A cumplirte agradecidos por tu milagro divino, venimos a tu presencia este baile andacollino. Canto a la Virgen de Andacollo 


Los actuales Santuarios de la fe católica en Chile (La Tirana, Nuestra Señora de Lo Vásquez, San Sebastián de Yumbel, Santa Rosa de Pelequén, Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, entre otros) se rigen por los condicionamientos que el Derecho Canónico de la Iglesia exige para su reconocimiento como tales. Pero el Código llega después de la Teología y esta, a su vez, es reflexión y análisis del fenómeno religioso que ya existe. En este sentido, los “santuarios” no son creación de un pastor a cargo de esa porción de Iglesia, sino ratificación por parte de la autoridad eclesiástica de que la fe que ahí se expresa corresponde a una auténtica búsqueda del Dios de Jesucristo, aun cuando tenga aspectos que deben ser discernidos a la luz del Magisterio. La devoción mariana del Santuario Nuestra Señora del Rosario de Andacollo es una prueba de esto. Historia del Santuario En el año 1570, un lugareño encontró una imagen de la Virgen que pudo haber sido escondida o abandonada por algún cristiano que pasó por la montaña huyendo cuando los indígenas comarcanos saquearon la tierra y destruyeron La Serena.

Los cronistas de la época atestiguan que Andacollo era entonces un surtidor de oro. Los indígenas que laboraban las minas vieron en esa pequeña imagen una protección celestial contra las turbulencias de los encomenderos. Muy naturalmente empezaron a rendir a la Virgen los cultos y ritos que antes de la llegada de los intrusos buscadores de oro tributaban a las divinidades locales y al sol. En el año 1580, el padre Gaytán de Mendoza se había hecho cargo de la imagen levantando una capilla de coirones, barro y amarras de cuero seco. Datan de esta época, según la memoria local anotaba en el libro que posee el Cacique General sobre los “bailes” religiosos. Ochenta y ocho años después, en 1668, el lugar fue declarado parroquia, aunque el primer cura párroco encontró al llegar la capilla de Gaytán en ruinas y la imagen de la Virgen desaparecida. El padre Álvarez del Tobar levantó entonces una nueva capilla y encargó a Lima la actual imagen de María. En 1789, el padre Vicente Valdivia inaugura un nuevo templo (el actual templo chico), que cien años mas tarde sería insuficiente. Por ese tiempo, en 1873, el obispo de La Serena, monseñor José Manuel Orrego, bendice y coloca la primera piedra de un nuevo y colosal templo que se inaugura en 1893. Actualmente el Santuario se encuentra administrado por la Congregación religiosa “Corazón de María”, más conocidos como los Misioneros Claretianos. Las fiestas El 26 de diciembre de cada año se celebra la “fiesta grande” de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo. También, desde comienzos del siglo XX, se empezó a celebrar el primer domingo de octubre la llamada “fiesta chica”, que tuvo dos motivaciones en su inicio: la primera

fue dar realce a la festividad de la Virgen del Rosario, que la liturgia de la Iglesia fijó para esa fecha; y la segunda fue dar oportunidad a los propios habitantes de Andacollo de celebrar en forma más familiar y participada la fiesta de la Virgen. Ya a comienzos de diciembre, el pueblo entero vive en función de atender a los peregrinos que llegan desde fuera. En ambas ocasiones el número de personas que sube a Andacollo pasa largamente de cien mil.

Para poder atender tal gentío se han venido levantando estructuras (espacios de alojamiento, postas de primeros auxilios, locales de comida, etc.) que han ido mejorando año tras año la atención a los peregrinos. También se ha logrado que el comercio ambulante que participa en todas las festividades populares, se limite a un determinado espacio dentro del pueblo, ya que antiguamente invadía todo, hasta las puertas mismas de los templos. 

