Durante el año pasado se batió un triste récord: se contabilizaron 89,3 millones de refugiados y desplazados en el mundo. Una cifra que, lamentablemente, continúa creciendo. Detrás de cada una de esas personas, hay una historia de dolor y sueños que se rompieron de un momento a otro. En este reportaje la directora nacional de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre invita a conocer algunas de esas historias. 

Imagen de portada: Refugiados esperan recibir alimentos en catedral de Santa Teresa de Yola, Nigeria. ©Archivo ACN.

Humanitas 2022, CII, págs. 898 - 904

“No debería haber noche. Querría que siempre fuera de día. Mis noches están llenas de miedo, angustia y pesadillas”. Naomí es una joven nigeriana de Pulka. Noche tras noche, ella revive el mismo drama: que la están raptando, que los terroristas llegan a su ciudad, que uno de ellos asesina a alguien de su familia. “Me da miedo que se haga de noche”, confiesa. 

Naomí vive desde hace seis años en una carpa, en un campo de refugiados, a pocos kilómetros de su pueblo natal, el cual fue arrasado por los terroristas. “Estoy en nuestra tierra, en nuestro territorio, cerca de mi amada Pulka, pero vivo como desplazada”. 

A su corta edad, Naomí engrosa la lista de 89,3 millones de personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares en todo el mundo. Una cifra inédita que esconde una tragedia humanitaria de proporciones inimaginables. Detrás de cada número hay un ser humano que vio cómo sus sueños y proyectos se desmoronaban de un momento a otro. La pobreza, la violencia interna, las guerras, los fanatismos religiosos, la crisis alimentaria y el cambio climático son algunos de los motivos que están produciendo este desplazamiento humano nunca visto en la historia.

La pobreza, la violencia interna, las guerras, los fanatismos religiosos, la crisis alimentaria y el cambio climático son algunos de los motivos que están produciendo este desplazamiento humano nunca visto en la historia.

Durante los últimos años, África ha registrado un aumento significativo de desplazados. Uno de ellos es Bartholomew Sawadago, de Burkina Faso, padre de siete hijos. Era agricultor y tenía algunos animales, la familia vivía en paz en un pueblo llamado Dablo. Todo cambió el 12 de mayo de 2019, cuando la aldea fue atacada por terroristas. Él y su familia encontraron refugio a 195 kilómetros de distancia, pero ahora carecen de una vivienda digna y de comida. “Tuve que dejar ocho reses, cincuenta cabras y mis gallinas; todo pasó a manos de los terroristas”, recuerda. Uno de sus hermanos se quedó en Dablo; una semana después los terroristas secuestraron a uno de sus hijos.

Desde finales de 2015, la situación de seguridad en Burkina Faso se deteriora continuamente. Los ataques terroristas se han extendido desde las zonas fronterizas del Sahel hacia el interior del país. Lamentablemente, los secuestros y masacres de la población civil son frecuentes. El país está sumido en una lenta agonía que ha desatado un éxodo de más de 1,4 millones de desplazados internos. La mayoría de los que han huido se encuentran en campamentos para desplazados, o son acogidos por familias generosas o parientes cercanos. Como Bartholomew, los que huyen lo abandonan todo: comida, tierra, ganado, bienes materiales, etc.

La región norte de Mozambique también ha sido testigo de los estragos de los extremistas islámicos. La violencia ha dejado casi un millón de desplazados en solo cinco años, quienes deambulan sin rumbo dentro de su país. Las parroquias de Pemba han acogido a gran número de ellos, como Francisco “Chico” Faustino, de 52 años, quien llegó luego de que su ciudad, Muidumbe, fuera destruida por terroristas. Padre de cinco hijos, uno de ellos fue asesinado. Con su esposa, duermen en un patio trasero, que una señora les cedió, al aire libre, bajo lonas de plástico. Sus hijos están repartidos en diferentes sitios. Chico tiene un solo sueño: poder construir algún día una casa para reunirlos de nuevo a todos. “Ya tenemos dos camas, luego conseguiré hacer una habitación y algún día espero tener un hogar para mi familia. Es lo que más deseo”. Con la ayuda de la Iglesia local, Francisco ha logrado poner en marcha un pequeño negocio de venta de jabón. “Es importante para mí; cuando se está ocupado, esos traumas de guerra comienzan a disminuir y así superas las dificultades”, dice. 

6.2. Nigeria distribucion de alimentospara desplazados en iglesia

Distribución de alimentos y bienes para más de 3.000 desplazados internos en la catedral Santa Teresa de Yola, Nigeria. ©Archivo ACN.

En Siria, once años de guerra civil han dejado a la población traumatizada. Cerca de 1,5 millones de sirios, como Basman Abboud y su familia, se han refugiado en el país vecino, Líbano. “En marzo de 2012 nos atacaron con armas mientras nosotros estábamos indefensos, mataron a quince jóvenes y quemaron cinco casas. Toda la gente huyó, corrimos con ellos, no nos llevamos nada, solo la ropa que vestíamos, salimos de nuestra casa y corrimos”. De eso ya han pasado diez años y la familia Abboud sigue viviendo como refugiada, lejos de su hogar. 

6.3. Nigeria mujeres desplazadas

Familias refugiadas en Nigeria. ©Archivo ACN.

A miles de kilómetros, en Ucrania, la invasión rusa ha dejado cerca de 5 millones de refugiados fuera del país, pero en el interior, más de 7 millones de desplazados han huido de sus hogares en busca de un lugar seguro, principalmente en el oeste.

A miles de kilómetros, en Ucrania, la invasión rusa ha dejado cerca de 5 millones de refugiados fuera del país, pero en el interior, más de 7 millones de desplazados han huido de sus hogares en busca de un lugar seguro, principalmente en el oeste.

