Con una serie de diálogos que giraron en torno al mundo del trabajo a 130 años de la encíclica Rerum Novarum, se realizó la Semana Teológico Pastoral organizada por el Arzobispado de Santiago entre el 20 y 23 de julio. “A San José le vamos a encomendar esta semana pidiéndole especialmente por nuestros trabajadores y para que todas las personas tengan un trabajo justo y adecuado para así colaborar, cocrear, con el Señor y por supuesto contribuir al bien común”, fueron las palabras del obispo y vicario para la Pastoral, monseñor Carlos Godoy para dar inició a la Semana. 

En la primera jornada de este importante encuentro de formación se abordó la realidad del trabajo en el Chile de hoy, desde la óptica internacional y de la Doctrina Social de la Iglesia. Patricia Roa, Oficial de Programación de la OIT, expuso los principales problemas y desafíos para tener trabajo decente en una sociedad con nuevos avances tecnológicos y en medio de una pandemia mundial.

En el segundo día, se reflexionó sobre ciertos valores que impactan en el mundo laboral de hoy. Cecilia Aguayo, trabajadora social, doctora en filosofía y académica de la Escuela de Trabajo Social de la Pontifica Universidad Católica de Chile, desde su experiencia, precisó que la dignidad intrínseca del ser humano, dada por la condición de ser hijos e hijas de Dios, debe estar presente en todas las esferas del trabajo.

La idea en torno al bien común y el valor del trabajo para superar problemas actuales fue planteada en la tercera jornada, en la que participó Javier Pinto, académico de la Universidad de Los Andes, Doctor de la Universidad de Navarra en Gobierno de Organizaciones y Magíster en Organización de Personas de la Universidad Católica.

En la jornada de clausura, Fernando Contreras, psicólogo, académico y director del Área Psicología Laboral Organizacional en la Universidad Alberto Hurtado, dio pistas para comprender en qué consisten las nuevas formas de trabajo en la actualidad y cómo ha cambiado el concepto de trabajo en la sociedad.

Presentamos a continuación lo más destacado de cada día.

El trabajo decente es fuente de dignidad, de paz y cohesión

La presentación de Patricia Roa comenzó con un marco conceptual sobre la OIT, continuó con un diagnóstico de las transformaciones en el mundo del trabajo y terminó con un análisis de los efectos del Covid-19.

La abogada valoró la instancia de diálogo y sostuvo la importancia de hablar sobre los cambios a los que se enfrentan las sociedades, que se han visto obligadas a transitar del trabajo presencial al teletrabajo. Lo digital, expresó, hace correr el riesgo de aumentar la desigualdad, entre quienes pueden o no estar conectados.

A esto, se le sumó un factor que los expertos no vaticinaron, sostuvo, que es la pandemia del Covid-19 que ha causado efectos devastadores. Para ejemplificar, la abogada, usó los datos de la última encuesta Casen y dijo:

“Se duplicó la extrema pobreza y la desigualdad. La diferencia entre el primer decil y el último en 2017 era 40 veces, ahora en 2020 es 400 veces. Son cifras muy desoladoras (…) Todos aquellos colectivos que se veían afectados en nuestro mundo laboral han sido doblemente impactados por el Covid-19”.

Al finalizar la experta reflexionó: 

Para nosotros el ‘Trabajo Decente’ es fuente de dignidad personal, pero también bienestar para las familias, paz para la comunidad, y un pilar de la cohesión social democrática de los países. Trabajamos más de lo que vivimos en esparcimiento, descansando y en sueño, pero nos cuesta hablar del trabajo, entonces, quisiera agradecer este espacio bajo la impronta de un trabajador insigne como san José. Agradecer el reunirnos para que trabajadores y trabajadoras, en conjunto, podamos reflexionar de esta dimensión de la vida humana, que algunos creemos, que es este rol cocreador de la humanidad que habitamos.

El padre Ildefonso Camacho SJ, experto en Doctrina Social de la Iglesia, desde Granada España acompañó a la audiencia durante toda la semana con sus interpretaciones al tema del trabajo desde lo que dice el Evangelio y el pensamiento social.

