Muy queridos Hermanos y Hermanas Cuasimodistas:

Cada año el Domingo siguiente de Pascua ustedes, luego de una atenta preparación en lo espiritual y habiendo adornado con primor sus cabalgaduras, coches, bicicletas, autos, etc. salen a las calles de nuestros pueblos y ciudades a acompañar al sacerdote que llevará a Jesús Eucaristía a los hermanos enfermos y ancianos, se los llevará como el gran tesoro que tiene la Iglesia y que ha de ser para ellos y también para nosotros, como decía un santo: “un fármaco de inmortalidad, un antídoto contra la muerte”.

Este año 2020 no podrán salir, la pandemia que azota al mundo nos lleva a ser respetuosos de lo que nos piden las autoridades para no ser causa de más contagio, sino que al contrario todos hemos de colaborar para contener y poder erradicar esta enfermedad.

El no salir en esta Fiesta de Cuasimodo, sin duda es un motivo de tristeza para todos, pero esta pena ha de ser nuestro ofrecimiento lleno de fe y confianza al Señor, este dolor será también nuestra oración que se convierte en una súplica: “Señor que con tu ayuda podamos pronto vencer esta enfermedad que ahora nos aflige, Señor que los enfermos y ancianos se sientan acompañados por ti, arropados por tu ternura y misericordia”.

Con todo, les animo a que de igual manera celebremos Cuasimodo, aunque de una manera distinta. Este año no saldremos aclamando al Señor por las calles ni llenándolas de colorido y fiesta, pero que cada uno en el silencio de su hogar, ahí en esa iglesia doméstica, pueda igual rendir su homenaje de fe amor a Jesús, el Emanuel que ha querido quedarse con nosotros como compañero en el camino de la vida. Que este Domingo, cada uno pueda participar con fe y devoción dela Santa Misa que quizá de tu misma parroquia se transmite por las redes sociales, o por radio o televisión, sí, vívela intensamente. Vestido con tu traje de Cuasimodista, ora con fervor, canta, escucha la Palabra de Dios en la cual repetidas veces el Señor nos dirá: La paz esté con ustedes y agradeciendo esa palabra ,alegrémonos de saber que el Señor resucitado siempre desea estar cerca nuestro y que en el hoy de nuestras vidas Él no nos deja. Unidos en esa Misa recemos por aquellos hermanos a los cuales cada año visitamos, para que a ellos no les falte ni el consuelo de Dios ni el cariño de los suyos.

Terminada la Misa, les invito a seguir en un rato de oración con Jesús, quizá con los tuyos rezar el Rosario, es tan importante rezar hoy, con los tuyos cantar los cantos de la fe que conoces y que en estas fechas entonas con más entusiasmo que nunca, luego por qué no salir a la puerta de tu casa y gritar, si gritar con fuerza con la bandera en la mano y tocando la campanilla: ¡Viva Cristo Rey!, proclamar fuerte; ¡Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria!, ¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento!, que de esta manera puedas proclamar tu fe y que los tuyos y los vecinos vean en ti a ese, a esa Cuasimodista que no deja de proclamar que en Jesús está nuestra esperanza y que a Él damos gloria ahora y siempre. Que con la fuerza de tu oración y de tu grito los enfermos y ancianos sepan que no nos olvidamos de ellos y que pronto les llevaremos a Jesús.

Con la gracia de Dios, esperamos que pronto podamos vencer a esta pandemia, para eso rezamos y colaboramos; cuando esto pase y podamos salir, ese primer domingo corramos a nuestras iglesias para celebrar la Misa, con hambre de Eucaristía, y que saciada nuestra hambre de Dios podamos comenzar a preparar ese Cuasimodo en que podamos llevar el alimento de vida a los hermanos que lo esperan.

Que este Domingo de Cuasimodo sea distinto, pero no menos fervoroso en la vida de cada uno de ustedes queridos hermanos y hermanas Cuasimodistas.

Que el Señor Jesús nos bendiga mucho, la Virgen Santa nos cobije a todos bajo su manto y ruegue por nuestros hermanos enfermos y ancianos.

Con cariño,

+Guillermo Vera Soto
Obispo de Iquique
Presidente Comisión Nacional de Santuarios y Piedad popular


▶ Ver también: La fiesta de Cuasimodo en el campo chileno


Fuente: Iglesia.cl

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