Las fiestas de la Virgen, si bien están preparadas con esmero por los capellanes del santuario, “pertenecen” también a los bailes religiosos. El Cacique General, junto al Obispo Diocesano y párroco, preside en cierto modo las principales actividades no sacramentales, y es quien da inicio y término a la gran procesión, debiendo ordenar con rigurosidad la presentación de los más de ochenta bailes que se reúnen en esas ocasiones. Los bailes religiosos Estos nacen en Andacollo. Y cuando los mineros tuvieron que salir del pueblo por ausencia de mineral, llevaron con ellos su fe y todas sus tradiciones religiosas. Es lo que sucedió con el baile chino que por primera vez se bailó a la Virgen de la Tirana, al interior de Iquique: fueron los mineros andacollinos quienes formaron el primer Baile Chino de la Tirana. Los primeros bailes religiosos nacen a los pies de la Virgen de Andacollo a comienzos del año 1585. La fecha no es segura, pero algunos escritores coinciden en que se remontan a los mismos años del encuentro de la imagen de la Virgen. El tipo de baile religioso proviene de las danzas cultuales de los incas que se apropiaron del norte del actual Chile hacia el siglo XV. La costumbre continuó con los cristianos y en Andacollo fue tomando su propia identidad. El baile chino más antiguo, y por mucho tiempo el único que rendía honores a la Virgen, fue el que por 1585 acudía a la primitiva capilla del cura Gaytán. Con el paso del tiempo otros grupos de bailes organizados sobre la base de las familias se fueron creando entre devotos y peregrinos. En 1752 aparece un nuevo tipo de baile, con sus propios trajes, instrumentos y ritmos diversos al de los chinos; eran los bailes Turbantes, originarios de La Serena. A finales de 1798 aparece un tercer tipo de baile diferente de los anteriores:

SANTUARIO “NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO” DE ANDACOLLO LUGAR DE PEREGRINACIÓN, ENCUENTRO Y EVANGELIZACIÓN

En este año del Jubileo de la Misericordia se ha puesto relevancia en algunos signos que nos ayudan a vivir este especial tiempo de gracia. Resaltan la Puerta Santa de la Misericordia, la peregrinación, las obras de misericordia corporales y espirituales. Estas realidades manifiestan un gran contenido y son preciosas mediaciones, como también instrumentos inmensamente válidos para dar cumplimiento al compromiso de la nueva evangelización, con una renovada acción pastoral. En la Iglesia particular de La Serena, conformada por algunas ciudades y más de 480 pueblos, cada uno de ellos con una fuerte religiosidad popular en torno a los templos y capillas en los que se expresa una arraigada devoción a los santos, especialmente a la Santísima Virgen María, destacan por su larga tradición y la gran convocatoria que suscitan, los Santuarios Nuestra Señora del Rosario de Andacollo y El Niño Dios de Sotaquí. ¿Cuál es la motivación más profunda para que miles de fieles peregrinen cada año a Andacollo? ¿Qué ha hecho posible que generaciones de familias mantengan aún hoy viva la tradición de llegar hasta el Santuario? ¿En qué aspectos Andacollo es un paradigma para la nueva evangelización en nuestro medio? Constituye una hermosa tradición de quienes han sido nombrados obispos o arzobispos de La Serena consagrar su ministerio a la Virgen Santa, Nuestra Señora del Rosario de Andacollo. Tuve la gran bendición de subir a Andacollo el domingo 9 de marzo de 2014, un día después de haber asumido la misión que me encomendara el Papa Francisco en estas tierras. A las 11:00 horas se dio inicio a la procesión solemne con el traslado de la sagrada imagen desde el templo donde se custodia y venera a la gran Basílica, donde presidí la santa Eucaristía. Al ingresar a la Basílica pronuncié mi consagración a la Santísima Virgen María. La impresión es muy grande cuando se llega al Santuario; es aún mayor si se participa por primera vez de los actos con que se venera a la Virgen santa. A partir de aquel domingo soy testigo de que tanto en la fiesta chica (el primer domingo de octubre) como en la fiesta grande (los días 23 al 27 de diciembre) se manifiesta en Andacollo un fervor que conmueve profundamente y que es difícil describir. Honda vivencia personal y eclesial de la fe. Es nuestra gente la que encamina sus pasos hasta el Santuario, vamos también nosotros