Un elemento necesario para enfrentar el desafío de las sectas es conocer su historia y doctrina. Es difícil encontrar en el mundo contemporáneo, dentro del ámbito de las sectas y nuevos movimientos religiosos, una iglesia pseudo-cristiana fundada sobre bases más inverosímiles que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos como “mormones”. 

Algunas proyecciones indican que para inicios del nuevo milenio habrá 120 millones de excatólicos en el continente. Por esto S.S. Juan Pablo II decía ya en 1985 a un grupo de obispos peruanos en visita ad limina: “Veo que en los diversos países de América Latina el problema número uno es cada vez más el problema de las sectas” [1]. Con mayor o menor celeridad los diversos episcopados del continente se han hecho eco de esta preocupación del Papa.

Un elemento necesario para enfrentar el desafío de las sectas es conocer su historia y doctrina. Es difícil encontrar en el mundo contemporáneo, dentro del ámbito de las sectas y nuevos movimientos religiosos, una iglesia pseudo-cristiana fundada sobre bases más inverosímiles que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos como “mormones”. Procuraremos, pues, realizar aquí una sumaria indagación sobre la historia de esta secta, su credo y sus fundamentos.

Historia y Organización

Historia

Como es usual en las sectas, la historia de los mormones está íntimamente vinculada con la de su fundador y los rasgos de su carácter. Este fue Joseph Smith, nacido en 1805 en Sharon, ciudad del condado de Windsor, Vermont, Estados Unidos de Norteamérica. Su padre, que en los once primeros años de vida del fundador, mudó once veces de actividad económica y residencia, fu un hombre fantasioso que nunca acertó con una profesión que le permitiera alimentar a su mujer y diez hijos, quienes vivieron en gran pobreza, hasta que se estableció finalmente en una pequeña propiedad en el condado de Ontario, Nueva York. La madre de Smith, por su parte, provenía de una familia en que habían abundado pseudo profetas, iluminados y visionarios.

No es extraño, pues, que en su casa paterna Smith encontrara un ambiente de sobre-excitación religiosa, donde se hablaba continuamente de apariciones, visiones, revelaciones y experiencias sobre-naturales. Ya a los 14 años, en 1820, Smith declaraba haber tenido una visión de dos personajes, Dios Padre y su Hijo Jesucristo, encargándole restaurar en la tierra el cristianismo originario y prohibiéndole afiliarse a ninguna iglesia de las existentes, ya que todas eran falsas y constituían una abominación a los ojos del Altísimo. Su imaginación siguió actuando en forma tan ferviente que a los 18 años, en 1823, aseguró que el ángel Moroni se le apareció una noche para comunicarle de parte de Dios la existencia de un libro “ escrito en tablas de oro, que contenía la historia de los primeros habitantes de este continente (América) y de su origen”; que en aquel libro “estaba contenida la plenitud del Evangelio eterno, tal como había sido entregada personalmente por el Salvador a los primitivos habitantes (de América)”; que junto a él había dos piedras o talismanes unidas con engaste de plata; que la posesión y uso de tales piedras “era lo que hacía de alguien un vidente en los tiempos antiguos y que Dios las había preparado para traducir el libro”. La imaginación de Smith siguió activa, sin embargo, también por otras vías: en 1826 fue condenado por un tribunal a pagar una multa por engañar a numerosas personas diciéndoles que podía encontrar tesoros mirando a través de cierta piedra mágica.

En una aparición posterior, se le reveló que el libro estaba enterrado en la colina de Cumorah, cerca de Manchester, condado de Ontario, Nueva York. Luego de que se le ordenara esperar cuatro años para desenterrar el libro y las piedras, llegó el momento el 27 de septiembre de 1827. Se le dijo entonces que estos objetos estarían en su poder hasta que se presentara un mensajero celestial que vendría a retirarlos (dicho mensajero se los habría llevado efectivamente de vuelta al cielo). De este modo, Smith comenzó a traducir el texto, escrito, según explicó luego, en “egipcio reformado”. La traducción desde ese idioma se hizo posible gracias a las piedras mágicas: el fundador entraba en una carpa, se ponía un sombrero con las piedras a modo de anteojos, y podía leer en inglés lo que estaba escrito en “egipcio reformado”. Tal es el Libro de Mormón, dictado, a medida que Smith lo iba leyendo, a Oliver Cowdery, uno de sus primeros compañeros.