En esta primera jornada, su presentación se tituló “La Palabra de Dios ilumina el sentido del trabajo humano”, y comenzó con la pregunta abierta de ¿qué entendemos cuando decimos trabajo? Para ello se refirió a dos concepciones interpretadas desde el Antiguo Testamento, que llevan a ideas muy diferentes entre sí. Por un lado, el “trabajo como castigo” y por otro “como colaboración con la obra creadora de Dios”.

Desde ahí abordó el trabajo desde una visión desapegada de las escrituras y luego volviendo a la Biblia. Para el sacerdote lo central, sostuvo, es hacerse preguntas. Y así, volvió a interpelar a la audiencia, a quienes invitó a preguntar por el significado de Dios en sus vidas, más allá de lo doctrinal:

Lo que está aquí en cuestión es qué idea tenemos de Dios”, sostuvo. Y agregó: “Cada día estoy más convencido de que en la vida de la Iglesia, que se quiere hacer presente en una sociedad que es tan laica, el que nosotros profundicemos en la experiencia que tenemos de Dios va a ser la mayor fuente de fecundidad, para que desde esa experiencia de Dios nos situemos de una determinada manera en el mundo, con todos los problemas que tiene, incluido los laborales.

Aspirar al respeto y la dignidad humana para todos los trabajadores

José Manuel Borgoño, delegado de la Vicaría para la Familia, inició la segunda jornada de la Semana Teológico Pastoral, recordando los valores esenciales para todo trabajador: “La tarea de nosotros como humanidad, es hacer del trabajo una acción digna y con un objeto digno de su condición que tenemos al ser imagen y semejanza de Dios. El amor es una tarea de todos, aunque con diversas responsabilidades. Pidamos al Espíritu Santo que siempre nos asista en esta tarea que Dios nos ha asignado”.

Cecilia Aguayo inició su ponencia advirtiendo que “el mundo laboral no es algo que improvisamos hoy con todos los cambios tecnológicos que se están viviendo, sino que hay una historia país, hay una historia de nosotros como cristianos que van albergando las historias laborales” y reglón seguido, recordó la trascendencia del obispo Enrique Alvear en su formación: “Él me enseñó siendo una alumna de Trabajo Social, a internarnos con esas personas que no tenían donde vivir, donde la represión era muy fuerte. Con él aprendí la educación popular, la educación social y a partir de eso, fue mi primera inspiración para poder trabajar en universidades”.

Para la académica de la Escuela de Trabajo Social de la Pontifica Universidad Católica de Chile, el trabajo no solo es un salario justo, sino que también tienen que ver con la calidad de vida de las personas: “Todo el proceso de respuesta social en torno a la dignidad y el respeto, pasa por las instituciones. Un ejemplo claro tiene que ver con que el derecho del niño está por sobre cualquier problema, pero también necesitan un derecho de la familia. Los impactos de nuestras intervenciones son de una profundidad ética y moral inmensa”.

Sobre el valor de la ética en el mundo laboral, expresó que tiene que ver con un saber práctico que nos ayuda a tomar decisiones prudentes y acordes: “Es un saber en el que nos congregamos a colaborar y crear el Reino de Dios. Nos interpela a tomar una decisión justa, universal, tratando de llegar al respeto de los derechos humanos. Todos debemos trabajar desde el amor, porque el amor es vital en el trabajo, pero cuando no hay amor –que se da en la familia y en los padres– aparece el menosprecio que se expresa con violencia”.

Respecto de la dificultad que genera en las esferas laborales las pugnas éticas y morales, Cecilia Aguayo relevó la figura de Cristo para darle una salida cristiana: “Dios nos llama a ser su colaborador del universo. Cristo es un hombre de trabajo, aquel que siendo Dios se hizo semejante a nosotros en todo. Dedicó la mayor parte de sus años a su vida terrenal, al mundo manual junto al banco de carpintero. Esta circunstancia constituye el más elocuente evangelio del trabajo”.

