Reinhard Hütter.
The Catholic University of America Press
Washington D.C. 2020.
267 págs.

Hütter es profesor de  teología  fundamental y dogmática en una de las más importantes universidades católicas de Estados Unidos, The Catholic University of America (Washington D.C.), además de conocido autor y conferencista. La presente obra, de gran acervo documental, constituye un importante esfuerzo de aplicación del pensamiento newmaniano a los problemas contemporáneos. Un cotejo filosófico y teológico, rico y sugerente, entre san John Henry Newman y santo Tomás de Aquino, dos inmensas figuras de las que escribió Jean Guitton, en diálogo con san Pablo VI: la  obra  de Aquino presidió Trento; la de Newman el Vaticano II. El cara a cara de los dos  grandes, en  las cuatro partes que comprende este libro, atraviesa por la cuestión de la conciencia, los temas de la doctrina de la fe y la idea de Universidad; el libro concluye en un Epílogo que da cuenta del arduo camino de siete años que llevó al profesor Reinhard Hütter desde el luteranismo (al servicio del cual atendía la cátedra de Moral para futuros pastores luteranos) hasta el catolicismo.

Como apunta el autor en el Prólogo, la reflexión en los capítulos que se desarrollan a continuación –ya lo anuncia el título de la obra– se mueve en torno al concepto de ‘falsificación’. Cada uno de ellos aborda alguna diferente, aunque entre sí tengan mucho que ver:

Una es la falsificación de la conciencia que simula a la conciencia, fuente primordial de la constitución moral de la persona humana. Esta falsificación es la que da sustento –o se transforma en “conciencia” predominante– al ‘individuo soberano’ de la cultura prevaleciente.

La segunda falsificación es aquella que crea un sustituto de la fe, fuente primordial de la existencia cristiana. La falsificación de la fe es la “fe” de quien niega sometimiento a la autoridad por medio de la cual Dios se comunica con los hombres.

La tercera falsificación consiste en el replanteamiento de la doctrina, fuente primordial de la fe cristiana. Esta falsificación doctrinal invoca la teoría newmaniana  del ‘desarrollo de la doctrina cristiana’ para justificar cambios diversos, pero siempre en concordancia con el actual Zeitgeist o espíritu de los tiempos.

Finalmente, la cuarta falsificación corresponde al tema del genuino sentido de la Universidad, al estudio del cual, desde la óptica newmaniana, Hütter ha consagrado años de esfuerzo. Esta falsificación estriba en el vuelco de la Universidad en cuanto a no educar más el intelecto, sino “a tornar más eficiente el imperio del deseo”, informado hoy por la cultura del tecno-consumismo.

El hilo conductor entre uno y otro capítulo se encuentra en la constante lucha de Newman contra el principio del juicio personal comprendido a la luz del “sujeto soberano”, principio que, de uno u otro modo, envuelve las diversas falsificaciones que aquí se analizan. Es el mismo tema del tan célebre “Biglietto speech” del santo cardenal al agradecer su investidura a León XIII.

En su desarrollo, el libro muestra que, así como el anglicanismo del siglo XIX ignoró a Newman, además de los propios peligros en que este vivía y que él advirtió, el catolicismo del siglo XX replica esa actitud. Lo hace a su manera, de algún modo también ignorándolo –o no conociéndolo suficientemente, podríamos agregar– y desconociendo su advertencia contra el crecimiento del espíritu de infidelidad.

Alguien podría sorprenderse de que en las tres primeras partes de esta obra aparezca santo Tomás de Aquino como interlocutor de Newman. El propio autor lo explica diciendo que la razón es simple: en el caso de la conciencia, el mismo Newman aborda el tema considerando la autorizada voz del Aquinate; en el caso de la fe, Tomás ofrece lo que considera la mejor explicación teórica, en un enfoque similar al que Newman desarrolla más abreviadamente en dos importantes sermones de su primera etapa católica; en el caso de la Universidad, finalmente, la visión de Newman converge en aspectos muy identificables con el pensamiento del Aquinate sobre la ‘universitas’ y la educación universitaria, o con la forma en que tomistas contemporáneos han articulado su visión, concordándola con el pensamiento de Newman en la materia.

Diversos trabajos aquí citados refuerzan esta convergencia, sea a través del epistolario newmaniano y sus referencias a Tomás, como también a través de rasgos biográficos que se destacan, así por ejemplo la colección de 28 volúmenes del Aquinate que Newman mantenía en su biblioteca personal de Oriel College (Oxford), cuyas páginas subrayó abundantemente.

Con el respaldo de autorizados teólogos, entre los que puede citarse al jesuita polaco Erich Przywara, se nos muestra a un Newman a su modo fenomenólogo. “El genio de Newman era el de un psicólogo, un fenomenólogo, el de un polemista”, comprometiendo siempre por la verdad su existencia entera, no solo en el plano nocional, sino de la realidad, afirma el autor.

Entre las diferencias con Tomás nos dice Hütter que el teólogo inglés “adelantó una astuta fenomenología (avant la lettre) a cuenta de la conciencia de perspectiva experiencial, de alguien cuya propia conciencia era particularmente aguda, bien formada y enraizada en la fe cristiana. En breve, Newman analizaba la conciencia primeramente desde la perspectiva del agente en primera persona. Aquino, por el contrario, desarrolló el análisis de los principios y de la operación de la conciencia en la perspectiva de una tercera persona, característica de una indagación de causas y principios” (p. 54).

Reviste particular interés y actualidad el desarrollo que se hace en estas páginas de la conocida cuestión del “brindis” newmaniano por la conciencia, primero, y después por el Papa (pp. 62-65); así también el tema del ‘desarrollo de la doctrina’ entre los concilios Vaticano I y Vaticano II (pp. 136-139) y en el contexto de la Declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae, del último Concilio (pp. 143-154). 

El Epílogo ya mencionado (pp. 215-235) constituye un espléndido broche que llega a impregnar toda la obra de un carácter testimonial. En efecto, para alcanzar el momento en que, en la solemnidad de la Ascensión del año 2004, Reinhard Hütter y su esposa Nicene piden ser aceptados en la Iglesia Católica y recibir el bautismo, pasan antes siete años llenos de fuertes vicisitudes doctrinales y espirituales. Se aprecian sucesivamente aquí, en renglones y párrafos francamente vividos, desde los efectos de la invasión secularista en el dominio moral luterano, hasta la iluminación personal que provoca en este matrimonio protestante la encíclica Veritatis splendor de Juan Pablo II y, más tarde, la última suya, Ecclesia de Eucharistia. Entre estas, también Evangelium vitae –que crea un fuerte contraste con el giro condescendiente en el ámbito luterano respecto al aborto– y más, las interesantes circunstancias y hechos que se relatan acerca de lo que precede y a propósito de lo que mueve en ellos y en otros luteranos la “Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación”, firmada en octubre de 1999 por la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos (en nombre de la Iglesia Católica) [Cfr. Humanitas 17 y 55].

Fue después de ese año 2004, personalmente tan crucial, que el profesor Hütter leyó por primera vez a Newman. Retrospectivamente pudo comprender, con agradecimiento, que la suya había sido una senda “quintaesencialmente newmaniana”.

En los capítulos 2º y 4º del libro editado por ‘The Catholic University of America Press’ se refiere, en notas, a la conferencia “Newman interpela a la Universidad contemporánea” pronunciada en el Salón de Honor de la Pontificia Universidad Católica, durante agosto del año 2015, con ocasión de un seminario sobre este tema realizado por los XX años de Humanitas.

Jaime Antúnez A.

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