Sería un error considerar como concepción específicamente cristiana la teoría según la cual el culto religioso es la base del tiempo libre y la cultura. Tal vez lo que llamamos «secularismo» no es tanto un rechazo del cristianismo como la pérdida de ciertas creencias fundamentales que forman parte de la sabiduría natural del hombre. Me parece que la teoría de la relación entre el tiempo libre y el culto forma parte de este legado.

El antídoto para las ideas depresivas de nuestra época es la fe en Aquel que nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». El Evangelio comparte con nosotros el secreto de la alegría que nos trajo Cristo y nos permite vivir los días de semana con el corazón endomingado.

La Iglesia es custodia no sólo del depósito de la fe, sino también de la moral natural, y por este motivo no sólo puede, sino debe hacer sentir su voz y testimonio enérgico e inequívoco en los momentos críticos de la historia.

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Este martes 17 de marzo, en el auditorio de la Pastoral UC, se llevó a cabo el panel de conversación “Cuando Dios se vuelve viral. Rosalía y la búsqueda de la luz”, para explorar cómo un fenómeno cultural —como el álbum LUX de esta cantante española— puede abrir conversaciones sobre fe, búsqueda espiritual y experiencia religiosa en la era digital.
Desde sus muchos años de experiencia en el Instituto Católico de Migración de la Conferencia Episcopal de Chile (INCAMI) y en la actualidad como editor del periódico Presenza, Nello Gargiulo ha mirado de cerca al mundo migratorio latinoamericano. En esta columna, vuelve sobre esta realidad intentando ampliar la perspectiva del problema y proponiendo miradas y acciones.
El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
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