Como parte de su misión, la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), ha estado involucrada en la restauración e intentos de recuperación de las diversas iglesias cristianas y comunidades que han sufrido daños en los último trece meses en nuestro país. Son innumerables las campañas de ayuda y los llamados de atención sobre las distintas aristas que se ven involucradas cada vez que una iglesia es quemada intencional o circunstancialmente. Presentamos a continuación algunas de sus últimas acciones y reflexiones.

El domingo 18 de octubre del 2020 será un día que por muchos motivos no olvidaremos. Desde la fundación pontificia internacional ACN condenamos especialmente los ataques violentos contra iglesias, ocurridos en Santiago ese día. Dos templos fueron atacados por manifestantes, mientras transcurrían marchas pacíficas para recordar el estallido social iniciado un año antes. Las llamas destruyeron la parroquia La Asunción en Santiago –una de las más antiguas de la capital, construida en 1876, y que ya había sido atacada el 8 de noviembre de 2019– y dañaron la iglesia San Francisco de Borja, hiriendo profundamente el alma de Chile. Fue un atentado contra los católicos, pero también contra toda la sociedad chilena, que vio con dolor la quema de dos edificios patrimoniales.

El párroco de La Asunción, Padre Pedro Narbona, nos contaba: “La comunidad siente mucha pena y dolor, pero es impresionante, porque entre ellos no hay atisbo de venganza, sino que están rezando por las personas que han hecho esto. Hay un dolor profundo, pero a la vez queremos ofrecer al Señor este sacrificio para que Él nos regale el entendimiento, la reconciliación y que el amor venza al odio, para volver a tener un país de hermanos.”

Estos dos atentados nos preocupan, ya que ponen de manifiesto una vulneración a la libertad religiosa, un derecho fundamental que tenemos todos los seres humanos: el derecho a creer y no creer, y a practicar la fe en privado y en público.

Las iglesias atacadas se sumaron al triste catastro de 57 templos católicos vandalizados desde octubre de 2019 en nuestro país.

Una noticia largamente esperada

Sin embargo, en medio de estos hechos que nos preocupan y conmueven, hay esperanza. El pasado 4 de noviembre se bendijeron las obras de la nueva capilla para el pueblo de Santa Olga, en la región del Maule:

En el verano de 2017 vimos con estupor cómo un pueblo, bosques y las ilusiones de muchos, desaparecían tras las llamas que lo envolvían todo. 979 familias quedaron sin hogar y lamentamos ocho víctimas fatales. Fueron días en que el país se volcó en ayuda de Santa Olga con una meta clara, apagar los incendios.

Más tarde vendría la reconstrucción. Gracias a la colaboración de muchos sectores, los habitantes de Santa Olga han podido, poco a poco, volver a sus tierras. Nuevas casas, escuela, posta, bomberos, biblioteca y comercio, acogen a más de cinco mil personas, pero todavía faltaba la Iglesia para que los fieles de la zona pudiesen contar con un sitio donde encontrarse con Dios y su comunidad.

La antigua capilla, que había sido construida con mucho esfuerzo por la misma comunidad, necesitaba ser reemplazada. Por ello Ayuda a la Iglesia que Sufre ( ACN Chile) comenzó con la tarea de recolectar fondos para cumplir el sueño de los creyentes.

Hoy vemos que el sueño ya está en marcha y muy pronto tendrán un lugar desde donde vivir la fe y comenzar un nuevo capítulo de su historia. Los nacimientos, matrimonios y defunciones podrán volver a celebrarse en la nueva capilla, que acogerá las alegrías y dolores de quienes participen.

Bendición primera piedra de capilla San José en Santa Olga

El 5 de noviembre Monseñor Tomislav Koljatic, obispo de Linares, bendijo los cimientos de la nueva capilla de Santa Olga, dedicada a San José de Nazaret.

Comenzó con palabras de gratitud "para todos los que hicieron posible esta nueva etapa, sin olvidar el pasado, un pasado que nos fortalece para ponernos de pie y seguir dando testimonio del Señor".

También fueron emotivas las palabras de María de los Ángeles Covarrubias, presidente de Ayuda a la Iglesia que Sufre Chile, quien agradeció a todos los que colaboraron para que este proyecto fuese posible: "Para nosotros lo más importante es que la fe viva, porque la capilla no es solo un lugar físico, es todo lo que ocurre en el edificio que la cobija y todo lo que genera a su alrededor. Las conversiones que se producen, las relaciones humanas, las relaciones familiares y también con la comunidad que no es católica”.

El párroco, padre Gonzalo Aravena, tuvo palabras de agradecimiento y emocionó a los presentes al recordar el día del incendio que él vivió, haciendo lo posible por salvar la antigua capilla, a pesar de las advertencias que lo llamaban a evacuar el lugar:

"Todos sabemos muy bien lo que significó el incendio de este sector, quisimos rescatar un Cristo que nos habían regalado recientemente, y que era el símbolo de la capilla, queríamos hacer lo posible por conservarlo, pero carabineros no nos quería dejar pasar. Ellos tenían razón, se sentía la fuerza del calor que no dejaba respirar y se veía el fuego que avanzaba hacia la capilla”. Fue la última vez que vio la capilla, al día siguiente no quedaba nada, todo estaba quemado.

"Lo único que rescaté fue una campana de la capilla, único testimonio y que muestra que el Señor nos sigue llamando, a través de su campana, a seguirlo a Él".

