Paisajes insospechados, cultura milenaria, tradición y mucha fe es lo que ha encontrado el Papa Francisco en su 43° viaje apostólico fuera de Italia y el país número 61 que visita como pontífice. Estuvo ahí del 1 al 4 de septiembre para encontrarse con la muy pequeña, pero creciente, comunidad católica y para reunirse con otros líderes religiosos del país.

Foto de portada: El domingo 3 de septiembre, en el encuentro interreligioso en el Teatro Hun, se reunieron representantes de doce grupos religiosos incluidos budistas y chamanes mongoles, judíos, musulmanes, y evangélicos.

Fue recibido en el aeropuerto internacional Chinggis Khaan de Ulán Bator a la usanza tradicional. Estaban allí las autoridades y la Guardia de Honor del Estado de Mongolia que deslumbró con sus uniformes rojos, azules y amarillos y sus cascos de hierro que recuerdan a los guerreros mongoles de la historia antigua.

También se hizo presente una joven mongola con vestido tradicional quien entregó al Papa una taza que contenía “Aaruul”, una especie de queso hecho a base de leche agria, hervida y dejada secar al sol, hasta adquirir su característica dureza y que es el plato con que se da la bienvenida al país y está presente en cada casa y ger (carpa nómade) de Mongolia.

Desde el inicio de la visita se comenzó a vislumbrar aquello que dijo el Papa a los periodistas en el vuelo que los llevaba a este viaje apostólico: “Mongolia se entiende con los sentidos”.

En la ocasión señaló que “ir a Mongolia es ir a un pueblo pequeño en una tierra grande”. El Papa considera que este país “parece no tener fin y sus habitantes son pocos (poco más de 3 millones), un pueblo pequeño con una gran cultura”.

En efecto, esta fue una visita entre las grandes estepas y los pequeños ger, las pequeñas tiendas con columnas de madera y paredes de fieltro, símbolo de la vida nómada de la población.

Desde sus primeras palabras en suelo mongol, el Papa Francisco elogió el papel activo de la nación en la promoción de la paz mundial y destacó la contribución de la pequeña Iglesia católica mongola a la construcción de una sociedad próspera en el país.

Mongolia fieles en la Misa

Tres temas importantes que estuvieron presentes

El Papa Francisco continuamente está llamando la atención y buscando dejar marca con ciertos temas: la paz, la fe, la caridad y el cuidado de la naturaleza. Todos ellos son problemas que ha enfrentado este gran país y donde ha abierto un camino propio y esperanzador.

Una particularidad desconocida de Mongolia es su posición contraria a las armas nucleares, ellos defienden con orgullo su “estatus libre de armas nucleares”. En 2022, Mongolia celebró el 30º aniversario de su estatus con una mesa redonda regional que reunió a académicos y expertos en Ulán Bator para discutir la importancia, los desafíos y las perspectivas del desarrollo de Zonas Libres de Armas Nucleares (ZLAN).

Otro tema que quiere promover Mongolia es el del cuidado de la naturaleza. Debe abordar en forma urgente graves problemas de contaminación causados por la industria minera y por el hecho de que cada vez más gente nómada ha acudido en masa a la superpoblada ciudad de Ulán Bator, que hoy alberga la mitad de la población nacional. Ellos queman carbón y plásticos en sus tradicionales tiendas de campaña ger durante los fríos meses de invierno, lo que da como resultado una calidad del aire extremadamente pobre y peligrosa.

Refiriéndose a la antigua tradición nómada del país simbolizada por los “gers”, el Papa Francisco destacó que la “sabiduría nativa” de los mongoles, madurada a lo largo de generaciones, puede ayudarnos a “apreciar y cultivar cuidadosamente” lo que los cristianos consideran la Creación de Dios, y “combatir los efectos de la devastación humana mediante una cultura de cuidado y previsión reflejada en políticas ecológicas responsables”.