Como prueba de la existencia de las tablas de oro, se le ordenó a Smith que las mostrara a sólo tres testigos, Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris. Estos atestiguaron haberlas visto, tal como aparece al comienzo de las ediciones corrientes del Libro de Mormón. Los tres apostataron algún tiempo después de la iglesia mormona: Cowdery declaró que lo dicho por Smith acerca de la traducción que le había dictado era falso y que el Libro de Mormón no era palabra de Dios; Whitmer (a quien el fundador llamó “pobre asno”) aseguró que había oído la propia voz de Dios pidiéndole que se separara de la iglesia de Smith; y Harris (que declaró haber visto las planchas, pero cubiertas con un paño, y cuya maldad fue revelada a Smith por Dios), perteneció a no menos de cinco iglesias distintas luego de su apostasía, y terminó aceptando como más verdadero que el Libro de Mormón algo que se conoce como el “rollo sagrado” del “shakerism”, donde se dice que Cristo apareció en la tierra en forma de mujer. Smith reaccionó acusando a estos tres de mentir, robar, engañar, acuñar moneda falsa, defraudarle y perseguirle. Con todo, estas defecciones lo obligaron a conseguir otros ocho testigos adicionales de la existencia de las tablas, cuyo testimonio se publica también hasta hoy al comienzo del Libro de Mormón. Cinco de estos ulteriores testigos, de los cuales cuatro pertenecían a la misma familia Whitmer (Christian, Jacob, Peter y John), más el único no pariente entre los ocho, Hiram Page, también terminaron abandonando a Smith en junio de 1838, quedando finalmente como testigos de la existencia de las tablas y demás objetos sólo su padre -Joseph Smith, senior-, y dos de sus hermanos, Hyram y Samuel.

No obstante haber recibido Smith esas revelaciones, trató en 1828 de inscribirse en una iglesia metodista. Esto no fue obstáculo para que en 1829, cuando él y Cowdery eran todavía amigos, fueran ambos ordenados sacerdotes “del orden de Aarón” por San Juan Bautista, y se bautizaron mutuamente; pero como tal sacerdocio no les daba la potestad de imponer las manos comunicando el Espíritu Santo, les fue conferido al año siguiente el “sacerdocio de Melquisedec” de manos de San Pedro, Santiago y San Juan. El mensajero divino reveló a Smith, por otra parte, que él sería el primer “elder” (“primer anciano”) de la iglesia, y Oliver Cowdery, el segundo. La verdadera iglesia se fundó oficialmente el 6 de abril de 1830 en Fayeet, Nueva York. En esa ocasión Smith se autoconfirió, por revelación divina, los títulos de “vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo y anciano de la iglesia por voluntad de Dios Padre y por la gracia del Señor Jesucristo”. El mismo año, Smith logró que Martin Harris, todavía fiel seguidor, pagara la publicación del Libro de Mormón, el que vio así la luz pública por primera vez en julio de 1830.

En 1831 el fundador y sus fieles emigraron a Kirtland, Ohio, donde Smith captó para su iglesia a cierto pastor de apellido Rigdon, que presidía una secta compuesta por unas mil personas. Aumentada así su feligresía, Smith comenzó a enviar a sus primeros misioneros a Missouri. Poco después los envió a Inglaterra y Escandinavia, donde logró los primeros convesos en 1837.