junto a ellos y en medio de ellos. Nos sentimos parte de una enorme procesión… Se cuentan antepasados, papás, abuelitos, parientes, delegaciones parroquiales, gente venida de distintas partes del país y también extranjeros. ¡Somos peregrinos! ¡Vamos a un lugar sagrado! ¡Vemos de lejos, desde lo alto, la imagen del santuario, así como el piadoso israelita! (Ps. 121, 1 – 4) Observo que la gente entra en silencio, anhelante, expectante porque lentamente sobrecoge al peregrino un clima espiritual. Los peregrinos se detienen ante la imagen de la Santísima Virgen que en su rostro manifiesta la cercanía del Padre Dios y de su Hijo Jesús. A Ella le manifiestan sentimientos de afecto y gratitud. Se les observa conmovidos expresándole a Ella sus anhelos y esperanzas. Encienden sus velas y disponen las hermosas flores que han portado, muchos de ellos en horas de viaje, para manifestarle también la súplica confiada y proseguir la marcha de la vida, en el nombre del Señor y en su fiel compañía. La peregrinación patentiza una realidad humana: “La vida es una peregrinación y el ser humano

es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada” (Misericordiae Vultus, 14). El hombre está siempre en camino, en el tiempo y en la historia, es un peregrino en busca del sentido último de las realidades y de su propia vida. La revelación de Dios en la historia de Israel, y después principalmente en la historia de Jesucristo y del seguimiento de sus discípulos, muestra cómo el Señor mismo sea un viator, un caminante, en movimiento hacia nosotros y con nosotros, como lo hizo con los discípulos de Emaús. Es lo que se define como estructura exodal de la vida y la fe, que no nos concierne solo a nosotros como seres humanos, sino también a Dios como persona. Hacerse persona, es decir, existir como relación, presupone salir de sí mismo para encontrar al otro. Dios —del cual somos creados a imagen y semejanza— es el primero que para encontrarse con nosotros sale de sí mismo. Más aún, Jesús, su Hijo, entenderá su existencia humana como un camino, desde el Padre y hacia el Padre; Él mismo se definirá como camino (Jn 14,6). ¡Él se hizo y sigue siendo peregrino entre nosotros! Es interesante recordar que antes de ser llamados cristianos, los discípulos de Jesucristo eran conocidos como los del camino. Ser un viator, un caminante y peregrino, hasta llegar a la meta, es inherente a cada uno, dado que la vida es vocación, llamado. Y esto tiene que realizarse, cumplirse,… cada uno querrá ser lo que anhela, por ello las metas, sobre todo la gran meta, es un mirar más allá; ¡lo óptimo estará siempre en la esperanza! El detenerse, el parar —salvo para retomar fuerzas— es contrario a la naturaleza misma de la vida espiritual. Se presentarán siempre nuevas realidades, diversos contextos, otras personas, variadas experiencias. La peregrinación del creyente manifiesta esta dinámica de crecimiento en la fe. Si no la expresa, porque la fe en el peregrino pudiere ser incipiente, es probable que esté trasluciendo el deseo de búsqueda o la insatisfacción por el camino andado. El acompañamiento de esos procesos es, sin duda, un relevante desafío pastoral. La vida es peregrinación y estamos permanentemente “en salida”, como suele decir el Papa Francisco. La peregrinación puede ser para todos un verdadero paradigma en la evangelización. El Santo Padre, en la Exhort. Ap. Evangelii gaudium nos invita a impulsar una Iglesia en salida misionera. En su caminar, en ocasiones perplejo por la cultura actual, el hombre de hoy está llamado a descubrir el sentido último de la vida atravesando la Puerta que es Cristo, plenitud de nuestra vida. Se verifica, siempre de nuevo, lo que señala Aparecida: “el caminar juntos hacia los Santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador por el cual el pueblo cristiano se evangeliza a sí mismo y cumple la vocación misionera de la Iglesia” (Documento de Aparecida, 264). La subida a Andacollo, el encuentro tanto en la peregrinación como en el templo y en las calles con los familiares, amigos y vecinos, la realidad de la Iglesia manifestada ante la imagen sagrada, la danza festiva de los bailes religiosos, la vivencia de la reconciliación, la celebración de la Eucaristía solemne y la bendición recibida con piedad hacen de este Santuario lugar privilegiado en que se manifiesta la “espiritualidad popular” (DA, 263), aporte significativo y fundamental para la nueva evangelización. RENÉ REBOLLEDO Arzobispo de La Serena