“El 6 de marzo, en el pueblo en el que estábamos, se hizo evidente que la línea del frente se acercaba cada vez más, las explosiones se escuchaban más fuerte y los intervalos de las mismas se acortaban”, relata una joven madre ucraniana, sentada en un colchón en el suelo de una casa de refugiados de la Iglesia católica en Kamianets-Podilski. Llegó allí con sus dos hijas y dos sobrinos, todos entre los 6 y 13 años. “Mi hermano es soldado. Su esposa también se inscribió en las filas de las fuerzas armadas para defender nuestro país”. Por eso, Yulya huyó con todos los niños de la familia. Mientras espera tener noticias de su hermano y cuñada, calma la ansiedad de los niños. Su futuro es incierto. ¿Cuándo acabará la guerra? ¿Qué será de los niños que tiene a su cargo? ¿Podrá volver a su hogar?

6.4. Mozambique Francisco Faustino

Francisco Faustino (conocido como “Chico”) vive como desplazado en Mozambique. Recibió ayuda de la Iglesia en forma de microcrédito y, gracias a esto, abrió una pequeña tienda. El programa de microcrédito fue financiado por ACN. ©Archivo ACN.

Búsqueda de esperanza 

El sufrimiento de los desplazados y refugiados en el mundo se manifiesta de muchas maneras: hay dolor, desorientación, pérdida de intimidad y de autoestima, rupturas de familias y de la comunidad, cansancio. No se trata solo de calmar el hambre, la sed y el frío. Los desplazados necesitan encontrar consuelo y esperanza, descubrir una luz en medio de la oscuridad en que viven, dar un nuevo sentido a sus vidas. Y eso es posible. 

Le sucedió a John Joseph Gazi. Es originario de Sudán del Sur, un país destruido por la violencia y la pobreza. La familia de John fue una víctima más. Su padre y dos hermanos fueron asesinados. Él pudo escapar al país vecino, Uganda, donde más de un millón de personas malviven en campos de refugiados. Aún peor que esa miseria son las cicatrices del alma, sobre todo entre los jóvenes, pues muchos de ellos sufrieron abusos cuando eran niños soldados en los conflictos. 

John quería encontrar la paz en su interior y por eso fue al Centro Emaús, cerca de la capital ugandesa, Kampala. Allí, los jóvenes reciben formación para curar las heridas del alma de sus compatriotas y asistirles en diversas necesidades. Una “batalla” muy diferente y más prometedora que la amarga guerra en su tierra natal.

John visita ahora a las personas que están comenzando una nueva existencia en Uganda más mal que bien, pero sin violencia ni guerra. “Quiero devolver la vida a los sursudaneses”, dice. Ofrece consuelo, escucha las historias de personas traumatizadas y proporciona ayuda. La “lucha” contra las consecuencias de la guerra continúa. Pero John está seguro de que vale la pena todo el esfuerzo: “Ahora llevo esperanza y amor a mi gente”.


LAS CIFRAS DE LA TRAGEDIA 

Según el Informe Anual de Tendencias Globales de ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados), a finales de 2021 el número de personas desplazadas en el mundo ascendía a 89,3 millones. Esta cantidad no incluye a los desplazados que ha dejado la invasión rusa en Ucrania ni a las víctimas de otros conflictos que se desarrollan actualmente.

El 2021 cerró con una cifra récord de desplazados en el mundo, la que seguirá aumentando si no se resuelven los conflictos.

Hacia fines del año pasado, 83% de los desplazados estaban acogidos en países de renta baja o media. 

Los cinco países que más refugiados acogen son: Turquía (3,8 millones), Colombia (1,8 millones), Uganda (1,5 millones), Pakistán (1,5 millones) y Alemania (1,3 millones). 

En tanto, 69% de las personas desplazadas procedían de cinco países: Siria (6,8 millones), Venezuela (4,6 millones), Afganistán (2,7 millones), Sudán del Sur (2,4 millones) y Myanmar (1,2 millones). 

A nivel mundial, 41% de las personas desplazadas a la fuerza son niños y niñas. De acuerdo con datos de UNICEF, solo dos terceras partes de ellos están matriculados en la escuela primaria, mientras que una tercera parte de los adolescentes refugiados va a la escuela secundaria.


TU AYUDA PUEDE SALVAR UNA VIDA 

6.5. Nina siria refugiada en Libano¿Qué pasaría si te vieras obligado a dejar tu casa, tus cosas, para salvar tu vida? ¿Cómo se sentirían tus hijos teniendo que dejar su colegio y amigos, de un momento a otro? Es difícil imaginar cómo sería nuestra vida como refugiados, pero es la dura realidad que enfrentan millones de personas en el mundo.

Es a ellos a quienes queremos apoyar, a través de los sacerdotes y religiosas que los acompañan en el momento más difícil de sus vidas. Su presencia y esfuerzo incansable es fuente de consuelo y esperanza. A medida que atienden las necesidades, llenan los corazones de los cansados, traumatizados, afligidos y hambrientos con una perspectiva para el futuro.

Niña siria refugiada en el Líbano: la Iglesia hace grandes esfuerzos para atender a los refugiados que han llegado huyendo de la guerra en Siria a este país. Los niños son su principal preocupación. Darles educación es ofrecerles un futuro. ©Archivo ACN.

La Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) lleva décadas apoyando a la Iglesia en su trabajo a favor de los refugiados. ¿Nos ayudas a seguir ayudando? Haz tu aporte en www.acn-chile.org 


* Magdalena Lira es directora nacional de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, ACN. 

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