La crisis de la Iglesia en Chile. Mirar las heridas 

Ediciones UC

302 págs. 

Santiago, 2021.

Los estudios presentados en esta publicación de Ediciones UC están dedicados a profundizar en distintos aspectos relacionados con la crisis de los abusos de la Iglesia en Chile.

Estos textos se insertan en el trabajo de la Comisión UC para el Análisis de la Crisis de la Iglesia católica, comisión multidisciplinaria de dieciséis académicos convocados por el rector Ignacio Sánchez a fines del 2018, que tuvo la finalidad de analizar la crisis de la Iglesia. Este comité entregó los resultados de su trabajo en un informe final en septiembre del año 2020, donde se abordaron tres aspectos de la crisis: la naturaleza y alcance del abuso sexual contra personas menores de edad por parte de sacerdotes católicos que ejercieron su ministerio en Chile; las deficiencias que presentó la respuesta institucional a estos abusos; y el daño e impacto que ha provocado esta crisis en las víctimas, comunidades eclesiales y sociedad chilena en general.

El presente libro se enmarca en este contexto, aunque reúne investigaciones realizadas con posterioridad y que han resultado de un esfuerzo de profundización que distintos miembros de la Comisión realizaron sobre temáticas de su particular interés disciplinario.

El primer capítulo (Eduardo Valenzuela) ofrece un panorama general de los principales estudios que se han elaborado para conocer la realidad del abuso sexual de menores en la Iglesia católica en el mundo. Estos informes −entre los que se encuentran uno preparado para los obispos norteamericanos por académicos del John Jay College of Criminal Justice; otro encargado por los obispos alemanes a un consorcio de expertos de las Universidades de Mannheim, Heidelberg y Gieben conocido por esto como MHG-Studie; el informe irlandés de la Commission to Inquire into Child Abuse y el australiano preparado por la Royal Commission into Institutional Response to Child Sexual Abuse− han establecido los parámetros para comprender adecuadamente el problema de abusos de menores en contexto eclesial. Entre los aspectos que se abordan se encuentra la estimación de la magnitud y alcance, y el contexto en que se produjo la crisis de los abusos sexuales en los distintos países. Asimismo, se mencionan las causas del problema por las que se inclina cada informe, contraponiendo distintas hipótesis que se han planteado para explicarlo. Finalmente, se da cuenta de la respuesta institucional que tuvo lugar en cada uno de los países estudiados y de las causas que motivaron muchas de las dificultades que presentó esta respuesta.

El segundo capítulo (Cristián Villalonga) explora cómo una equívoca comprensión del dilema de castigar o no al ofensor −que se ha difundido entre muchos miembros de la Iglesia católica− podría constituir una de las causas de la deficiente respuesta institucional a los casos de abuso sexual en contextos eclesiásticos. La interpretación propuesta por el autor difiere de las tradicionales hipótesis, las que han estado centradas en la tesis de la manzana podrida o en causas macro-contextuales referidas a la estructura de la Iglesia católica. El capítulo analiza distintos factores que han contribuido a estructurar el derecho canónico moderno, en particular el proceso que convirtió a los obispos simultáneamente en jueces y pastores, en cuya posición se dejó sin resolver el problema del confort moral del que sanciona. Una cierta manera de entender algunos asuntos de teología moral, sumada a los incentivos propios de una compleja posición jurisdiccional de los obispos, conduciría a que estos últimos tiendan a resolver los casos evitando el castigo penal de estos delitos, privilegiando una respuesta construida desde la misericordia pastoral hacia el ofensor.

El tercer capítulo (Daniela Bolívar y Claudia Leal) se centra en el abuso sexual contra mujeres adultas en contexto eclesiástico, planteando que se trata de una realidad subestimada por diversas razones, que van desde la menor atención que ellas reciben en contextos religiosos y educativos en general, hasta la normalización de la violencia de género que pesa sobre la mayor parte de las instituciones y comunidades. La temática es abordada simultáneamente desde las ciencias victimológicas y desde la teología, ofreciendo una mirada multidisciplinaria al abuso sexual hacia la mujer en el contexto religioso, considerando factores de riesgo individuales, organizacionales y culturales.

