Erich Fromm

Paidós

España, 2025

208 págs.


En el contexto del 125° aniversario del nacimiento de Erich Fromm (Frankfurt, Alemania, 1900 - Muralto, Suiza, 1980), se ha publicado el texto titulado ¿Amamos aún la vida? de la editorial Paidós. En él se recogen artículos sobre el amor a la vida en un contexto de muerte y aniquilación que, a pesar del tiempo transcurrido, nos siguen interpelando. La obra está editada por Rainer Funk, psicoanalista,filósofo y teólogo, quien fue asistente de Erich Fromm y custodio de su legado tras su muerte. Fromm se convirtió en uno de los pensadores más relevantes del siglo XX, cuyo pensamiento sobre el ser humano lo hace vigente hasta el día de hoy. Autor de libros que, a estas alturas, son clásicos, como El arte de amar, El miedo a la libertad o El arte de escuchar. Fromm, representante de la escuela de Frankfurt, desarrolló lo que se ha denominado una psicología humanista: un humanismo cultural que ha trascendido generaciones.

En la obra se presentan algunas cuestiones esenciales de la nueva existencia. Escrita en el siglo XX, nos permite comprender la realidad de hoy, en una vida acelerada en la que no nos detenemos a amar la vida. Sentirse vivo y amar la vida resultan cruciales en la realidad del ser humano y son dos ejes que atraviesan los temas abordados en los diferentes artículos. El autor explica cómo, producto de la nueva economía que surge en la década de 1950, lo que cuenta no es el ser, sino la representación. Luego reflexiona sobre un contexto político internacional cada vez más amenazante – tal como el nuestro–, cuando en 1960 las dos superpotencias de la época –Estados Unidos y la Unión Soviética– se encaminaban hacia una tercera guerra mundial. A Erich Fromm le sobrecoge la pasividad ante tanta muerte y aniquilación. Cita un pasaje que parece sacado de un texto escrito en nuestros días: “nos hemos vuelto tan insensibles que tomamos tranquilamente el desayuno mientras leemos en la prensa cómo se mata o mutila a hombres, mujeres y niños” (p. 29).

El texto nos recuerda que “la vida no es un medio para conseguir un fin, sino un fin en sí misma” (p. 35). Desde la década de 1950, nos hemos convertido en homo consumens, seres incapaces de saciar el deseo de consumir. Impera en la sociedad un relativismo ético, fruto de los vicios del siglo XX, como son el autoritarismo, la explotación, la falta de igualdad, la avaricia y el individualismo. Estos han producido tedio, neurosis y la sensación de que la vida carece de sentido. Fromm ya lo decía: “los problemas a los que nos enfrentamos hoy son tan graves como los que se planteaban hace cien años” (p. 53). La humanidad continúa repitiendo los mismos problemas: el odio a uno mismo, la envidia y odio hacia los demás, la destrucción del otro y el mal uso de la palabra “amor”, que ha dado lugar a amores sádicos y masoquistas.

Por otro lado, reflexiona sobre la creatividad como necesidad de ver y reaccionar frente a la realidad, alimentada por el asombro y la concentración. Hoy “todos andamos siempre muy atareados, pero no nos concentramos en nada” (p. 107). Junto con ello, llama a recuperar la fe en el sentido del emuná del Antiguo Testamento, entendida como certeza. A una sociedad de muerte –como la que denunciaba el Papa Francisco–, Fromm la llamó necrofilia: una sensación de destructividad y odio a la vida presente en el ser humano, marcada, además, por un profundo sentimiento de impotencia.

En conclusión, la obra de Erich Fromm es una invitación a abstraernos de los quehaceres cotidianos en que estamos tan concentrados y preguntarnos: “¿Cuál es el sentido de la vida? ¿En qué creo? ¿Cuáles son mis valores? ¿Quién soy yo?” (p. 155). Hoy, cuando el avance de la revolución digital parece incontrolable e ilimitada, el texto nos permite plantearnos preguntas tan urgentes como cotidianas y mínimas: ¿quién soy yo sin mi teléfono celular y mis redes sociales?

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