Del 23 de julio al 3 de agosto Roma recibió a un millón de jóvenes venidos de 146 países, en el evento más grande desarrollado en la capital de Italia en los últimos 25 años. Algunos eventos clave se desarrollaron en tres lugares emblemáticos: la Basílica de San Pedro, el Circo Máximo –donde mil sacerdotes confesaron a 28 mil peregrinos–, y la Vela de Calatrava en Tor Vergata –donde se desarrolló la vigilia y la Misa de cierre–. Ante el millón de jóvenes congregados en la Santa Misa en la explanada de Tor Vergata, el Papa León recordó que la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, sino de lo que acogemos y compartimos con alegría. “Aspiren a cosas grandes, a la santidad, no se conformen con menos” señaló, citando además al Papa Francisco y a san Juan Pablo II, y haciendo referencias a Carlo Acutis y a Pier Giorgio Frassati, beatos jóvenes que él mismo canonizará el 7 de septiembre.

Saludo del Santo Padre León XIV a influencers y misioneros digitales (29 de julio)

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Diálogo del Santo Padre con los jóvenes en la vigilia (2 de agosto)

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Homilía de la Santa Misa (3 de agosto)

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Desde sus muchos años de experiencia en el Instituto Católico de Migración de la Conferencia Episcopal de Chile (INCAMI) y en la actualidad como editor del periódico Presenza, Nello Gargiulo ha mirado de cerca al mundo migratorio latinoamericano. En esta columna, vuelve sobre esta realidad intentando ampliar la perspectiva del problema y proponiendo miradas y acciones.
El desafío de ofrecer una educación integral a lo largo del territorio compromete a diferentes actores sociales, estatales y también religiosos: la formación no requiere solo de infraestructura, logística y recursos, es necesario relevar la dimensión valórica y su rol en la cohesión social.
A principios de enero, muchas personas y familias abrieron las puertas de sus casas —a veces, por primera vez en años— para compartir y conversar con 1.450 jóvenes universitarios desplegados desde la región de Coquimbo hasta la región de Aysén. La Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile organizó estas misiones y trabajos con una sola motivación: compartir la esperanza de Cristo resucitado, generar vínculos, y apoyar en demandas concretas en territorios con escasos recursos y presencia pastoral.
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