Para desalentar ambiciones de cualquier tipo, en 1833 Smith declaró que Dios lo había constituido Presidente vitalicio de la iglesia, único habilitado para recibir revelaciones divinas y árbitro inapelable de todas las actividades de su feligresía. En 1836 las cosas tomaron tan buen rumbo que Smith consagró el Templo Mormón de Kirtland; pero para 1837 se presentaron dificultades con las poblaciones vecinas, que toleraban mal la excentricidad de los mormones y con las potestades civiles, que desconfiaban de la organización cerrada, autónoma y teocrática de la nueva iglesia. Surgieron, finalmente, dificultades económicas: un banco que Smith había fundado a fin de financiar sus empresas eclesiásticas, haciendo falsamente creer en su solvencia, incurrió en quiebra fraudulenta, lo que lo forzó a huir de Ohio a Sion e Independence, en Missouri, para escapar a sus acreedores. Con todo, en 1839 Smith fue arrestado en Liberty, Missouri; pero mientras era llevado al condado de Boone para ser procesado, logró escapar a la justicia. De este modo, no obstante que Dios le había revelado que la tierra prometida era Missouri, el profeta recaló finalmente en Commerce, Illinois. En su huida fue acompañado por unos 10 mil de sus seguidores, los cuales, en su nuevo asentamiento al este del Mississipi, fundaron la ciudad de Nauvoo. Alentados los discípulos europeos a venir a América a poblar esta ciudad, cruzaron el Atlántico unos 4 mil 600 provenientes de Inglaterra y Escandinavia. Para entonces, Dios había comunicado también a Smith su elección para ser depositario de las llaves del reino, que habrían de pertenecer para siempre “a la Presidencia del Sumo Sacerdocio”.

Smith, casado en 1827 con Ema, la hija del dueño de la casa donde se hospedaba, comenzó desde 1841 a tener relaciones sexuales con varias muchachas, igual que otros dirigentes de la iglesia. Enamorado de su secretaria, tuvo una nueva revelación en 1843, por la cual se le obligó a practicar la poligamia, prohibida anteriormente por “abominable” en el Libro de Mormón (Libro de Jacob, 2,27). La revelación ordenada a los varones de la iglesia tener muchas mujeres, bajo pena de condenación. Para permitir que todo se hiciera de modo solemne, se dispuso la construcción en Nauvoo de un edificio para realizar los “matrimonios secundarios”, denominados “Spiritual Wifery” o “Celestial Marriages”.

En 1844 Smith se presentó como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Pero surgieron nuevas dificultades, dada su idea de instaurar en su iglesia un gobierno autónomo, con su propia justicia, leyes propias e incluso un ejército privado. En junio de aquel año el Gobernador Ford, de Illinois, lo apresó junto con su hermano Hyram, y los envió a la prisión de Carthage, acusados de inmoralidad y traición. En el ambiente de fanatismo que rodeaba a muchas actividades religiosas de los Estados Unidos hacia aquel tiempo, el 27 de junio de 1844 se formó una turba de 200 exaltados que, temiendo por la virtud de sus hijas, asaltaron la prisión donde estaban recluidos los dos hermanos con el propósito de lincharlos. Hyram Smith, quien tenía el grado de “patriarca”, resultó muerto a balazos de inmediato. El fundador, por su parte, huyó disparando en procura del patio de la prisión; pero fue ultimado cuando intentaba saltar a éste desde la ventana de su celda.

Su sucesor fue un carpintero de 43 años, Brigham Young, nacido en Vermont en 1801. Durante los dos primeros años Young se dedicó a consolidar su liderazgo frente a los desafíos de la madre, la mujer y los hermanos de Smith. Estos decidieron finalmente separarse de Young y fundar en 1852 la “Reorganized Church of Jesus of Latter Day Saints”, de la cual fue nombrado líder, en 1860, el hijo mayor del fundador. Esta iglesia, establecida en Independence, Missouri, contaba en 1956 con sólo 156 mil miembros, denominados “josefitas”.