los Danzantes, provenientes de la estancia de Cutún, propiedad de la Marquesa de Piedra Blanca de Huaba. Este conjunto de expresiones ha recibido recientemente el reconocimiento de la Unesco como “Patrimonio intangible de la humanidad”* Más de cien años de la coronación de Nuestra Señora del Rosario (1901-2001) La imagen de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo fue coronada solemnemente el 26 de diciembre de 1901. El Decreto Pontificio estaba firmado por el Papa León XIII en la ciudad del Vaticano. El obispo Florencio Fontecilla había iniciado las gestiones un año antes, pensando en coronar la imagen al comenzar el nuevo siglo. Encargó a la Casa Biais, de París, una corona de oro puro, elegante y proporcionada, similar a la famosa corona usada por la emperatriz María Teresa de Austria. El trabajo de joyería se atrasó y la solemne coronación recién tuvo lugar en diciembre de 1901. En ese año el pequeño pueblo de Andacollo, entonces con unos 1500 habitantes, vio llegar ese día unos cuarenta mil peregrinos, autoridades civiles y numeroso clero. La espiritualidad mariana La fuerza mariana da frescura y vida a todas las manifestaciones de fe en Andacollo. Nutre por dentro los corazones y brota en cantos, bailes, discursos, plegarias, sermones y oraciones. Pero no se trata de una piedad desligada del centro de la fe cristiana: Cristo, el Señor, su mensaje y los valores del Reino de Dios. * Junto con la ciudad de Valparaíso, son las dos realidades patrimoniales que en nuestro país ostentan este reconocimiento de parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura, UNESCO.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: BAILES CHINOS DEL NORTE CHICO

El interesante y extenso libro* de los antropólogos Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández aborda desde una perspectiva multidisciplinaria el origen, desarrollo y actualidad de los “bailes chinos”, presentes en la devoción católica popular de la zona norte y centro de nuestro país. La investigación tiene ocasión en un momento muy relevante del rescate del patrimonio cultural nacional. Desde el año 2008, Chile es parte de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, instancia que busca proteger el “patrimonio cultural inmaterial” de las naciones, el que no se remite a monumentos o colecciones de objetos, sino que está compuesto por expresiones vivas de la cultura, como “tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional”. Tras incorporar a los bailes chinos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el libro de González y Contreras es la primera investigación que busca poner en valor el desarrollo de una tradición religiosa que cuenta con varios siglos de historia. El equipo de investigación estuvo integrado, además de los antropólogos Contreras y González, por Sergio Peña Álvarez, profesor y magíster en Historia y Gestión del Patrimonio Cultural; Danilo Petrovich Jorquera, antropólogo; Agustín Ruiz Zamora, profesor y magíster en Artes; y Manuel Morales Requena, fotógrafo. Esta conformación multidisciplinaria permitió que la comprensión de los bailes chinos como un fenómeno histórico, religioso, social y cultural, fuese abordado desde ópticas diversas como la historia, la música, la etnografía, la memoria o la antropología. Junto a ello, la publicación cuenta con gran cantidad de imágenes y documentos que ilustran el pasado y la actualidad de esta tradición. El libro cuenta con veintidós capítulos organizados en tres partes, en los que se recogen las primeras manifestaciones de los bailes chinos en el siglo XVI y la mantención y expresión de sus tradiciones a lo largo de los años, con sus cambios y continuidades, hasta la actualidad. Esta división del libro permite indagar en el origen de los bailes chinos en Andacollo, pueblo que por siglos se ha erigido como el núcleo religioso y cultural de estas cofradías de músicos danzantes. Se afirma que en las asociaciones andacollinas se encuentra aquella “expresividad ritual y festiva única en el mundo que se desarrolla y consolida como la tradición que conocemos hacia fines del siglo XVII y comienzos del XVIII”. Además, es