En una carta enviada al Papa Francisco con fecha 21 de mayo, el cardenal Reinhard Marx habla de "fallos a nivel personal" y de "errores administrativos", pero también de "un fracaso institucional y sistemático" sobre la crisis de los abusos en Alemania, y anuncia su dimisión como arzobispo de Múnich y Frisinga. Un comunicado de la archidiócesis alemana, difundido de manera online en su sitio web oficial, informa que el Papa habría autorizado la publicación de la misiva, que pasó a conocimiento público el 4 de junio. "El Papa Francisco", dice el comunicado, "informó al cardenal Marx que esta carta ya podía ser publicada y que el cardenal continuaría su servicio episcopal hasta que se tomara una decisión", decisión que se ha conocido este 10 de junio: la renuncia no fue aceptada.

Respuesta del Santo Padre

“Querido hermano,

Ante todo, gracias por tu coraje. Es un coraje cristiano que no teme la cruz, no teme anonadarse delante la tremenda realidad del pecado. Así lo hizo el Señor (Fil 2. 5-8). Es una gracia que el Señor te ha dado y veo que vos la querés asumir y custodiar para que dé fruto. Gracias.

Me decís que estás atravesando un momento de crisis, y no sólo vos sino también la Iglesia en Alemania lo está viviendo. Toda la Iglesia está en crisis a causa del asunto de los abusos; más aún, la Iglesia hoy no puede dar un paso adelante sin asumir esta crisis. La política del avestruz no lleva a nada, y la crisis tiene que ser asumida desde nuestra fe pascual. Los sociologismos, los psicologismos, no sirven. Asumir la crisis, personal y comunitariamente, es el único camino fecundo porque de una crisis no se sale solo sino en comunidad y además debemos tener en cuenta que de una crisis se sale o mejor o peor, pero nunca igual [1].

Me decís que desde el año pasado venís reflexionando: te pusiste en camino, buscando la voluntad de Dios con la decisión de aceptarla fuese cual fuese.

Estoy de acuerdo contigo en calificar de catástrofe la triste historia de los abusos sexuales y el modo de enfrentarlo que tomó la Iglesia hasta hace poco tiempo. Caer en la cuenta de esta hipocresía en el modo de vivir la fe es una gracia, es un primer paso que debemos dar. Tenemos que hacernos cargo de la historia, tanto personal como comunitariamente. No se puede permanecer indiferente delante de este crimen. Asumirlo supone ponerse en crisis.

No todos quieren aceptar esta realidad, pero es el único camino, porque hacer “propósitos” de cambio de vida sin “poner la carne sobre el asador” no conduce a nada. Las realidades personales, sociales e históricas son concretas y no deben asumirse con ideas; porque las ideas se discuten (y está bien que así sea) pero la realidad debe ser siempre asumida y discernida. Es verdad que las situaciones históricas han de ser interpretadas con la hermenéutica de la época en que sucedieron, pero esto no nos exime de hacernos cargo y asumirlas como historia del “pecado que nos asedia”. Por tanto, a mi juicio, cada Obispo de la Iglesia debe asumirlo y preguntarse ¿qué debo hacer delante de esta catástrofe?

El “mea culpa” delante a tantos errores históricos del pasado lo hemos hecho más de una vez ante muchas situaciones, aunque personalmente no hayamos participado en esa coyuntura histórica. Y esta misma actitud es la que se nos pide hoy. Se nos pide una reforma, que – en este caso – no consiste en palabras sino en actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia. Y toda reforma comienza por sí mismo. La reforma en la Iglesia la han hecho hombres y mujeres que no tuvieron miedo de entrar en crisis y dejarse reformar a sí mismos por el Señor. Es el único camino, de lo contrario no seremos más que “ideólogos de reformas” que no ponen en juego la propia carne.

El Señor no aceptó nunca hacer “la reforma”(permítaseme la expresión) ni con el proyecto fariseo o el saduceo o el zelote o el esenio. Sino que la hizo con su vida, con su historia, con su carne en la cruz. Y este es el camino, el que vos mismo, querido hermano, asumís al presentar la renuncia. 

Bien decís en tu carta que a nada nos lleva sepultar el pasado. Los silencios, las omisiones, el dar demasiado peso al prestigio de las Instituciones sólo conducen al fracaso personal e histórico, y nos llevan a vivir con el peso de “tener esqueletos en el armario”, como reza el dicho.

