Ha concluido el primer viaje apostólico del Papa León, que lo llevó a un destino establecido por su predecesor. Se trató de una peregrinación ecuménica a Turquía, para conmemorar los 1700 años del Primer Concilio de Nicea; y al Líbano, y así honrar una promesa hecha por el propio Francisco, la que no pudo cumplir por la guerra en Medio Oriente y su enfermedad.

Pocos días antes de comenzar el viaje, el domingo 23 de noviembre, el Papa publicó una carta apostólica titulada In unitate fidei, la que profundiza en los temas esenciales del Concilio de Nicea y su importancia actual para fe de la Iglesia y los bautizados. La Carta reafirma la respuesta de los Padres conciliares que “confesaron que Jesús es el Hijo de Dios” y exhorta a la comunidad cristiana a “ser signo de paz e instrumento de reconciliación”.

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Paso por Ankara, capital de Turquía

El jueves 27 el Santo Padre aterrizó en Ankara, capital de Turquía, donde tuvo una bienvenida oficial a cargo del ministro de Cultura y Turismo de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy, para luego continuar con la visita al mausoleo de Atatürk. En el mausoleo presentó una ofrenda floral y escribió en el libro de honor: “Doy gracias a Dios por haber podido visitar Turquía, e invoco sobre este país y su pueblo abundancia de paz y prosperidad”. Por la tarde se trasladó al Palacio Presidencial, donde fue recibido por el presidente de la República, Recep Tayyip Erdoğan.

Su primer discurso lo pronunció ante las autoridades, representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en la Biblioteca Nacional. Ante ellos, el Papa expresó su satisfacción de comenzar los viajes apostólicos de su pontificado en aquel país que es puente entre culturas y religiones y conexión entre Oriente y Occidente. También se refirió al respeto por la libertad religiosa, a los avances tecnológicos y al valor de los vínculos frente al consumismo. Al concluir su discurso advirtió sobre los conflictos globales actuales que distraen a la humanidad de sus retos fundamentales. Su mensaje final fue un recordatorio de que la Santa Sede ofrece su fuerza espiritual y moral para colaborar con todas las naciones que busquen el desarrollo integral de cada persona: 

La Santa Sede, con su única fuerza, que es la espiritual y moral, desea cooperar con todas las naciones que se preocupan por el desarrollo integral de cada hombre y de todos los hombres y las mujeres. Caminemos juntos, pues, en la verdad y en la amistad, confiando humildemente en la ayuda de Dios.

Tras el encuentro con las autoridades, el Papa tuvo un encuentro con Safi Arpaguş, presidente de Asuntos Religiosos de Turquía. Su última parada en la capital fue en la Nunciatura Apostólica. Tras ello, viajó a Estambul, donde fue recibido por algunas autoridades locales y por niños que le ofrecieron un ramo de flores blancas.

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Encuentro de oración con el “pequeño rebaño” de católicos turcos

La primera actividad del día viernes fue un encuentro de oración con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y operadores pastorales en la Catedral del Espíritu Santo en Estambul. A todos ellos el Papa les ofreció una profunda reflexión sobre las raíces de la fe cristiana, el papel de las pequeñas comunidades y los desafíos teológicos y pastorales del presente. Acogiendo la situación minoritaria de los católicos en el país, León XIV insistió en la necesidad de asumir la “lógica de la pequeñez” que caracteriza la acción de Dios en la historia. Recordó que la fuerza de la Iglesia no proviene del número, la influencia o los recursos, sino de permanecer unida al Cordero y confiada en la acción del Espíritu. Así, el Papa subrayó tres frentes pastorales decisivos para la Iglesia en Turquía: diálogo ecuménico e interreligioso, esencial en un país puente entre culturas; transmisión de la fe en un contexto donde el cristianismo es minoritario, y servicio a migrantes y refugiados, cuya presencia masiva convierte a Turquía en una frontera humanitaria global. Advirtió también sobre la necesidad de una verdadera inculturación para los misioneros y agentes pastorales provenientes de otros países. Asimismo, en el marco del aniversario del Concilio de Nicea (325), León XIV presentó tres desafíos actuales inspirados en ese acontecimiento fundador: redescubrir la esencia de la fe, reconocer en Jesús el rostro de Dios y mediar la fe y desarrollar la doctrina.

