En el marco del octogésimo aniversario de la entrega del Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, el 25 de noviembre de 2025, el sacerdote Juan Francisco Pinilla Aguilera realizó ante el Senado de Chile la presentación de este libro, fruto de un proyecto interdisciplinario de investigación y creación.
Juan Francisco Pinilla, Roberto Onell, Micaela Barrientos y Germán Hidalgo.
GABRIELA MISTRAL. TRES POEMAS DE DESOLACIÓN ANTE EL SILENCIO DE DIOS.
Ediciones Senado República de Chile, 64 págs.
Santiago, noviembre 2025.
Estimados y estimadas honorables, autoridades presentes, señoras y señores:
Ante todo, queremos agradecer el honor de contribuir al homenaje que el Senado de la República rinde a Gabriela Mistral, en este octogésimo aniversario de su premiación con el Nobel de Literatura, en el marco de la Inauguración de la muestra fotográfica y testimonial, preparada y traída por la Ilustre Municipalidad de Vicuña y su Corporación Cultural para compartirla con todos nosotros. Esta contribución es parte de un proyecto más amplio, titulado: "La paz ante el silencio de Dios. Una aproximación interdisciplinaria a la obra Desolación de Gabriela Mistral". Proyecto financiado por el XXI Concurso de Investigación y Creación para Académicos, organizado por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana en conjunto con las Vicerrectorías de Investigación y de Asuntos Internacionales, y con el Centro para el Diálogo y la Paz de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
La publicación, honrada por este Senado, es un esfuerzo muy acotado: Gabriela Mistral. Tres Poemas de 'Desolación' ante el silencio de Dios y brota del deseo de compartir algo de la profundidad y la belleza que hemos celebrado durante todo el tiempo que nos llevó la lectura en común, analítica y sistemática, de Desolación, en permanente diálogo interdisciplinario que incluye el estudio literario-lingüístico, la teología, el arte, la ciencia y la tecnología.
La investigación buscaba resaltar los rasgos propios de la experiencia de la paz ante el silencio de Dios, en la obra Desolación, en orden a comprender los rasgos permanentes de la fe en Chile ante el silencio de Dios en el sufrimiento. Esta profunda expresión artística representa una plasmación cultural viva, donde la fe permea los sentimientos de dolor, abandono y soledad, con los cuales la fe cristiana siempre se confronta, especialmente en la religiosidad popular y ofrece caminos de consolación y plenitud.
Desolación consta de 101 textos, entre poemas y prosas, publicado en Nueva York en 1922. Allí se plasman sentimientos muy profundos relativos al sufrimiento, desde donde emerge una paz ante el silencio de Dios. El grito desgarrador poetizado tene un interlocutor aparentemente silencioso, el cual abre un horizonte de sentido al sufrimiento del amor. Como obra artística, forja culturalmente una cierta identidad creyente de cara a la desolación personal y social. Una fe al límite y vivida como búsqueda intensa de Dios, ofrece una plataforma de diálogo con la variedad de experiencias de Dios del presente en nuestro país.
La tesis doctoral profesor Onell "El Dios de Neruda" está en la génesis remota de este estudio. Cabía preguntarse cuál sería el Dios de Mistral. La amistad y la ocasión de un proyecto logró reunir a un grupo de notables académicos de disciplinas muy diversas: las letras, la arquitectura, la ingeniería, quienes aceptaron la provocación de la pregunta metódica teológica. Se abordó así Desolación, obra que refleja los treinta primeros años de la vida de Gabriela Mistral en Chile. La misma autora llamó a este libro "un libro amargo" de lo cual pide perdón en la dedicatoria a su amigo el presidente de la república (1938-1941), don Pedro Aguirre Cerda y su señora doña Juana Aguirre Luco (el presidente falleció precisamente un 25 de noviembre de 1941). La vigente consigna política "educar es gobernar" es de clara inspiración mistraliana.
El libro que ofrecemos hoy consta de tres diálogos, habitados por el silencio contemplativo. Los espacios en blanco son elocuentes. El primer diálogo lo abren los poemas mismos, se deja resonar la voz de la poeta, unos breves comentarios conducen la intención de la conversación; el segundo diálogo es la gráfica, son diez dibujos, obra del profesor Germán Hidalgo, que nos llevan a recorrer el Valle del Elqui, desde la casa escuela hasta el mausoleo de la poeta. La última ilustración es del interior del Hotel Haley, edificio de 1902 (donde se alojaron los investigadores fortuitamente). El tercer diálogo corresponde al eco poético a los tres poemas de Mistral, en la voz del profesor y poeta Roberto Onell. Nada de esto sería posible sin la carta Gantt, apoyo logístico y los permanentes "por qué" de la profesora e ingeniera Micaela Barrientos.

Montegrande, valle de Elqui, dibujo de Germán Hidalgo, febrero 2025.