Es urgente “ventilar” esta realidad de los abusos y de cómo procedió la Iglesia, y dejar que el Espíritu nos conduzca al desierto de la desolación, a la cruz y a la resurrección. Es camino del Espíritu el que hemos de seguir, y el punto de partida es la confesión humilde: nos hemos equivocado, hemos pecado. No nos salvarán las encuestas ni el poder de las instituciones. No nos salvará el prestigio de nuestra Iglesia que tiende a disimular sus pecados; no nos salvará ni el poder del dinero ni la opinión de los medios (tantas veces somos demasiado dependientes de ellos). Nos salvará abrir la puerta al Único que puede hacerlo y confesar nuestra desnudez: “he pecado”, “hemos pecado”… y llorar, y balbucear como podamos aquel “apártate de mí que soy un pecador”, herencia que el primer Papa dejó a los Papas y a los Obispos de la Iglesia. Y entonces sentiremos esa vergüenza sanadora que abre las puertas a la compasión y ternura del Señor que siempre nos está cercana. Como Iglesia debemos pedir la gracia de la vergüenza, y que el Señor nos salve de ser la prostituta desvergonzada de Ezequiel 16.

Me gusta como terminas la carta: “Continuaré con gusto a ser sacerdote y obispo de esta Iglesia y continuaré a empeñarme a nivel pastoral siempre y cuando lo retenga sensato y oportuno. Quisiera dedicar los años futuros de mi servicio en modo más intenso a la cura pastoral y empeñarme por una renovación espiritual de la Iglesia, como Usted incansablemente lo pide”.

Y esta es mi respuesta, querido hermano. Continúa como lo propones, pero como arzobispo de Múnich y Frisinga. Y si te viene la tentación de pensar que, al confirmar tu misión y al no aceptar tu dimisión, este Obispo de Roma (hermano tuyo que te quiere) no te comprende, pensá en lo que sintió Pedro delante del Señor cuando, a su modo, le presentó la renuncia: “apártate de mí que soy un pecador”, y escuchá la respuesta: “pastorea a mis ovejas”.

Con fraterno afecto.

Francisco 

Nota

[1] Existe el peligro de no aceptar la crisis y refugiarse en los conflictos, actitud que termina por asfixiar e impedir toda posible transformación. Porque la crisis posee un germen de esperanza, el conflicto –por el contrario– de desesperación; la crisis involucra… el conflicto –en cambio– nos enreda y provoca la actitud aséptica de Pilato: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes» (Mt. 27, 24)… que tanto mal nos ha hecho y nos hace.

¿Qué planteó el Cardenal Marx en su carta de renuncia?

En la carta de renuncia, el cardenal, hasta 2020 presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, parte de la situación de crisis que atraviesa la Iglesia alemana: una crisis, dice, "causada también por nuestro fracaso personal, por nuestra propia culpa": "Me parece –y es mi impresión– que hemos llegado a un 'callejón sin salida' que, sin embargo, podría convertirse también en un punto de inflexión según mi esperanza pascual".

Marx explica que tomó la decisión de dimitir hace aproximadamente un año. En la declaración que acompaña al comunicado, entra en más detalles: "En los últimos meses he reflexionado repetidamente sobre la posible dimisión, me he cuestionado a mí mismo y en la oración he tratado de encontrar en el diálogo espiritual, a través del discernimiento espiritual, la decisión correcta para tomar." Asimismo, el purpurado explica al Papa: "Básicamente, para mí se trata de asumir la corresponsabilidad en relación con la catástrofe de los abusos sexuales perpetrados por representantes de la Iglesia en las últimas décadas".

Fue precisamente el cardenal quien, en los últimos meses, se dirigió al estudio Westpfahl Spilker Wastl –el mismo al que se le encargó la primera investigación de casos de pederastia en la archidiócesis de Colonia– para que elaborara un informe sobre los abusos en la Iglesia de Múnich y Freising, asegurando que no intervendría para influir en los resultados finales.

El año pasado, Marx creó en su diócesis la fundación de utilidad pública "Spes et Salus", encargada de ofrecer "curación y reconciliación" a todas las víctimas de la violencia sexual. El cardenal había decidido donar la mayor parte de su patrimonio privado a la fundación.

Errores personales y administrativos

En la carta al Pontífice Marx se refiere a las "investigaciones" y "dictámenes de expertos" de los últimos diez años que, subraya, "me demuestran constantemente que ha habido tanto fallos a nivel personal como errores administrativos, pero también un fallo institucional y sistemático." El purpurado también examina las polémicas y discusiones más recientes que, en su opinión, demuestran que "algunos en la Iglesia no quieren aceptar este aspecto de la corresponsabilidad y con ello la culpabilidad concomitante de la Institución". En consecuencia, "adoptan una actitud hostil hacia cualquier diálogo de reforma y renovación en relación con la crisis de los abusos sexuales."