En 1846, vista la hostilidad hacia los mormones en Missoouri e Illinois, Young optó por emigrar al oeste con sus 15 mil fieles, en busca de una tierra de paganos donde fundar un estado autónomo, gobernado por Dios a través de sus profetas y destinado a acoger a los “elegidos” de todo el mundo. Los fieles partieron con 3 mil carros y 30 mil cabezas de ganado en un viaje en el que murió de hambre y extenuación la mitad de los migrantes, que se consideraban “el nuevo Israel”. El resto llegó en julio de 1848, tras una travesía de 2 mil kilómetros, a Salt Lake. Pensando que era la Tierra Prometida, bautizaron como Mount Nebo un cerro del cual nace un río que denominaron Jordán, y fundaron Slat Lake City, que es hasta hoy el centro de la iglesia mormona. Young oficializó la poligamia en 1858, sosteniendo que, si se aumentaba el número de nacimientos, sería posible a los espíritus del más allá venir a la Tierra en números cada vez mayores a encarnarse en cuerpos humanos, facilitando la progresiva transformación de los hombres en dioses. Gracias a esto y a la inmigración desde otras partes de los Estados Unidos y de Europa (la iglesia existía desde 1854 en Italia, desde 1855 en Alemania y desde 1866 en Francia), la ciudad contaba en 1875 con 75 mil habitantes.

Una vez muerto Young en 1877, dejando 17 viudas, 56 hijos y una enorme fortuna, su sucesor Wilford Woodruff comenzó a gestionar la incorporación de Utah a los Estados Unidos. Pero la poligamia se convirtió en un obstáculo. Entonces, gracias a una inspiración tenida durante la oración en 1895, Woodruff abolió la poligamia, lo que le permitió en 1896 integrarse a la Unión. Hacia 1990 la feligresía mormona sumaba cerca de 7 millones 300 mil personas, con 39 mil 700 misioneros, y 288 mil conversiones ese año en Hispanoamérica [2].

Por lo que toca a los fieles que se quedaron en Independence Young a Utah, formaron en 1867 una nueva iglesia, la “Church of Christ” o “Temple Lot” (Iglesia de Cristo o Solar del Templo), aduciendo que en 1832 Smith había profetizado que en aquella ciudad habría de fundarse la Nueva Jerusalén. Hasta hoy son unos pocos y de escaso poder económico. Existen otras ramas menores del mormonismo, como los cutlerites, los bickertonites y los strangites, sin peso fuera de los Estados Unidos.

Organización actual

La iglesia mormona es carismática, es decir, dirigida directamente por Dios, quien continúa revelando hasta hoy Su voluntad al Primer Presidente de ella. En ésta existen dos tipos de sacer-docio: el sacerdocio de Aarón, al cual pueden acceder todos los varones mayores de doce años, y el sacerdocio de Melquisedec, conferido a algunos a partir de los 18 años. No obstante, ello no se traduce en un clero especializado, distinto del laicado.

Las potestades supremas residen en Salt Lake City e incluyen a quince individuos: el líder máximo, denominado Presidente o Profeta, y sus dos consejeros, quienes en conjunto constituyen la Primera Presidencia. Viene, a continuación, el Concilio de los Doce Apóstoles, llamados “profetas y videntes”. Estos quince se reclutan por cooptación: cuando muere un apóstol, el Profeta llama a otra persona a sustituirlo, y cuando muere el Profeta, lo sucede el apóstol más antiguo. Además de estos quince dignatarios, llamados en conjunto “la autoridad general” o “los Hermanos” the Brethren existe el Primer Concilio de los Setenta, un obispado organizado como un triunvirato, que administra los bienes de la iglesia, y un patriarca, que imparte las más importantes bendiciones.

Territorialmente la iglesia la divide en Stakes, análogos a diócesis, y Misiones. En cada Stake existe un presidente y dos consejeros. Los Stakes se sudividen en Wards, equivalentes a parroquias, presididas por un obispo y un par de consejeros. A su vez, las Misiones están encabezadas por un presidente acompañado de un cuerpo de misioneros, quienes dedican al trabajo proselitista dos años de su vida. Los presidentes son, en las diversas instancias inferiores, elegidos por los miembros del sacerdocio.

En el aspecto asistencial, la iglesia cuenta con varias organizaciones auxiliares, como escuelas dominicales para los niños, asociaciones primarias para los menores de doce años, diversas sociedades de socorros que proveen a que ningún fiel carezca de lo necesario para vivir con dignidad mediante su propio trabajo, etc. Existe también una importante Universidad en Provo, Utah, llamada Brigham Young University.