Al cierre de su ponencia, desglosó algunos elementos que en la actualidad forman parte de estos dilemas como son las políticas sociales, la migración, la autodeterminación y la sobreinstitucionalización, entre otros.

En su segunda intervención de la semana, el padre Ildefonso Camacho SJ, hizo hincapié en la dignidad de la persona y del trabajo. Allí, sostuvo que la DSI no puede reducirse a un cuerpo cerrado de doctrina de valor atemporal, sino que nace y se desarrolla en un contexto histórico y geográfico concreto, como respuesta a los problemas que se plantean a la Iglesia y a la sociedad. “Es un proceso abierto de reflexión y de acción, guiado por la sensibilidad evangélica e iluminado por la tradición de la Iglesia, que tiene por objeto los principales problemas de nuestra sociedad”.

Luego, precisando en que la DSI tiene sus orígenes a fines del siglo XIX con los procesos de industrialización, el capitalismo, el liberalismo y el estado de derecho, dijo que “hay que entenderla desde lo que significó el Concilio Vaticano II, pues marcó un antes y un después en el desarrollo y reflexión que hace la Iglesia a partir de los problemas de la sociedad y los cristianos que están inmersos en ella. La DSI es un pensamiento expresado en documentos oficiales de la Iglesia, pero que refleja la vida de los creyentes y su compromiso social”, advirtiendo que no es la última palabra, “sino que debemos seguir evolucionando y reflexionando. Es una tradición viva que exige un compromiso permanente”.

Por último, se enfocó en tres tesis que sustentan su propuesta sobre la DSI y el trabajo humano: Rerum Novarum de León XIII en 1891, como cuestión social y el punto de partida de la preocupación por los trabajadores industriales. Luego, Laborem exercens de Juan Pablo II en 1981, donde destacó la labor del pontífice en sostener que todos los problemas sociales hay que interpretarlos desde la clave del trabajo humano, y Caritas in veritate de Benedicto XVI del año 2009, proceso que se articula sobre el desarrollo humano integral, basado en la caridad y en la verdad.

Más que cambiar estructuras, cambiar el corazón de las personas

El académico Javier Pinto se confesó muy devoto de san José, que consideró como “figura fundamental en la Iglesia”, patrono de los trabajadores. Abordó el tema de la ética empresarial –que ha aparecido en la Doctrina Social de la Iglesia– desde la mirada de académicos católicos, y planteó los dos grandes problemas que enfrentaron tanto santo Tomás de Aquino, como el Papa León XIII en la primera encíclica social, Rerum Novarum, y hoy el magisterio actual de la DSI.

Aseguró que el liberalismo o individualismo no es consistente con la DSI y pierde el norte cuando no considera el principio del bien común, que profesa la Iglesia, “y eso para nosotros es un problema muy grueso”. La ética empresarial basada en el pensamiento social de la Iglesia implica la reincorporación del bien común dentro de la empresa, sin el cual el tema ético no está resuelto, enfatizó.

En cuanto al marxismo o colectivismo, el académico sostuvo que Karl Marx tiene algunas ideas que son contrarias a la DSI, como una concepción del trabajo que es negativa, que busca liberarse de él, cuando para los cristianos el trabajo es muy positivo, es un mandato divino, un ámbito de santificación y una forma de participar en la obra creadora de Dios. Al respecto, citó la encíclica Laborem exercens, del Papa Juan Pablo II (1981), que plantea que el trabajo implica participación en la empresa, de manera que el trabajador quiera buenos resultados para la empresa, que pueda aportar ideas, colaborar en la toma de decisiones y quiera su trabajo. Esta es la forma, dijo, de que la gente valore su trabajo.

Señaló luego que hay sistemas que roban a los trabajadores y son estructuras de pecado, pero que la solución no pasa por un cambio de sistema, sino por un cambio de las personas que integran ese sistema, una conversión de corazón. Porque un empresario que sea un buen católico va a aplicar la DSI y buscar lo mejor para sus trabajadores, explicó. Agregó que celebra que las empresas ganen plata, porque es bueno que tengan rentabilidad, “el problema es cuando se han ganado esa rentabilidad a costa de trabajos mal pagados”.

