José Miguel Ibáñez Langlois

Ediciones UC

Santiago, 2023

270  págs.

Presentación del libro 29 de junio de 2023, Universidad de los Andes

Quiero agradecer este libro, porque me ha hecho mucho sentido encontrarme con estas páginas en este momento de mi vida como mujer artista, con 20 años de trayectoria. Leer “La Belleza y el Arte” de José Miguel Ibáñez me ayuda a renovar mi pulsión creativa.

Son páginas escritas con tanta belleza, me interpelan acerca del rol que desempeña el artista en nuestro mundo. Hay hambre de belleza. Y en esta obra descubrí contenidos que pude integrar a mi experiencia de artista visual y plástica –sin olvidar que el libro se adentra en todas las disciplinas del arte: música, poesía, cine, literatura–, pero como soy artista visual me enfocaré desde mi disciplina: artes visuales y la plástica. Y esto es lo que me gustaría compartirles:

Para mí, el arte es comunicación. El arte me ha permitido canalizar la búsqueda constante de lo que soy y presentar la humanidad a través de la materia.

Por lo general, las obras nacen desde impulsos o interrogantes muy personales y existenciales. Representan emociones sobre los propios orígenes, o narran preguntas cotidianas. Otras veces, es un simple fluir, entre la técnica, el color y la materialidad. Las obras se generan y caminan desde la intuición a la manualidad, integrando lo mental con lo sensorial.

Para que la intuición se canalice en materia, es necesario dejarse atravesar por el proceso creativo. Y desde esa intensa creación manual, el artista entra en trances creativos profundos y poderosos. Desde el sentir y el tacto, cuerpo y mente se conectan para formar obras de arte.

La materia es el punto de partida de la creación artística. La materialidad, el textil en mi caso, la pintura, la piedra, la arcilla... es significativo en el hacer: para mí, la materia con que trabajo significa en cuanto lo que es… “Debe entenderse –dice José Miguel en este libro– que la materia no es un momento pasivo y secundario, en el cual se plasma una forma concebida de antemano o una vivencia humana previa, sino que en el punto de partida mismo de la creación artística es ya esa ‘materia preñada de forma’”.

En esta nueva forma queda contenida toda la energía liberada de su creador. La obra es un cuerpo nuevo. Refleja al artista y su entorno. Sin embargo, lo trasciende, significa su existencia, su propia y única esencia, es la expresión de su ser.

Mientras más íntimo es el proceso del artista con su obra, más universal se torna al exponerla y dejarla ir. Y no siempre es fácil dejarla ir, porque hay algo muy propio en ella... De paso se convive con la inseguridad, el ego, el pudor. Uno se cuestiona si es suficiente para ser expuesta frente a otro. Pero es necesario cruzar esa barrera. Y entender que hasta ahí no más es lo que pudiste hacer. La obra toma entonces un vuelo propio, y si el artista no la suelta, no podrá volver a gestar algo nuevo.

José Miguel lo resume bien: “Sin esa humanidad no hay arte ni belleza sino forma vacía... la fusión de una experiencia o vivencia humana con su forma expresiva o su lenguaje, y viceversa, produce la belleza y, más aún, me atrevo a decir que ES ‘la belleza de una obra de arte’”.

O sea, esa humanidad latente en la obra de arte ES la belleza.

El desafío es inmenso. Sobre todo cuando el autor nos dice: “La Belleza nos entrega un toque místico, un destello procedente de la luz suprema del Principio, hacia el cual también nos conduce y guía”.

La obra de arte puede ser más verdadera que la realidad misma, ya que es un concentrado de vida con su imperfección. Así, si el arte es verdad, aunque no toda verdad resulta amable a nuestros ojos, lo que la hace integrarla y amarla, es su belleza.

Un hallazgo creativo induce al artista a una nueva búsqueda y así indefinidamente. La belleza existe en la actualización que se hace de ella, lo cual además valida el poder que tiene el arte hoy, que atisba y evidencia o palpa el presente y la humanidad actual. “Todo arte da nombres imaginarios a lo que existe”. El libro nos recuerda esta cita de Heidegger al respecto: “El arte es una revelación del ser. No hay arte que no nos refiera al reino de este mundo y de sus habitantes, a sus peripecias y sus glorias y sus desolaciones”.

La obra de arte consiste en la manera singular de estar en el artista y revelar su personalidad íntegra: sentimientos, ideas, tiempo pasado, recuerdo, proyecto de vida, mundo, época. Y esa humanidad personal se contiene en cuanto a la energía formante y la forma misma de la obra, su lenguaje, su estilo y la configuración de sus elementos expresivos. “Es así como el arte, en definitiva, es la persona. Es una concentración de humanidad; por eso nos atrae su hermosura”.

“El arte es la cumbre de la actividad formante de la humanidad; es decir, de su capacidad para dar forma a una materia, sea la que sea”. Escribe... y agrega: “El ejercicio de esta capacidad formante cubre casi todas las actividades humanas, sean teoría, praxis o técnica, pero en el hacer que llamamos artístico, finalizando por la belleza, se da con una intensidad y concentración única, puesto que el arte crea un objeto destinado a ser, a contemplarse y a gozarse como forma pura”. Creo que, desde el proceso creativo, la materia traduce el acto vivo del artista, y si ese ímpetu es verdadero y honesto, se convierte en ofrenda, en gratitud. En amor.

