres que Francisco desarrolló denunciando las injusticias ambientales en Laudato si' y León retoma al hablar de los mecanismos de exclusión que genera un uso acrítico de la IA. 4. Ambos piden un discernimiento amplio, que implique a todos. Francisco reclama una "discusión científica y social responsable y amplia" [ 15 ] antes de la implementación irreversible de una tecnología. León XIV exige transparencia, auditorías independientes y mecanismos de apelación frente a las grandes plataformas [ 16 ]. Refuerza el mismo principio, pero desde un enfoque más institucional y regulatorio, propio de una tecnología cuyo despliegue es aún más acelerado que el de los cultivos transgénicos. Durante los últimos cien años la conciencia de la vulnerabilidad humana ante el propio poder tecnológico no ha hecho sino aumentar. Lo que advertía ya Pablo VI en un discurso a la FAO: que el desarrollo tecnológico descontrolado puede volverse contra el hombre, que León XIV retoma dos veces en su encíclica, es ahora una amenaza patente que suscita temor en amplias franjas de la población. Laudato si' y Magnifica humanitas comparten mucho más que una preocupación genérica por el poder tecnológico humano que puede volverse contra él mismo: comparten una misma arquitectura de discernimiento moral. La pregunta decisiva no es ¿es buena o mala esta tecnología?, sino en su aplicación real, ¿en manos de quién está, a quién beneficia y a quién excluye? De ahí que el paradigma tecnocrático se transforme en el gran eslabón entre ambos ejercicios de discernimiento sobre el poder tecnológico del ser humano [ 17 ]. Que el mismo esquema conceptual sirva, once años después, para pensar una tecnología distinta sugiere que el "paradigma tecnocrático" no fue, para el magisterio social católico, una herramienta ad hoc para juzgar moralmente la agricultura del siglo XXI o la crisis ecológica. Se trata, más bien, de una categoría estructural, pensada para acompañar la reflexión magisterial sobre la técnica moderna. Notas: Francisco; Carta encíclica Laudato si' , sobre el cuidado de la casa común. Roma, 24 de mayo de 2015, nn. 106-114. Laudato si' , nn. 102-105. Laudato si' , n. 102. Laudato si' , n. 104. León XIV; Carta encíclica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Roma, 15 de mayo de 2026, nn. 104-110. Magnifica humanitas , n. 110. Laudato si' , nn. 132-136. Laudato si' , n. 135. Magnifica humanitas , n. 9. Magnifica humanitas , n. 104. Magnifica humanitas , n. 85. Magnifica humanitas , n. 5. Magnifica humanitas , n. 71. Magnifica humanitas , n. 85. Laudato si' , n. 135. Magnifica humanitas , n. 71. Magnifica humanitas , n. 92. La centralidad en Cristo y el auténtico progreso Por Raúl Madrid Magnifica humanitas es un documento importante, destinado a trazar un camino para la Iglesia ante los enormes desafíos cognitivos y morales que representa la civilización tecnológica. Para comprender el porqué de esta afirmación, es necesario tener presente que la revolución de la técnica moderna —centrada en la información— marca un cambio crucial respecto de los modelos y proyectos anteriores, lo que ha llevado a algunos a hablar de un "cambio de paradigma" en el orden cultural. El núcleo de esta novedad radica en que la tecnología contemporánea no se limita, como ocurría con los modelos técnicos del pasado, a ayudar al hombre a usar el mundo corpóreo en mejores condiciones —cultivar la tierra, desplazarse, producir, observar o comunicarse con mayor eficacia—, sino que empieza a intervenir sobre aquello que antes parecía pertenecer al ámbito más propio de lo humano: el cuerpo, la memoria, la voz y el rostro, la afectividad, la identidad e incluso la experiencia misma de lo real. Esto se advierte, por ejemplo, en la biotecnología y la edición genética, que no solo curan, sino que abren también la posibilidad de seleccionar o modificar rasgos humanos. También en las prótesis inteligentes y las interfaces cerebro-máquina, que integran dispositivos técnicos con el sistema nervioso y vuelven más difusa la frontera entre órgano e instrumento. Igual cosa ocurre en las neurotecnologías, capaces de alterar estados de ánimo, la concentración, el sueño o el rendimiento cognitivo. Un efecto parecido se presenta respecto de las plataformas digitales y la economía de la atención, que ordenan lo que vemos, se apoderan del tiempo personal, activan emociones o crean deseos. Cabe citar además el efecto de la realidad virtual y aumentada, que no solo median nuestra relación con el mundo, sino que fabrican entornos perceptivos alternativos. Existen además los deepfakes y la clonación de voz, que permiten producir una falsa presencia de una persona mediante la reproducción artificial de su imagen, sus gestos o su habla. No deben olvidarse tampoco los sistemas predictivos de perfilamiento, que construyen representaciones operativas del sujeto capaces de condicionar su acceso al trabajo, al