Una guía para comprender a un teólogo de trazo difícil, sin que por ello deje de despertar el deseo de leer y profundizar en el autor mismo, es decir de beber de la propia fuente.

Imagen de portada Hans Urs von Balthasar (12 agosto 1905 – 26 junio 1988)

Este libro del padre Rodrigo Polanco (Facultad de Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile) no tiene parangón en castellano. Es una introducción largamente preparada y meditada sobre la obra del gran teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988), cuya teología ha sido poco leída y comentada en nuestro continente. Un libro inestimable por su rara novedad. También por la enorme guía que ofrece para comprender a un teólogo de trazo difícil, sin que por ello deje de despertar el deseo de leer y profundizar en el autor mismo, es decir, de beber de la propia fuente.

El libro se abre con una nota biográfica en que se destacan algunos rasgos singulares de Von Balthasar, su condición de teólogo sin asiento universitario que editaba sus propios libros, la fundación de la comunidad de San Juan después de abandonar la orden jesuita, y sobre todo su amistad con Adrienne von Speyr (1902-1967), una mujer singular que escribe una obra igualmente abundante de escritos que caen en el género de la mística evangélica. La relación teológica entre Balthasar y Speyr se recoge en su pormenor en un capítulo llamado “dos mitades en un todo” para designar la íntima conexión entre ambas obras. Balthasar de hecho transcribía y editaba las obras de Speyr a la par que las suyas. Speyr funda su reflexión en el asentimiento de María plenamente disponible para el misterio de la Encarnación y en el abandono radical del Hijo en la cruz y en su descenso a los infiernos que solo puede fundarse en la plena comprensión de que Dios es solamente amor. Nadie se entrega de esa manera si no tiene la intelección de Dios como fuente de un amor inmoderado.

Un libro inestimable por su rara novedad. También por la enorme guía que ofrece para comprender a un teólogo de trazo difícil, sin que por ello deje de despertar el deseo de leer y profundizar en el autor mismo, es decir de beber de la propia fuente.

Una mirada global a la teología de Balthasar se expone antes de entrar propiamente en sus ejes estructurantes, que se explican con detalle en la segunda parte. Balthasar elabora una teología fuertemente anclada en la metafísica de los trascendentales del Ser y organiza su obra principal de esta manera tomando como punto de partida el trascendental de la Belleza (los siete tomos de Gloria), siguiendo con el Bien (los cinco de Teodramática) y culminando con la Verdad (los tres últimos de Teología, todos editados por Encuentro, aunque no siempre disponibles) invirtiendo con ello el orden de presentación habitual que le otorga precedencia a la Verdad. En este caso es la Belleza la que lleva el pandero, y por consiguiente la experiencia que se funda en la sensibilidad que incluye la percepción, la admiración y el arrobo que despiertan las cosas creadas y que se aprecian en la actitud concomitante de la glorificación o la reverencia; según el decir de san Ignacio, “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor” (Ejercicios Espirituales, 23). La metafísica de los trascendentales se funda en la llamada distinción real, que indica que todo ente contiene el ser, es decir, existe completamente, pero queda limitado por la existencia de otros entes y aun de aquellos que podrían existir y por el hecho de que ninguno de ellos es capaz de darse la existencia a sí mismo y reclama por ende un fundamento en un ser absoluto. Los entes están dotados de realidad, no son fantasmagorías o denominaciones, de donde proviene la analogía entis, la capacidad de establecer una semejanza entre el creador y la creatura, pero su realidad es una realidad creada, y por ello doblemente abierta hacia un fundamento que la constituye y un infinito hacia el que tiende, lo que funda a su vez la radical desemejanza entre el creador y su obra. También en el fundamento de su teología, Balthasar reflexiona sobre la experiencia antropológica originaria, la experiencia de ser amado, que al mismo tiempo es la experiencia de la unidad de los trascendentales del ser, puesto que en esa experiencia originaria experimentamos el amor como algo bueno porque viene rodeado del cuidado y dedicación de una madre, verdadero porque puedo apreciar su realidad eminente en tanto proviene de alguien distinto de mí, y bello porque provoca alegría.

