T Teología y Espiritualidad de la Iglesia

La persecución de la Iglesia Católica en Albania desde 1944 a 1990

Perfil pormenorisado de los mártires de la Iglesia en Albania, víctimas de la persecución de un Estado ateo

El día 16 de agosto de 1944, con ocasión de la fiesta de san Roque que se celebra en Shiroka, localidad situada a la vera del lago de Escútari, durante la procesión, don Ndre Zadeja dirigió al pueblo y a la juventud un breve discurso: «Quiero deciros hoy dos palabras a vosotros, y especialmente a los jóvenes: una nube negra, cargada de una ideología roja, se cierne sobre vuestra cabeza. Tiene la intención de descargar sobre vosotros. Si así sucede, no podréis hacer nada contra ella: sólo soportarla con todos sus males y, entre ellos, la negación de Dios».

Don Ndre Zadeja, sacerdote fervoroso y valiente, pronunció estas palabras tres meses antes de que en Albania comenzara a dominar el comunismo y alrededor de siete meses antes de ser fusilado, el primero entre los sacerdotes de Escútari, detrás de la pared del cementerio católico, el domingo 25 de marzo de 1945. Este hecho hizo estremecerse a toda Escútari, a las montañas y a Albania entera.

El inicio de la gran persecución

Así comenzó la gran persecución, una persecución única en la historia de nuestra patria albanesa. Una de las primeras acciones que hizo el gobierno comunista contra la Iglesia fue, en 1945, negar la entrada al nuncio apostólico, mons. Leone G. B. Nigris, a su regreso de Roma, donde se había encontrado con el Papa.

Mons. Gasper Thaci y mons. Vincenc Prennushi fueron llamados por Enver Hoxha para buscar una colaboración, con la condición de que se separaran de la Santa Sede. Ambos rechazaron valientemente la propuesta.

Después de la muerte de mons. Gasper Thaci, Enver Hoxha hizo un nuevo intento, renovando la propuesta a mons. Frano Gjini. La negativa de mons. Gjini fue neta: «Yo no separaré nunca mi grey de la Santa Sede».

El primer sacerdote fusilado en Albania fue, en el año 1945, don Lazer Shantoja. Antes de la ejecución fue sometido a terribles torturas, durante las cuales le rompieron los pies y las manos. El 21 de junio, día de san Luis, después de una predicación en la iglesia, el padre Giacomo Gardini, s.j., alzando la imagen del santo, en presencia de algunos agentes de la Sigurimi, fue arrestado y condenado. El mismo día fue detenido también el padre Gjergj Vata, s.j.

El 31 de diciembre de 1945, la policía descubrió la organización nacionalista «Bashkimi Shqiptar», compuesta por católicos y musulmanes y fundada en el Seminario pontificio albanés. Por celo patriótico, algunos seminaristas, sin saberlo sus superiores, imprimieron varios escritos. Por esa causa fueron arrestados y fusilados el padre Giovanni Fausti, s.j., italiano, y el padre Daniel Dajani, s.j. A ese grupo se unió también el intelectual albanés padre Gjon Shilaku, o.f.m., acusado injustamente de haber fundado el partido demócrata cristiano.

«¡Viva Cristo Rey! Perdonamos»

Juntamente con ellos fue fusilado, el 4 de marzo de 1946, un día lluvioso y triste, también el organizador principal, el seminarista Mark Cuni. Los dossiers del ministerio del Interior recogen las palabras pronunciadas por el joven momentos antes de ser fusilado: «¡Viva Cristo Rey! Perdonamos a nuestros enemigos».

La sublevación anticomunista de Postriba, el 9 de septiembre de 1946, brindó el pretexto para encarcelar a gran número de sacerdotes, que en realidad no habían participado en ella. Fueron arrestados mons. Frano Gjini, mons. Gjergj Volaj, mons. Nicollé Deda y don Tomé Laca. Los tres monseñores fueron fusilados.

También el provincial de los Frailes Menores, padre Mati Prennushi, o.f.m., y el guardián del convento de Escútari, padre Ciprian Nika, o.f.m., acusados falsamente de haber escondido armas dentro del altar de san Antonio en la iglesia de San Francisco en Gjuhadol, después de un proceso-farsa, murieron mártires ante el pelotón de fusilamiento. El convento de los franciscanos de Gjuhadol se transformó en escenario de sangrientos interrogatorios y en cárcel, donde fueron detenidas unas setecientas personas.

