“Tal vez, entre las tantas preguntas que surgen, podamos integrar esta circunstancia social y hacernos parte del Pacto Global para la Educación. Es tan concreto como preguntarnos: ¿qué puedo y qué debo hacer?, ¿qué me corresponde hacer hoy, para enfrentar el futuro?”

"Es hora de mirar hacia adelante con valentía y esperanza. Que nos sostenga la convicción de que en la educación se encuentra la semilla de la esperanza: una esperanza de paz y de justicia. Una esperanza de belleza, de bondad; una esperanza de armonía social", afirmó el Santo Padre en un video mensaje publicado el jueves 15 de octubre, durante un encuentro llevado a cabo en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma cuyo tema fue el Pacto Educativo Global.

Las siete ideas presentadas en el recuadro son claves del pacto Educativo Global convocado el 2019 —que debió haber tenido lugar el pasado 15 de mayo—, y que nos obliga a repensar el significado y la urgencia de poner en marcha este proceso presentado como un verdadero camino para recomponer una mirada integral de la educación a nivel mundial.

El día de la fiesta de Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia, en un video-mensaje, el Papa Francisco lanzó las ideas centrales de este pacto, proponiendo a todos los países que se preparen para la gran ceremonia presencial, que se realizará cuando las circunstancias sean favorables.

El sueño de Chile del Cardenal Silva: un punto de partida

Se trata de una propuesta muy estimulante también para nuestro país, y con eso, una oportunidad para rescatar el compromiso de hacer realidad el Sueño de Chile del Cardenal Raúl Silva Henríquez (expresado en noviembre de 1991), de construir un camino común que requiere la unidad de los importantes sectores de la sociedad chilena, justamente cuando se acerca la etapa para dar vida a una Constitución que sea expresión de una realidad que cambia y exige dar centralidad a la dignidad de toda persona humana, al trabajo, a la justicia, a la convivencia pacífica; estimulos de una economía con el sabor a mayores oportunidades de buenos empleos y de iniciativas también personales para jóvenes emprendedores.

La templanza que se impone a las adversidades

Las bases armónicas para una sana convivencia se pueden pensar con pequeños pactos cotidianos y, desde ahí, hacia la colaboración y búsqueda de horizontes de inclusión de todos los sectores de la sociedad. La idea que tenemos de “ser constructores de la sociedad’’, que a menudo ha circulado también en nuestros ambientes de la intelectualidad católica, exige abrirse continuamente a los sectores más postergados y rezagados, más allá de algunas expresiones de asistencialismo. Hoy se nos exige a todos un trabajo en red y colaborativo, de integración, donde los sectores más acomodados —no solo materialmente, sino cultural e intelectualmente— puedan aportar con un compromiso constante de apertura. No hay economía que resista las circunstancias actuales, no hay un tipo de racionalidad que se sostenga sin la riqueza humana forjada por todos, con el sacrificio y la templanza en medio de adversidades, no solo las dificultades recientes, como son las que está provocando esta pandemia, sino las adversidades constantes que nos presenta la vida.

Sin populismos y sin integrismos

Hay fermentos significativos, desde variadas aristas sociales, que invocan la vitalidad y energía del mundo católico para dejar de lado cualquier forma de integrismo, sea en lo religioso como en la cultural y, asimismo, cualquier tendencia de reducir el mensaje del Evangelio separándolo de los cambios sociales. Por otro lado, también hay tendencias de la cultura, crecientemente laicista, a proclamar formas y promesas de populismo que son carentes de aciertos de continuidad y de permanencia en el tiempo, cuando ciertos programas de cambios sociopolíticos solo se proclaman desde una trinchera exclusiva y excluyentemente política, cuyas visiones del ser humano y de la sociedad no se perciben enfocadas al bien común global.

Un pacto para vencer el desaliento

Como expresiones de ambientes cristiano-católicos, convencidos de la complejidad de los problemas que se viven, lo primero que se debe proyectar como pacto, es mantenerse lejos del desaliento y la desesperanza, más bien, buscando, con diversos grados de confianza caminos para compartir posiciones y puentes de integración a partir de aquellos sectores de la cultura que viven la misma inquietud de paz y de justicia. La cultura cristiana, para acoger estas inquietudes, debe despojarse con humildad de la convicción de tener en sus manos verdades y soluciones como si fuesen objetos. En otras palabras, hay que poner en marcha aquel elemento primordial de cualquier forma de diálogo, que incluye, además, una escucha activa y estar al servicio de la verdad que acontence en esta historia.

Una nueva cultura nace sobre la centralidad de las personas, instancia que, bien cultivada, se transforma en proyectos de vida. La educación es el instrumento que reúne la fuerza para favorecer el florecimiento de proyectos de vida. Un derecho, al que 250 millones de niños en el mundo aún no pueden acceder. La educación ausente es un derecho negado que, por lo general, se asocia también a la falta de una sonrisa en el rostro de tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Las mismas familias también corren el riesgo de no poder enseñarles estas expresiones vitales, por las muchas y variadas dificultades que atraviesan. La preocupación por la sobrevivencia, muchas veces, opaca el trayecto tan necesario y existencial de los anhelos y sueños que emergen en cada persona, desde la misma infancia.

