Jueves 08 de junio de 2017

Señor Director:

A esta altura del debate sobre el proyecto de ley de aborto en tres causales, está claro que no hay ninguna razón de salud pública que pudiera justificar dicho proyecto.

La razón que se esgrime es el "derecho de la mujer a decidir". ¿A decidir sobre la vida o muerte de su hijo? ¿Quién le otorgó ese derecho?, que contraría el primer derecho humano que es a la protección de la vida, en primer lugar del que está por nacer, como indica la Constitución de Chile, en el art. 19.

Los parlamentarios, tanto los del "humanismo laico" como los del "humanismo cristiano" -que se proclaman defensores de los derechos humanos-, deben escuchar a un sector importante y numeroso de la población que está en contra de este proyecto. En particular, los parlamentarios creyentes deben escuchar el mandamiento de Dios: "No matarás".

Todo lo que se invertirá en los hospitales para la prestación de este "servicio" (el aborto) debería destinarse a unidades de acompañamiento a las mujeres con embarazos difíciles y traumáticos. Una mujer, con buen acompañamiento médico, psicológico, emocional, económico y espiritual, en lo último que piensa es en abortar.

¿Por qué insistir en el pretendido "derecho de la mujer a elegir"?

Aún es tiempo de echar marcha atrás. De los arrepentidos es el Reino de los cielos.


+ Cristián Caro Cordero
Arzobispo de Puerto Montt

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No podía ser más oportuna la encíclica Fratelli tutti –largamente comentada en este número de Humanitas– para nuestro país, falto como está de amistad social y de aprecio por la política. Francisco observa las fracturas de la amistad social en la desigualdad y en la inmigración –que definen las periferias sociales– en la doble figura del menesteroso y del forastero que se recoge en la exigencia del amor al prójimo del buen samaritano.
Como arquitecto, como historiador y como monje se esmeró en ordenar el espacio y concederle belleza a imitación del Creador.
El año 2020 qué recién pasó, vio partir, en estrecha secuencia de meses, a tres grandes figuras que sea por lo que tienen en común cómo por lo distinto, hablan en conjunto con elocuencia al país que somos, en el momento en el cual vivimos. Desde luego por lo que atañe a nuestra responsabilidad en el presente, si con San Alberto Hurtado pensamos que “una nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir; es futuro.”
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