Muchos otros sacerdotes y religiosos fueron arrestados, torturados, condenados y encarcelados. El padre Serafin Koda, o.f.m., fue degollado. Al padre Papas Pandit, sacerdote católico de rito bizantino de Korpa, lo decapitaron y dejaron su cabeza sobre el pecho, como escarmiento. Otro sacerdote de rito oriental de Elbasan, Papas Josif, fue enterrado vivo en el campo de trabajo del pantano de Maliq.

A don Mark Gjini, mediante torturas, le exigieron que renegara de Cristo. Al contrario, sus últimas palabras, en medio de los tormentos, fueron: «¡Viva Cristo Rey!». Murió atado de forma que se asfixiara, y su cuerpo fue arrojado a los perros; sus restos fueron luego echados al río.

Eso habían hecho los turcos con los restos de Gjergj Kastrioti y con el obispo mons. Pjetér Bogdani. De igual manera actuaron los comunistas, sacando de sus tumbas los restos de mons. Jak Serreqit, mons. Lazér Mjeda, mons. Gasper Thaci, mons. Ernest Cozzit, mons. Bernardin Shllakut, o.f.m., y el padre Gjergj Fishta, o.f.m., y, juntamente con él, sin saberlo, los restos del héroe nacional Dedé Gjon Luli, que los franciscanos habían conservado en su sepulcro a la espera de construirle un monumento.

Torturas inhumanas a las personas consagradas

La religiosa María Tuci, consagrada al Señor, fue arrestada y sometida a torturas inhumanas, en las que conservó heroicamente la fe y el honor. Murió en el hospital de Escútari, poco después de los interrogatorios. El padre Frano Kiri, o.f.m., sufrió durante tres días y tres noches, atado a un cadáver en descomposición. El padre Gjon Karma, s.j., fue enterrado vivo en un ataúd.

En el año 1946 se cerraron todas las escuelas privadas de Albania, incluidas naturalmente las que dirigían los religiosos. Las imprentas del clero, al igual que las de los jesuitas y los franciscanos, fueron secuestradas y no se les permitió imprimir ningún libro o revista. Fueron secuestrados también todos los objetos de los museos de los jesuitas y de los franciscanos, así como las colecciones de todas sus bibliotecas: sólo la de los jesuitas tenía cerca de cuarenta mil volúmenes. También fueron suprimidas las asociaciones religiosas, aunque no perseguían fines políticos.

Con la muerte del arzobispo de Escútari, mons. Gasper Thaci, acaecida el 26 de mayo de 1946, después de una grave enfermedad y de un duro interrogatorio, comenzaron a faltar los sacerdotes.

La gente iba a misa, entraba y salía en silencio. Había miedo. Era horrorosa la situación: el camino, la aurora, las horas de la noche, el despertar, la oscuridad.

Después de la ruptura de relaciones con la Yugoslavia de Tito, comenzó una nueva fase. El Estado pedía que se regularizaran mediante un estatuto las relaciones con todas las instituciones religiosas y principalmente con la Iglesia católica. Así se llegó a un estatuto que, en realidad, no constituía un cisma.

Durante la dictadura comunista no había órganos de prensa libre. Sólo se imprimía el calendario religioso en Tirana, en la imprenta estatal «Mihal Duri». El seminario estaba abierto, pero su actividad era estrechamente controlada por los agentes de la Sigurimi.

Una Iglesia encadenada

La Iglesia atravesaba una gran prueba, se hallaba encadenada.

Poco después de la consagración de la catedral -el 19 de abril de 1958, centenario del inicio de los trabajos-, en el mes de noviembre comenzó un proceso terrible, que se llevó a cabo en el cine «República», contra el sacerdote inocente don Ejil Kovacit. En el mes de abril del año 1959 fue fusilado el párroco de Bregu i Bunés, el ferviente don Malaj, mientras que el padre Konrad Gjolaj, o.f.m., fue condenado a veinticinco años de cárcel. La lucha de clases estaba en su apogeo.