Según el cardenal, "hay dos elementos que no se pueden perder de vista: los errores atribuibles a los individuos y los fallos institucionales que plantean a la Iglesia el reto del cambio y la reforma". Un "punto de inflexión" para salir de la crisis podría ser, según el arzobispo, "solo el de la 'vía sinodal', una vía que permita realmente el discernimiento de espíritus".

La estima hacia los obispos ha disminuido

El cardenal echa la vista atrás a sus 42 años como sacerdote y 25 como obispo, veinte de ellos como ordinario de una gran diócesis, y a la luz de esta larga experiencia dice ser consciente con dolor "de lo mucho que ha decaído la estima por los obispos en la percepción eclesiástica y secular, de hecho, probablemente ha alcanzado su punto más bajo".

Desde su perspectiva, "no basta con asumir la responsabilidad y reaccionar solo cuando, sobre la base de diversa documentación, es posible identificar al responsable individual con sus errores y omisiones; es necesario, más bien, aclarar que nosotros, como obispos, asumimos la responsabilidad también por la Iglesia en su conjunto”.

El purpurado añade que tampoco hay que "limitarse a vincular las irregularidades esencialmente al pasado y a los autores de la época, y así enterrarlas".

Al respecto, Marx dice sentirse personalmente "culpable y corresponsable también por el silencio, las omisiones y por el excesivo peso que se da a la imagen de la institución".

"Solo después de 2002 –y de forma más sostenida desde 2010– se identificó a los autores de los abusos sexuales, y este cambio de perspectiva aún no ha terminado", afirma. "El hecho de que hayamos descuidado e ignorado a las víctimas es seguramente nuestra mayor culpa del pasado".

Una señal para empezar de nuevo

"Hemos fracasado", reitera el cardenal Marx, explicando que de ese "nosotros" del que habla, él mismo forma parte. Por eso dimite, como "posibilidad de expresar mi voluntad de asumir responsabilidades", y también como "señal personal para nuevos comienzos, para un nuevo reinicio de la Iglesia y no solo en Alemania".

"Quiero mostrar que no es la asignación lo que está en primer plano, sino la misión del Evangelio. También esto forma parte de la pastoral", concluyó, asegurando que seguirá "con gusto" siendo sacerdote y obispo y comprometiéndose a nivel pastoral "siempre y en todas las circunstancias", y más aún, intensificando el trabajo para una renovación espiritual de la Iglesia.

(* La carta del cardenal Marx al Santo Padre del 21 de mayo de 2021 y su declaración personal se pueden descargar aquí como PDF, en alemán, inglés e italiano). 

El cardenal Reinhard Marx permanece en su cargo y recoge el desafío

En una carta personal al cardenal publicada en Roma el 10 de junio, el Papa Francisco rechazó la renuncia que había ofrecido Marx en su carta del 21 de mayo. El cardenal Reinhard Marx explica sobre la carta del Papa Francisco:

“La respuesta del Santo Padre me sorprendió. No esperaba que reaccionara tan rápido y tampoco esperaba su decisión de continuar mi servicio como arzobispo de Múnich y Frisinga. Me conmueven los detalles y el tono muy fraternal de su carta y siento lo mucho que comprende y ha aceptado mi pedido. En obediencia acepto su decisión como le prometí.

Para mí y nuestro trabajo conjunto en la Arquidiócesis de Múnich y Frisinga, esto también significa considerar qué nuevos caminos podemos seguir, también frente a una historia de varios fracasos, para proclamar y dar testimonio del Evangelio. El obispo no está solo en esto y en las próximas semanas estaré pensando en cómo juntos podemos contribuir aún más a la renovación de la iglesia aquí en nuestra arquidiócesis y en su conjunto; porque el Papa recoge mucho de lo que le mencioné en mi carta y nos da importantes impulsos. Lo que también subrayé en mi declaración sigue siendo: que tengo que asumir la responsabilidad personal y también una "responsabilidad institucional", especialmente en vista de los afectados, cuya perspectiva debe incluirse aún más de cerca.

Tomo la decisión del Papa como un gran desafío. Después de eso, simplemente volver a la agenda no puede ser el camino para mí y tampoco para la Arquidiócesis.” 


Fuente: Vatican News y Arquidiócesis de Múnich y Frisinga

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