posible comprender la organización de las cofradías de bailes chinos así como las festividades religiosas en que se expresan estas danzas. La elección de estos bailes como parte del “patrimonio cultural inmaterial” está más que justificada, en cuanto su desarrollo otorga identidad a las expresiones de religiosidad popular nortina y también al mundo popular del Norte Chico y de la zona central del país. En esta forma de religiosidad se asientan rasgos fundamentales de la identidad popular del Norte Chico, fundiéndose en ella elementos como la herencia indígena * Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández, Será hasta la vuelta de año. Bailes chinos, festividades y religiosidad popular en el Norte Chico, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Santiago, 2014, 873 p. 

y mestiza, las actividades económicas y formas de sociabilidad familiar y comunitaria específicas. Se trata de una tradición popular ancestral que hunde sus raíces en el Chile indiano y se proyecta hasta la actualidad. Los autores han buscado indagar en la mantención de sus tradiciones a través de los siglos en su contacto con la modernidad, intentando examinar “desde adentro” la organización de los bailes chinos, el sentido que le otorgan las comunidades que participan en los bailes, su estructura, las características de su expresión en las distintas zonas del país. La veneración de la Virgen María ocupa un lugar central en la devoción popular, acudiendo a ella para agradecer o pedir favores, solicitar protección, realizar mandas, ofrendas o alguna mortificación por alguna causa puntual. Junto con comentar los orígenes y desarrollo de los bailes, se hace un seguimiento a distintas organizaciones de bailes chinos en La Higuera, La Serena, Ovalle, Monte Patria, Coquimbo, La Ligua. Combinando observación, levantamiento de testimonios, archivos, imágenes, documentos históricos y fuentes secundarias, los investigadores examinaron fiestas marianas como la Virgen del Rosario de Andacollo, la Virgen de la Candelaria de Copiapó, la Virgen de la Piedra de Cogotí, la Virgen del Palo Colorado de Quilimarí y la Virgen del Carmen de Cabildo. A estas, se suman otras, como la fiesta de San Pedro en Coquimbo, de San Isidro en La Serena, del Niño Dios en Sotaquí, de la Santa Cruz de Mayo de Illapel y del Señor de la Tierra de Chalinga. Cabe destacar que el libro cuenta con apéndices y anexos documentales de gran valor patrimonial: se enumeran 36 fiestas a la Virgen del Rosario de Andacollo en las regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso y se ofrece un listado con 88 cofradías de bailes chinos actualmente vigentes. El libro cuenta, además, con una presentación de Claudia Barattini Contreras, Ministra Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y con un prólogo de Agustín Ruiz Zamora, editor científico del Departamento de Patrimonio Cultural del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

JOSÉ MANUEL CASTRO

A partir del Concilio Vaticano II, la preocupación de los capellanes del Santuario ha sido unir la devoción mariana a la fe de Cristo. Anunciar y proclamar el mensaje del Magnificat, por ejemplo, se ha convertido en un tema recurrente que pretende devolver a las gentes la fe y la esperanza en el poder de Dios “que levanta a los humildes y derriba a soberbios”, en sus propias posibilidades de desarrollo, en la búsqueda de caminos de superación y valoración de autoestima, de organización social para enfrentar los problemas que afectan a todos. Conscientes de esto, los rectores de Santuarios, desde 1980 en Caracupé —Paraguay—, se han organizado en una Confederación para ayudar a acompañar la fe de los peregrinos. No se trata de una piedad mariana descarnada y nebulosa. María como madre del pueblo pobre, enseña a mantenerse de pie “junto a la cruz” de la vida, fortalecida con una esperanza que se hace compromiso, solidaridad y búsqueda de oportunidades, y la obtención de un tiempo mejor. GUSTAVO VILLAVICENCIO**** El autor de este artículo, estudioso de la religiosidad popular, colaboró con HUMANITAS y en ese contexto publicó en los números de la revista 26, 27,28 y 29, correspondientes al año 2002, una serie sobre Santuarios chilenos. Reeditamos aquí su trabajo concerniente a Andacollo. Gustavo Villavicencio falleció el año 2013.