La belleza es gratuita. Lo que cuesta es detenerse, silenciarse para capturarla, admirar y deleitarse en ella. El arte devela la belleza y la materializa en obras, se traduce en música, poesía, literatura, pintura, escultura… penetrando los sentidos a través del sentir latente y continuo de la experiencia estética.

Muchas veces se piensa que la belleza es perfección estática, pero esa errónea idea nos hace alejarnos –repudiarla a veces– porque lo “perfectamente perfecto” –desde lo racional– se contrapone con nuestro ser imperfecto y total de cuerpo y espíritu. Es así como hoy postulo que la búsqueda de la belleza del artista se libera y fluye en sí misma desde la intención de capturar la “belleza incómoda”.

El intento continuo de representar la bella incomodidad es representar la vida misma. Desde esa imperfección podemos espejarnos y desde ahí reflejarnos en el sentir del arte. Es desde la belleza incómoda, cambiante y dinámica. Ella es el constante proceso o el “ir hacia” la integración del Ser en la Divinidad.

El arte es materia, es palpar la vida, la humanidad y por ende el “humus” (tierra) que nos lleva a reconocernos criaturas de algo Divino a lo que apenas somos capaces de aproximarnos.

El arte abre el espacio de búsqueda a lo Total. Desde las obras se puede atisbar la Divinidad y luego, en la exhibición artística otros también pueden aproximarse, quizás también tocarla.

La razón a veces confunde exigiendo paradigmas de bellezas falsas que al poco andar se visualizan con algo de imperfección –o falta algo, o algo sobra–. La belleza es un proceso, es el camino transitado para descubrir que algo-mefalta. Espeja la humanidad y por eso expone el caminar hacia algo más allá de nosotros mismos. El arte da esas luces que hacen confiar en que algún día, hora o segundo al fin se alcanzará la Totalidad.

Así como a mí, estoy segura de que este libro puede motivar y acompañar a los artistas y creadores a reconocer sus dones para volcarlos en un hacer transformador, tanto íntimo como colectivo, reconociéndose con paciencia como seres únicos e irrepetibles, como criaturas comunicadoras de la infinita Belleza.

A su vez, este libro, también puede abrir el apetito gozoso del espectador a incrementar el hambre de arte y cultura en su vida. Con la narración y explicación de múltiples ejemplos, estas páginas dan hambre de más música, de poesía, de dejarse penetrar por las imágenes del cine o zambullirse en variadas formas y significancias del color de variadas épocas en el arte, expandiendo la posibilidad de ir más allá en la experiencia estética.

Como artista, este libro me hizo volcarme de lleno a mi hacer y vocación. También dejó resonando en mí la pregunta: qué es el arte hoy y si este está empapado o no de la real Belleza que tan bien describe José Miguel. ¿Hoy, los creadores buscan crear belleza? ¿Esa belleza sería entonces el resplandor de Dios? ¿Y cómo vinculamos la vida y la creación artística en la actualidad? ¿Soy capaz de ser, hacer y sentir el arte desde lo que Soy? ¿Mi arte es “la” o “mi” humanidad?

Y por otro lado me pregunto… ¿existen hoy receptores –espectadores-oyenteslectores– aptos para percibir este arte? ¿Hay hoy un querer percibir Belleza?

Yo SÍ estoy esperanzada, y así lo creo. Hasta ahora, lo he podido experimentar. Para mí, el arte y la vida son indivisibles.

Pero también percibo que tenemos la necesidad latente de que primero aprendamos a ir dentro, de reconocer primero el “yo bello y feo”, y así tocar el interior de mi ser. Es permitirnos estar dentro de cada uno. Al silenciarme toco mi humanidad, y luego, esa quietud –por lo menos para mí– es lo que me ha permitido moverme a salir al encuentro y entregarme a otros desde el arte.

Siento que el arte debe mutar a ser un nuevo espacio de reunión y unión, de ser desde un hacer con sentido.

Acá está la invitación: a hacer del arte un Encuentro; puede ser en un banquete, en un melódico o estridente concierto, en grandes museos. También en el hogar, en la calle y en las escuelas se debe hacer y exhibir el arte. El llamado es volver a las Artes como grandes cobijos danzantes de experiencias colectivas, inclusivas, abiertas y continuas en comunidad consciente de la naturaleza y el cosmos.

Finalmente, me gustaría terminar estas palabras, y poder motivarlos a seguir masticando la lectura de este libro extraordinario, destacando uno de los últimos versos citados en el libro, se trata de “El hombre” de Nicanor Parra… “que se queda” –sin más– “dormido bajo un escritorio”.

Este hombre me sigue resonando e interpelando… y como dice José Miguel, son versos “caóticos y absurdos, interrumpidos en cada paso”… que me preguntan: ¿seremos nosotros ese hombre necio, torpe y “tan nada”? … ¿Será eso lo que realmente somos hoy? ¿Y no será por eso que a los artistas ya no nos queda más que seguir representando “simplemente” a ese “Hombre” como un “expulsado vómito” de hombres? Estos versos son tan agudos y reales que nos interpelan desnudos en precisión de cada palabra en sus ritmos.

Y así queda resonando en mí. ¿Soy así yo también ese Hombre? ¿Es esa cruda belleza la que se espeja en mí? ¿La puedo reconocer?, y… ¿sin juicios, simplemente la alcanzo a abrazar para reparar?

Y esa pulsión sigue, y me transforma, se retoma y también se abandona nuevamente…

Porque… es un constante y es proceso.

Abrámonos a recibirla ¡porque eso es la Belleza! ¡Un humano proceso!

Maite Izquierdo A.

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