crédito, a servicios, a reputación o a reconocimiento social. En todos estos casos, la técnica deja de ser simplemente una herramienta exterior que amplía el poder humano sobre las cosas y se convierte en una mediación entre el hombre y sí mismo, que termina alterando el modo en que el sujeto se autopercibe y es representado. El desplazamiento del objeto de la técnica, por el cual lo humano se convierte en campo de experimentación, no se produce como un simple hecho de la naturaleza o del devenir histórico, sino que representa la encarnación cultural de postulados filosóficos que se han ido haciendo dominantes con el tiempo. Dichos postulados —que son muy variados— tenían un elemento en común: sacar al ser humano de la posición central en que lo ubicaba la tradición en virtud de sus facultades superiores y de la filiación divina, y homologarlo con el resto de los seres vivos, o incluso con las criaturas inertes. La pérdida de la excepcionalidad humana no aconteció de golpe, sino que se produjo lentamente, por una cadena de sucesos en la historia de la cultura que desembocan en la inteligencia artificial como paradigma de potencia generativa semejante a la humana. Entre estos acontecimientos puede mencionarse, por ejemplo, el cambio de Copérnico al heliocentrismo, la inserción del ser humano en la continuidad de la vida por Darwin, o el debilitamiento de la soberanía de la conciencia por Freud. En nuestro tiempo, algunos modelos de neurociencia aproximan la mente al cerebro, afirmando implícitamente que es un epifenómeno de la materia. La etología —o ciencia que estudia el comportamiento de los animales— ha elaborado un discurso que relativiza la exclusividad de ciertas capacidades humanas, y la cibernética propone una descripción del sujeto humano como un sistema de información. Como corolario, la IA generativa reproduce las funciones y la presencia humana. El resultado es una presión cultural creciente para declarar al ser humano un proyecto técnicamente superable, que deriva en postulados poshumanistas [ 1 ]. Para ello, sin embargo, había sido necesario quitarle el fundamento espiritual, el "fantasma en la máquina", según la expresión de Ryle. La encíclica, en cambio, sienta un criterio hermenéutico para la Iglesia y para el mundo, al reafirmar una antropología trascendente en medio de la perplejidad que desata la posibilidad de alterar elementos propios de la condición humana. Su objetivo no es solo la IA o su regulación, sino la comprensión de toda tecnología contemporánea desde dicho principio antropológico. Se trata de un horizonte de significado cuyo objeto es ayudar a discernir al pueblo de Dios qué significa proteger al ser humano cuando la tecnología interviene al sujeto mismo en su constitución y su operación. Así, el punto de partida de Magnifica humanitas es cristológico, porque interpreta la crisis tecnológica desde Cristo como revelación plena de lo humano. La alternativa inicial —"levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" [ 2 ]— expresa dos modos opuestos de configurar la historia: uno fundado en la autosuficiencia del poder humano, y otro abierto a la comunión con Dios y entre los hombres. La encíclica afirma que allí donde la humanidad corre el riesgo de "perder su rostro", los cristianos alzan la mirada "hacia el Dios que se hizo carne", sabiendo que "el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado"; y añade que "en Jesucristo" esta humanidad encuentra "el camino, la verdad y la vida", es decir, la vía de su plenitud [ 3 ]. De este modo, Cristo es la clave de inteligibilidad de la persona humana. "Su humanidad es plenamente libre, abierta a los demás, capaz de construir relaciones solidarias y preciosas, y entregada al don total de sí" [ 4 ]. Que cada persona haya sido creada "a imagen y semejanza" del Dios trinitario, "hecha constitutivamente para la relación" y querida por Dios para una "historia de comunión", configura el desarrollo de las consecuencias antropológicas de esa cristología [ 5 ]. La dignidad humana no depende por tanto de las capacidades que posee, de las riquezas o del papel que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino de un don que la precede y la excede [ 6 ]. Por eso la encíclica advierte contra la pretensión de un lenguaje único, "incluso digital", capaz de traducir "el misterio de la persona" en "datos y rendimientos" [ 7 ]. Y por eso, más adelante, distingue radicalmente la inteligencia artificial de la inteligencia humana: las IA pueden imitar funciones, pero "no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones", ni poseen conciencia moral [ 8 ]. La IA no vive una experiencia, pero tampoco puede comprender en sentido estricto, porque el significado no puede ser aprehendido por un ente puramente material debido a que su aprehensión consiste justamente en la posesión de una forma inmaterial. El argumento de la encíclica, como se ve, conjuga