El futuro de la democracia libre y solidaria como marco cultural y jurídico para la construcción de una Unión Europea políticamente sólida y para el destino de una España unida humana, espiritual y socialmente, depende en una decisiva medida de saber volver a «sus raíces cristianas» en diálogo abierto con el laicismo de la mejor tradición humanista, no ausente de la historia contemporánea de España, como no lo ha estado de la de Italia, con la que compartimos situaciones culturales, espirituales y religiosas, muy semejantes.

En ese diálogo se observa un doble lenguaje en el socialismo español actual. Desde los órganos del partido se lanzan propuestas más radicales para imponer un creciente laicismo en la vida pública. Y, vista la reacción ante estos globos sonda, el gobierno puede ofrecer una actitud más dialogante. En cualquier caso, esta confrontación puede servir para calibrar la capacidad movilizadora de los católicos.

La dificultad o extrañeza que causa en la opinión pública la asociación del tema de la santidad con el de la política tiene un doble motivo: al considerarse el campo de la política como especialmente contaminado por la corrupción y el maquiavelismo, puede no parecer adecuado para el desarrollo de un ideal de santidad y porque la actividad política suscita tanto adhesiones como enemistades y oposiciones que afectan el juicio sobre las personas implicadas en ella, no solamente en el momento en que viven, sino a veces por siglos.

Europa es entendida por Ratzinger como concepto cultural e histórico.

Europa demuestra una variedad etnológica extraordinaria, en sus valores constitutivos se ha manifestado como un gran laboratorio metacultural. La homologación del planeta en función de los parámetros culturales europeos no debe verse, pues, como efecto de una política de imperialismo cultural programada desde el viejo continente, sino como la confirmación, históricamente evidente, de la unidad real del género humano, de la que la Modernidad tomó conciencia. Europa no puede representarse como una cultura producida en un espacio geográfico determinado, sino como un espíritu que ha creado su propio espacio geográfico, y que continúa creándolo.

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El presente artículo corresponde a la traducción al español de la tercera parte de la conferencia titulada "C'è un volto femminile della cura?", disponible en Marcheselli, Maurizio (ed.); "Cos'è l'essere umano da necessitare cura?" (cf. Sal 8,5). Atti del Convegno annuale della Facoltà Teologica dell'Emilia Romagna, 15-16 marzo 2022. Bologna, 2023. Agradecemos tanto a la autora como a la Universidad Emilia Romagna por permitir esta publicación.
Depositarios de un acervo espiritual riquísimo, el del Santo Obispo de Hipona, y de una historia que hunde sus raíces en la Colonia, los agustinos de Chile son una presencia viva en la Iglesia, y hoy, como ayer, las profundas y paternales orientaciones que el Santo Padre León XIV les transmitiera siendo Prior General de la Orden tienen plena vigencia como hoja de ruta.
En el contexto chileno, marcado por el miedo a la delincuencia y la demanda de dureza punitiva, apelar a la clemencia puede operar como una virtud política que no plantea proteger al delincuente, sino cuidar a la misma justicia, preservándola de derivar en crueldad institucional e impidiendo que el castigo se transforme en un fin en sí mismo.
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