Alrededor de 1960, Albania rompió sus relaciones con la Unión Soviética y se volvió hacia la China de Mao. Comenzó en secreto un estricto control sobre la gente que acudía a la iglesia, principalmente sobre los profesores, los empleados y los jóvenes. Se hacía una fuerte propaganda atea, de manera especial en las escuelas.

En los periódicos y en los libros se escribían solamente cosas odiosas, fanáticas, falsas, llenas de calumnias y de ofensas, y a nadie se permitía responder. No existía en absoluto libertad de palabra. Sólo había libertad de hablar y escribir cosas malas, y los que lo hacían recibían grados y títulos académicos.

Con astucia se fue llevando a cabo también la incautación de las iglesias, comenzando por la de los jesuitas y la de las religiosas Estigmatinas en Escútari. La víspera de Pentecostés de ese año, el jefe del comité, Bilal Parruca, avisó al arzobispo que las confirmaciones se debían administrar en la iglesia y no de forma oculta en el arzobispado: «No hace falta -dijo-, puesto que la religión es libre». En realidad, el objetivo era descubrir qué personas participaban en las confirmaciones. Para lograrlo, se habían organizado diversos grupos de vigilancia de los confirmandos.

El engaño del día de Pentecostés

El día de Pentecostés algunos grupos organizados por el Gobierno detectaron a unos niños vestidos probablemente mejor que los demás, porque se trataba de los protagonistas de la celebración, y trataron de sujetarlos. Los niños, sin embargo, lograron escapar. Fue una maniobra comunista realizada con pérfida táctica oriental, pues el comunismo aprovechó y dio poder, en general, a los musulmanes.

Se sucedían hechos cada vez más graves. Se veían claramente los primeros signos de los nuevos acontecimientos.

El 6 de febrero de 1967, en Tirana, en una reunión de algunas organizaciones del partido comunista, Enver Hoxha puso en marcha la «revolución cultural», es decir, una guerra feroz «contra las tradiciones anticuadas y los prejuicios religiosos».

Esta chispa encendida se convirtió en un gran incendio el día 7 de febrero. Comenzaron a circular los «manifiestos de crítica», semejantes a los tazebao chinos. Ese incendio duró muchos años, constituyendo un infierno en la tierra para Albania.

En la ciudad de Durazzo varios grupos de jóvenes obcecados destruyeron el santuario ortodoxo de San Blas. Se estableció en Escútari la dirección general para toda Albania, bajo el mando de Ramiz Alia.

El 15 de febrero, a las diez de la mañana, en las puertas de todas las iglesias y mezquitas, así como en los lugares de la ciudad donde se debían realizar demostraciones, aparecieron «manifiestos de crítica», invención china.

El 18 de marzo, el Frente, el Partido y la Sigurimi llamaron a todos los sacerdotes, uno a uno, y les pidieron que renunciaran al sacerdocio. Nadie aceptó. Por la tarde, todos fueron alejados del convento.

Monseñor Ernest Coba, en un taxi, se dirigió a la casa de su hermana y de sus sobrinos. Una gran multitud lo acompañó con lágrimas en los ojos, destrozada por esos acontecimientos. El 19 de marzo, día de san José, y el siguiente domingo de Ramos, no se escuchó el repique de las campanas y no abrieron sus puertas los templos de la ciudad.

La destrucción de las iglesias

Durante los días siguientes, en toda Albania fueron destruidos campanarios e iglesias. Muchos templos fueron transformados en salas de cultura, gimnasios, tribunales, almacenes y establos para ganado y para cerdos. Algunas iglesias no fueron destruidas, pero, lo que es peor, ciertamente sufrieron profanaciones.

A pesar de todo, algún templo logró quedar abierto. Por ejemplo, la iglesia de la aldea de Gurez, cuyo párroco, don Anton Doci, murió en la cárcel, fue una de las últimas en ser cerradas, porque el pueblo se había quedado con las llaves y no las quiso entregar al «Frente de la juventud». Cuando los afiliados a esa organización quisieron forzar la puerta del templo, la gente del pueblo, y especialmente las mujeres, salieron con palos en la mano para impedirlo.