Tras el encuentro el Papa visitó la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres, donde ofreció un saludo lleno de cercanía, gratitud y reflexión sobre la fraternidad y el respeto a los mayores, portadores de sabiduría para la sociedad.

 

1700 años del Concilio de Nicea: peregrinación de unidad

Uno de los momentos más importantes del Viaje Apostólico se vivió el viernes por la tarde en una peregrinación al lugar donde los primeros líderes de la Iglesia cristiana se reunieron hace 1.700 años bajo los auspicios del emperador romano Constantino para acoger el Concilio de Nicea. ¿Quién es Jesús en nuestra vida?, fue la pregunta que dejó aquella histórica jornada, celebrada a la orilla del lago de Iznik, antigua Nicea, con una oración ecuménica del Papa León XIV junto al Patriarca Bartolomeo I y los líderes de las Iglesias cristianas. 

Desde aquel histórico lugar el Papa hizo una llamado a la unidad de los cristianos para superar el escándalo de las divisiones: “Cuanto más reconciliados estemos, tanto más podremos los cristianos dar un testimonio creíble del Evangelio de Jesucristo, que es anuncio de esperanza para todos, mensaje de paz y de fraternidad universal que trasciende las fronteras de nuestras comunidades y naciones”. 

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Encuentros ecuménicos e interreligiosos

El día sábado por la mañana el Papa visitó la Mezquita Azul de Estambul, un lugar de culto del siglo XVII considerado una obra maestra arquitectónica de la época otomana. Acompañado por líderes musulmanes locales, visitó el patio de la mezquita y, tras quitarse los zapatos, recorrió el interior con sus calcetines blancos demostrando respeto por aquellos que se reúnen a rezar ahí.

Tras la visita a la mezquita el Papa se dirigió a la iglesia ortodoxa siriaca de Mor Ephrem, situada en Yeşilköy, en la parte europea de la ciudad turca. Dedicada a Efrén el Sirio, fue inaugurada en 2023. En el lugar sostuvo un encuentro privado con los jefes de las iglesias y de las comunidades cristianas, todos sentados alrededor de una mesa redonda. A ellos les expresó su deseo de que se produzcan nuevos encuentros y momentos como el que acababan de vivir, incluso con aquellas Iglesias que no pudieron estar presentes. La propuesta del Papa es celebrar juntos los dos mil años de la muerte y resurrección de Jesús, y del nacimiento de la Iglesia en el Cenáculo de Jerusalén, el año 2033.

Junto a Bartolomé I, caminos de comunión

Luego se dirigió a la Catedral Patriarcal de San Jorge de Estambul, donde junto con el Patriarca Ecuménico Bartolomé I dieron gloria a Dios mediante una solemne doxología; un gesto que recalca el deseo común de avanzar hacia la plena comunión entre los cristianos. Luego de la oración común el Papa dirigió unas palabras a su hermano en Cristo, con las que le agradeció su cálida bienvenida y le expresó la gran emoción que sintió al entrar en la catedral, pues es consciente de que sigue los pasos de sus predecesores.

En la Catedral, junto al Patriarca Ecuménico Bartolomé I firmaron una Declaración Conjunta en la que reafirman su compromiso con el camino hacia la plena comunión. El texto rechaza enérgicamente cualquier uso de la religión para justificar la violencia y hace un llamamiento a la paz, al diálogo y al testimonio cristiano compartido. La Declaración reflexiona acerca del 1700 aniversario del primer Concilio ecuménico de Nicea, “un momento extraordinario de gracia” y señala que el propósito de conmemorar este acontecimiento “no es simplemente recordar la importancia histórica del Concilio, sino impulsarnos a estar continuamente abiertos al mismo Espíritu Santo que habló a través de Nicea”. El texto afirma también que “lo que nos une es la fe expresada en el Credo de Nicea”, la fe salvadora en la persona del Hijo de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero, homooúsios con el Padre, que por nosotros y por nuestra salvación se encarnó y habitó entre nosotros, fue crucificado, murió y fue sepultado, resucitó al tercer día, subió a los cielos y ha de volver para juzgar a vivos y muertos”. El texto recuerda además la conmemoración del 60 aniversario de la histórica Declaración conjunta del Papa Pablo VI y el Patriarca ecuménico Atenágoras, que puso fin al intercambio de excomuniones de 1054.