Mongolia está llamada a proteger sus ecosistemas únicos y preciosos. El vasto país que se encuentra en el cruce de Europa y Asia, ocupa seis zonas ecológicas diferentes. Los mongoles defienden su tierra ancestral como “el segundo pulmón del planeta” y señalan que mientras la selva amazónica absorbe las emisiones de dióxido de carbono del mundo, Asia Central filtra el agua que riega el resto de Asia.

Las autoridades de Mongolia son muy conscientes de estas cuestiones y colaboran con diferentes organizaciones internacionales para implementar programas de desarrollo sostenible.

Los católicos mongoles, afirmó el Papa Francisco, ayudan al país “difundiendo la cultura de la solidaridad, el respeto universal y el diálogo interreligioso, y trabajando por la justicia, la paz y la armonía social”.

La estipulación de un acuerdo bilateral que se está discutiendo actualmente entre Mongolia y la Santa Sede, dijo, representará un medio importante “para lograr las condiciones esenciales para el desarrollo de las actividades ordinarias en las que participa la Iglesia católica”.

Recordando el lema elegido para su viaje apostólico, “Esperando juntos”, el Papa Francisco expresó su esperanza de que su visita pueda profundizar la cooperación fructífera y el diálogo respetuoso entre la Iglesia y Mongolia en la búsqueda del bien común.

“Estoy seguro de que los católicos mongoles seguirán ofreciendo su contribución adecuada a la construcción de una sociedad próspera y segura, en diálogo y cooperación con todos los que habitan esta gran tierra besada por el cielo”.

“Que los diversos componentes de la sociedad mongola, tan bien representados aquí, sigan ofreciendo al mundo la belleza y la nobleza de este pueblo único”, enfatizó el Santo Padre.

Al despedirse señaló que “todos somos nómades de Dios, iglesia en salida”.

Los mongoles se sintieron el centro del mundo con la visita del Papa y lo agradecen: gracias, en mongol bayarlalaa.

Mongolia Papa Francico y el cardenal Marengo

Mongolia Papa Francico y el cardenal Marengo

Reconstruir el catolicismo

Mongolia es el país sin salida al mar más grande del mundo. Su pequeña población, tradicionalmente nómada, es de menos de 3,5 millones de personas; de los cuales menos del dos por ciento son cristianos.

Después de 70 años de régimen comunista, como nación satélite de la URSS, Mongolia experimentó una revolución pacífica en 1990 y estableció una democracia multipartidista. Adoptó una nueva Constitución que garantiza la libertad religiosa.

Fue entonces cuando los misioneros católicos que habían estado exiliados durante los años del comunismo regresaron al país con la tarea de reconstruir la Iglesia desde cero. Hoy hay alrededor de 1.500 católicos bautizados en nueve parroquias. ¿Por qué hablamos de reconstruir desde cero? Porque a fines del siglo XVIII llegaron los primeros misioneros al país.

La Iglesia católica es parte importante de la labor social del país: son muchas las obras patrocinadas por ellos para atender a los pobres, los ancianos, los discapacitados y los abandonados.

El Padre Andrés, colombiano, está en Mongolia desde hace siete años. Frente a la pregunta por el tamaño de la comunidad, sonríe y explica que son pequeños en número, pero grandes en convicción y eso es lo que más importa. Aunque reconoce que probablemente son la comunidad católica más pequeña del mundo: “El Papa ha venido a confirmarnos en la fe a fortalecernos, a animarnos. Esa semilla que ha sido sembrada con tanto amor les dejará una huella indeleble, algo que no se borrará de su memoria”.

La joven Iglesia está encabezada por el cardenal más joven del Colegio Cardenalicio, Giorgio Marengo, a quien el Papa Francisco elevó a cardenal durante el Consistorio en agosto de 2022.