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"Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!" , le habría escrito León XIV al superior general de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, en una carta en la que también le advirtió que "desgarrar la túnica inconsútil (sin costuras) de Cristo es un pecado de extrema gravedad" 1 . Hagamos un breve recuento de esta controversia que abrió el obispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991) hace ya más de cincuenta años. Se dice que Pablo VI no autorizó la misa tridentina solicitada por Lefebvre por temor a contravenir el Concilio Vaticano II en momentos en que se estaba recién desplegando. Luego, bajo el pontificado de Juan Pablo II, se produjeron las primeras ordenaciones episcopales (1988) que obligaron a la excomunión de cuatro obispos lefebvristas (dos de los cuales asistieron a la reciente ceremonia masiva en Écône, Suiza). El entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Ratzinger, estuvo a punto de conseguir un acuerdo que autorizaba la misa en latín y reconocía los sacramentos impartidos por los sacerdotes de la Fraternidad, pero Lefebvre no se avino a firmar el preámbulo doctrinal que reconocía la autoridad del Concilio. La controversia en torno al canon 25 de "Lumen gentium" fue el verdadero escollo: Aunque los obispos aisladamente no gozan del privilegio de la infalibilidad, sin embargo, cuando incluso dispersos por el mundo, pero en comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñan cuál es la fe y la moral auténticas, si están de acuerdo en mantener una opinión como definitiva, entonces proclaman infaliblemente la enseñanza de Cristo 2 . Lefebvre nunca reconoció el carácter inspirado y por ende autoritativo de la reforma conciliar. El cardenal Ratzinger (luego Benedicto XVI) siempre adoptó una actitud abierta y comprensiva hacia el tradicionalismo católico, tanto por razones políticas (evitar la radicalización de los sectores conservadores) cuanto por razones teológicas. En su alocución a los obispos de Chile, pronunciada con ocasión de su visita al país en 1988 3 , Ratzinger se preguntaba por el desafío que representaba monseñor Lefebvre. A su juicio, el lefebvrismo encuentra tres puntos de apoyo en las fisuras abiertas tras el Concilio. El primero es la pérdida del sentido de lo sagrado en la liturgia y la tendencia a identificar el verdadero culto exclusivamente con el amor fraterno, desplazando el centro de gravedad desde la consagración eucarística hacia la vida en comunidad y la oración común. El segundo es la interpretación del Concilio como una ruptura con la Tradición, en lugar de comprenderlo "como parte de la entera y única Tradición". Progresistas y conservadores coinciden en que el Concilio rompió con la Tradición, unos para celebrarla, otros para lamentarla, pero una interpretación justa del Concilio debería basarse en una hermenéutica delicada y precisa de la ruptura y de la continuidad. El Concilio no alteró ni un ápice la sustancia de la Fe ni la fidelidad a la Iglesia santa, pero tampoco es una mera reiteración de lo dicho. El tercero es el debilitamiento de la convicción acerca de la unicidad de la verdad, que termina por erosionar el impulso misionero al considerar a todas las religiones igualmente verdaderas. En "Summorum pontificum" (2007), Benedicto XVI declaró que la misa tridentina nunca había sido abolida y concedió a cualquier sacerdote la posibilidad de celebrarla sin necesidad de autorización episcopal. Al mismo tiempo, levantó las excomuniones de los obispos rebeldes en un esfuerzo por relajar las tensiones litúrgicas (y tal vez como una manera de detener el crecimiento sostenido de la Fraternidad en esos años). Con motivo del Año de la Misericordia (2015), el Papa Francisco concedió