¿Qué debemos hacer nosotros?

La pandemia en curso ha reducido la circulación de muchos de nosotros, y de muchos bienes esenciales también, lo que nos ha llevado a pensar y meditar. Tal vez, entre las tantas preguntas que surgen, podamos integrar esta circunstancia social y hacernos parte del Pacto Global para la Educación. Es tan concreto como preguntarnos: ¿qué puedo y qué debo hacer?, ¿qué me corresponde hacer hoy, para enfrentar el futuro?
La leche y la miel eran signos de la abundancia en tiempos pasados. Ambas se producen fructíferamente cuando están las condiciones necesarias para ello. Alimento, movilidad, buen aire y polen facilitan las fecundaciones, lo que finalmente se traduce en valor energético para la propia bio-diversidad. Es necesario que ya no pensamos tanto en un “yo”, si no en un nosotros, integralmente, que nos permita enfrentar los desafios para generar condiciones de posibilidad de fecundidad.

Una pedagogía para la diversidad y la unidad

El libro del Deuteronomio tiene mucho que enseñarnos como parte del proceso de la historia de la Salvación. Para este camino se requiere unidad en la diversidad y gozar de los bienes de la tierra, que en aquel entonces eran la leche y la miel en abundancia y las especies con las cuales se aprenden a resaltar los sabores de los productos de la tierra. Para esto, hizo falta también una educación y una pedagogía. Hoy, los bienes son muchos más, pero se convierten en escasos cuando no se tienen las habilidades para crear fraternidad y corresponsabilidad humana. Esta es una de las tareas de la Educación con toda su diversidad, y no termina de cumplir su función hasta que el último niño, niña, adolescente y joven tenga la leche y la miel necesaria para sustentarse y las herramientas adecuadas para que en su rostro nazca o vuelva la sonrisa, y en sus manos estén esas condiciones de posibilidad para desarrollar sus habilidades. Solo la Educación podrá combinar las claves de una nueva armonía del universo, una nueva relacionalidad, que nos exigirán fortaleza para salir adelante luego de las lamentables huellas que dejará esta pandemia. Aún más, con los avances de la tecnología —que da mayor posibilidad para tener oportunidades-, se asociará también un mayor costo para acceder a los medios avanzados. Estos requieren redoblar el esfuerzo de la política pública y de los que tienen más, para facilitar los medios necesarios y, sobre todo, para favorecer un clima y una pedagogía diversa de unidad.

Para vencer a las nuevas pobrezas y consolidar las democracias

Estamos frente al gran desafío del Pacto Educativo Global, sea tanto para derrotar la pobreza como para afianzar la democracia, incluso en sociedades como la nuestra que vienen de una ejemplar experiencia para disminuir la extrema pobreza, pero que, continuamente se corre el riesgo de involucionar si no se asumen los desafíos que se nos develan. Hoy en las sociedades complejas emergen nuevas necesidades que no estaban consideradas hace unas décadas atrás como condición de pobreza. Solo una educación pensada de forma global y comunitariamente podrá asegurar un avance acorde a las necesidades.

El Pacto Educativo Global le viene bien a Chile. Es bueno pensar en cómo implementarlo para que la leche y la miel —como símbolos de abundancia— sean un horizonte del desarrollo y del progreso que por si solo se ha demostrado insuficiente para alcanzarlo. Es decir, el progreso autónomo del desarrollo tecnocientífico es ineficaz para asegurar lo que realmente importa al ser humano en su conjunto.

Leer los signos vitales del pueblo

Dentro de unas semanas cumpliré cuarenta años como residente de este país, y siempre he pensado que el pueblo chileno es sabio. Basta recordar sus propios dichos populares (los que aún me cuesta entender, a veces), pero tengo la certeza de que, también en esta oportunidad, el pueblo y sus representantes recurrirán a sus figuras históricas de alto valor moral y se integrarán en este Pacto Educativo Global que —en el sueño de Chile de Don Raúl— tiene germen de sabiduría popular y un signo de profecía que no debieramos dejar pasar.

 

Ideas centrales del Pacto Educativo Global

1. Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su valor, su dignidad. Relevar su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que le rodea, rechazando aquellos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del derroche, del descarte y marginación.

2. Escuchar la voz de los niños, y los jóvenes a los que transmitimos valores y conocimientos, y desde cuyo interior emana una energía nueva, para construir juntos un futuro de justicia y paz, una vida digna para cada persona.

3- Fomentar la plena participación de las niñas y educadoras en la educación, así como de toda mujer en la sociedad.

4. Potenciar a la familia como primera e indispensable educadora.

5. Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.

6. Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de comprender la economía, la política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral, sin ser rezagados a su propia autonomía.

7. Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.


*Con la colaboración del P. Claudio Cartes, SDB. Delegado de Pastoral educativa Juvenil de la red de Colegios Salesianos de Chile.

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