Como "la patria es el paisaje de la infancia" viajamos hasta Monte Grande para sentir los espacios vitales de Gabriela Mistral, especialmente durante su niñez. Resultó una exploración llena de peripecias para desistir: la estafa del hotel reservado; el apagón eléctrico en todo Chile; sin boleta electrónica para justificar el gasto a las finanzas de la Universidad. Pero, sobre todo, sorprendidos por bellos acontecimientos gratuitos, como el de la tarde misma del apagón al regreso, en Vicuña, donde buscamos un lugar que tuviera un generador para seguir conversando. Casi frente al hotel había un hermoso portal, como hay muchos en Vicuña, de esas casas que se extienden hacia el fondo con un patio interior. Entramos y la cajera, lo primero que nos dijo es: no hay luz, le explicamos que queríamos tomar un té y si no había electricidad, al menos, habría gas para poner una tetera y un tostador. Así fue y estuvimos largo rato conversando de cómo acotar la investigación y precisarla. Al pedir la cuenta, la misma señora, que nos había estado escuchando, nos invitó a ir hacia el fondo de este gran patio techado. Había allí una gigantografía sepia de Gabriela Mistral rodeada de gente firmando un libro y entonces nos dijo: miren, ustedes que han estado hablando de Gabriela Mistral, quiero que sepan que ahí mismo donde están, es donde ella estuvo en 1954 en su última visita a Chile. Fue sobrecogedor. Esa noche fue muy fructífera porque pudimos seleccionar los poemas sobre los cuales nos íbamos a centrar. Seguimos trabajando. Otro viaje a Monte Grande desde Vicuña. Roberto escribía y Germán dibujaba. Yo trataba de captar los colores del Elqui en la acuarela, mientras pensaba en la estructura general del escrito final. Por su parte, Micaela nos monitoreaba desde Santiago. Finalmente, ya en Santiago, al elaborar el texto mártir para discutir y redactar el informe final, Germán tuvo la genial idea de hacer este libro. Y nos dijo: miren este artículo de treinta páginas se publicará en una revista de nivel científico Q1, a la que accederán muy pocas personas. Por qué no tomamos solo una parte de la investigación y la convertimos en un libro que incluya el paisaje. Y así salió la maqueta del libro, lo que se ajustaba al proyecto y al presupuesto que teníamos. Ahora, cómo llegó este libro a manos del senador Ossandón, eso ya es cosa que podría relatar el senador Gahona. Esto no es mero anecdotario, expresa un modo de pensar que celebra el diálogo y la amistad, base del ejercicio académico universitario.

Casa de Gabriela Mistral en Montegrande, valle de Elqui, dibujo de Germán Hidalgo, febrero 2025.
Gabriela Mistral, mujer, maestra, cónsul y poeta, parece encontrar recién su lugar de honor en su patria esquiva. Las rondas de niños no son un asunto accidental ni su poética centrada en la niñez, la maternidad y la ternura. No es sentimentalismo, sino agudeza pedagógica y política del ojo del genio. Con sentido de maestra, puso al veinteañero Neruda a leer a los rusos y a Matta lo envió, con su pecunio, a Londres. Una gran mujer forjada dolorosamente en treinta años en Chile, el resto, hasta sus 68, ciudadana del mundo. Pero en su vagar, su lengua queda arraigada al Elqui. Lleva un cantar tejido con hebras bíblicas esenciales y con una fe que se deja traslucir en la certeza de la belleza. Cito:
Toda la belleza de la Tierra puede ser venda para tu herida. Dios la ha extendido delante de ti; así como un lienzo coloreado te ha extendido sus campos de primavera.
Son ternura de la tierra, palabras suyas de amor, las florecillas blancas y el guijarro de color; siéntelos de este modo. Toda la belleza es misericordia de Dios. 1
Lo mismo se contiene en el poema "Palabras serenas", lo que preludia la razón de cantar el sufrimiento:
La sed es larga, la cuesta es aviesa; pero en un lirio se enreda el mirar. 2
De este contraste nace la inquietud de indagar acerca de esta misteriosa paz interior que se deja sentir en Desolación, cuyo tono doloroso no conduce a un vacío existencial, sino a una certidumbre y a una esperanza atestiguada por la belleza:
Es esta perfección de la rosa madura, antes de que caiga el primer pétalo. Y es esta certidumbre divina de que la muerte es mentira. Sí, ahora comprendo a Dios. 3
Esta certeza se expresa "laicamente" en su "Credo":
Creo en mi corazón en que el gusano no ha de morder, pues mellará a la muerte; creo en mi corazón, el reclinado en el pecho de Dios terrible y fuerte.