La iglesia del Corazón de Jesús de Tirana, que regentaba monseñor Ndoc Sahatcia, fue cerrada el 26 de junio de 1967. Y este fue el último día de la clausura oficial de las iglesias en Albania.

El Viernes santo, 24 de marzo, del año 1967, en los barrios católicos de Escútari entraron en las casas algunos grupos de la organización de los «Pioneros», para controlar la situación y la limpieza. Sin embargo, la finalidad principal era referir al centro en qué casas se preparaban pasteles o se pintaban huevos, o dónde había rosarios, cruces e imágenes sagradas.

Esta acción execrable se proponía como fin también impulsar a los niños a la odiosa costumbre de la denuncia y del espionaje.

Pronto volvieron a producirse las detenciones de sacerdotes, seguidas de procesos sumarios, incoados para condenar a inocentes.

El 7 de abril, a las cinco de la tarde, en el Instituto pedagógico «Luis Gurakuqi» se celebró el proceso contra don Mark Has¡. Por todas partes reinaba un gran terror. El pueblo sentía intensamente esta opresión. Muchos fieles, al ver en el banquillo de los acusados a sacerdotes, trabajadores, personalidades del mundo del trabajo y de la cultura, sentían pisoteada su dignidad.

Un año más tarde comparecieron ante el tribunal don Mark Has¡, juntamente con don Frano Ill¡a, don Zef Bicin, don Mark Dushi y el padre Gegé Lumaj, o.f.m. Don Zef Bici y don Mark Dushi fueron condenados a muerte.

El día 29 de abril del año 1967 fue arrestado, en el Instituto pedagógico «Luis Gurakuqi» de Escútari, el padre Pjetér Meschkalla, s.j. Después de la reunión, las fuerzas de la Sigurimi golpearon furiosamente al jesuita, aún robusto a sus 67 años, con los puños, con los pies y con fusiles.

En 1968 fue arrestado y fusilado don Marin Shkurti.

El sacerdote don Shtjefén Kurti fue arrestado y fusilado en el año 1971, acusado falsamente de varios crímenes, sólo porque había bautizado a un niño.

El día 11 de junio, en Escútari, en la iglesia catedral, convertida en palacio de deportes, tuvo lugar el «congreso de la mujer». En esa iglesia histórica, que fue el centro de la vida religiosa católica, resonaron las terribles palabras de los dirigentes comunistas como Enver Hoxha y Mehmet Shehu, así como las de otros oradores que hablaban contra la religión católica, acogidos con aplausos por las mujeres que con tanto entusiasmo animaban su infame congreso.

Cuando se produjo el gran terremoto del 15 de abril de 1979, Enver Hoxha, con ocasión de la reconstrucción de las casas del barrio de Bahcallek, en Escútari, tuvo un discurso en el que atacó a la Virgen Inmaculada, violando así los sentimientos más profundos de los cristianos.

El comunismo ha pisoteado la dignidad humana

En síntesis, la dictadura comunista pisoteó los derechos humanos y la dignidad del hombre. Organizó una gran lucha contra la religión, contra todas las religiones, contra el clero y todos sus fieles, con el fin de aniquilarlos. Se trataba de una lucha furiosa contra los sacerdotes y las personas que les eran fieles, por el mero hecho de ser católicos. Por consiguiente, una lucha no sólo inspirada por el diablo, sino también librada directamente por él. Por lo demás, el clero y los católicos habían sobrevivido incluso a la toma de Constantinopla por los turcos, porque eran portadores de cultura occidental, de la civilización europea, atlántica, y de la cultura cristiana en todo el mundo. Estaba en juego la desaparición del catolicismo, su existencia y su realidad histórica y moral. El punto culminante de la persecución llegó en 1976, cuando Albania, en su Constitución, se proclamó Estado ateo y se prohibió por ley cualquier acto religioso.

El día 3 de abril de 1976 fue arrestado monseñor Ernest Coba. Juntamente con monseñor Coba fueron juzgados algunos sacerdotes: don Lec Sahatqia, don Kolec Ton¡ y don Zef Simoni. Un mes después fue arrestado también don Gjergj Simoni, porque durante un registro realizado en su casa se encontraron vasos sagrados, libros de la biblioteca del arzobispado y sus escritos personales. El proceso contra el obispo concluyó el 29 de abril de 1977. El 10 de enero de 1980 murió en la enfermería de la cárcel, después de una misteriosa inyección.