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Lazos fraternales con la comunidad católica oriental

El día finalizó con una Eucaristía celebrada por el Papa con los miembros de la comunidad católica, en el Estadio Volkswagen Arena de Estambul. En su homilía, el Santo Padre destacó la unidad en tres niveles: “dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con los miembros de otras confesiones cristianas y en el encuentro con los hermanos y hermanas que pertenecen a otras religiones”. Asimismo, señaló que aquella Santa Misa se celebraba en la víspera del día en que la Iglesia recuerda a san Andrés, apóstol y patrono de esas tierras. Y al mismo tiempo al inicio del Adviento, tiempo que nos ayuda a prepararnos a rememorar, en Navidad, el misterio de Jesús, Hijo de Dios, “engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre”, como declararon solemnemente hace 1700 años los Padres reunidos en el Concilio de Nicea.

El domingo 30 de noviembre, cuarto día de su viaje apostólico a Turquía (Turquiye), el Papa León XIV realizó una visita de oración a la Catedral Armenia Apostólica en Estambul, uno de los centros religiosos más antiguos e importantes para la propia comunidad en el país, además de ser una de las cuatro sedes históricas de la Iglesia de los Armenios. Al entrar en la Catedral, el Papa realizó un gesto de la tradición local, comiendo un trozo de pan mojado en agua. Allí instó a inspirarse en la experiencia de la Iglesia naciente para restaurar la plena comunión, una comunión que no implica absorción ni dominio, sino un intercambio de los dones recibidos del Espíritu Santo. León XIV expresó además su “profunda gratitud al Señor por los lazos fraternales cada vez más estrechos que unen a la Iglesia Armenia Apostólica y a la Iglesia Católica”. Y recordó que poco después del Concilio Vaticano II, en mayo de 1967, Su Santidad el Catholicós Khoren I fue el primer Primado de una Iglesia Ortodoxa Oriental en visitar al Obispo de Roma e intercambiar con él el beso de la paz.

A la oración del Papa le siguió el saludo de bienvenida del Patriarca Sahak II, quien destacó que la presencia del Papa representa una bendición que quedará grabada en el corazón de la comunidad eclesial de Turquía. El Patriarca recordó además el “profundo respeto” hacia el Papa, quien, afirmó, actúa como “brújula moral”, defendiendo la dignidad de cada persona, apoyando la paz y dando voz a quienes no la tienen.

El Papa celebró la Eucaristía antes de partir rumbo al Líbano con la Divina Liturgia de rito bizantino, equivalente a la Santa Misa en los ritos latinos, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge en Estambul. En su último discurso antes de abandonar el país, León XIV enumeró los tres desafíos comunes a los que se enfrentan las iglesias actualmente: construir la paz en tiempos de conflicto, afrontar la crisis ecológica y fomentar el uso responsable de las tecnologías.

El último acto público del viaje apostólico del Papa a Turquía consistió en la bendición ecuménica conjunta impartida junto con Bartolomé I a la multitud congregada en el patio frente a la Iglesia de San Jorge, donde se celebró la Divina Liturgia. Un abrazo entre los dos selló los dos días de ecumenismo del Papa en Estambul.


Líbano, peregrinación de paz

¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!, estas fueron las primeras palabras del Papa dirigidas a los participantes en el encuentro con las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático del Líbano en el Palacio Presidencial de Beirut. Tras la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional Beirut-Hariri, y los encuentros privados con el presidente libanés Joseph Khalil Aoun, con el presidente de la Asamblea Nacional, Nabih Berri y con el primer ministro, Nawaf Salam, y sus familias, León XIV dedicó su discurso, como él mismo anunció, a lo que significa ser artífices de la paz en circunstancias muy complejas, conflictivas e inciertas, como las que vive el Líbano, bombardeado por el ejército israelí para contrarrestar a los milicianos de Hezbolá, y tantos otros países en el mundo.

Un espectáculo de luces, danzas y música acogieron al Papa. A pesar de la intensa lluvia, desde su Papamóvil, pudo apreciar la voluntad del pueblo libanés de recibirlo con un abrazo fraterno por las avenidas y calles de Beirut. El presidente libanés y su consorte recibieron al Papa y tras un breve intercambio de regalos, la firma del Libro de Honor y la simbólica plantación del “Cedro de la amistad”, se dirigieron al gran “Salón 25 de Mayo” donde el primer mandatario libanés, ante cientos de personas, ofreció unas palabras de bienvenida al Santo Padre: “Santo Padre, le imploramos que le diga al mundo que no moriremos, ni nos iremos, ni nos desesperaremos, ni nos rendiremos”.

