Una clave del pensamiento de Romano Guardini

Foto de portada: Jacob soñando, tendido en el piso, en: Marc Chagall & Klaus Mayer, “The God of the Fathers. The Chagall-Windows of St.Stephan´s Church in Mainz. Volume 1 Centre Window”, Echter Publishing House, Würzburg, 1993.

Sumario:

  • La melancolía aparece en Guardini como inquietud del hombre que anhela lo infinito y que ama las realidades que lo rodean pues busca en ellas un alto nivel de valor y fecundidad. A través de este artículo, López Quintás entrega una clave de lectura de uno de los teólogos más importantes del siglo XX. El mismo se complementa con unas palabras testimoniales del autor quién conoció personalmente a Guardini y ha estudiado en profundidad sus obras. Ello le permite expresar su asombro por la inmensa coherencia de vida, de pensamiento y de acción que encontró en el sacerdote católico, cuyo aniversario número 50 de su muerte se celebra este 1 de octubre.

Por influencia del pensamiento criticista kantiano y el ambiente sociocultural de Múnich, en el verano de 1905 el joven Guardini se sintió un tanto alejado de la fe cristiana, pero no rompió los lazos con la Iglesia. Hacia el otoño vivió una experiencia de iluminación interior al meditar hondamente la frase evangélica: “Quien quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará” (Mc 8, 35). Esta densa e inquietante frase fue para él, en ese momento, “la verdadera llave de acceso a la fe”, sin duda por adivinar que en ella alienta una energía y una riqueza insospechadas.

Ya por entonces mostraba Guardini una especial sensibilidad para captar la energía interior que generan ciertos conceptos contrastados. El trato con su buen amigo Karl Neundörfer -muy sensible para las cuestiones del espíritu– le ayudó a ver con claridad que “la mayor posibilidad de verdad está precisamente donde se halla la mayor posibilidad de amor”. Tal convicción lo llevó a adentrarse con espíritu de sencillez espiritual en el ámbito de la Iglesia, en el que se halla “el camino para obtener el amor”.

Esta experiencia espiritual se incrementó de tal modo en el trato con los esposos Wilhelm y Josephine Schleussner —dos verdaderos testigos de la fe que conocían y practicaban la vida mística— que Guardini se sintió llamado al sacerdocio. Pero, tras una infancia y una adolescencia de vida retraída, sentía angustia ante la idea de asumir las exigencias del estado sacerdotal. Un buen día, después de rezar el rosario se sintió liberado de tal opresión e ingresó en el seminario de Maguncia (1908). Pronto intuyó que su misión consistía en “configurar un nuevo método evangelizador”.

Veamos seguidamente la veta mística que alienta en el espíritu de Guardini y algunas de las consecuencias de la misma.

 

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