Los miembros de la iglesia deben entregar a ésta el diezmo de sus ingresos, lo que da a la organización una cantidad muy considerable de dinero. Además, las exigencias de la catequización y culto significan que los fieles tienen que consagrar a la iglesia un gran número de horas semanales, aparte de que los varones deben dedicar a la tarea misionera dos años de sus vidas.

Libros Sagrados y Creencias

Nos referiremos ahora, en primer lugar, a los libros sagrados de la iglesia mormona y, en seguida, procuraremos sistematizar sus creencias.

Los libros sagrados

Los mormones sostienen que, así como Dios dio a los judíos la Biblia, a los pueblos americanos dio el “Libro de Mormón” “La Perla de Gran Precio” y “Doctrinas y Alianzas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, que contiene otras revelaciones hechas a Smith. Pero las revelaciones no se han detenido con ellos, sino que se hacen hasta hoy al Profeta.

De estos tres libros el más interesante es el “Libro de Mormón”. Según éste, hacia el año 600 antes de Cristo salieron de Jerusalén diversos grupos de judíos de la “tribu de Lehi” (sic) y se establecieron en América. Entre ellos surgió un profeta, Nefi, obediente a Dios, que dio origen a los Nefitas, emigrados a Chile. A éstos perteneció Mormón, el penúltimo de su raza, exterminada hacia el año 400 de nuestra era, en la última de una serie de encarnizadas guerras, por los Lamanitas. Estos descendían de otro profeta, Laman, que no obedeció a Dios, y dio origen a los pieles rojas y a los negros de América, cuya piel tomó ese color en castigo por sus pecados. Antes de morir, Mormón recopiló todas las profecías de sus antepasados, escritas entre 600 antes de Cristo y 400 después de Cristo, y las confió a su hijo Moroni, quien las enterró el año 421 a la espera de revelarlas a Smith, al cabo de catorce siglos y ya convertido en ángel. El texto narra, entre otras cosas, que Jesús, antes de su ascensión, visitó América, donde fundó una iglesia cristiana que conservó pura su doctrina. La referencia a Chile ha convertido a este país en un lugar de especial significación para los mormones, que han erigido en él uno de sus templos de mayor jerarquía.

El “Libro de Mormón” no resiste la crítica histórica. Le “egipcio reformado”, lenguaje en que fue escrito según Smith y que se hablaba en América hace unos 1.500 años, no ha existido jamás. El texto mismo, tomado en gran parte de la Biblia (Pentateuco, profecías de Isaías, el sermón de la montaña), está compuesto de quince libros. De éstos, el número 14 lleva el nombre de Mormón, del cual toma su título el conjunto. El texto, concluido y enterrado en 421, contiene citas de la traducción inglesa de la Biblia del Rey Jaime, publicada en 1611, y de Shakespeare, nacido 1.100 años después de escrito el libro; atribuye a Dios el nombre de “Jehová”, vocalización masorética de YHWH, hecha después del enterramiento; alude a la existencia de vacas y otros mamíferos que sólo llegaron a América en 1492; contiene expresiones en francés, como “adieu”, etc. Según el prof. Peter Meinhold, de Kiel, se trata de “la más hábil falsificación que la época moderna haya producido” [3]. Según otros autores, el libro es un plagio de la novela histórica “The manuscript found”, de Solomon Spaulding [4].

Son también libros sagrados del mormonismo, “Doctrinas y Alianzas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, que contiene las revelaciones adicionales que iba recibiendo Smith, y “La Perla de Gran Precio”, autobiografía del fundador, la cual contiene los “Trece Artículos” que resumen la fe de su iglesia.

Los mormones tienen también a la Biblia como Palabra de Dios, pero “en la medida en que esté traducida correctamente”. Esta salvedad permitió a Smith adaptar la Biblia a sus propias enseñanzas, añadiendo 128 nuevos versículos y modificando mil 475. En todo caso, como la revelación sigue abierta, ningún texto tiene valor definitivo.