en la tradición del Magisterio la doble excepcionalidad humana, en su vertiente natural y en lo que tiene de divino. “Sudario Natural n ° 32” por Maite Izquierdo, 2025 (seda natural teñida en eco-print León XIV constata además que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando el mundo "rápida y profundamente", entrelazándose con la vida cotidiana, moldeando procesos de toma de decisiones e incidiendo en el imaginario colectivo [ 9 ]. La técnica, por tanto, ya no aparece solo como mediación exterior entre el hombre y las cosas, sino como poder que afecta la experiencia humana desde dentro, que interviene cada vez más en todos los procesos cognitivos y volitivos. De ahí que el Papa recuerde, con Francisco, que "nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma" [ 10 ]. La facticidad de la tecnología recae ahora sobre el propio ser humano, que se vuelve objeto de intervención o incluso de sustitución. Las estructuras de cambio de paradigma sentadas por la tecnología contemporánea implican, por lo tanto, una cuestión filosófica de fondo, relativa a la presencia o ausencia en el ser humano de un principio que lo haga único, irrepetible y, por lo tanto, inefable. Por eso la encíclica advierte que no basta con legislar para limitar los efectos negativos de estas tecnologías. La regulación es necesaria, pero insuficiente si no se pregunta antes quién posee el poder tecnológico y hacia qué fines lo orienta [ 11 ]. El problema de fondo no es solo instrumental, sino espiritual y cultural. La técnica "no es neutral", porque "toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza" [ 12 ]. Esta afirmación ayuda a superar una comprensión un tanto ingenua de la tecnología como simple herramienta, aunque lo sea en abstracto. Toda tecnología lleva consigo una determinada comprensión del hombre, pues decide qué clase de vida favorece. En consecuencia, el discernimiento cristiano no puede limitarse a aprobar o prohibir usos particulares de ella; debe interrogar la antropología implícita que se inscribe en los sistemas técnicos. El valor del ser humano como hijo de Dios, que recibe los dones en su naturaleza espiritual, es la razón de su valor intrínseco, que la modernidad conoce como "dignidad humana". La encíclica sostiene que hay una dignidad ontológica que pertenece a todo ser humano "simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios" [ 13 ], y que esa dignidad "no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada" [ 14 ]. La recuperación del sentido antropológico propuesto por León XIV implica, pues, declarar el valor del ser antes que el valor de la operación. El ser humano no puede ser diseñado a través de su función en un conjunto de operadores, ni puede ser reconstruido por la mera agregación de sus aspectos exteriores. Hay aquí un importante mensaje a la teoría contemporánea de los derechos humanos: las garantías fundamentales son abstracciones destinadas a cuidar aspectos de la persona humana, pero la agregación de ellas no configura al sujeto. Su realidad existencial va mucho más allá de esas formalizaciones, que en realidad solo se pueden expresar en conexión con la persona real. Como puede verse, la encíclica tiene un innegable valor hermenéutico, que va mucho más allá de los temas particulares que menciona. Haciéndose cargo de circunstancias culturales muy novedosas, vuelve a plantear la realidad antropológica de la Iglesia en comunicación directa con los problemas contemporáneos. En esta dialéctica entre lo temporal y lo permanente reside precisamente su valor como horizonte de significado, pues renueva el paradigma en diálogo con los problemas de nuestro tiempo. Por ello, cabe afirmar que es de algún modo una continuación de Veritatis splendor , pues mientras esta sostenía que la libertad humana solo es verdaderamente humana cuando permanece ordenada a la verdad, Magnifica humanitas aplica ese mismo principio al mundo de la IA, mostrando que la técnica solo es auténtico progreso cuando permanece ordenada a la verdad de la persona humana en Cristo. Notas: León XIV; Carta encíclica Magnifica humanitas , sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Roma, 15 de mayo de 2026, nn. 115-117. Magnifica humanitas , n. 1. Idem. Magnifica humanitas , n. 49. Cf. Magnifica humanitas , n. 50. Cf. Idem. Magnifica humanitas , n. 10. Cf. Magnifica humanitas , n. 99. Cf. Magnifica humanitas , n. 4. Magnifica humanitas , n. 4. Magnifica humanitas , n. 5. Magnifica humanitas , n. 9. Magnifica humanitas , n. 52. Magnifica humanitas , n. 53. dsfgfdsf
"Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!" , le habría escrito León XIV al superior general de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, en una carta en la que también le advirtió que "desgarrar la túnica inconsútil (sin costuras) de Cristo es un pecado de extrema gravedad" 1 .
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