El padre Francisco Javier Olivera, sacerdote español del Camino Neocatecumenal, nos habla sobre la Iglesia de Mongolia y la realidad de esa nación:

Mongolia es un país que está creciendo e intentando salir del aislamiento en que ha estado durante muchos años cuando era un país satélite de la Unión Soviética. Ahora cuenta con muchas riquezas naturales, quizás mal explotadas, con mucha pobreza, mucho alcoholismo, mucho niño abandonado, mucho abuso… La Iglesia trata de hacer frente a estas necesidades materiales, pero sobre todo espirituales, dando una esperanza y un sentido a la vida. A partir de ahí poder salir adelante en medio de la pobreza. Nosotros no podemos sacar de la pobreza a nadie, pero vamos a dar una palabra de aliento de amor de Jesucristo para poder intentar luego salir de esa situación.

“Esta comunidad tiene una historia conmovedora. Surgió, por gracia de Dios, del celo apostólico de algunos misioneros que, apasionados por el Evangelio, hace unos treinta años, fueron a ese país que no conocían. Aprendieron la lengua y dieron vida a una comunidad unida y verdaderamente católica”, Papa Francisco.

 Mongolia imagen de la Virgen

Virgen del Cielo

La Virgen siempre antecede y en Mongolia no fue la excepción. Años antes de la llegada de los primeros misioneros, la protagonista no recuerda bien la fecha, una mujer budista mongola Tsetsege, encontró una imagen de madera en un basurero. La mujer que encontró la estatua no recuerda el año exacto en que la descubrió. Sin embargo, insiste en que fue incluso antes de que los misioneros llegaran a Darkhan hace 18 años.

Ella tomó la imagen y la llevó a su “yurta” (una construcción típica mongola de los pueblos nómadas) donde la puso en un lugar importante durante muchos años.

La imagen fue reconocida como de la Virgen María, Madre de Jesús, por un grupo de religiosas que se acercó a saludar a la mujer y saber de sus necesidades y las de sus once hijos, pues ella es muy pobre. Fue precisamente en esa ocasión que se conoció esta historia.

Una vez de vuelta en casa, susurró a su familia: “Esta hermosa señora ha querido venir a vivir a mi tienda”. Una vez que se dio cuenta de quién era, la mujer entregó la estatua a la comunidad católica y luego la expuso en una parroquia local.

La Virgen bautizada como “Madre del Cielo” preside la Catedral de San Pedro y San Pablo en Ulán Bator y a ella fue consagrada Mongolia por el cardenal Marengo el 8 de diciembre de 2022. Y ahora acompañó a los peregrinos venidos de toda Mongolia y otros países asiáticos en el encuentro con el papa Francisco.

Sin duda es una imagen querida por los fieles. La talla de madera de la Inmaculada rescatada del vertedero presidió el encuentro y lo hizo llena de gloria. Un manto confeccionado con trozos de tela enviados por los fieles católicos mongoles y por sacerdotes y religiosas que viven en el país, rodeaba la imagen de la Virgen.

Antes del encuentro con sacerdotes y misioneros en la catedral, el Papa saludó a la mujer que encontró la estatua de la Virgen y ahora es católica. Se reunieron en una carpa tradicional que se había instalado en las afueras de la catedral para que el Santo Padre conociera esta forma de habitar mongola.

Hay que recordar que la estatua recibió el título de “Madre del Cielo” por voluntad del Santo Padre. En enero, el Cardenal Giorgio Marengo presentó al Papa Francisco varios títulos recogidos entre los fieles mongoles. El Pontífice eligió “Madre del Cielo” como el título más apropiado, reconociendo el significado del cielo en la cultura mongola.

El cardenal Marengo –como se recuerda en un reciente artículo del Osservatore Romano– dijo que no se explicaba “cómo esa estatua acabó en el vertedero, ya que, sobre todo en esa parte del país, hay muy pocos católicos. (…) Entonces pensé que el Señor, a través de su Santa Madre, se hace presente en las situaciones más extremas para decirnos cuán cerca está de cada uno de nosotros”.

Mongolia catedral

 

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