Ejes estructurantes de su Teologia

En la segunda parte se ahonda sobre los ejes estructurantes de la teología de Balthasar, es decir, de su reflexión sobre la experiencia de la fe, que nace como se ha dicho desde “lo bello (pulchrum) del ser, en cuanto milagro, y desde el estupor al respecto” y que configuran su teología como una estética teológica. Se trata del asombro frente al ser que es captado en su forma y esplendor, esa luz que brilla desde su interior que llama e interpela y que constituye la definición de la belleza. En cada cosa que percibimos vemos no solamente un ente, sino que contemplamos el ser. La teología de Balthasar es profundamente cristológica. “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre” ( Jn 14,9). Cristo en cuanto manifestación del Padre es el centro de lo revelado, de aquello que se da a ver y el culmen de lo asombroso del Ser. El desarrollo siguiente corresponde a los volúmenes de la teodramática que corresponden al trascendental de la Bondad. “A Dios no solo se lo percibe y ve, sino que Dios actúa en el hombre” y se convierte en coactor del drama (acción) de Dios. La acción de Dios en el hombre es solo donación y salvación, es decir, bondad. Se cita a Balthasar hermosamente: “Lo bueno no radica prioritariamente ni en el mirar ni en el decir; lo primero puede ser bello, lo último puede ser verdadero: solo el acto de la donación efectiva, desde la libertad personal del actor hacia la existencia personal del receptor puede ser bueno” (Teodramática I). Que la contemplación (estética) conduzca a la acción (bondad) es algo que también proviene de la influencia de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio como “discernimiento de la acción del Espíritu en el ejercitante”. En esta parte se examina la analogía que hace Balthasar entre la acción y el teatro como representación que hace el ser humano ante sí de su propia existencia y como encuentro entre la pregunta del hombre y la respuesta de Dios. La revalorización del teatro como instrumental analítico para comprender la relación activa entre el hombre y Dios es uno de los aspectos más novedosos de Balthasar. El corolario de Teodramática sobre la transición del rol a la misión revela uno de los pocos momentos en que la teología de Balthasar entra en contacto con las ciencias sociales y la moderna discusión sobre el estatuto de la persona implicada en el dualismo del yo y del rol al que Balthasar le da también una solución cristológica. La pregunta fundamental del “¿quién soy yo?”, se responde en Cristo como “yo soy el enviado”, de manera que el dualismo entre el rol y la persona queda superado. Un último capítulo está dedicado a la relación que Balthasar tuvo con la filosofía. Su visión de la integración entre filosofía y teología resuena todavía hoy, ambas deben estar abiertas la una a la otra; “sin filosofía no hay teología” y probablemente toda verdadera filosofía es metafísica, es decir, búsqueda de un fundamento. Esta apertura significa para la teología encontrar las semillas del verbo que se encuentran en toda filosofía, incluso en aquellas que se confrontan más duramente con el cristianismo, una actitud distante de la querella de escuelas y de la pretensión de constituir una filosofía cristiana de molde único.

​​El libro anuncia un segundo tomo, llamado Hans Urs von Balthasar II. Aspectos Centrales de su Trilogía, de próxima aparición en Editorial Encuentro, donde se espera profundizar en su obra fundamental, presentada en este Tomo I en sus trazos generales al modo de una Introducción con singular sencillez y precisión, accesible para cualquiera que desee adentrarse en una teología clave de nuestros tiempos.

Eduardo Valenzuela C.


 Notas

*Rodrigo Polanco. HANS URS VON BALTHASAR I. EJES ESTRUCTURANTES DE SU TEOLOGÍA. Ediciones Encuentro, 366 págs. Santiago, 2021.

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