Las creencias

La fe mormona está compendiada en los “Trece Artículos”, que se incluyen en “La Perla de Gran Precios”:

“1. Creemos en Dios, el Padre Eterno, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.

“2. Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados y no por el pecado de Adán.

“3. Creemos que por medio de la expiación de Cristo puede ser salvada toda la humanidad obedeciendo las leyes y consejos del evangelio.

“4. Creemos que los primeros principios y consejos del evangelio son: primero, fe en Jesucristo; segundo, arrepentimiento; tercero, bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, imposición de las manos para obtener el don del Espíritu Santo.

“5. Creemos que un hombre puede ser llamado por Dios por la profecía, y por la imposición de las manos, por aquellos que están en poder de autoridad para predicar el evangelio y regir sus instituciones.

“6. Creemos en la misma organización que existía en la iglesia primitiva: apóstoles, profetas, maestros, evangelistas, etc.

“7. Creemos en el don de lenguas, de profecía, de revelación, de curar enfermedades, de interpretación de lenguas, etc.

“8. Creemos que la Biblia es palabra de Dios en cuanto está traducida correctamente; también creemos que el libro de Mormón es la obra de Dios.

“9. Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que ahora revela y que El todavía revelará muchas e importantes cosas relativas al reino de Dios.

“10. Creemos literalmente en la convocación de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión será construida sobre este Continente (América); que Cristo reinará personalmente sobre la tierra y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca.

“11. Reclamamos el privilegio de adorar a Dios Todopoderoso de acuerdo con los dictados de nuestra propia conciencia y permitimos a todos los hombres el mismo privilegio, dejándolos adorar lo que quieran, como quieran y donde quieran.

“12. Creemos que estamos sujetos a los reyes presidentes, gobernantes y magistrados, obedeciendo, honrando y manteniendo la ley.

“13. Creemos que hay que ser honrados, veraces, castos, benevolentes, virtuosos, y que hay que hacer el bien a todos los hombres”.

La comprensión de estas declaraciones, no obstante su aparente claridad, no es fácil. Se trata de un credo sincrético, en que se mezclan elementos cristianos y paganos.

1. El punto decisivo es que la iglesia mormona fundada por Smith es la única y auténtica heredera de la Iglesia de Jesús. La primera Iglesia se habría corrompido radicalmente en la era post-apostólica, dando lugar a la “gran apostasía” -idea central en la fe mormona-, contra la cual Dios suscitó a Smith, restaurador de la plenitud del evangelio.

2. La idea mormona de Dios difiere totalmente de la que encontramos en las religiones relacionadas con la Biblia (judaísmo, cristianismo e islamismo). Dios es supremo en nuestro universo; pero hay otros universos y una multiplicidad de dioses. Por otra parte, El no es creador de este universo, el cual parece haber existido desde siempre, sino sólo organizador de la materia preexistente.

3. A pesar de la terminología usada, no se conserva la fe trinitaria cristiana. Lejos de ser una unidad substancial, las Tres Personas son independientes: Padre, Hijo y Espíritu Santo están separados como cualquier grupo de tres individuos; pero su unidad en los designios y en la acción es tal que las disposiciones de los tres son una sola cosa. No hay, pues, propiamente un Dios, sino tres dioses.

4. En seguida, los mormones creen que Dios Padre tiene un cuerpo humano, de carne y hueso. James Talmage escribe en “A Study of the Articles of Faith” (edición 40, 1956, pp. 40 y ss) que “Un ser incorpóreo es un absurdo en sí mismo. Y si Dios tiene una figura, debe tener necesariamente una magnitud determinada y en consecuencia una extensión limitada en el espacio. A Dios le es imposible ocupar al mismo tiempo más de un lugar”. Este Dios Padre es el progenitor de todos los espíritus de los hombres, a los que ha engendrado en la Madre Celestial, una diosa de naturaleza no enteramente clara. En un tiempo, Dios Padre fue un hombre mortal, nacido de un dios y una diosa; pero hoy es un ser glorificado que preside la Trinidad y gobierna este universo. Su Hijo Jesucristo tiene también un cuerpo, que es igual al del Padre, engendrado por éste en la Virgen María, y es el primogénito de la multitud celestial engendrada por el Padre en la mencionada diosa. El Espíritu Santo, por su parte, también tiene un cuerpo, sólo que no es físico sino espiritual.