La tercera intervención del padre Ildefonso Camacho SJ, se refirió a los derechos del trabajador en la Doctrina Social de la Iglesia. Abordó los temas del marco de la historia en el reconocimiento de los Derechos Humanos; el lugar de la Iglesia en esta historia; el derecho al trabajo y los derechos vinculados al trabajo. En el primer punto, citó la constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, que señala: “El principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana”.

En cuanto a la postura de la Iglesia, indicó que “hay que entenderla desde su confrontación con el mundo moderno y sus nuevas ideas, sobre todo, las ideas liberales”. Respecto del derecho al trabajo, está relacionado con la forma de realizarlo: “retribución, jornada del trabajo, descanso, exigencias del espacio físico y conciliación con la vida familiar”, entre otros aspectos.

En otro momento de su intervención, el religioso señaló que hay personas que “aunque tienen un contrato de trabajo, con la retribución que tienen, acordada en un contrato teóricamente libre, no tienen posibilidad de superar el umbral de la pobreza”. Estas situaciones están reconocidas y son materia de reivindicaciones, afirmó, de adecuar las legislaciones de los países para hacer que los derechos teóricamente reconocidos se respeten.

El mundo de hoy

La jornada de cierre, comenzó con la exposición del académico Fernando Contreras, quien, tomando como base un gráfico sobre las horas de trabajo que realiza nuestro país, versus la producción que se genera, sostuvo que es muy importante humanizar el trabajo y mejorar la productividad: “Humanizar significa cumplir con estándares de trabajo decente, jornadas, salarios y derechos laborales. Aún con estándares, un trabajo monótono excesivamente, simplificado, riesgoso, sin logros notorios, fallará en su propósito de permitir que trabajar sea una actividad intrínsecamente valiosa”.

Sobre la realidad de una nueva revolución industrial, analizó que las ciudades en que vivimos, los trabajos que hemos realizado, la cultura que compartimos, nuestra forma de socializar y de consumo, tiene la forma que le dio la sociedad industrial del siglo XX y eso está cambiando: “La llegada de Internet, la globalización, la transformación digital, la sustitución de trabajos intelectuales, son parte de una tercera y cuarta revolución industrial, es decir, están pasando cosas y están transformando los lugares de trabajo”.

El experto cerró su ponencia detallando algunos efectos que nos debieran interesar como el impacto de la tecnología, las nuevas actividades humanas y cómo la tecnología afecta el empleo: “Siendo un fenómeno nuevo, el trabajo en plataformas es sorprendentemente similar en su informalidad a la historia de nuestra región. La promoción de un futuro con derechos laborales supone aplicar la legislación existente y promover la sindicalización (…) Hoy la gente no quiere instituciones y las reemplaza por plataformas”, concluyó Fernando Contreras.

En esta última ponencia el padre Ildefonso Camacho SJ, reflexionó a la luz de las encíclicas del Papa Francisco y sus aportaciones, pero antes recordó a los asistentes “que la DSI podría definirse como un proceso abierto de reflexión y de acción guiado por la sensibilidad evangélica, e iluminado por documentos oficiales de la Iglesia, pero que refleja la vida de los creyentes y su compromiso social”.

El sacerdote jesuita, repasó las tres encíclicas del actual pontífice y esbozo un análisis en relación con el mundo laboral.

Añade sobre la encíclica Evangelii Gaudium: “La transformación misionera de la Iglesia debe ser de una en salida y que frente una economía que excluye, sea una tarea evangelizadora la inclusión social de los pobres. Esto implica educación acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo porque en el trabajo el ser humano expresa la dignidad de su vida”.

Con relación a Laudato si’, expresó: “El trabajo debería ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, donde se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección, el desarrollo de capacidades, los valores. Por eso en la actual realidad social mundial, es necesario que se siga buscando priorizar el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos”.

Por último, de Fratelli tutti, dijo: “La fraternidad no es solo el resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad, no bastan para que ya surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad”.

Todas las ponencias están disponibles en www.iglesiadesantiago.cl.


Fuente: iglesiadesantiago.cl

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