"Quiero destacar la fe de los hermanos de Santa Olga, del pueblo sencillo, ellos han perseverado fielmente en torno a su lugar y gracias a su fe, la oración y la ayuda de muchos esto es posible. Así como es fuerte el fuego para destruirnos, más fuerte es la fe del pueblo cuando cree que es factible superar las adversidades y pone su confianza en el Señor, cuando no se deja vencer. Porque la fe en Cristo es nuestra victoria".

Fue un momento emocionante para todos los presentes y, aunque faltan los recursos para terminar la capilla, confiamos en la providencia del Señor y ponemos los trabajos bajo su protección.

La misión de ACN

En ACN estamos comprometidos con las comunidades que han sufrido la pérdida de su lugar de oración. A la alegría de los fieles de Santa Olga, se suma la esperanza de la comunidad de la parroquia San Francisco de Ancud, cuya iglesia fue incendiada intencionalmente en enero de este año, y que ve con ilusión la construcción de un salón multiuso donde podrán reunirse mientras se construye su nueva iglesia.

A la fecha, aún no ha comenzado la construcción del templo incendiado, construido a principios del siglo XX. Esto será sin duda un camino largo, no sólo por el alto presupuesto que implica, sino también porque reconstruirla supone un gran desafío arquitectónico y de ejecución, ya que el edificio era un exponente de la Escuela Chilota de Arquitectura Religiosa en Madera. Por lo mismo, era Monumento Nacional en categoría de Monumento Histórico.

Las llamas no sólo destruyeron una iglesia que era patrimonio cultural y símbolo de la ciudad de Ancud. También, desde ese día, la comunidad no tiene donde reunirse. De ahí su alegría por el inicio de la construcción de un salón, que los acogerá para seguir realizando todas sus actividades. Porque, como dijo Monseñor Celestino Aós el pasado 18 de octubre: “El amor es más fuerte”.

Ayuda a la Iglesia que Sufre es una fundación pontificia con sede en Alemania que cuenta con oficinas en 23 países, entre ellos Chile. Su misión es ayudar a los cristianos perseguidos y necesitados en el mundo.

Durante 2019 apoyó 5.230 proyectos en 139 países. En Chile, la fundación está volcada a las comunidades más vulnerables a través de la campaña “Capillas para Chile” gracias a la cual, y mediante fondos recolectados en nuestro país, hemos construido más de 40 capillas en lugares necesitados y 45 Capillas de Emergencia en las zonas devastadas por el terremoto y tsunami del 27/F.

Para mayor información sobre las actividades de ACN en Chile y el mundo puede ver su página web www.acn-chile.org

Si quiere más información sobre los proyectos de ayuda, por favor contacte a Magdalena Lira, Directora Nacional de ACN Chile, al mail Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Si desea hacer una transferencia o depósito, puede hacerlo en la cta. cte. 200-3 del Banco Santander, a nombre de Ayuda a la Iglesia que Sufre, RUT 73.537.400-1, mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., asunto: Iglesias vandalizadas.

Las donaciones para esta causa se pueden acoger a la ley D.L. Nº 3.063 sobre Rentas Municipales.


Comunicado de Thomas Heine-Geldern, presidente ejecutivo de la fundación pontificia internacional ACN, emitido el 19.10.2020:

Estamos consternados por las agresiones, saqueos y ataques a iglesias en Santiago de Chile: los sucesos de ayer demuestran a donde llega la violencia y el odio promovido por algunos grupos.

Nada justifica el uso de la violencia, ni los ataques a espacios sagrados, ni creemos que el uso de la violencia contra la fe y las creencias de otros contribuirá a defender la justicia social, racial o económica.

Creemos que, si bien es legítimo manifestarse y pedir cambios sociales, el odio desenfrenado contra grupos religiosos genera violencia y destrucción y debe ser condenado abiertamente a nivel mundial como se ha hecho en el pasado con otros delitos similares. Además, pedimos al gobierno chileno que garantice la protección de los edificios religiosos contra delitos de odio de este tipo.

Expresamos nuestra cercanía y apoyo al párroco de la Iglesia de la Asunción, Pedro Narbona, quien desde hace muchos años apoya directamente la labor de la sección chilena de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), a favor de los cristianos perseguidos. Estamos consternados que tenga que sufrir en primera persona un nivel de violencia contra la Iglesia que hasta ahora solo conocíamos de otras partes del mundo.

La fundación ACN reitera su apoyo a todos los cristianos de Chile, cuyos templos y edificios se han visto sistemáticamente amenazados por grupos violentos. Desde octubre de 2019 más de 57 han sido atacados o quemados en este país.


*Portada: El 5 de noviembre Monseñor Tomislav Koljatic, obispo de Linares, bendijo los cimientos de la nueva capilla de Santa Olga, dedicada a San José de Nazaret. La reconstrucción comenzó hace algunos meses, pero la ceremonia de bendición tuvo que ser pospuesta debido a la situación sanitaria.

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No podía ser más oportuna la encíclica Fratelli tutti –largamente comentada en este número de Humanitas– para nuestro país, falto como está de amistad social y de aprecio por la política. Francisco observa las fracturas de la amistad social en la desigualdad y en la inmigración –que definen las periferias sociales– en la doble figura del menesteroso y del forastero que se recoge en la exigencia del amor al prójimo del buen samaritano.
Como arquitecto, como historiador y como monje se esmeró en ordenar el espacio y concederle belleza a imitación del Creador.
El año 2020 qué recién pasó, vio partir, en estrecha secuencia de meses, a tres grandes figuras que sea por lo que tienen en común cómo por lo distinto, hablan en conjunto con elocuencia al país que somos, en el momento en el cual vivimos. Desde luego por lo que atañe a nuestra responsabilidad en el presente, si con San Alberto Hurtado pensamos que “una nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir; es futuro.”
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