En un comunicado del 5 de julio del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), se anuncia la excomunión latae sententiae para el exnuncio en EEUU, por no reconocer la legitimidad del Papa ni del Concilio Vaticano II.

 Anteriormente, Viganò había sido convocado por un decreto del DDF para comparecer en una audiencia del 20 de junio para

tomar nota de las acusaciones y pruebas relativas al delito de cisma que se le imputa (declaraciones públicas de las que resulta una negación de los elementos necesarios para mantener la comunión con la Iglesia católica: negación de la legitimidad del Papa Francisco, ruptura con él y rechazo del Concilio Vaticano II).

En caso de no comparecer o de no presentar un escrito de defensa antes del 28 de junio, señalaba además el documento divulgado en X por el mismo exarzobispo, éste “será juzgado en su ausencia”.

Viganò no acudió a su citación y señaló en sus redes sociales que los cargos en su contra eran “un honor”. En un largo comunicado afirmó, además, que, “Mientras que para el creyente católico la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica, para Bergoglio la Iglesia es conciliar, ecuménica, sinodal, inclusiva, inmigracionista, ecosostenible y amigable con los gays”, a la vez que sostuvo que “No reconozco la autoridad del tribunal que pretende juzgarme, ni de su prefecto, ni de quién lo nombró”.

En el comunicado del 5 de julio el DDF afirmó que

Son bien conocidas sus declaraciones públicas de las que resulta su negativa a reconocer y someterse al Sumo Pontífice, de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sujetos y de la legitimidad y autoridad magisterial del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Así, al término del proceso penal, Viganò “fue declarado culpable del delito reservado de cisma” y el DDF declaró una excomunión latae sententiae contra él, lo que significa que él mismo incurrió en la excomunión a través de sus propios actos cismáticos.

Al excomulgado se le prohíbe celebrar la Misa y los demás sacramentos; recibir los sacramentos; administrar los sacramentales; y celebrar las demás ceremonias del culto litúrgico; tomar parte activa en las celebraciones mencionadas; ejercer cargos o ministerios o funciones eclesiásticas; realizar actos de gobierno. El sentido de la excomunión, sin embargo, es que se trata de un castigo medicinal que invita al arrepentimiento, por lo que siempre se espera la vuelta de la persona a la comunión.

Sobre Viganò

Carlo Maria Viganò es un sacerdote italiano de 83 años, quien se unió al servicio diplomático de la Santa Sede en 1973 y en 1992 fue ordenado obispo.

Ocupó importantes posiciones dentro de la Iglesia, como la de nuncio apostólico en Nigeria (1992-2009) bajo el mandato de Juan Pablo II, secretario general del gobernador de la ciudad del Vaticano (2009-2011), y nuncio apostólico en Washington (2011-2016).

En 2010, la televisión italiana publicó documentos secretos dirigidos a Benedicto XVI en una filtración masiva denominada VatiLeaks, donde Viganò denunciaba “corrupción, prevaricación y mala gestión” en la administración del Vaticano y el encubrimiento de algunos de sus miembros tras supuestamente encontrar un déficit millonario.

En 2014, también fue centro de la polémica cuando ordenó a las archidiócesis de Saint Paul y Minneapolis, en Estados Unidos, finalizar la investigación por conducta sexual inapropiada del arzobispo John Nienstedt, lo cual fue visto como un encubrimiento.

Sin embargo el hecho de mayor relevancia fue durante el Encuentro Mundial de las Familias en agosto de 2018 en Dublín, donde en el último día de la visita del Papa, Viganò publicó un testimonio de 11 páginas en el que acusó a Francisco de encubrir al ex cardenal y sacerdote Theodore McCarrick, quien fue acusado de abuso sexual de menores y acoso sexual a seminaristas adultos. En la carta, Viganò pidió la renuncia del Papa.

Desde entonces, ha publicado constantemente cartas abiertas en las que cuestiona al Papa Francisco por supuestas herejías doctrinales y abusos de autoridad. También ha rechazado muchas de las reformas del Concilio Vaticano II y criticó la decisión del Papa de restringir la misa tradicional en latín. En mayo del año 2020 en respuesta a una carta de una religiosa de clausura, Viganò se refirió a la crisis de la Iglesia como “la metástasis del cáncer conciliar” y en los últimos años ha estado relacionado con teóricos conspiracionistas, criticó las vacunas contra el Covid-19 y alegó la existencia de un proyecto “globalista” y “anticristiano” por parte de la ONU.

El cisma y la excomunión latae sententiae

El Código de Derecho Canónico define la figura del cisma como “el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos” (Canon 751). No es por tanto una negación a alguna verdad de fe, pero sí una ruptura del vínculo que le une al Romano Pontífice y a los demás miembros de la Iglesia. Se rompe uno de los tria vincula que nos une a los católicos, el vinculum regendi, al declararse no sometido a la autoridad del Papa. No incurre en cisma quien desobedece al Santo Padre, lo que es esencial al cisma es negar al Papa su autoridad sobre la Iglesia.

El cisma es uno de los casos en que se incurre a una excomunión latae sententiae, es decir, cuando la excomunión se da de manera automática sin necesidad de una declaración formal. Otras razones en que se incurre a tal excomunión pueden ser el violar el sigilo sacramental, estar involucrado en un aborto procurado, consagrar a un obispo sin mandato papal, profanar la Eucaristía e incurrir en los delitos de apostasía, herejía o cisma.

Los casos recientes más conocidos de excomuniones latae sententiae son las del arzobispo Marcel Lefebvre y los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: en 1988, el arzobispo Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos sin el mandato papal, lo que resultó en una excomunión latae sententiae para él y para los obispos consagrados. Lefebvre y los otros obispos fueron considerados cismáticos debido a este acto. Las excomuniones de los obispos fueron levantadas en 2009 por el Papa Benedicto XVI en un esfuerzo por facilitar la reconciliación. También se dio el caso de los seguidores del antipapa Clemente VII durante el Gran Cisma de Occidente (1378-1417), donde varios individuos y facciones apoyaron a antipapas en lugar del Papa legítimo en Roma. También fue excomulgado el sacerdote Marek Bozek y varios feligreses laicos de la iglesia de San Estanislao Kostka de San Luis en diciembre de 2005, declarados culpables del delito eclesiástico de cisma por el entonces arzobispo Raymond Leo Burke.​ Su excomunión fue corroborada por la Santa Sede en mayo de 2008. Cuatro de los excomulgados, miembros activos de la parroquia, se reconciliaron con la Iglesia.

Este mismo año un grupo de 16 clarisas españolas publicó un mensaje en el que anunciaban su ruptura con la Iglesia de Roma y el Papa. En un comunicado las clarisas denunciaron ser víctimas de una persecución y afirmaron que el último Papa válido fue Pío XII, fallecido en 1958. A su vez señalaron su intención de estar bajo la autoridad de un sacerdote excomulgado, Pablo de Rojas Sánchez, religioso fundador de “La Pía Unión de San Pablo Apóstol” y parte del mismo movimiento sedevacantista.

 

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