Columna publicada originalmente en el diario El Mercurio el 19 de agosto de 2020, escrita por el rector Ignacio Sánchez en el marco del sensible fallecimiento de Juan de Dios Vial Correa.

En la despedida de don Juan de Dios recorremos la historia de cerca de ochenta años de nuestra universidad. Ingresó a estudiar medicina en la Universidad Católica, su formación de Postgrado la realizó en el Instituto Cajal, y posteriormente obtuvo las becas Rockefeller y Fulbright. Estuvo felizmente casado con la señora Raquel Ariztía, con quien construyó un ejemplar matrimonio cristiano. Realizó actividades académicas en la Washington University Saint Louis, precozmente fue nombrado profesor titular y en consideración a su brillante desempeño académico y la relevancia de su aporte, recibió el grado académico de Doctor Scientiae et Honoris Causa.

Actor y protagonista en toda la época del proceso de reforma universitaria, humanista, gran defensor de la vida, desarrollaba su vida universitaria orientada y dirigida al crecimiento del espíritu humano. Fue rector durante tres periodos consecutivos, entre 1984 y 2000, y le correspondió dirigir a la universidad en la difícil etapa de transición a la democracia.

Disfrutó de la admiración y respeto de toda la comunidad, ya sea en su calidad de alumno, maestro y profesor, fue decano de la Facultad de Medicina y fundador de la Facultad de Ciencias Biológicas. Tuve el honor de contarme entre sus alumnos, fue mi profesor de Histología en la Escuela de Medicina, en donde su cercanía, su sabiduría y su viejo chaleco azul, nos cautivaba e invitaba a preguntarle y a traerlo de manera recurrente a nuestro microscopio para ver muestras y preparaciones, pero también, y sobre todo, para conversar de la universidad que vivíamos. Unos años después, volví a tenerlo como mentor en nuestras discusiones sobre ética médica, inolvidables coloquios con grandes maestros.

Una preocupación relevante de su rectoría fue la flexibilización del currículo de pregrado, a fin de evitar la especialización temprana de los estudiantes y avanzar en una formación integral, creando el Programa de Bachillerato en los dos primeros años universitarios. Tuvo una especial preocupación por los estudiantes meritorios vulnerables, creando los programas de becas Juan Pablo II y San Alberto Hurtado.

El rector Vial encarnó lo mejor de la tradición académica universitaria, es decir, la curiosidad intelectual para buscar la verdad, libertad de espíritu para pensar y decidir, perseverancia para esperar, filial adhesión al misterio de Cristo y de su Iglesia. Durante su rectorado, la Universidad Católica pasó a convertirse en una “universidad compleja”, ya que no solo fomentó la investigación científica, sino que puso especial énfasis en el desarrollo del postgrado y, particularmente, del doctorado.

A su vez, como rector, siempre estuvo convencido de que la universidad debía ayudar a la comunidad nacional a descubrir sus raíces históricas y fortalecer su identidad, además de reconocer el rol que le cabe en la necesidad de compartir con la sociedad el conocimiento cultivado en sus aulas para colaborar en la solución de los grandes temas que ha de enfrentar el país desde una perspectiva de respeto a la vida, dignidad de las personas, justicia y equidad, a la luz de la fe cristiana.

Recibió a Su Santidad Juan Pablo II en la UC en 1987 en el encuentro con los representantes del mundo de la cultura y los constructores de la sociedad, que se realizó en el patio que hoy lleva su nombre en la Casa Central. Su sabiduría quedó plasmada en numerosos artículos científicos y libros, participando en sociedades, academias y organizaciones nacionales e internacionales relacionadas con el desarrollo de la ciencia. También fue miembro de la Pontificia Comisión para el Apostolado del personal dedicado a la atención de los enfermos y del Pontificio Consejo para la Cultura. En 1994 fue elegido presidente de la Pontificia Academia para la Vida.

Cuando dejó la rectoría, sus colaboradores editaron el libro “Palabras a la Universidad” que es el vivo testimonio de su sabiduría, de su interés en cada una de las disciplinas y de la firme orientación académica con que condujo el destino de la universidad.

Para mí en lo personal, el rector Vial fue siempre un ejemplo de vida académica y una luz a seguir. Su guía no solo fue durante su rectorado, sino también en los años siguientes. Muchas veces fui a su oficina y luego a su departamento a conversar con él de los más diversos temas. Sin lugar a duda recibí de él los mejores consejos. Recuerdo que, al verlo caminar en los pasillos, me daba la seguridad de tener una persona sabia y con gran humanidad entre nosotros. La Universidad Católica hoy le manifiesta su reconocimiento al valioso aporte que don Juan de Dios entregó a esta institución, donde reconocimos con cariño y admiración sus capacidades académicas, pero por sobre todo su extraordinaria calidad humana. Ha sido para todos nosotros un rector fundamental.


Fuente: El Mercurio

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