a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de absolver de manera válida y lícita los pecados (primero de forma excepcional y luego indefinidamente), y posteriormente reconoció también la validez sacramental de los matrimonios que efectuaran. Pero en Traditionis custodes (2021) restringió severamente la misa tridentina, prohibió que se hicieran en las iglesias parroquiales o que pudieran celebrarlas sacerdotes recién ordenados, y exigió que los obispos las autorizaran en lugares y con los oficiantes permitidos 4 . Durante este año, la Fraternidad ha vuelto a ordenar cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio, bajo pretexto de que son indispensables para la orden sacerdotal. La respuesta vaticana ha sido la más severa: excomunión "latae sententiae" (ya pronunciada, es decir, que no requiere juicio previo) para los obispos implicados, ilicitud de los sacramentos impartidos por sacerdotes de la orden e invalidez en el caso de los sacramentos de penitencia y matrimonio, y excomunión simple para los fieles que adhieran (no para quienes asistan a una misa tridentina, pero que en su fuero interno permanezcan adheridos a la autoridad pontifical). La Fraternidad se define como una orden sacerdotal. "El fin de la Fraternidad es el sacerdocio y todo lo que se relacione con él y únicamente lo que le concierne, es decir, tal como Nuestro Señor Jesucristo lo quiso cuando dijo: 'Haced esto en memoria mía'" 5 . La defensa del estatuto y las prerrogativas sacerdotales y la concentración casi exclusiva en el culto eucarístico han sido desde el comienzo su motivación principal. La Fraternidad cuenta con un buen número de sacerdotes (733) y de seminaristas (264) y en los últimos cincuenta años este número ha crecido sostenidamente a pesar de las intervenciones papales, sea en severidad o benevolencia. Sorprende el carácter marcadamente europeo de la Fraternidad, pues un tercio de sus sacerdotes son franceses, y con suizos y alemanes se hace la mitad, aunque también se advierte un buen reclutamiento norteamericano (sobre todo por la vitalidad que está mostrando el seminario de Dillwyn). Su influencia en el continente latinoamericano es escasa, algunos argentinos (donde tienen el noviciado de La Reja), un pequeño priorato en Chile y casi nada más, porque una buena parte de los adherentes brasileños ha retornado a la comunión con el Papa. ¿Por qué el tradicionalismo católico no se asienta tan bien en suelo latinoamericano y los ecos de esta controversia nos parecen tan lejanos? Se pueden intentar varias explicaciones. La primera es que el catolicismo latinoamericano nunca fue profundamente tridentino. El tradicionalismo nace como la defensa específica de un catolicismo centrado en una liturgia solemne, el uso del latín, la exacerbación de la iglesia presbiteral, la teología escolástica y un sentido fuerte de la exclusividad institucional (fuera de la Iglesia no hay verdad ni salvación posible). Pero este modelo eclesiológico nunca penetró de manera homogénea en América Latina, donde el catolicismo ha sido más popular, mariano y devocional que doctrinal o institucional. Muy pocos han experimentado la misa —y menos aún en latín— como el centro de su identidad religiosa. El tradicionalismo europeo suele apoyarse en una memoria litúrgica muy poderosa que se remonta a la era de las catedrales y en el recuerdo vivo de un orden religioso perdido que los franceses han llamado la "civilización parroquial": la parroquia llena, las vocaciones abundantes y la escuela católica. Nada de esto hubo entre nosotros, salvo y apenas en las élites sociales. El tradicionalismo católico es marcadamente una religiosidad aristocrática incubada en colegios y universidades confesionales y en pequeños círculos intelectuales vinculados con el cultivo de