5. Todos los espíritus engendrados por el Padre aguardan encarnarse en cuerpos humanos. Si no se encarnan, no pueden someterse a la prueba de elegir entre el bien y el mal, sin triunfar en la cual no pueden convertirse en dioses, como sus progenitores. Como estaba previsto que no todos los hombres escogerían el bien, en una asamblea celestial Lucifer ofreció rescatarlos a todos si el Padre le cedía su honor; pero Jesús ofreció ser redentor danto todo el honor al Padre, razón por la cual fue preferido junto con los espíritus que lo siguieron (todos de raza blanca), en tanto que Lucifer y sus compañeros fueron expulsados de la moradas celestiales y privados de acceder a un cuerpo.

6. La misma asamblea designó a Adán y Eva para ser los primeros hombres. Pero para poder ser dioses espirituales debían morir, pus sin la muerte no podemos librarnos del cuerpo. Como la muerte es castigo del pecado, los primeros padres debían, pues, necesariamente pecar, desobedeciendo a Dios. Este primer pecado, debido a que fu preordenado por Dios como necesario, no se trasmite a sus descendientes, por lo que el bautismo sólo se administra a quienes ya han sido capaces de cometer pecados personales.

7. Como se ve, en esta tierra los espíritus encarnados en hombres se encuentran en etapa de preparación previa a su deificación, y pueden cometer pecados personales. La remisión de éstos, alcanza pro el sacrificio de Jesús, hace necesaria la cooperación humana, subrayándose la libertad y la responsabilidad personales, aspecto en que la fe mormona se aleja de Lutero y se acerca a la fe católica. La redención efectuada por Jesús consiste fundamentalmente en que El se constituyó en modelo para los hombres.

8. Al centro mismo de esta etapa terrena está la familia, que es la que permite a los espíritus adquirir cuerpos. El matrimonio ha de sobrevivir en el más allá siempre que se realicen ciertos ritos, que aseguran el poder engendrar nuevos espíritus y formar parte de la familia eterna. El cuerpo material, por otra parte, debe ser bien cuidado para su reunión con el cuerpo espiritual en la resurrección, por lo cual se prohíben el alcohol, el café , etc. El sacerdocio de Aarón y el de Melquisedec han sido instituidos por Dios para ayudar a los hombres en esta etapa.

9. Después de la muerte, los hombres buenos entran en un período de espera en un lugar llamado “paraíso”, en tanto que los malos, en una “prisión”. Desde el paraíso son enviados misioneros a la prisión a procurar convertir a los ahí encerrados, que tienen así una segunda oportunidad antes de su destino final. Para ayudar a que esto tenga efecto en necesario realizar en la tierra ciertos ritos, como el bautismo por los muertos que se da a los miembros vivos de la iglesia mormona y otros más. Esto hace necesario conocer el nombre de los antepasados muertos antes de la fundación de la iglesia, cosa que conduce a estrictas investigaciones genealógicas.

10. Durante este período de espera tendrá lugar el Milenio, para el cual resucitará un cierto número de santos que reinarán sobre la tierra con Jesús en una existencia libre de males, durante la cual será necesario completar las genealogías. Luego el Milenio ocurrirá el juicio final: los malos irán al fuego eterno con el Diablo; los que pecaron pero no conocieron el evangelio ni en esta tierra ni en el más allá, irán al “reino teleste” (sic), semejante a las estrellas; los que rechazaron el evangelio en esta tierra pero lo aceptaron en el más allá, irán al “reino terrestre”, semejante a la luna, pero no formarán parte de la familia eterna ni engendrarán nuevos espíritus; y los que han recibido en esta tierra el evangelio, han sido fieles al Padre y han realizado las “ordenanzas”, incluido el “matrimonio celeste”, irán al “reino celeste”, lugar de luz semejante al sol, donde se deificarán y engendrarán nuevos hijos espirituales, pudiendo acceder a un nuevo ciclo de la evolución de este universo, que se desarrolla sin fin.