En su discurso, el Papa, ante todo, quiso reafirmar las cualidades y riquezas culturales y naturales del Líbano, pero poniendo el acento en la fuerza de “un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valentía”, un pueblo resiliente —agregó el Papa— una característica imprescindible de los auténticos constructores de paz.

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El Papa León comenzó su segunda jornada del viaje a Beirut acudiendo como peregrino al monasterio de Annaya, donde se lee en la gruta que custodia los restos de san Charbel Maklūf, el monje considerado patrón del país, canonizado por Pablo VI en 1977: “Mis predecesores lo habrían deseado tanto”. Desde este lugar de donde brota “un río de misericordia”, el Pontífice pide la paz para el mundo. Una paz que, afirma, “solo nace de la conversión de los corazones”.

Tras ello el Papa visitó el santuario mariano de Harissa, donde se reunió con obispos y religiosos. Allí escuchó cuatro testimonios de solidaridad, guerra, migración y pastoral carcelaria que muestran la capacidad del pueblo libanés de hacerse cercano a quien sufre, como María al pie de la cruz. El encuentro comenzó con el saludo de bienvenida de Raphaël Bedros XXI Minassian, Patriarca de Cilicia de los Armenios. El Patriarca Minassian definió la visita del Papa como “una llama viva de oración y esperanza que ilumina cada rincón de nuestro país”.

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En el encuentro ecuménico e interreligioso con el Papa en la Plaza de los Mártires de Beirut, símbolo de la resistencia libanesa durante el levantamiento contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial y uno de los principales focos de las protestas antigubernamentales de 2019, el Patriarca siro-católico, Ignacio Youssif III Younan, dio la bienvenida al Papa. En el encuentro representantes cristianos y musulmanes se alternaron, destacando la necesidad de fortalecer la unidad nacional en el Líbano.

La última actividad del día lunes fue un encuentro con jóvenes libaneses reunidos en la plaza frente al Patriarcado Maronita de Antioquía, León XIV los invita a buscar relaciones con raíces sólidas, como los cedros que simbolizan el país, en un mundo que parece poner plazos incluso al amor. Tras escuchar sus testimonios y responder a sus preguntas, les hace una promesa de un futuro sin conflictos, un “amanecer brillante” capaz de iluminar la “noche oscura” del mundo.


Último día

En su última etapa en este viaje apostólico a Turquía y el Líbano, el Papa León XIV, visitó el Hospital de la Cruz en Beirut. Durante su estancia, el Papa expresó un profundo mensaje de cercanía, solidaridad y esperanza a pacientes, médicos, religiosas y personal del hospital. La visita del Papa León XIV al Hospital De la Croix se convirtió en un acto de reconocimiento a la labor humanitaria, un recordatorio del valor de la compasión y un testimonio vivo de fe y esperanza en medio del sufrimiento.

A cinco años de la explosión ocurrida el 4 de agosto de 2020 en el puerto de la ciudad libanesa, el Papa rindió homenaje a las víctimas, puso una corona de flores y saludó a los supervivientes y a las familias de las víctimas. En aquella ocasión, murieron más de doscientas personas, otras siete mil resultaron heridas y hubo trescientos mil desplazados. En febrero, tras numerosas peticiones para esclarecer lo sucedido, se reanudaron las investigaciones para determinar las responsabilidades. En los últimos meses, el 4 de agosto fue declarado día de luto nacional, se le puso el nombre de las víctimas a una calle y el lugar de la explosión fue incluido en la lista de lugares de valor histórico.

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Tras ello, el Papa presidió la Santa Misa en el Waterfront de Beirut. En su homilía, manifestó su agradecimiento por estos días intensos compartidos con alegría e instó a desarmar los corazones, para que triunfen la paz y la justicia.

En la Ceremonia de despedida del Líbano, el Papa renueva su llamamiento a rechazar la violencia, buscar la negociación y el diálogo. También recuerda con agradecimiento cada uno de los encuentros en los que ha recibido la fuerza de la esperanza y manifestó su deseo de que todo Medio Oriente se comprometa con este espíritu de fraternidad y de esfuerzo por la paz. El avión de regreso al Vaticano partió a las 13:48 (hora local).

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