La paz se declina de diversas maneras en numerosos versos de Desolación, como un alivio; como un anhelo transversal dentro de un profundo sufrimiento. Como Hamlet, que identifica el dormir con el morir, un poner fin que, sin embargo, no lleva al suicidio, como fueron los cercanos a Gabriela Mistral, el de Alfonsina Storni (1938) y el de Stefan Zweig (1942). Pues, aun en el morir queda el sentido de lo vivido:
¡hasta que te espolvoreen mis huesos sobre la cara! 4
Y el sentido que subyace al vivir, mueve a Gabriela Mistral al compromiso ético por la educación y a su extensa tarea pedagógica, con predilección a la esperanza de la infancia. A esa luz cabe releer las rondas. Afirma Gabriela Mistral en la dedicatoria del libro: "En estos cien poemas queda sangrando un pasado doloroso, en el cual la canción se ensangrentó para aliviarme". Breves palabras que aluden a la función del arte en el pensamiento de Gabriela Mistral, al cual dedica cuatro narraciones poéticas en esta obra 5 como fuerza transformadora, que constituye un manifiesto de su poética: "Una canción es una herida de amor que nos abrieron las cosas". En este sentido profundiza en "El arpa de Dios": "cuando canta Job, se conmueven las estrellas como una carne humana. Y Job escucha arrobado el río de su dolor vuelto hermosura..." 6 ; y en "La flor de cuatro pétalos":
Ahora es sólo una flor, una pequeña flor de cuatro pétalos. Uno se llama la Belleza, y otro el Amor, y están próximos; otro se llama el Dolor y el último la Misericordia. Así, uno a uno, fueron abriéndose, y la flor no tendrá ninguno más.
Tienen los pétalos en la base una gota de sangre, porque la belleza me fue dolorosa, porque fue mi amor pura tribulación y mi misericordia nació también de una herida. 7
También en "La venda", de "Lecturas espirituales" 8:
Toda la belleza de la Tierra puede ser venda para tu herida. Dios la ha extendido delante de ti; así como un lienzo coloreado te ha extendido sus campos de primavera.
Son ternura de la tierra, palabras suyas de amor, las florecillas blancas y el guijarro de color; siéntelos de este modo. Toda la belleza es misericordia de Dios.
Tú no sabes (en la química de Dios) por qué es necesaria el agua de las lágrimas. 9

Mausoleo de Gabriela Mistral en Montegrande, valle de Elqui, dibujo de Germán Hidalgo, febrero 2025.
En estos versos libres se contiene una clave importante para comprender, si no el tránsito, sí la presencia de la paz en el dolor: el misterio de la belleza. Si la paz no se pierde por completo, si la angustia no logra anegar del todo, es por la mediación de la certidumbre irrevocable de la belleza.
La paz se asocia al silencio. El Tañedor divino toca las cuerdas de su arpa incesantemente, que son "las entrañas de los hombres". Entrañas profundas, complejas, convulsas, que no conocen la paz. Hay un afán permanente en la imagen del arpista, "Tañedor ardiente", cuyo arte tiene como materia la interioridad de los seres humanos. La música refiere a armonía, a la belleza del sonido y sus acordes. Se producen distintos sonidos que dependen de las entrañas que se tocan: del sensual, del gozador, del avaro, del justo, del doloroso; especialmente en estas últimas, el Tañedor se tarda más. Hay ejemplos de estas entrañas en la Biblia: Caín, Booz y especialmente Job. "Y nunca calla el arpa; y nunca se cansa el Tañedor ni los cielos que escuchan". Todo está regido por este arte, pero también el dolor humano puede ensangrentar una cuerda en el cielo. Finalmente, hay una comprensión de esto que solo se da al místico, quien "de oír esta arpa rasgó sus heridas para dar más, para cantar infinitamente en los campos del cielo".
En esta prosa emerge una cierta respuesta al silencio divino presente en los poemas anteriores. Hay una música en el cielo que brota de las entrañas humanas; como sonidos independientes pueden sonar mal, y nuestra autora se permite brevísimamente una cacofonía ("nunca calla"), pero hay un arte mayor del Músico que "oye las almas que hizo" y reacciona sonriente o con lágrima, "cuando pasa de las áridas a las hermosas". Cabe la pregunta: ¿qué hace a un alma árida o hermosa? Se alude al canto de Job. El canto transfigura el dolor en belleza. Hay aquí una clave de esta poética dolorida, al hacerse canto se convierte en belleza sanadora y apaciguadora: "Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres" (Decálogo del artista, VII) 10. Esto abre a la íntima relación entre belleza y misericordia.
También Dios tiene ese recatado silencio, porque Él es el Pudoroso. Ha derramado sus criaturas y la belleza de las cosas por valles y colinas, calladamente, con menos rumor del que tiene la hierba al crecer. Vienen los amantes de las cosas, las miran, las palpan y se están embriagados, con la mejilla sobre sus rostros. ¡Y no lo nombran nunca! Él calla, calla siempre. Y sonríe... 11
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