Aparte de los textos sagrados, existen algunos libros no canónicos que permiten acceder a esta teología. Entre ellos está la enciclopedia “Mormon Doctrine”, obra del apóstol Bruce R. McConkie (1912-1985). La teología mormona clásica u ortodoxa está contenida en las obras de autores tales como James E. Talmage (1862-1933), ya citado; Brigham H. Roberts (1857-1933), John A. Widstoe (1872-1952) y Joseph Fielding Smith (1876-1972). En la obra de este último aparecen influencias de algunos teólogos protestantes como Karl Barth, Emil Brunner y Reinhold Niebuhr, hasta el punto de que algunos autores han hablado de una “nueva ortodoxia mormona”. En los últimos años se puede detectar también influencias de otros teólogos, tanto protestantes como católicos. Algunos mormones prominentes, como Sterling Murray (que ocupó en los Estados Unidos el cargo de Comisionado Nacional para la Educación durante el gobierno de Kennedy) han reexaminado la ortodoxia desde un punto de vista más bien liberal, actitud que parecen compartir algunos divulgadores contemporáneos, como Hugh Nibley. En todas las discusiones al interior de la iglesia y entre ésta y otros credos, la Universidad Brigham Young ha tenido un papel importante a través de la revista “Brigham Young University Studies”. Existen también otras publicaciones, más liberales en carácter, como “Dialogue” y “Sunstone”. Del mismo modo, los estudios históricos sobre el origen de la iglesia están adquiriendo importancia, especialmente desde la fundación en 1965 de la “Mormon History Association”. La nueva historiología mormona ha culminado con una “New Mormon History”, escrita por un historiador profesional, Leonard Arrington, recibida con recelo por algunas autoridades de la iglesia, pero reconocida en la actualidad.

Conclusión

La secta que hemos analizado aquí es, claramente, no cristiana. No comparte con el cristianismo algunos de los puntos esenciales de la fe, como la concepción de un Dios Único y Espiritual, la idea de que El es Creador de todo a partir de la nada, la creencia en la Santísima Trinidad, el concepto de pecado original, el significado de la misión del Redentor, la creencia en la Revelación como algo concluido con la muerte del último apóstol, el lugar de la Biblia en la Revelación, la naturaleza del hombre como unidad sustancial de cuerpo y alma (como quiera que se la exprese en las diversas variantes cristianas), y un elenco de otras creencias sin las cuales el cristianismo se desvirtúa. No obstante, se presenta como la auténtica iglesia de Cristo, lo que produce una notable confusión en un pueblo que ha sido cristianizado desde hace 500 años. Esta circunstancia, más la nada despreciable de que la secta dispone de una enorme cantidad de recursos económicos y de un gran cuerpo de misioneros de admirable espíritu proselitista, la transforma en una de las más peligrosas para la fe católica en nuestro continente. Sus actividades en Chile tienen un especial riesgo, supuesto el lugar que este país tiene en la mitología del Libro de Mormón. Estos juicios no tocan para nada, por supuesto, a la moral y al encomiable espíritu con que los mormones viven su religión.

Sin embargo, es necesario que se analice con mayor detención el extraordinario acervo de inverosimilitudes, absurdos y confusiones históricas, filosóficas y teológicas en que se basan sus creencias. El ser humano está hecho para la verdad, y la cantidad de falsedades sobre las que esta secta está fundada no puede ser, a la larga, sino gravemente dañina para cualquier espíritu. Por ejemplo, todavía no se pueden apreciar, debido a su corta vida, las consecuencias del racismo que ella trasunta.


NOTAS 

[1] Ib.
[2] Cf. Guerra Gómez, Manuel. Sectas. Los nuevos movimientos religiosos. Pamplona: Eunsa, 1996, p. 168.
[3] Cf. Meinhold, Peter, en Saeculum. Jahrbuch für Universalgeschichte, 5 (1954), pp. 65 y ss.
[4] Guerra, op. Cit ., p. 179.

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