El cuarto capítulo (Pamela Chávez) profundiza en torno al daño espiritual padecido por las víctimas de abuso sexual intraeclesial, descrito como un verdadero asesinato del alma, tomando la expresión de Thomas Doyle. El texto busca caracterizar la dimensión del daño espiritual con apoyo en la antropología filosófica-teológica de Edith Stein, base para la reflexión sobre las vías de reparación espiritual. Respecto de esta exigencia de reparación, se examina su posibilidad y su dificultad, y se muestra que se trata de un arduo camino, tanto individual como colectivo, en el que las iglesias y comunidades deben comprometerse.

El quinto capítulo (Cristián Emilfork y Pilar Larroulet) describe las principales estrategias desplegadas por los agresores para propiciar el abuso sexual, vinculándolas con la idea de oportunidad enmarcada en una institución y función determinada como es la del sacerdote. Para ello, se desarrolla un análisis de textos de carácter iterativo e inductivo de veinte sentencias de sacerdotes y religiosos condenados por abuso sexual infantil en Chile entre 2001 y 2018. Los resultados de esta investigación permiten plantear que serían las estrategias de oportunidad que emergen en las rutinas del sistema eclesial las que facilitarían el abuso sexual de menores de edad.

El sexto capítulo (Enrique Muñoz y Larry Yévenes) busca ahondar en las nociones de “elitismo” y “clericalismo”, ambos conceptos mencionados por el Santo Padre en su Meditación para los obispos de Chile de mayo de 2018, como perversiones del ser eclesial que influyeron en la crisis del abuso sexual clerical en Chile. El texto, a la vez que profundiza conceptualmente en ambos términos, los contrasta con la realidad eclesial chilena y con la eclesiología propuesta por el Concilio Vaticano II.

El séptimo capítulo (María Elena Santibáñez y Alejandro Reinoso) realiza un análisis tanto jurídico como psicológico de la Ley Nº 21.160 que declara imprescriptibles los delitos sexuales cometidos contra menores de edad. Desde el punto de vista jurídico el texto se hace cargo de la novedad que representa la imprescriptibilidad de la acción penal de algunos delitos en nuestro ordenamiento y también de las particulares características de los delitos sexuales contra menores de edad que justifican, precisamente, esta notoria excepción a la regla. Desde la psicología se aborda la imprescriptibilidad como un aporte en favor de los derechos de las víctimas a la reparación simbólica, que ofrece la posibilidad real de la desaparición de la impunidad sociojurídica que ha perpetuado la vergüenza de lo indecible, al tiempo que constituye una contribución de la ley a la generación de una cultura no abusiva.

El octavo capítulo (Rodrigo Mardones) aborda la pérdida progresiva de influencia política de la Iglesia católica en Chile desde el retorno a la democracia en 1990. El trabajo de Mardones utiliza una revisión exhaustiva de prensa y cifras de diversas encuestas, y observa la crisis de abuso sexual no como causa de la pérdida de influencia de la Iglesia, sino como un proceso que se inserta en cambios institucionales más amplios y que se originan con anterioridad al tema de los abusos.

El noveno capítulo (Eduardo Valenzuela) se centra en el impacto religioso de la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia chilena, desglosando este efecto en tres variables clave de la experiencia religiosa: creer, pertenecer y practicar la fe. Para el análisis utiliza resultados de encuestas que han medido el fenómeno a través del tiempo y explica estas manifestaciones con ayuda de bibliografía especializada y evidencia internacional. A pesar de las dificultades que existen para desentrañar los efectos netos de la crisis sobre la experiencia religiosa que se confunden con efectos concomitantes −como la secularización o la desafección institucional−, el autor observa impactos significativos que se pueden atribuir –aunque en montos difíciles de estimar– a la reciente crisis de los abusos.

El último capítulo (Sofía Brahm) indaga en el impacto de la crisis en la vida ministerial de los sacerdotes no ofensores, a través de un análisis de los resultados de trece entrevistas realizadas a clérigos y religiosos(as) durante el 2019, año de plena vigencia de la crisis, en el marco del proceso de trabajo de la Comisión UC para el análisis de la crisis de la Iglesia. Los sacerdotes no ofensores aparecen como un grupo seriamente afectado por la crisis, y deben contarse entre aquellos que – aparte de las víctimas directas desde luego– han sido más seriamente afectados en su vocación e identidad personal.

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