El Evangelio de San Marcos recoge dos curaciones que son más para contemplar que para pensar, porque señalan cómo era una jornada en la vida de Jesús, modelo de la que debería ser también la de los pastores, sean obispos o sacerdotes.

El Apóstol describe a Jesús una vez más rodeado de una gran muchedumbre, de gente que le seguía a lo largo del camino o a orillas del mar, y de los que Jesús se preocupaba. Dios había prometido acompañar así a su pueblo, estando en medio de él. Jesús no abre una oficina de consultas espirituales con un cartel: “El profeta recibe los lunes, miércoles y viernes de 3 a 6. La entrada cuesta tanto o, si queréis, podéis dar una ofrenda”. No, Jesús no hace eso. Tampoco abre un estudio médico con el cartel: “Los enfermos deben venir tal día, tal día, tal día, y serán curados”. Jesús se mete en medio del pueblo.

Esa es la imagen de pastor que Jesús nos da. Había un sacerdote santo que acompañaba así a su pueblo y que, por la noche, por ese motivo, estaba cansado, pero con un cansancio real, no ideal, de quien trabaja y está en medio de la gente. A Jesús le gusta salir al encuentro de las dificultades cuando se lo pide la gente.

Pero el Evangelio de hoy enseña también que Jesús iba acompañado de mucha gente que lo apretujaba y lo tocaba. Hasta cinco veces aparece este verbo en esta página de Marcos, que es lo mismo que hace el pueblo también hoy en las visitas pastorales, y lo hace para obtener gracia, y eso el pastor lo siente. Y nunca Jesús se echa atrás, es más, paga haciendo el bien, incluso a pesar de la vergüenza y de la burla. Estos son los rasgos del modo de obrar de Jesús y, por tanto, las actitudes del auténtico pastor. El pastor es ungido con óleo el día de su ordenación: sacerdotal y episcopal. Pero el verdadero óleo, el interior, es el óleo de la cercanía y de la ternura. Al pastor que no sabe hacerse cercano, le falta algo: quizá sea dueño del campo, pero no es pastor. Un pastor al que le falta ternura será rígido, y pegará a las ovejas. Cercanía y ternura: lo vemos aquí. Así era Jesús.

También el pastor, como Jesús, acaba su jornada cansado, cansado de hacer el bien, y si su actitud es así, el pueblo sentirá la presencia de Dios. Hoy podemos rezar en la Misa por nuestros pastores, para que el Señor les dé esta gracia de caminar con el pueblo, estar presentes en el pueblo con tanta ternura, con tanta cercanía. Y cuando el pueblo encuentra a su pastor, siente eso especial que solo se siente en presencia de Dios –y así acaba el pasaje del Evangelio–: “Y quedaron llenos de asombro”. El asombro de sentir la cercanía y la ternura de Dios en el pastor.


 Fuente: Almudi.org

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El presente artículo corresponde a la traducción al español de la tercera parte de la conferencia titulada "C'è un volto femminile della cura?", disponible en Marcheselli, Maurizio (ed.); "Cos'è l'essere umano da necessitare cura?" (cf. Sal 8,5). Atti del Convegno annuale della Facoltà Teologica dell'Emilia Romagna, 15-16 marzo 2022. Bologna, 2023. Agradecemos tanto a la autora como a la Universidad Emilia Romagna por permitir esta publicación.
Depositarios de un acervo espiritual riquísimo, el del Santo Obispo de Hipona, y de una historia que hunde sus raíces en la Colonia, los agustinos de Chile son una presencia viva en la Iglesia, y hoy, como ayer, las profundas y paternales orientaciones que el Santo Padre León XIV les transmitiera siendo Prior General de la Orden tienen plena vigencia como hoja de ruta.
En este breve texto el autor busca ofrecer insumos para una recepción fructífera de esta Nota Doctrinal, poniendo el foco precisamente en sus aspectos más críticos y en las preguntas pastorales que podría suscitar. Su objetivo es ayudar a que este documento, fruto de una profunda reflexión eclesial, ilumine y fortalezca la auténtica devoción mariana.
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