las humanidades clásicas y de las ciencias jurídicas que conservan —como dice Yves Congar— una eclesiología dominada por una visión jurídica de la Iglesia como "societas inaequalis et hierarchica" 6 y que en cuanto "societas perfecta" se ofrece como modelo del conjunto de las relaciones sociales. La crítica del modernismo que está tomada de la famosa encíclica "Pascendi dominici gregis" de Pío X (1907) consiste en esto, en la incomodidad que despiertan las relaciones entre personas libres e iguales entre sí. Todo debe organizarse jerárquicamente, unos mandan y otros obedecen; de lo contrario, se cae en el desorden de la increencia y del pecado. Pío X escribió muchas veces que sin autoridad la fe se perdía irremediablemente, y algo de razón tiene, pero ¿cuál puede ser la calidad de una fe que no se ha elegido libremente? La controversia en torno a la libertad religiosa reconocida en el Concilio tiene este origen. Por otra parte, el tradicionalismo suele exigir mucho refinamiento cultural y, además de un sentido particular de la continuidad histórica, requiere una fuerte dosis de apreciación estética y una teología explícita concordante. También en este sentido es una religiosidad de élites. Debe considerarse asimismo que el tradicionalismo aparece como una religión de minorías intensivas en medio de un panorama amplio y profundo de secularización de masas. El tradicionalismo no suele prosperar donde el catolicismo todavía conserva una amplia presencia cultural y más bien florece cuando el catolicismo se ha vuelto una opción minoritaria y altamente reflexiva. Ser un católico tradicional implica una elección consciente, una identidad fuerte, en ocasiones agresivamente contracultural, y una práctica intensa que requiere tiempo y dedicación. Digamos, por último, que el catolicismo latinoamericano ha sido históricamente muy ultramontano, es decir, muy leal a la sede pontificia, un catolicismo conformista, decía Paul Johnson en su monumental "Historia del Cristianismo", que dedica apenas dos páginas a los quinientos años de catolicismo en América Latina como algo que no ha producido ninguna novedad de la que valga la pena escribir. Esta fidelidad papal se consolidó durante el siglo XIX y buena parte del XX y apenas ha vacilado en las últimas décadas. En suelo europeo, en cambio, ha existido una tradición intelectual y eclesial mucho más propensa a discutir, polemizar e incluso resistir decisiones romanas. El tradicionalismo necesita una élite religiosa, una memoria litúrgica y una disposición a resistir la autoridad eclesiástica. América Latina ha poseído algo de la primera, la segunda de forma débil y la tercera casi nunca. Notas [ 1 ] León XIV; Carta del Santo Padre al reverendo padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. 29 de junio de 2026. [ 2 ] Concilio Ecuménico Vaticano II; Constituciones, Decretos, Declaraciones . Edición promovida por la Conferencia Episcopal española. Biblioteca de Autores Cristianos, 2022, p. 54. [ 3 ] Ratzinger, Joseph; "Alocución a los obispos de Chile: unidad en la tradición de la fe". Humanitas, Cuaderno n°20, diciembre 2008. [ 4 ] García-Huidobro, Joaquín; " Traditionis custodes : Francisco ante una decisión difícil". Humanitas n°98, año XCVIII, 2021, pp. 638-647. [ 5 ] Estatutos de la FSSPX. [ 6 ] Congar, Yves-Marie; Le Concile de Vatican II . Les Éditions du Cerf, París, 1984.
A continuación presentamos un compilado de las diversas actividades realizadas por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana UC entre mayo y julio de 2026.
Reflexiones del conversatorio "Desafíos de la IA", dentro del Seminario Comunicaciones e Iglesia que se realizó en la Pontificia Universidad Católica de Chile los días 27 y 28 de julio de 2026.
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