Del mismo modo, don Mikel Koliqi, párroco de Escútari, fue encarcelado y luego confinado durante treinta y seis años. A don Simon Jubani le tocaron veintiséis años de destierro; su hermano, don Lazri, fue envenenado con tomates en su lugar de trabajo. Don Nikollé Mazreku estuvo confinado doce años y encarcelado veinticinco. El padre Zef Pllumi, o.f.m., también estuvo veinticinco años en la cárcel.

Hasta el 4 de noviembre de 1990, incluso bajo Ramiz Alia, no faltaron formas solapadas de la dictadura comunista contra las diversas religiones y especialmente contra la católica.

La guerra contra el cristianismo es antigua: se remonta al dominio romano en los primeros tres siglos, enriquecidos con muchos mártires famosos, y a la invasión de nuestra patria por los turcos. También en aquella época muchas iglesias fueron destruidas o transformadas en mezquitas; fueron asesinados muchos sacerdotes y obispos; se realizó opresión fiscal sobre los cristianos, a los que se odiaba y discriminaba; se les convertía en esclavos en su propio país. Sin embargo, eso no les impidió realizar todo tipo de esfuerzos para poder restituir la libertad a su patria esclavizada y retrasada.

La vuelta de la libertad religiosa

El 4 de noviembre de 1990 se recuperó la libertad religiosa católica y así volvieron también para nosotros, los católicos, días realmente hermosos. Hoy la nación y la sociedad albanesa tienen los ojos y la mente vueltos hacia Occidente.

La Iglesia católica hoy en Albania sigue su camino, progresando sin obstáculos. La Iglesia católica no es sólo jerarquía, iglesias, escuelas, prensa y muchas otras cosas importantes, sino que está formada principalmente por el pueblo. Los fieles católicos son un sector de la nación, rico en valor e historia.

A decir verdad, hoy, como en tiempos anteriores, los católicos, con respecto a los demás, no tienen el peso que les correspondería. Podemos decir que son subestimados y discriminados. Casi ningún católico desempeña cargos públicos; a los católicos no se les confían puestos de responsabilidad en la organización estatal. Ciertamente, una de las causas es que durante cincuenta años de comunismo se les impidió acudir a la universidad, para excluirlos de los niveles más altos de la sociedad. No deberían ser siempre los católicos quienes sufran las consecuencias de las mayores equivocaciones, de las mayores culpas de los albaneses.

Ya llevamos diez años de democracia y no se ha hecho ningún intento serio de ayudar a este sector importante de la sociedad, ni con escuelas ni con el trabajo.

No hay libertad sin justicia, y Albania tiene aún mucho camino por recorrer. Queremos que se respete la dignidad humana, sin la cual no se puede integrar en Europa. La patria, ya liberada, dará al cristianismo, que ha sido perseguido durante siglos y que ha contribuido en gran medida al progreso de la nación albanesa, el papel que le corresponde.

El cristianismo ha sufrido persecuciones sangrientas a lo largo de muchos siglos, pero la Iglesia y el cristianismo vencen con el perdón, el amor y la resurrección. El mejor ejemplo es la persona de Jesucristo, que vivió amando a la humanidad, murió en la cruz perdonando y resucitó venciendo la muerte.

Nosotros no sólo perdonaremos siempre a nuestros enemigos, sino mucho más: los amaremos. Esto parecerá extraño e imposible, pero para comprenderlo es preciso conocer la esencia del cristianismo, porque en esto consiste la fuerza moral, perfecta. Se llega al culmen de la vida civil, donde comienza y se elabora la verdadera libertad, porque, como dice también san Pablo, «donde está el Espíritu de Dios, allí está la libertad».

Perdón y amor son, en síntesis, el testimonio de los verdaderos mártires del cristianismo albanés, que pronto serán beatificados. De este modo, la nueva época que comenzará con el tercer milenio se alimentará con los ideales de fraternidad, amor y respeto de la dignidad humana.


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